FECHA: 12 DE JULIO DE 2015
LUGAR: ESTADIO METROPOLITANO (MADRID)
PROMOTOR: LIVE NATION

Cuando, a principios del siglo XX, el arquitecto escocés Archibald Leitch lideró la construcción de una veintena de estadios en Reino Unido, como el Goodison Park en Liverpool, el Villa Park en Birmingham o Old Trafford en Manchester, poco podía imaginar que, en realidad, no estaba construyendo unas instalaciones para ver partidos de fútbol, sino el escenario para que, décadas más tarde, una panda de inadaptados australianos hiciera de ellas su hábitat natural. Sí, todos sabemos que los estadios no gozan de la mejor acústica (la del Metropolitano es francamente mejorable), pero esos gigantescos cuencos de acero y hormigón son los únicos que pueden albergar la cantidad suficiente de personas y una PA del tamaño necesario para que una banda como AC/DC alcance todo su potencial. Con ellos más, nunca es menos.

Después de su doble visita a Sevilla el año pasado, el grupo volvía a Madrid —una de sus plazas más fuertes a nivel global; el miércoles repiten— dentro de ese ‘Power Up Tour’, que en realidad poco tiene que ver con la presentación de su último disco y mucho con celebrar su legado y, sobre todo, que siguen vivos. Todos intuimos que el final está cerca; objetivamente, debería estarlo, pero, vista la exhibición de fuerza, resistencia y dignidad que ofrecieron en la capital, ninguno pondría la mano en el fuego a que sea inminente. El desgaste físico del que todavía hace gala Angus Young desafía cualquier lógica y la sonrisa socarrona de Brian Johnson es suficiente para pasar por alto que sus cuerdas vocales han vivido tiempos mejores, aunque sigue cumpliendo.

Algún día, un neurólogo debería hacer un estudio sobre qué parte del cerebro se activa cuando vemos a ese hombrecillo vestido de colegial corretear por un escenario, disparando riffs de blues rock como para que todos alcemos los puños al unísono y, durante más de dos horas, seamos incapaces de dejar de seguir el ritmo con los pies. Es ese algo, primario e indescriptible, el que hace que, a pesar de la pérdida de Malcolm Young, de la retirada de Cliff Williams o del cese de Phil Rudd, AC/DC todavía puedan generar la necesidad de verlos una vez más.

El inicio con ‘If You Want Blood (You’ve Got It)’ prende la mecha y ya no hay marcha atrás. ‘Back In Black’ sube todavía más la temperatura, que se mantiene con ‘Demon Fire’, una espectacular ‘Shot Down In Flames’ y ‘Thunderstruck’, el tema que elevó su carrera a las cotas más altas en términos de popularidad. Cualquier banda se guardaría un hit así o ‘Highway To Hell’, que llega en el ecuador del concierto, para el bis, pero es que no hay, ni posiblemente habrá, otra banda con un repertorio capaz de poner un estadio patas arriba de principio a fin. ‘Have A Drink On Me’ y la rockanrollera ‘Riff Raff’ son las únicas concesiones en un setlist volcado en sus grandes himnos.

De acuerdo, algunos tempos son más lentos, y Stevie Young, Chris Chaney y Matt Laug son simplemente operarios muy competentes, pero con los que es difícil establecer una conexión emocional. Sin embargo, la excitación se mantiene. Quizá porque lo suyo no son conciertos; son rituales. Por eso, el guion se repite noche tras noche, gira tras gira. En un mundo incierto, la previsibilidad de saber que en ‘Hells Bells’ descolgarán la campana, que todos gritaremos ‘Oi! Oi!’ en ‘T.N.T.’, que todos nos abrazaremos para cantar botando ‘You Shook Me All Night Long’ o que en ‘For Those About To Rock’ saldrán los cañones, nos reconforta. No sabemos qué nos deparará la vida, pero podemos confiar en que ellos no fallarán.

Un apunte final: a The Pretty Reckless, que están haciendo de teloneros en toda la gira, los perdimos por una situación de lo más absurda. El encargado de seguridad en la puerta de acceso al estadio no le dejó pasar un póster comprado en el merchandising oficial a un amigo que nos acompañaba. «Me han dicho que solo pueden entrar papeles tamaño folio; tenéis que ir a dejarlo a la consigna». Ignoro a qué obedece semejante protocolo (no me consta que un rollo de papel sea considerado un objeto contundente), pero merece ser revisado.

JORDI MEYA