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WILCO – ‘Cruel Country’

A pesar de su título, no es propiamente un ejercicio de estilo.

Durante la primera mitad de su carrera, empezando por su debut A.M. de 1995 y hasta Sky Blue Sky de 2007, seguí la carrera de Wilco con atención y devoción. Jeff Tweedy me parecía un compositor extraordinario, muchas de sus canciones me emocionaban, y cada vez que los veía en directo me parecían una auténtica bandaza.

Pero como pasa en la mejores parejas, con el tiempo nuestra relación se fue enfriando y ninguno de sus cinco discos posteriores consiguió reavivar la llama. Quizá era el típico caso de ese ‘No eres tú, soy yo’, que tanto duele cuando tú eres el ‘tú’, porque conozco gente que disfrutó de álbumes como The Whole Love o Schmilco, pero mi sentimientos ya no eran los mismos. Incluso empezaron a parecerme una banda cansina y cada vez más alejada de lo que me había enamorado de ella.

Pero cuando hace unas semanas anunciaron que en su duodécimo disco habían vuelto a sus raíces country, que lo habían grabado en directo, y que además iba a ser doble, pensé que quizá podíamos tener una oportunidad de reencontrarnos. ¿Iban a ser capaces de ofrecernos algo parecido a su magistral Being There de 1996?

La respuesta es no, pero como mínimo he encontrado un puñado de canciones que me han hecho recordar por qué los amé en su día.

Sigo echando mucho en falta que la banda rockee en algún momento como en ‘Monday’, que me seduzcan con alguna melodía pop como la de ‘A Shot In The Arm’, o que hagan giros de guión inesperados como en ‘Spiders (Kidsmoke)’, pero al menos temas como ‘Hints’, ‘Darkness Is Cheap’, ‘Tired Of Taking It Out On To You’, la ceremonial ‘Many Worlds’, ‘Story To Tell’, o en especial la cósmica ‘Bird Without A Tail / Base Of My Skull’, he vuelto a conectar con la sensibilidad de Tweedy.

Hay que advertir, que a pesar del título, un juego de palabras más relacionado con el contenido de unas letras que reflexionan sobre la ruptura social de su país que con el género musical, Cruel Country no es propiamente un ejercicio de estilo. A excepción de ‘A Lifetime To Find’ y ‘Falling Apart (Right Now)’, el resto de canciones utilizan las guitarras acústicas, slides y pianos como elementos para situarnos en ese imaginario, pero no para definirlo.

Casi duele decir, por lo manido del tópico, que estamos ante otro disco doble que podría ser mucho mejor de haberle quitado, al menos, un tercio de su contenido. En varios temas (‘The Empty Condor’, ‘Mistery Binds’…) tienes la sensación que Tweedy va rumiando sin saber muy bien a dónde va, y que la banda le sigue más porque tiene que hacerlo que no por convicción.

Pese a sus defectos, Wilco han hecho un disco que te gana por su belleza y exquisita ejecución, y te relaja con su tono calmado. No es suficiente como para que volvamos a vivir juntos, pero al menos me volverá a hacer ilusión tomar un café con ellos de vez en cuando.

JORDI MEYA

Reseña
Wilco
7
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