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La Caza

Ideal para estos días de justicieros de balcón.

Doce extraños se despiertan en el claro de un bosque. No saben dónde están ni cómo han llegado hasta ahí. Tampoco saben que han sido escogidos para algo muy concreto. Han sido seleccionados para ser cazados. A raíz de una teoría conspirativa nacida en la dark web, un grupo de la élite mundial se reúne por primera vez en una recóndita mansión para divertirse cazando a seres humanos.

Sí, lo has visto docenas de veces. Más en serio, más en broma, la nueva creación de Damon Lindelof (junto a su colega Nick Cuse) toma como base The Most Dangerous Game, la historia creada por Richard Connell que ya ha tenido otras adaptaciones cinematográficas como El Malvado Zaroff (1932), Blanco Humano (1993), Juego De Supervivencia (1994), Un Tío Llamado Peste (1997) o The Eliminator (2004).

Después de cumplir una temporada en la nevera, debido a tragedias humanas en forma de tiroteos masivos en Estados Unidos, la película, que ya tenía fecha de estreno y a la prensa opinando al fin, ha visto como la crisis sanitaria mundial ha vuelto a condenarla al ostracismo del vod o la descarga zorruna.

A pesar de que muchos espectadores puedan no entrar en su juego (de manera literal, porque esto es uno muy grande y aparatoso), hay que estar a favor de obra con The Hunt y su espíritu gamberro y crítico, también cercano al Kevin Smith de la excelsa Red State, otra obra clave para entender ciertas tendencias norteamericanas y globales con las que hemos convivido hasta ahora.

Con La Caza, Lindelof prolonga su racha de aciertos con una verbena satírica entre la Troma y Armando Iannucci, y pone todas las cartas sobre la mesa sin esconder nada en la manga. ¿La mejor mano de todas? La de Betty Gilpin, imparable caballo ganador.

Noventa minutos de pura evasión y mala uva sanguinolenta que hacen de esta cacería el producto Blumhouse más eficiente de una temporada que, al menos en chez Blum, ha cerrado hasta el año que viene.

Una lástima teniendo en cuenta que esta película cuenta con prácticamente el doble de presupuesto que sus compañeras de promoción, El hombre Invisible y Fantasy Island. De hecho, los de presupuestos de ambas suman el de esta divertida gamberrada impredecible, aunque no tanto.

Ideal para estos días de justicieros de balcón.

MIGUEL BAIN