FECHA: 16 A 20 DE JULIO DE 2025
LUGAR: CASTILLO DE BÁNFFY (CLUJ, RUMANÍA)
PROMOTOR: ELECTRIC CASTLE

El festival más importante de Rumanía, Electric Castle, celebró su undécima edición con notable éxito. Emplazado en las afueras del Castillo de Bánffy, en las cercanías de la ciudad de Cluj, el festival se destaca por ser uno de los pocos en Europa que ofrece música las 24 horas durante cinco días, más allá de activaciones y atractivos extra musicales de lo más interesantes.

Siendo un festival multigénero, es interesante como sus curadores logran darle al cartel una asombrosa coherencia entre grupos de distintos estilos como electrónica, músicas del mundo y todos los etcéteras posibles derivados del rock y el pop.

En el plano de los sonidos distorsionados, exceptuando la presentación del interesante grupo local Dirty Shirt (que combina folklore rumano con nu metal y hasta pinceladas djent en un entorno decididamente festivo, quienes tocaron ante una gran convocatoria) y la exitosa sesión de DJ Hefe que alternó clásicos de la era dorada del hip hop con hits numetaleros el domingo 20, la mayoría de los shows se concentraron en las dos primeras jornadas, jueves 17 y viernes 18. Dicho esto el primer día fue un auténtico lujo con los excelentes shows de Refused, Bad Nerves y The Scratch.

En primer lugar, Bad Nerves salieron a exponer toda su chulería hiperquinetica alimentada de espíritu Rolling Stone, melodías de hooliganismo británico y velocidad ramonera. Quienes telonearán próximamente a Green Day en Sudamérica dieron un show con prisa y sin pausa, definido por un milimétrico profesionalismo, tal cual mostraron en sus recientes fechas españolas.

Luego los de Umeå hacían su debut (y despedida, claro) en tierras rumanas. Es curioso como funciona el “factor última vez” porque a decir verdad, Refused se mostró enérgica y vigorosa, más en plan debut que despedida. Contaron con un sonido que rozó la perfección y Dennis Lyxzen estuvo inspiradísimo, con movimientos pélvicos incluidos, a pesar de sentirse algo desgastado por el peso de la gira actual, según comentó a un servidor en la previa del show. Sonaron todos los temas esperados, haciendo hincapié en los de The Shape of Punk to Come, pero sin ahorrar otras gemas más recientes como ‘Malfire’ o ‘Elektra’. Lyxzen abogó por el fin del genocidio en Gaza, mientras el completísimo batería David Sandström daba puñetazos a sus toms.

Foto Refused: Miluta Flueras

A pesar de cierta polémica suscitada por esta reunión (recordemos que juraron y perjuraron que jamás volverían luego de su primera separación), Refused es una banda necesaria que, por vanguardismo, compromiso, visión y performance, se echará de menos apenas lo dejen a fines de este año.

Por último aparece el show de The Scratch en uno de los escenarios menores del festival, The Backyard, que está literalmente en el patio trasero del protagónico castillo. Sabemos algo desde hace mucho: donde Iggy Pop pone el ojo, pone la bala y cuando habló bien de esta banda, pues había que hacerle caso.

Foto The Scratch: Madalin Margaritescu

Lo de The Scratch es una muestra perfecta de la idea de dar una nueva vuelta de tuerca a lo clásico. Si bien su música está plagada de condiciones de la tradición irlandesa, estos cuatro delirantes la llevan a un nuevo nivel tanto sonoro como visual. Una guitarra acústica que vira a sonido metal, un bajista que toca sentado o saltando como un descosido desde su taburete y un percusionista que logra que su set suene como una bateria pero en casi nada se parezca a una, ponen la percepción en un nuevo espacio. Se fueron interactuando efusivamente con el público, prometiendo más y dejando la clara sensación de que en breve serán bastante más grandes que hoy.

El viernes 18 sería el día en que Leprous volvería a Rumanía, una sana costumbre que hizo que toquen aquí cada año desde 2010. Es que su estilo, ese prog que se desvive por el drama -encarnado por lo histriónico de su frontman Einar Solberg y un audio instrumental pulido al máximo- es muy del gusto local. Pusieron a tope el escenario Hangar y, más allá de gustos personales, hay que decir que la escena está muy cuidada; se les podrá reclamar espontaneidad, pero lo que esta claro es que la band aes dueña de su juego.

Foto QOTSA: Morar Elisa

Como consecuencia de la urgencia de salud a la que tuvo que someterse Josh Homme en 2024, Queens Of The Stone Age cancelaron su presentación en Electric Castle en dicho año, lo cual hizo que esta actuación, poniendo patas arriba el escenario principal, tuviera gusto a revancha y celebración.

Con un set list diseñado con picos en sus extremos -comenzaron con ‘Sick, Sick, Sick’ y ‘No One Knows’ y finalizaron con ‘Go With the Flow’ y ‘Song for the Dead’-, la banda mostró su solidez habitual en la que si bien nada está librado al azar, también hay mucho espacio para sentir, para vivir el momento. Es evidente que Queens of the Stone Age son a esta altura un nuevo clásico del rock. Su vigencia continúa manifestada en conciertos como este y en discos como el reciente Alive at the Catacombs en el que exponen por completo su espíritu experimental y psicodélico más allá de una más que probada capacidad interpretativa.

La interacción con el público rumano fue uno de los puntos altos del concierto. No sabemos si será por consecuencia de haber pasado la experiencia extrema de su enfermedad, pero Homme se volvió un frontman más cercano que antaño -emocionante la secuencia de interacción con el público durante ‘Make It With Chu’- aunque también sigue sabiendo como apretar los dientes en los temas más agresivos o como convertirse en una bestia sensual en los delirios zigzagueantes de canciones ‘Smooth Sailing’, ‘I Sat at the Ocean’ o ‘If I Had a Tail’.

En definitiva QOTSA sigue facturando shows en los que nada falla, viajes por sensaciones primarias con esa banda sonora que no descansa a la hora decidirse a jugar con todos nuestros sentidos y emociones.

Electric Castle es una galaxia donde conviven varios mundos y mientras QOTSA promediaba un show de antología, en el escenario Hangar, Dub Pistols -el grupo fetiche del festival, presentes en cada una de sus ediciones y muy queridos en Rumanía en general- edificaban un fiesta inolvidable a pleno drum n bass hooligan.

Si bien la oferta de festivales a través de Europa es cada vez más tupida, es importante echar un ojo a Electric Castle que tiene mucho que ofrecer en cuanto a curaduría, entretenimiento, entorno, accesibilidad y -atención al dato- presupuesto. Los numerosos premios que ganó a nivel europeo no me dejan mentir.

ESTEBAN BERMÚDEZ