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TOOL – ‘Fear Inoculum’

Bienvenidos de nuevo a la espiral.

A menudo pienso en lo tremendamente injusta y hasta cruel que es la labor de un crítico musical. En apenas un par de escuchas se supone que debemos juzgar y valorar un trabajo que ha tardado meses, cuando no años, en ser creado, pulido y presentado tal y cómo el artista tenía en mente. Eso en el mejor de los casos, siempre que no nos veamos forzados a realizar un único y atropellado acercamiento por exigencias de las discográficas en las malditas listening sessions. Si además se trata de una obra que ha esperado su momento durante más de una década y sus autores son uno de los grandes iconos de su género como es el caso de Tool, obvia decir que la tarea ya de por sí impone. Por suerte, aquí he tenido el tiempo suficiente para saborearla, aunque seguramente no el necesario.

Porque de entrada esa pesada losa de 13 años que separan 10,000 Days de Fear Inoculum se presenta como un escollo casi insalvable a la hora de evaluarlo en su justa medida. Por méritos propios, este quinto disco de Tool se había convertido en su particular Chinese Democracy. La diferencia es que si aquella locura perpetrada por Axl Rose estaba abocada al fracaso desde antes de nacer, en el caso que nos ocupa era de esperar un resultado más acorde a los standards de calidad que los californianos siempre han acostumbrado. 

Lo más fascinante, y diría que hasta milagroso, ha sido ver como la banda ha sabido manejar los tiempos a su antojo, manteniendo a lo largo de todos estos años el secretismo absoluto sobre lo que estaban cocinando en el estudio. En una época en la que las bandas nos muestran hasta dónde hacen sus necesidades mientras graban, Maynard James Keenan y sus chicos han controlado toda la información hasta este último mes de agosto en el que han ido filtrando los detalles de lanzamiento. Desde la aparición de su catálogo al completo en las plataformas de streaming hasta la cuidada (y excesivamente cara) presentación del packaging del álbum, prácticamente no ha habido un solo día en el que Tool no hayan sido noticia en estas últimas semanas para desgracia de sus haters. Pero en cuanto a lo que podríamos encontrarnos musicalmente, seguía siendo una incógnita.

Y ahí viene la primera sorpresa nada más abrir la lata; que por mucho tiempo que haya transcurrido, Tool siguen sonando a Tool, aunque esto suene a una obviedad como un templo. La propia ‘Fear Inoculum’ ya nos adelantaba sus intenciones a modo de extensa carta de presentación. Ir reencontrándote poco a poco con ese feeling tan único que muchos han intentado imitar sin éxito durante tres décadas y que sólo ellos son capaces de recrear… es poco menos como sentir que has vuelto a casa.

Pero aunque todo resulte agradablemente familiar, Fear Inocolum es capaz de marcar distancia respecto a sus hermanos mayores. Estamos ante el trabajo más progresivo de su carrera (que ya es decir), donde cada una de las canciones se van construyendo a paso lento, sin prisas por hacerte llegar a un destino en concreto. Porque aquí el destino es el viaje en sí mismo. Un trayecto en el que esta vez Maynard no ejerce de guía, o al menos su protagonismo queda más en la sombra, adquiriendo más el papel de narrador con un registro vocal que en muchos instantes se asemeja al que utiliza en A Perfect Circle. Menos poderoso, pero más cálido y humano.

La tarea de cogernos de la mano y llevarnos por su universo recae en la parte instrumental, con un Danny Carey estratosférico tras los parches siempre bien escudado por Justin Chancellor y Adam Jones tomando el mando. Suyos son muchos de los momentos más sobrecogedores y emocionantes del álbum, como la segunda mitad de ‘Pneuma’, cuyo desarrollo es para enmarcar y colgarlo en un museo, o el brutal slide que se marca en ‘Descending’ con un tono de guitarra que sólo podría pertenecer al planeta Tool.

Claro que no todo siempre ha sido perfecto en sus álbumes y Fear Inoculum también tiene sus propios pecados. ‘Culling Voices’ es un corte que arranca bien pero justo cuando llega el momento de explotar su resolución se torna un tanto simple. Junto al experimento percusivo de ‘Chocolate Chip Trip’, son los momentos menos interesantes del disco. Menos mal que para acabar llega ‘7empest’ para hacer honor a su título. Como si todo lo anterior hubiese sido una antesala para la tormenta perfecta, Tool ponen la maquinaria a funcionar gracias a un riff diabólico a cargo de Jones y un Keenan, ahora sí, en modo Dios. Un cuarto de hora final épico que nos retrotrae a los Tool más noventeros y que muchos ya se atreven a colocarlo como uno de los mejores momentos de toda su carrera.

Personalmente aún no diría tanto, pues como suele ocurrir se necesita de tiempo para valorar y situar en el ranking una obra tan compleja como ésta. Lo que sí es seguro es que los más fanáticos vamos a disfrutar como enanos durante las próximas semanas descifrando cada uno de los secretos que guarda Fear Inoculum. Bienvenidos de nuevo a la espiral.

GONZALO PUEBLA