Con la publicación en 2017 de su anterior disco Crooked Teeth, Papa Roach consiguieron superar el bache en el que llevaban inmersos unos cuantos años. Los singles que lanzaron volvieron a entrar en las listas y los locales en los que actuaban volvieron a llenarse. Por eso no debería extrañarnos que la banda californiana haya querido aprovechar la buena racha reapareciendo lo antes posible con un nuevo trabajo.

Siguiendo esa máxima de no cambiar lo que ya funciona, el grupo ha vuelto a contar con el mismo equipo de jóvenes productores y a no cortarse un pelo al impregnar de comercialidad su música. En su décimo álbum volvemos a encontrarnos un poquito de todo. Tenemos ramalazos de rap metal en ‘Renegade Music’ (incluso Jacoby Shaddix suelta un “motherfucker, ugh!!” que es un claro guiño a Rage Against The Machine) y ‘Who Do You Trust?’, de modern rock pegadizo en ‘The Ending’ o ‘Feel Like Home’, mezcla de pop y metal en ‘Not The Only One’, de pop y hip hop en ‘Elevate’, de pop rock en ‘Come Around’ y hasta ecos de los 90 en ‘Maniac’. Incluso se dan el gustazo de ponerse punkis en ‘I Suffer Well’.

Tanta variedad puede ser considerada como una virtud, si se quiere valorar su versatilidad, o como un defecto, si se quiere interpretar como una visión oportunista para llegar a diferentes públicos. No es redondo por culpa de algunos temas de relleno como ‘Problems’ o ‘Top Of The World’, pero hay que reconocer que les ha quedado un disco resultón y con gancho, no muy alejado del de Fever 333. Casi 20 años después de aquel ‘Last Resort’ es más de lo que casi nadie pudiera esperar.
DAVID GARCELL