Inicio Críticas de Discos TASH SULTANA – ‘Terra Firma’

TASH SULTANA – ‘Terra Firma’

Algo más que un fenómeno viral.

Todavía no ha cumplido los 30, pero el camino que ha recorrido hasta ahora Tash Sultana bien daría para un biopic o un documental. Hace unos años un video interpretando su tema ‘Jungle’ en el salón de su casa la sacó de las calles de Melbourne donde actuaba para lanzarla al estrellato internacional prácticamente de la noche a la mañana.

Pero lejos ser sólo un fenómeno viral y convertirse en el enésimo juguete roto de una industria habituada a devorar ídolos sin pestañear, esta joven multinstrumentista australiana esconde un verdadero talento natural para la música. Tras el éxito cosechado con su debut Flow State, Sultana vuelve a repetir fórmula componiendo, interpretando y produciendo en su totalidad este Terra Firma, dando de nuevo rienda suelta a su personal universo. Precisamente el primer corte, ‘Musk’, resulta ser una invitación instrumental a adentrarse en ese mundo que se va construyendo a base de ir sumando pistas a través de loops hasta encontrarte totalmente atrapado por su atmósfera.

Y es que aquí se va tirando de recursos estilísticos con absoluta libertad. En ‘Crop Circles’ su cuelan arreglos de piano y trompetas de jazz, para a continuación refugiarse en el hip y el R&B en ‘Greed’, siempre con esa sensación relajante que transmite su música.

Por supuesto, Tash no hubiera alcanzado el mainstream de no ser capaz de entregar temas con gancho para sonar en las radios. Las buen rolleras ‘Pretty Lady’, ‘Blame It On Society’ o ‘Willow Tree’, donde vuelven a aparecer unos vientos con regusto latino, cumplen esa función sin que resulten forzadas.

Curiosamente lo mejor del álbum aparece en la sección central cuando saca a relucir su lado más intimista, como en ‘Dream My Life Away’ y ‘Maybe You’ve Changed’. Aquí demuestra que no necesita estar lanzando fuegos artificiales todo el rato para sorprender y emocionar, aunque en la recta final de ‘Coma’ ponga al servicio toda su destreza instrumental.

Sin embargo, y como les suele ocurrir en ocasiones a los grandes compositores, es necesario tener a alguien te ayude a filtrar semejante torrente de creatividad. Y es que la hora larga de duración del álbum se acaba haciendo muy cuesta arriba en su recta final, incluso reiterativa en algunos instantes (‘Sweet & Dandy’, ‘Vanilla Honey’). Como productora, no hubiera estado mal que Tash Sultana aligerase el peso de un disco que, a pesar de algunos excesos, resulta altamente disfrutable.

GONZALO PUEBLA