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Leo Verdura

Una completa y justa reparación hacia la memoria de este dignísimo trabajo.

Autor: Rafa Ramos
Editado por:
Norma Editorial

Muchos años antes de conocer al ‘león que come tofu’ de Futurama, la chavalada española ya tenía a su propio felino vegetariano que, lejos de ser un chiste ocurrente momentáneo, fue fiel y leal compañero de sus fines de semana por más de una década. Las páginas del Pequeño País (el suplemento infantil/juvenil caído en desgracia del diario de Prisa, una suerte de fidelizador a largo plazo de lectores gracias a grandes autores patrios) fueron el hogar de Leo Verdura, creación de Rafa Ramos, que se publicó de forma ininterrumpida desde el año 88 hasta el 2000, tras el fallecimiento de su creador.

Norma Editorial recopila ahora en un tomo integral la totalidad de este trabajo, ofreciendo así las casi 500 páginas de historietas dibujadas por Ramos. Reencontrarse hoy con Leo Verdura, su sombra, Katya, tío “Raad”, Stanley, Livingstone, sus amigos del cole y Bebé Gorila es un estupendo ejercicio de repaso a uno de los mejores cómics juveniles que se publicaron en las páginas del suplemento de El País, constatando lo bien que ha envejecido el enfoque de los temas que trataba y el arte mismo de la obra (imposible no mencionar en este punto las deliciosas acuarelas de Nieves Eguiluz, su mujer y colorista durante todos aquellos años). 

Leo Verdura era una serie que trataba a su audiencia como si fuese adulta, plasmando algunos temas sociales en sus viñetas -sobre todo los referidos al ecologismo- y siguiendo el riguroso calendario escolar anual: los gags recurrentes sobre las notas, el verano, Navidad, etc. acompañaban todos los domingos a sus fans (sábados en algunas comunidades), le daban una estupenda coherencia interna al cómic y le guiñaban el ojo al lector de forma muy inteligente. Además, a pesar de los años transcurridos, apenas un par de chistes pueden provocar ahora alguna mueca de desaprobación -sobre todo alguno en el que Rafa tocaba la forma de relacionarse entre Leo y Katya- lo que es muy meritorio teniendo presente cómo han cambiado muchas sensibilidades en dos décadas.

Este recopilatorio de Norma tiene un destinatario claro: todas aquellas que crecimos con Leo Verdura y que nos quedamos un poco huérfanas el día en el que el diario anunció que Rafa no volvería a dibujar nunca más, con aquella caricatura suya en la mesa de dibujo, rodeado de sus personajes. Este tomo le hace completa justicia a los maravillosos momentos que nos ofreció, siendo además un estupendo material para regalar, una y mil veces, a las jóvenes generaciones lectoras con quienes se quiera compartir un pedacito de la historia de nuestra historieta; este integral, más que un ejercicio dirigido a golpear la vena nostálgica, es una completa y justa reparación hacia la memoria de este dignísimo trabajo. 

SAMU GONZÁLEZ