Inicio Críticas de Discos PEARL JAM – ‘Gigaton’

PEARL JAM – ‘Gigaton’

Lejos de despejar dudas, todavía plantea más.

No ha sido nada fácil ser seguidor de Pearl Jam en los últimos diez años. Durante la pasada década hemos visto como los de Seattle alcanzaban la mayoría de edad celebrando su 20 aniversario y se consolidaban por todo lo alto como un grupo de grandes recintos (ambos casos documentados en PJ20 y Let’s Play Two). Pero si encima de los escenarios han mantenido su estatus de gigantes casi intocables, por contra en el estudio la situación ha sido mucho más preocupante.

Desde que editasen en 2013 el prescindible Lightning Bolt (para muchos el trabajo más flojo de su carrera), Eddie Vedder y compañía no han dado la sensación de estar muy preocupados en seguir lanzando nuevo material. La olvidable ‘Can’t Deny Me’, aparecida en 2018 como single independiente, ha supuesto su única muestra de actividad creativa en todo este tiempo. Así pues, llegados a su undécimo álbum de estudio, Gigaton debía servir para despejar dudas entre su fans. Sin embargo, mucho me temo que el efecto va a ser justo el contrario.

Porque este disco en lugar de intentar corregir los errores que presentaba su inmediato predecesor, vuelve a reincidir en ellos. Su hora larga de metraje presenta altibajos de lo más desiguales, con algunos aciertos pero también con bastantes fallos de planteamiento.

Cuando se ponen en modo rockero, combinan momentos notables (la dinámica ‘Who Ever Said’ es el mejor arranque que les recuerdo en bastante tiempo, y ‘Quick Escape’ presenta un groove zeppeliniano comandado por el bajo de Jeff Ament), con otros que parecen insertados para justificar la cuota de guitarras, caso de unas ‘Superblood Wolfmoon’ y ‘Never Destination’ con el freno de mano puesto.

Al bajar las revoluciones, el asunto no da síntomas de mejoría. Al binomio formado por ‘Alright’ y ‘Seven O’Clock’ le sobra el querer sonar tan amable e inofensivo y le falta más desarrollo instrumental. Mismo camino corre una recta final donde el grupo entrega directamente las armas con la intrascendente ‘Retrograde’ (algo así como una ‘Sirens’ 2.0 pero más aguada todavía) y una ‘River Cross’ alargada sin razón alguna. Hay detalles interesantes, como ese experimento pseudo bailable en ‘Dance Of Claivoyants’ y la crudeza acústica de ‘Comes Then Goes’, pero a ambas les falta ese punto extra para pasar de ser buenas canciones a temas realmente destacables.

Bien es cierto que en el computo global es probable que acabemos situándolo medio peldaño por encima de Lightning Bolt, pero estamos ante una obra que evidencia nuevamente que la inspiración de estos supervivientes del grunge ya sólo se puede esperar a cuentagotas. Y es que a Pearl Jam la crisis de la mediana edad no parece haberles sentado nada bien.

GONZALO PUEBLA