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JINJER – ‘Wallflowers’

Sigo sin visualizarle un techo a esta banda.

Qué poca memoria, o qué mala idea, tienen algunos para criticar el estatus actual que Jinjer se han ganado con creces. Que si están ahí porque canta una tía, que si tocan en demasiados festivales… La envidia y el machirulismo, si es que no ganamos para pandemias… Como si Tatiana Shmayluk no fuera una bestia de la naturaleza en el estudio y sobre las tablas. Como si previamente, y desde su lejana Ucrania, no se hubieran pateado todos los escenarios habidos y por haber subidos a una furgo ruinosa. Como si no hubieran perseverado hasta el final, diciendo que sí hasta a los bolos más deficitarios.

Sólo dos años después de Macro, y uno del disco en directo grabado en Melbourne, Wallflowers ha llegado para inaugurar esta década en la que todas y todos sabemos que reinarán. Y es un álbum que, de manera inteligente, no arriesga, sino que consolida todo lo que sus fans puedan amar de ellos. Y que de inicio sorprende por su fiereza, eso también, arrancando con un bofetón entre death melódico y groove que una vez más recuerda y mucho a una de sus más grandes influencias: Lamb Of God.

Tras esa completísima ‘Call Me A Symbol’, Jinjer muestran su cara más progresiva con una ‘Colossus’ que igualmente invita a repartir mamporros y que sigue sonando muy Lamb. El batería Vlad Ulasevich está inspiradísimo aquí, y durante toda la obra.

Con esas cadencias vocales, ‘Vortex’ vuelve a dejar entrever que System Of A Down son otra de sus formaciones de cabecera, aunque su posterior desarrollo djent asevera que Jinjer son un grupo con personalidad propia, que en todo caso no amaga de dónde procede. Y ojito con su breakdown

Uno de los mayores logros del combo es que canciones enrevesadas como ‘Disclosure!’ entren fácil, que sus pulsiones más progresivas sigan siendo la mar de digeribles. Joga bonito, pero sin pasarse. Justo como lo hace el bajista Eugene Abdukhanov en ‘Dead Hands Feel No Pain’ o ‘As I Boil Ice’. Flipante lo de este señor.

Wallflowers no es tan experimental y aparca esos cortes algo más desenfadados. Es serio, melancólico, y aunque siendo su cuarto largo puede que el factor sorpresa se haya diluido, cumplirá con su faceta de afianzarlos en la punta de lanza del metal contemporáneo. Su mayor problema seguramente resida en la pérdida de velocidad que llega después de la rabiosa ‘Copycat’, pero eso es mitigado en parte con su habitual despliegue instrumental de alta alcurnia o el punch de ‘Sleep Of The Righteous’.

Con esta garganta, con esta portentosa frontwoman, y con los roles totalmente asimilados por parte de sus tres secuaces, sigo sin visualizarle un techo a esta banda. Cuando ‘Mediator’ irrumpa en el pit, no quedará nadie vivo.

PAU NAVARRA