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WEEZER – ‘Van Weezer’

Su disco más desacomplejadamente pegadizo desde el 'Green Album'.

Para entender el origen de Van Weezer, segundo álbum que Weezer lanzan este año, habría que viajar hasta mediados de los 80, cuando un joven Rivers Cuomo llegó a Los Angeles en busca de la fama.

Entre 1987 y 1990, usando el alias Peter Kitts, Cuomo fue el guitarrista de una banda de hair metal llamada Avant Garde que, según se puede comprobar por algunas maquetas que circulan por ahí, sonaban como un cruce entre Ratt y Iron Maiden. Pero con la llegada de Nirvana y el tsunami grunge, Avant Garde quedaron enterrados en el olvido como tantos otros grupos que aspiraban a ser los reyes de Sunset Strip. Han tenido que pasar 30 años, para que Cuomo haya consumado su venganza.

Como deja intuir su título y la tipografía de su portada, Van Weezer es un homenaje nada sutil al hard rock que marcó la niñez y la adolescencia del CEO de Weezer, y el disco en el que más ha dado rienda suelta al guitar hero que lleva dentro.

Las canciones, pese a sonar 100% Weezer, están adornadas con todo tipo de pirotecnia guitarrera (tappings, armónicos, bendings…) inspirada en Eddie Van Halen, Warren De Martini o Randy Rhoads (en ‘Blue Dream’ le fusilan sin piedad el riff de ‘Crazy Train’), y en ‘1 More Hit’ hasta se atreven a jugar a ser Metallica. Todo ello hace de Van Weezer su trabajo más rockero desde Maladroit (2002), aunque por su inmediatez, también el más desacomplejadamente pegadizo desde el Green Album (2001).

No importa que las letras sean bastante tontorronas, que hayan reciclado algunos temas que tenían en un cajón (‘I Need Some Of That’ ya había aparecido en Nimaime, un disco que Cuomo grabó en japonés en 2017 junto a Scott Murphy de la banda Allister, y la primera versión de ‘Sheila Can Do It’ data de 1996) o que no falte alguna mediocridad como ‘All The Good Ones’ (que suena a refrito de su hit ‘Beverly Hills’), Van Weezer es puro chicle.

En los 32 minutos que van desde el eufórico arranque de ‘Hero’ hasta la despedida acústica de ‘Precious Metal Girl’, uno no puede más que rendirse ante el torrente melódico con el que Cuomo y su cuadrilla te acribillan los oídos. Cada puñetera nota parece haber sido escogida para que se quede grabada en la cabeza. No hay lugar para experimentos, ni concesiones autoindulgentes; sus canciones son la máxima expresión de aquello de ‘don’t bore us, get to the chorus!’.

Además del metal 80’s, la otra gran influencia en Van Weezer es de The Cars, la banda de su mentor, tristemente ya fallecido, Ric Ocasek, sobre todo en el sonido algo sintético de batería y los coros. Pero no olvidemos que el productor de sus grandes discos no era otro que John ‘Mutt Lange’ quien se hizo aún más multimillonario trabajando también con AC/DC y Def Leppard, así que la conexión tiene todo el sentido.

Quienes hubieran perdido la fe en Weezer, o a quienes el orquestal OK Human les supiera a poco, tienen aquí una excusa perfecta para volver a subirse al tren. Aunque ya sabemos que con Cuomo al frente, puede descarrilar en cualquier momento.

JORDI MEYA