White Stones y su primer álbum Kuarahy nos ha permitido conocer mucho más a Martín Méndez, el eterno lugarteniente de Mikael Åkerfeldt en Opeth. Partiendo de Uruguay realizamos un recorrido nostálgico por su interesante vida, un camino que tarde o temprano debía volver a conducirle al death metal.

Es un soleado domingo de abril cuando recibimos la llamada de Martín Méndez, el conocido bajista de Opeth. Afincado en Catalunya desde hace ya un tiempo, ni él ni yo podemos disfrutar como deberíamos de una mañana tan preciosa, pero en cambio, sí tenemos todo el tiempo del mundo para desgranar todas sus grandes pasiones y experiencias, que no son pocas.

Kuarahy, el debut de su proyecto personal White Stones, rememora otro astro rey que suele brillar con fuerza, el de su natal Uruguay, al mismo tiempo que recupera otro de sus mayores amoríos, ese death metal que sigue latiendo en su corazón.

Editada directamente por Nuclear Blast, en esta ópera prima se hace acompañar por viejos conocidos de nuestra escena: Eloi Boucherie de Vidres A La Sang al micro y el rodillo pluriempleado de Jordi Farré para la batería. Además, como Méndez ha grabado todas las guitarras exceptuando los solos, otro Vidres y Foscor como Albert Martí y el exNuckin’ Futs Joao Sassetti se encargarán de las seis cuerdas en directo.

De nuestra charla casi podríamos decir que se derivaron dos entrevistas, pues a todo lo atractivos que White Stones resultan, también hay que sumar el enorme interés que suscita el conocer cómo funcionan Opeth por dentro, sin que Åkerfeldt nos tutele el discurso, además de cómo ha transcurrido la singular vida de un chico extranjero que, de pronto, se encuentra en el epicentro del death europeo y acaba tocando en una de las bandas más relevantes de las últimas tres décadas. Este segundo contenido lo podéis encontrar en este artículo.

¿Cuándo empieza White Stones, cuándo te decides a iniciar un proyecto en solitario?
MARTÍN MÉNDEZ
“Todo esto comenzó sin planes. Cuando terminamos la gira de Sorceress con Opeth empecé a componer enseguida, nada más llegar a casa. Me empezaron a salir un par de temas bastante rápido, y me gustó la idea. Me sentía bien componiendo ese tipo de canciones. Yo la verdad es que ya venía de componer en casa, pero cosas diferentes, estaba experimentando con otros sonidos. Hacía bastante que no escribía una canción metal y, bueno, me gustó lo que empezó a salir, y al cabo de tener seis temas listos y grabados, cuando vi el resultado, fue cuando más o menos empecé con la idea de ‘bueno, pues esto no está tan mal, a lo mejor podría lanzarlo por cuenta propia o lo que sea’. Pero empezó ahí, después de haber terminado ya unos cuantos temas y de tenerlos grabados”.

¿Pero grabados ya en el Farm Of Sounds con Eloi o en un home studio por tu cuenta?
“Sí, en el Farm Of Sounds, sí, porque yo iba haciendo los temas en mi casa, en el estudio de mi casa, pero estaba viviendo en la granja en esa época, y tenía el estudio al lado, o sea que, cuando iba avanzando de tema en tema, ya me iba metiendo en el estudio y lo iba grabando, y al tener cuatro o cinco, fue cuando llamé a Jordi, y puso las baterías ahí. Fue cuando se formó un poco todo y ya empezó a ganar cuerpo, ¿no?”.

¿Y a Eloi le dijiste que pusiera la voz desde el principio o fue algo que surgió en el estudio?
“Surgió totalmente en el estudio. Fue algo muy improvisado, porque la idea era que cantase yo. Al principio, como no tenía expectativas de lanzar nada de esto, me pareció algo curioso y me dije ‘mira, lo voy a cantar yo’, porque yo cantaba hacía veinte años, en algunos grupos canté death metal. Y dije ‘bueno, voy a probar’. Y creo que hice un tema, el primero lo llegué a grabar, pero no me convencía mucho. Después, cuando tenía los cinco o seis aquéllos listos que te he comentado, e intenté grabarlos otra vez, como que me sentí fatal. Que no, que esto no… no me sentía cómodo, no me sentía bien, y tenía a Eloi justo al lado. ‘Oye, prueba tú’, y bueno, fue ponerse y ya tomó color todo. Y dije ‘vale, ya está, no se discute más’”.

La banda es una vuelta a tus orígenes, tanto musicales como familiares. A tu tierra, a Uruguay, y al death metal. ¿Por qué crees que te ha venido ahora toda esta nostalgia? ¿Se trata de una crisis de los 40 algo más artística? (Risas).
“Sí… (Risas) No lo sé. Si te digo la verdad, no lo sé. Esto surge todo en el momento un poco, y cuando ya tenía las canciones y me venía a la cabeza ‘a ver, cómo le pongo al grupo’, como que me vino esta ola nostálgica. Pero bueno, que siempre he tenido todo esto muy presente igualmente. Pero no sé, lo vi bonito en el sentido de poder expresarme con estos sentimientos que tengo, reflejados en la música. Es como dar una parte de ti un poco más profunda en el trabajo, así que lo quise expresar de esta forma. A Uruguay hace tiempo que no voy, pero siempre la he tenido muy presente, y lo que son las raíces de los indígenas, de los ancestros, siempre me han llamado la atención también. Tengo curiosidad hacia eso, así que este disco ha salido así, pero el que viene no creo que tenga nada que ver con esto, ¿eh? No es una imagen que esté creando con el grupo, sino que este álbum ha sido con este tema y ya está”.

¿Estás ya metido en un segundo disco?
“No, no he comenzado a componer todavía, pero tengo ideas y ganas, sí”.

Como su propio nombre indica, Kuarahy contiene palabras de la lengua nativa de tu país en varias canciones… ¿Es una lengua que dominas o sólo has recurrido a ella de forma puntual para continuar con ese homenaje?
“No, sólo de forma puntual. Me encantaría hablarla, pero no, no la hablo. En Uruguay no la habla casi nadie, prácticamente nadie. Paraguay es el único país que ha conservado esta lengua, y hoy en día el guaraní es una lengua oficial allí. Tanto el castellano como el guaraní, pero no, no, qué va, me encantaría… Es la lengua tradicional de los charrúas, una de las etnias más conocidas que vivían en la región que es Uruguay hoy, y hablaban el guaraní, y también había otras etnias que lo hablaban… los guaraníes mismos, así que era una lengua muy dominante en ese territorio”.

Y conociendo todo esto de tu país, ¿ves paralelismos con la situación en Catalunya, el Procés y tal, o crees que es distinto porque aquí se habla, es oficial…?
“No, no, claro… Ya te digo, prácticamente nadie en Uruguay presta atención a estas cosas de los indígenas, la verdad. No es algo que llevemos en la sangre y digamos ‘éste es nuestro pasado’. No, qué va. Es una lástima que ni en la escuela te enseñen prácticamente nada sobre los indígenas que han vivido allí. Ya me gustaría que el pueblo lo llevara con un poco más de orgullo, pero qué va”.

Supongo que alguien que ha vivido en Uruguay, en Suecia y en Catalunya, en el Estado español, tiene que tener una visión bastante cosmopolita de las cosas. Imagino que en algunos aspectos socioculturales somos muy distintos, pero seguro que, al ser humanos, en tantos otros también somos muy parejos. No sé si alguna vez has hecho alguna reflexión de este tipo…
“Sí, claro, yo siempre digo que trato de recoger un poco lo mejor de cada sociedad que me ha tocado vivir. La sueca es una sociedad muy diferente a la latina, pero tiene sus partes muy positivas y otras más chocantes comparado con ésta. Igual que aquí. Hay un estilo de vida que en pocos sitios lo encuentras, y en Uruguay igual. Es un país que tiene algunas semejanzas con esto, pero poca cosa, no es lo mismo. Pero sí, a mí me gusta sacar lo más positivo que pueda de cada sitio y tratar de adaptarme para entender esa sociedad, tienes que adaptarte un poco y respetar su forma de vivir y de creer para entenderla, especialmente la sociedad sueca… que es complicada de entender. Hasta que no te metes a vivir allí algunos años y gestionas con gente, no la entiendes del todo bien”.

“A la hora de componer, lo que menos se me pasa por la cabeza es intentar sonar como otra banda, y menos como Opeth” MARTÍN MÉNDEZ

(Risas) ¿Y eso por qué?
“Bueno, porque es una sociedad muy fría, muy distante con la gente. Les cuesta mucho hacer amistades, por ejemplo, pero uno va entendiendo con el tiempo, al final sabe que cuando haces una amistad es una amistad de verdad, pero cuesta muchísimo comparado con países como éste o Uruguay. Eso es un ejemplo, pero bueno, que hay muchas cosas… Pero ya de por sí, al ser una sociedad tan fría, tan diferente, cuesta entenderla, al principio es más fácil juzgar que intentar comprender el caso”.

Al final te das cuenta que el racismo es una de las mayores imbecilidades que existen, ¿no?
“Sí, sí, totalmente. Cada uno mira por su ventana y ya está, eso es así (risas). El resto es raro”.

¿Y cómo se ha traducido todo este proceso de volver a los orígenes en las letras? Por nombrar una, ¿de qué trata una canción como ‘Worms’?
“La mayoría, y por ejemplo ‘Worms’, están más inclinadas hacia la sociedad, diría yo. Son… no diría antisistema, pero sí que son como una perspectiva del sistema. Van un poco en contra de la sociedad, políticamente hablando, pero con perspectiva, tampoco me estoy posicionando en ningún bando, por decirlo así. Estoy como observando desde arriba, y son inquietudes sociales, más que nada. ‘Worms’ va un poco contra el capitalismo, sobre lo que es. Worms (‘Gusanos’ –ndr.) seríamos nosotros, el resto de la gente a la que nos aplastan, y cómo se da la vuelta a la torta en la política, que un día es uno y al otro el otro el que machaca, y va un poco de este palo. Muchas letras van de este rollo de la sociedad, de temas puntuales suyos, pero hay dos canciones… ‘The One’, por ejemplo, se lo he escrito a mi abuelo. Murió hace muchos años y le tengo mucho afecto, y es una letra transformada al death metal. La lees y dices ‘joder, ¿y eso le has escrito a tu abuelo?’ (Risas), pero para mí, en mi cabeza, es una letra de amor, podríamos decir, aunque adaptada al death”.

¿Qué es lo que más echas en falta de tu barrio, Piedras Blancas, o de Montevideo, o el país…? ¿Crees incluso que algún día volverás?
“Bueno, si te soy sincero creo que no, en este momento no tengo ni idea de plantearme volver. No sé qué echo de menos… tampoco es que eche nada de menos, si te soy honesto. Es algo que he vivido y que lo tengo dentro. Al haberlo vivido en una época como la juventud, pues es algo que te queda muy marcado, es algo que ha quedado ahí, pero no algo como que estoy aquí sufriendo porque no puedo volver. No, no, es algo que tengo dentro y de lo que no me he olvidado”.

Como nos decías, al principio White Stones parecía algo más personal, pero se desmadra un poco cuando le presentas los temas al mánager de Opeth y él llama directamente a Nuclear Blast. No sé si al principio te pilló por sorpresa y luego dijiste ‘va, de perdidos al río, que salga el disco a lo bestia’.
“Sí, la idea era sacarlo de alguna forma. Yo quería alargarlo de alguna manera, pero la idea mía al inicio era que fuera por cuenta propia. La idea era un vinilo, sacar 200 copias y venderlas por un Bandcamp o lo que sea, pero cuando él vino con esta idea, como que todo se ha hecho más grande, sí. Al principio fue un poco un shock, porque me veía un poco atrapado, ‘uy, demasiada responsabilidad ahora’, estaba justo bastante cerca de las giras de Opeth y decía ‘no sé cómo gestionar esto’, pero bueno, después con el enfriamiento y pensándolo tranquilo, ‘¿Por qué no? Que no me va a llevar tanto tiempo tampoco’. Si ya lo tenía casi todo cocinado, así que… Fue una decisión bastante rápida de tomar igualmente, sí”.

Ya colaboraste metiendo un bajo en el último disco de Vidres A La Sang, así que debes estar familiarizado con sus obras. Imagino que también con Foscor, porque Albert será uno de los guitarras en directo. Te quería preguntar qué te parecen estas dos bandas y si has podido indagar algo en nuestro underground, en lo que se cuece por aquí.
“Estos dos grupos los conozco de hace tiempo ya porque soy amigo tanto de Albert como de Eloi. El resto de la escena… no estoy muy metido, la verdad. Si te soy sincero, todavía no me he introducido, no he ido a bolos locales aún. Normalmente estoy de paso siempre aquí, por decirlo así. Vengo de giras y estoy un tiempo en casa, y no me apetece salir de conciertos viniendo de dos meses de shows ahí, cada día. Pero he visto que hay mucha escena, que hay movimiento, mucho más de lo que imaginaba, y eso es bueno, eso siempre es saludable para la música. Algún día me gustaría meterme algo más en el estilo, en la escena de aquí, pero ya te digo, estoy un poco perdido con eso”.

Los solos te los ha puesto tu compañero Frederik Akesson, menos en ‘The One’, que lo ha grabado Per Eriksson de Katatonia o Bloodbath. Ya que hablábamos de Albert, será él junto a Joao quien se encargue de las guitarras en directo, pero las has grabado tú mismo en el álbum… Escuchando el disco se ve un nivel, así que, joder, ¿cuántos instrumentos dominas?
“Dominar, dominar, sólo la guitarra y el bajo más que nada. Pero la guitarra la he tocado bastante tiempo, componía en los primeros grupos que tenía cuando tenía 15 años, por esa época ya componía con la guitarra y siempre la tocaba, siempre me ha gustado. A ver, yo no me considero guitarrista, no creo que pueda considerarme eso, pero bueno, la sé tocar, sí”.

¿Y por qué te decidiste por el bajo, qué te da este instrumento que no te den los demás? No sé si fue circunstancial, que justo Opeth necesitaban cubrir ese puesto…
“No, yo ya tocaba el bajo de antes. Mi padre era bajista, y comencé por ahí. Crecí en Uruguay y había un bajo en casa. Crecí en una familia bastante humilde, pobre, y no teníamos tampoco para… si yo quería tocar el bajo, ‘oye, cómprame uno…’. Pues no se podía, pero había uno en casa, y fue eso lo que me introdujo en la música. He tocado el bajo muchos años antes de tocar la guitarra, pero fue más que nada por eso: mi padre era bajista, lo tenía en casa, y ahí fue cuando descubrí un poco todo esto”.

Estoy de acuerdo contigo cuando, en la nota de prensa, comentas que White Stones no tiene demasiado que ver con Opeth, ni siquiera con la etapa death metal. A ver, la pulsión progresiva está ahí y el sonido orgánico y real también… Además, Eloi sólo estaría en un grupo que tuviera este tipo de sonido… (Risas) Pero llevando casi un cuarto de siglo en el grupo, está claro que eso tiene que formar parte de tu ADN a la fuerza. Hay un poco de espacio para el rock también en ‘Infected Soul’… Pero ¿cómo describirías tú estas nuevas canciones? Porque el death metal es algo muy general, y lo tuyo es muy particular.
“No sé, creo que esto es un poco la combinación de influencias que he tenido durante los años, imagino. Ya te digo: yo, a la hora de componer, lo que menos se me pasa por la cabeza es intentar sonar como otra banda, y menos como Opeth. Es que no tendría sentido hacer una cosa así. ¿Que hay influencias? Sí, y Opeth son una de las bandas que más me gustan dentro del death metal. Siempre lo he dicho: tanto Opeth como Morbid Angel, musicalmente, son de las bandas que más me gusta lo que han hecho con el death metal. Pero lo dicho: la idea nunca fue tener influencias conscientes, y sí, esto ya me lo han comentado unas cuantas personas, así que no sé… Ha sido un poco de suerte también, de encontrar un estilo relativamente un poco propio y no volcarme en el estilo de Opeth, que es lo más normal cuando alguien ha tocado tanto tiempo en un grupo. Cuando uno tiene un proyecto aparte normalmente suele sonar un poco parecido a lo que has hecho anteriormente, pero no sé, he tenido la suerte de no hacerlo tan igual y tener un poco de originalidad en el sonido. Ésa era la idea”.

Sí, tu amor por Morbid Angel era conocido, ¿pero qué otros grupos death u otros estilos te marcaron de joven?
Uff… Muchos estilos. Aquí, ya te digo… en este disco, aunque no se escuchen, hay influencias. Las hay del folk, de música folk de Uruguay mismo. Me acuerdo que en algunas partes le pedí a Eloi ‘por favor, hazte un grito como si fuese, por ejemplo, Los Olimareños’. Los Olimareños son un grupo folklórico, folklórico, de Uruguay, que tocan con acústicas, cantan de política… bueno, cantautores de éstos. Y lo dicho: ha habido pequeñas influencias de éstas aquí y allá. Escucho mucho jazz, música árabe, porque me gusta la música en general, o sea que influencias hay de todo. Que se escuchen, a lo mejor no, pero están ahí. Creo que es una recopilación de muchas influencias de a lo largo de los años. No podría decirte sólo una”.

PAU NAVARRA

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