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REDD KROSS – ‘Beyond The Door’

Sigue destilando su espíritu freak.

Durante muchos años ser fan de Redd Kross era como ser fan de una banda fantasma. Aunque nunca se separaron oficialmente, y de vez en cuando se les podía ver en directo, el grupo tardó la friolera de 15 años en dar continuación a aquel magnífico Show World de 1997. A su lado, Tool parecen unos aficionados…

Pero quienes pensábamos que con el convincente Researching The Blues de 2012, la banda de los hermanos McDonald iba a retomar su carrera de manera más o menos convencional, volvimos a equivocarnos. Y aunque no han sido 15, han vuelto a pasar 7 años hasta poder volver a escuchar nuevas canciones suyas. Y quizá por eso choca un poco de entrada que el disco suene como… apresurado.

Ya no es que la producción sea demasiado garajera, sobre todo comparado con sus discos de los 90, porque al fin y al cabo puede ser una decisión estética, sino que cuesta creer que en todo este tiempo no hayan conseguido amasar mejor material.

Parte del problema creo que es que la capacidad vocal de Jeff McDonald ya no es la que era -de hecho su hermano Steve toma el relevo en varias ocasiones- y puede que eso les limite a la hora de componer y darle más protagonismo a un elemento que era clave en sus mejores discos.

Naturalmente, como siempre, encontramos algunas perlas dignas de mención, sobre todo cuando sacan su lado más Beatle como en ‘What’s A Boy To Do?’, ‘Ice Cream (Strange And Pleasing)’ o ‘Jane Hoople’ donde su ingenio para hilvanar melodías una detrás de otra sigue asombrando, pero en cambio otros temas como ‘The Party’ o ‘Fantástico Roberto’ parecen simples ejercicios de revivalismo 60’s no del todo inspirados. Tampoco cuando tiran más hacia el punk de sus inicios como ‘Fighting’ o ‘Punk II’ la cosa acaba de funcionar al 100%.

De todos modos, ese homenaje a los Bay City Rollers en ‘Beyond The Door’, la preciosa ‘There’s No One Like You’ o la sorprendente version de Sparks ‘When Do I Get To Sing ‘My Way'” hacen que la balanza se incline ligeramente en favor de un disco que, eso sí, sigue destilando su espíritu freak.

JORDI MEYA