FECHA: 13 DE NOVIEMBRE DE 2019
LUGAR: KAFE ANTZOKI (BILBAO)
PROMOTOR: TASTE THE FLOOR

Mientras haya vida, habrá esperanza y mientras Godspeed You! Black Emperor continúen regalándonos actuaciones como la que pudimos vivir el pasado miércoles en el Kafe Antzoki, la vida merecerá un poco más la pena. Así se puede afirmar sin necesidad de entrar a resumir la maravilla que presenciamos a manos del colectivo canadiense. Una noche que quedara para el recuerdo como uno de los bolos del presente 2019, y que tocó profundamente a todos los que fueron capaces de sumergirse en su particular banda sonora para la anarquía. 

Desde el primer momento ya se pudo apreciar que aquello sería una ocasión que nadie querría perderse. Una de esas noches en las que da igual que el bolo toque entre semana, o que caigan chuzos de punta en la calle. La asistencia desde minutos antes de apagar las luces ya era alucinante, haciendo que el Antzoki casi se quedase pequeño para la masiva afluencia que se congregó. 

Sin que muchos nos hubiésemos enterado, antes de Godspeed, tenían el papel de abrir la velada un conjunto llamado Light Conductor, un trío que se situó en el centro de las tablas con enormes sintetizadores de otros tiempos, y se pusieron a darle al drone inmersivo durante media hora más o menos. Su concurso fue sorprendente por el minimalismo extremo que desplegaron, consiguiendo que nos fuéramos metiendo poco a poco en su burbuja de loops maquinales, hasta que decidieron colgarse unas guitarras, se acercaron a tres micrófonos y remataron con un curioso e inesperado corte de shoegaze atmosférico. Sorprendente introducción al caos. 

Una vez hubo finiquitado el interesante preludio, Godspeed fueron apareciendo sobre el escenario del Antzoki, con su habitual parsimonia y naturalidad, como si el recinto en el que tocaba actuar aquella noche se convirtiese por unos minutos en su propio local de ensayo, en su propio estudio, o en su propia casa. De esta manera tan sutil, comienzan todas las ceremonias que lleva a cabo el colectivo antisistema de Montreal. Con la intención de plantarle cara al formato de star system establecido, desde la misma posición que ocupa cada músico sobre el escenario, hasta la última nota que suena por las pantallas. 

Foto: Unai Endemaño

Así comenzarían a acariciar sus instrumentos, dejando que ‘Hope Drone’ nos invitase a entrar en su mundo y bajo la palabra esperanza, proyectada una y otra vez sobre la pantalla. Las luces rojas se tornarían perennes y el ambiente comenzaría a resultar de lo más íntimo. Como si el tiempo se fuese a parar por media hora, y cayésemos en un estado irreal en el que el post pock, el noise y la música clásica nos abrazaran sin piedad. 

Los cortes de más de veinte minutos irían cayendo en progresión perfecta, sin que fuesen necesarias inútiles presentaciones. ‘Moya’, ‘Glacier’ o ‘Bosses Hang’ dibujarían sobre el Antzoki espacios inertes, naturaleza melancólica y revolución contestataria disparando gradaciones infinitas, ante las que solo era posible cerrar los ojos y gravitar. Para unos cuantos se hizo complicado no emocionarse ante semejantes himnos sin patria. 

UNAI ENDEMAÑO

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