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TOMORROW’S RAIN – ‘Hollow’

La sorpresa y la emoción de ser transportado a esa época dorada del gothic doom de los 90 es inmediata.

A pesar de que Hollow sea el debut de Tomorrow’s Rain, habría que remontarse hasta 2002 para entender el esfuerzo, talento y veteranía que arrastran los de Tel Aviv hasta concebir este álbum.

Tras la disolución de la banda thrash Nail Within, el cantante Yishai Sweartz y el bajista Maor Appelbaum formaron Moonskin, una válvula de escape donde plasmar sentimientos de penuria y frustración en forma de gothic doom. Con una sólida formación crearon algunas composiciones, como por ejemplo ‘Trees’, la canción que abre este Hollow, presentándolas en directo y colaborando en discos tributo a grandes bandas del death metal, pero tras cinco años de actividad, Moonskin se disolvieron al abandonar Maor el barco.

En 2011, Yishai recluta nuevos músicos y con el mismo espíritu de Moonskin, nace Tomorrow’s Rain. Para entonces el ya experimentado vocalista se ha labrado un nombre como promotor musical en Israel. Así pues, no es de extrañar el elenco de artistas que intervienen en Hollow… Ni más ni menos que algunos de los pesos pesados del gothic doom de los 90 como Greg Mackintosh de Paradise Lost, Aaron Stainthorpe de My Dying Bride o Fernando Ribeiro de Moonspell. Casi nada.

Pero ahí no queda la cosa, amigos. El compadreo y la camaradería que han generado al girar con Rotting Christ, Draconian o sus paisanos Orphaned Land, bien les ha valido a Tomorrow’s Rain para contar con el talento de algunos de estos músicos para poner su granito de arena en este disco. Nos quedaríamos cortos si no mencionáramos también a Jeff Loomis de Arch Enemy o Nevermore, Mikko Kotamaki de Swallow The Sun, Spiros Antoniou de Septicflesh o los menos conocidos Schlomi Bracha de Mashina y Lisa Cuthbert, la cantante en directo de The Sisters Of Mercy.

Con esta premisa y trayectoria es muy fácil adivinar qué estilo nos vamos a encontrar aquí; más difícil es saber si cumplirá con las expectativas tan altas puestas al contar con tan ilustres invitados, pero para goce de este insignificante y negativo gusano, al oír Hollow la sorpresa y la emoción de ser transportado a esa época dorada del gothic doom de los 90 es inmediata.

No tanto por el estilo, fiel a lo que se practicaba hace ya más de 25 años, sino más bien por el gusto, clase y talento en la composición de sus canciones. Destacar un tema en concreto aquí no vale: cada pieza es única, como los artistas que por ellos desfilan. Todo Hollow es bello y desesperanzador. Una producción limpia y cristalina que embellece cada pequeño detalle, especialmente en la labor de los teclados cuando no juega un papel importante en las partes más sosegadas, tiñendo la obra de una atmósfera triste y melancólica.

La voz clara y profunda de Yishai Sweartz mezclándose con los arpegios iniciales de ‘Trees’ me evoca el Clouds de Tiamat. La fragilidad y delicadeza por la que transcurren los pasajes poco a poco me va ennegreciendo y marchitando el corazón hasta quebrar en registros vocales rasgados y guturales. Los constantes punteos y solos de guitarra dan coherencia a la tragedia que envuelve este viaje, donde a veces se detienen acústicamente en sus raíces hebreas, dando el toque personal.

La intervención de voces femeninas en las finales ‘Hollow’ y el himno al lamento que es ‘The Weeping Song’ desemboca en un clímax etéreo y espiritual, como preparándote para abandonar la vida y al final descansar en paz.

SANTA