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LAMB OF GOD – ‘Lamb Of God’

Otro disco contundente, competente y efectivo.

Con Lamb Of God me sucede algo curioso. La idea del grupo me gusta más que su propia música. Me explico. Me chifla el que unos tíos cuarentones, que no son precisamente guapos, ni tampoco parecen obsesionados con ganar seguidores en las redes sociales, ni en el marketing digital, hayan llegado tan lejos.

Randy Blythe me parece un tipo realmente interesante, alejado de los clichés de las estrellas del rock y con un nivel de inteligencia por encima de la media. El porte con el que llevó su desgraciado incidente en la República Checa, dice mucho de su persona. Desde luego me quedaría con ellos antes que con cualquiera de esas bandas con envoltorio metal, pero que pierden el culo por llegar a las masas. Que cada una ponga ahí el nombre que quiera. Además, su directo es realmente aplastante. Sin embargo, aunque todos sus discos me gustan, siento que todavía no han firmado una verdadera obra maestra, ni han creado canciones que merezcan el calificativo de clásicos, como sí hicieron Pantera, uno de sus mayores referentes. Y su nuevo álbum, no es una excepción.

Hay que decir que sus composiciones se hicieron más digeribles en el anterior VII: Sturm Und Drang y aquí siguen una línea parecida, con algo más de melodía en las líneas vocales, pero con Blythe manteniendo su característica voz rota. Son sólo diez canciones; suficientes para decir lo que querían y dejarte planchado con sus riffs, dobles bombos y pegada sonora. Ahí han sido listos, ofreciendo la dosis justa antes de saturarte.

Como es habitual, los de Virginia ofrecen esa argamasa de infuencias heavies (sobre todo en los solos de guitarra), groove metal (‘Gears’) y thrash (‘Resurrection Man’, ‘Routes’, en la que colabora Chuck Billy de Testament). Ah, y por si alguien estaba preocupado por la salida de Chris Adler, su sustituto Art Cruz va más que sobrado.

Lamb Of God es otro disco contundente, competente y efectivo, pero no es excelente, ni rompedor. Y quizá eso sea suficiente para una banda que nunca estuvo destinada a revolucionar el metal, sino simplemente a darle una patada en los huevos cuando más lo necesitaba.

JORDI MEYA