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OF MICE & MEN – ‘Earthandsky’

Debería afianzarles y dejar atrás el forzado bache.

No hubiera sido una gran sorpresa si en 2016 con la marcha de Austin Carlile, motivada por sus graves problemas de salud, la carrera de Of Mice & Men hubiese llegado a su punto final o, como mínimo, hubiera quedado congelada durante un tiempo.

Pero el paso al frente dado por el bajista Aaron Pauley, quien ya se ocupaba de las segundas voces antes, para convertirse en el frontman del grupo les ha permitido seguir adelante como si nada. Si bien es cierto que su estatus ha bajado algún peldaño respecto al que tenían en su última etapa con Carlile, la realidad es que este segundo álbum con su actual formación demuestra que el grupo se siente con fuerzas para remontar posiciones, aunque con un enfoque distinto.

Si con su último disco con Carlile parecían encaminados a convertirse en una banda de nu metal, con influencias de Linkin Park y Korn, con su anterior Defy y, todavía más, con Earthandsky, la banda californiana recupera su esencia metalcore endureciendo el sonido con guiños al thrash y el metal clásico. Algo que también apunta su decisión de fichar a Josh Wilbur (Lamb Of God, Gojira) para producirlo. El álbum suena enorme, destacando un gran sonido de batería en el que hay espacio a blasbeats y riffs cortantes.

Los mejores momentos llegan cuando más se acercan al extremo caso de ‘Mushroom Cloud’ o ‘How To Survive’ con Pauley tirando de guterales y con las que el grupo podría compartir escenario con cualquier banda de metal contemporánea sin sentirse acomplejado. Hay concesiones las melodías, claro, pero su peso no es tan fundamental. En esa categoría destacan ‘As We Suffocate’, ‘Taste Of Regret’ o ‘Deceiver/Decieved’ con cierto aroma a Trivium. Cabe destacar la apertura con ‘Gravedancer’ con una línea de guitarra de toques exóticos. Un buen disco que debería afianzarles y dejar atrás el forzado bache. 

DAVID GARCELL

BONUS TRACK CON… AARON PAULEY

Hace unos meses tuviste que cancelar un concierto y fuiste hospitalizado. ¿Cómo te encuentras?
“Gracias por preguntar. Está todo bien. Sólo fue un susto”.

Me alegra oír eso. Todo el mundo está de acuerdo en que el nuevo disco es lo más duro que habéis grabado. ¿Tenéis ahora el sonido que siempre habías querido?
“Para nosotros cada disco es distinto. Para éste queríamos hacer algo cañero, rápido y agresivo que funcionara bien en directo. Tiene mucha energía y el motivo es que nos inspiró interactuar con los fans en la anterior gira”.

Es curioso porque el último disco que grabasteis con Austin, Cold World, parecía ir en la dirección contraria…
“Creo que Cold World se escribió en unas circunstancias difíciles por la salud de Austin. Ahora las cosas han cambiado. Todos estamos sanos y teníamos la fuerza para hacer un disco más duro”.

¿Cómo fue trabajar con Josh Wilbur?
“Fue genial porque te transmite entusiasmo constantemente. Escuchaba lo que estábamos creando y nos animaba a ir al límite. A veces en el estudio es fácil estar tan concentrado que te olvidas de escuchar lo que estás haciendo desde la perspectiva de un fan. Y eso es lo que nos proporcionó Josh”.

¿Os gusta ir al estudio con todo preparado o preferís dejar cosas abiertas a la espontaneidad?
“A mí me gusta ir al estudio con todo preparado entre un 50 y un 70%. El resto creo que es bueno dejarlo abierto para que el productor pueda meter mano. Si vas con todo cerrado al 100% es fácil que se convierta en una lucha entre la banda y el productor. Es mejor dejar espacio para que sucedan cosas. Es algo que aprendí hace tiempo. Es como pintar. Si tienes todo el lienzo lleno de pintura es difícil que alguien pueda colaborar contigo”.

Sois de Vacaville, el mismo pueblo que Papa Roach. ¿Verlos crecer tanto fue una motivación para vosotros?
“Cuando tenía 11, 12 años era amigo del hermano pequeño de Jacoby Shaddix. Nuestras familias iban a la misma iglesia. Les vi tocar varias veces antes de que tuvieran un contrato. Desde luego fue una inspiración para mí. Vi que era un sueño alcanzable, que yo también podía cambiar el mundo”.

JORDI MEYA