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ROYAL BLOOD – ‘Typhoons’

Un chute de energía para afrontar el futuro con optimismo.

No sé vosotros, pero yo tengo unas ganas de ir de fiesta que me muero. Y aunque todavía hay que ser prudente, poco a poco empezamos a ver la luz al final del túnel en esta pesadísima y horrible pandemia. Es justo en este impasse que aparece el tercer álbum de Royal Blood para inyectarnos un chute de energía para afrontar el futuro con optimismo.

Si con sus dos discos anteriores, el dúo de Brighton consiguió un gran éxito -incluso diría que algo desmesurado respecto a lo que ofrecían- escuchando Typhoons tengo claro que en la ‘nueva normalidad’ serán uno de los grupos más cotizados en el circuito festivalero. Tiene mérito que el cantante y bajista Mike Kerr y el baterista Ben Thatcher hayan sido capaces de crear un álbum tan excitante, colorista y vital mientras el mundo estaba parado. No sólo eso, sino que surge después de que Kerr decidiera cortar por lo sano con algunos malos hábitos que le habían consumido durante su última gira. En ese aspecto, Typhoons vendría a ser como ese amigo que ni bebe, ni fuma, ni se mete nada, pero cada vez que sale acaba cerrando los garitos.

Para ello, Royal Blood han aparcado su fijación en Queens Of The Stone Age (aunque en ‘Boilemaker’, que produce el propio Josh Homme, inciden en ella) y se han inspirado en artistas de EDM como Daft Punk, Cassius, y sobre todo Justice. Si los franceses consiguieron llevar el espíritu de AC/DC a la electrónica, ahora Royal Blood le han dado la vuelta, y se han llevado el espíritu de Justice al rock.

Pese a que Kerr y Thatcher siguen utilizando instrumentos, los ritmos, la dinámica y la producción de sus nuevas canciones parecen pensadas para la pista de baile. Es realmente difícil que no se te vayan los pies a la que suenan ‘Trouble’s Coming’, ‘Oblivion’, ‘Limbo’ o ‘Hold On’, pero al mismo tiempo exudan suficiente potencia para apelar al público rockero. Y puede que las letras traten sobre la caída y salida del infierno de Kerr, pero sus pegadizas melodías te llevan más bien a la euforia.

Como aquellas discotecas que ponen una canción lenta mientras abren las luces, Royal Blood cierran el disco con ‘All We Have Is Now’, una balada al piano que podría haber escrito Noel Gallagher. Un final adecuado para el mejor disco de su carrera.

MARC LÓPEZ