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SHAPE OF DESPAIR – ‘Return To The Void’

No quieres que pare esta orgía entre lágrimas y ángeles de desolación.

Adolf Putin resucita la Blitzkrieg, la guerra relámpago de la Alemania nazi. Cruce de reproches, amenazas, embustes y falacias. Desde un lado, los de la corbata se expanden desde hace años con un cinismo tétrico gracias a vuestros votos; por el otro, un tirano repulsivo como tantos otros, haciendo y deshaciendo en connivencia con ellos mientras el flujo de billetes no cese. Y al final, como no podía ser de otra forma, la catástrofe. Los mismos de siempre, los que nada pintan en este juego de tronos macabro, pagando con la vida.

Es la triste comedia de la humanidad, esa especie condenada al fracaso en bucle desde el mismo instante cero de la Creación. Sin atisbo de duda, la más animal de todas.

Días plomizos en los que cuesta respirar, con el corazón en un puño por los que no tienen culpa alguna y han visto cómo su existencia ha volado por los aires. Por tus propios allegados que están aquí tras emigrar en busca de un futuro mejor. Queda la desazón, la melancolía, la soledad, el dolor de la lucidez. En efecto, nuestro funeral doom.

Como si desde su Finlandia natal oyeran los tambores de la guerra de sus vecinos, la nueva Rusia decimonónica y zarista, Shape Of Despair despliegan un afligido muestrario de tristeza y duelo en forma de Return To The Void, un quinto álbum gris que tenía que ser publicado en una aciaga semana como ésta. Es casi como si Jarno Salomaa ya supiera desde hace siete años que tarde o temprano esa satrapía oligarca volvería a apretar el botón de la autodestrucción europea, y que en esa lápida continental debía esculpirse en rojo sangre un epitafio como éste.

Los más de 9 minutos del tema homónimo abren este sepulcro a lo grande, de manera expansiva, con el gutural de Henri Koivula resultando tan hipnótico como una bandada de carroñeros en busca de alimento. Es una imagen bucólica, bella, a la par que trágica.

Después, ‘Dissolution’. La magnificencia. Debes sentarte y aparcar cualquier otra actividad que estés realizando. Incluso escribir esta reseña. Es Natalie Koskinen y su voz celestial la que eleva estas canciones hasta límites insospechados, más allá de la comprensión. Mismo caso en esa ‘Solitary Downfall’ de un kilómetro de longitud, que huele a instrumental hasta que la cantante la empuja hasta los cielos.

Los cortes se suceden de seguido, no hay respiro. Tampoco quieres que pare esta orgía entre lágrimas y ángeles de desolación. Cuando ‘Reflection In Slow Time’ inunda tu estancia te quedas atónito, como cuando ayer pusiste la televisión.

El mismo Salomaa comenta en la nota de prensa que cuando empezó el proceso de composición, esas nuevas tonadas le recordaron a Raven, la encarnación primigenia de Shape Of Despair, y puede que por ahí vayan los tiros dadas las sensaciones que he tenido con este álbum.

Porque los de Helsinki van lentos, por supuesto, pero éste no es un trabajo de funeral doom de aquéllos en que el batería parece un cadáver que han acomodado tras los parches. Que repiquetea sólo una vez cada 30 segundos. Esto es más bien un lienzo ante el que postrarse casi una hora, que requiere de toda tu atención, sí, pero que puede ser saboreado en círculos un poco más abiertos. Tan apto para el acérrimo de Skepticism como para el que eche en falta algo más de esa emotividad inigualable y fatídica en las últimas obras de My Dying Bride.

Return To The Void, regreso al vacío. Porque es lo que somos, un vacío. Un agujero negro retorcido y grotesco que debe desaparecer, que amenaza a todo ser viviente y que sin duda ha sido puesto en la Tierra para propiciar el siguiente reseteo planetario.

PAU NAVARRA

Reseña
Shape Of Despair
9
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