En estos tiempos de incertidumbre, la música se ha convertido más que nunca en un refugio. Y muy, muy pronto podréis acoger en él a Bellavista, el nuevo álbum de Viva Belgrado. Os invitamos a que lo recibáis con los brazos abiertos.

Cuando en noviembre de 2017 Viva Belgrado publicaron el single ‘Guillotinas’, muchos de los seguidores de la banda cordobesa se sintieron confundidos. Las reacciones fueron de lo más dispares. Desde quienes se emocionaron ante el nuevo sonido que ofrecían, a quienes directamente pensaron que se les había ido la olla. ¿Se habían pasado al emotrap? ¿Sería un experimento puntual o su próximo disco seguiría esa línea?

Durante varios meses después, la poca actividad del grupo, sumada a la anterior salida del batería Álvaro Moreno, hicieron pensar incluso en si habría próximo disco.
Los rumores y especulaciones siguieron flotando en el aire hasta que ellos mismos se encargaron de desmentirlo un día antes de terminar 2019. “Durante todo este tiempo no hemos dejado de ensayar ni componer con asiduidad, pero hasta ahora no podíamos decirlo con seguridad: estamos vivos”, escribían en un comunicado. Mejor aún, prometían que en 2020 habría nuevo disco, aunque sin determinar una fecha.

La incógnita la resolvimos a finales de febrero cuando la gente de Aloud Music nos invitó a escuchar en primicia Bellavista, y nos confirmaban que su tercer largo vería la luz el 30 de abril. (Finalmente se adelantó una semana).
En su estudio y acompañados de Cándido Gálvez (voz, guitarra), Pedro Ruíz (guitarra), Ángel Madueño (bajo) y Álvaro Mérida (batería) escuchamos por primera vez sus once canciones grabadas en los Ultramarinos Costa Brava junto a Santi Garcia y Borja Pérez durante tres semanas del pasado diciembre.

Sin ánimo de hacer spoilers, sólo te contaremos que si, como nosotros, te enamoraste de lo que hicieron en Flores, Carne y Ulises, puedes respirar tranquilo: es otro discazo. La banda no ha abandonado las guitarras y baterías por la electrónica, y tampoco faltan algunas estrofas gritadas, aunque las melodías han ganado peso. Pero al mismo tiempo, es evidente que el grupo no es el mismo que hace tres años. Sólo hace falta prestar atención a las letras para ver que el vuelo de Ulises a Bellavista, un vuelo que les llevó a Londres, Tokio o Moscú, no estuvo exento de turbulencias. Frases como “He trepado en un árbol del que no sé bajar”, “Vine a por un aplauso, la cosa se torció. Más adictivo que la cocaína y no sé yo” o “La soledad del corredor de fondo bien quemado. Pienso en dejarlo a menudo, sé que nunca lo haré” exponen sin tapujos las dudas y temores que han circulado por sus cabezas.

La buena noticia es que todo eso parece haber quedado atrás y, ahora, armados con estas canciones y los ánimos renovados, el grupo está más listo que nunca para llegar hasta allí donde siempre habían podido, pero quizá no se habían atrevido. Por miedo, por humildad, por inseguridad… Posiblemente por una combinación de todas esas cosas.

El mismo día que estrenaban el vídeo del primer single, ‘Bellavista’, contactamos con Cándido para conocer la intrahistoria de su nuevo álbum. Aunque, lógicamente, empezamos hablando del dichoso virus que, en ese momento, ya nos había obligado a encerrarnos en casa durante una semana.

¿Cómo llevas el confinamiento? ¿Cómo están las cosas por Córdoba?
CÁNDIDO GÁLVEZ “Lo llevo bastante guay. Soy bastante casero y tengo terraza y eso. Yo vivo en la zona periférica y de momento está todo tranquilo. No he visto nada raro. De hecho, no he visto ni policía”.

Bien, hablemos de cosas más agradables. La verdad es que no me esperaba que el disco fuera tan bueno.
“¿De verdad?”.

Bueno, me daba la sensación que habíais estado un tiempo un poco confusos, y no estaba seguro de que os hubieseis centrado a tiempo para hacer un disco.
“Te lo agradezco. La verdad es que tuvimos muchas dudas. Pero al final no creo que sea un cambio tan, tan brusco. Opino que hay un salto, yo creo, sobre todo a nivel lírico, pero no ha sido tan bestia como podría haber sido”.

Foto: Eric Altimis

“Puedes dar 150 conciertos, puedes tocar en 23 países, hacer un montón de cosas y piensas que, cuando llegues a casa, va a pasar algo, y nunca pasa nada” CÁNDIDO GÁLVEZ

El álbum lo veo como el fruto de una crisis existencial, tanto a nivel personal como de banda. ¿Es así?
“Sí, totalmente. Hubo una crisis muy clara como grupo. Creo que coincidió con el salto de la época final de Flores, Carne y Ulises. Éramos recién graduados y podíamos dedicarnos a girar libremente. Pero luego vino una etapa de transición de buscar trabajos, Ángel abrió una empresa… Era una fase en la que teníamos que recolocarnos todos. Había que ver cuáles eran nuestras perspectivas como banda y a qué aspirábamos cada uno, tanto en la banda, como en la música en general”.

¿Y ahí es donde surgieron discrepancias?
“Lo que siempre ha pasado es que yo era el que aspiraba a ir hacia arriba, a girar mucho, quería tomármelo muy en serio… Y a ver, la realidad es que, con la música que hacemos en el país en el que la hacemos, es idealista y utópico pensar en poder dedicarte a esto exclusivamente. Yo creo que la responsabilidad de mis compañeros de tener los pies en la tierra ha pesado mucho”.

Es esa lucha eterna entre la parte racional y la emocional. Pero si gana la racional, te puedes frenar a ti mismo de no llegar a todo tu potencial. Es un dilema difícil de resolver.
“Sí. Cuando tenía 16, 17 años, salieron los documentales de Berri Txarrak, Zertarako Amestu, y el de Standstill, 10 Años Y Una Zanahoria, y los dos hablan de eso, de una banda underground que sale, que se supera, consigue vivir el sueño, hacer unas giras loquísimas… Ésos eran mis referentes, a lo que yo aspiraba. Y creo que en parte hemos cumplido muchas de esas cosas”.

¿Crees que la gira de Ulises ayudó a decantar la balanza?
“Sí, creo que sí. Fue un poco el darte de bruces con la realidad. Puedes dar 150 conciertos, puedes tocar en 23 países, hacer un montón de cosas y piensas que, cuando llegues a casa, va a pasar algo, y nunca pasa nada. Me refiero a nivel profesional. Obviamente lo que hemos vivido, no lo cambiamos por nada. Y luego también ocurrió que al final de esa gira, se fue Álvaro Moreno. Personalmente fue duro porque yo empecé a tocar con él cuando tenía 15 años, y cuando se fue, yo tenía 27. Fueron doce años, y hasta hubo una temporada en la que vivimos juntos. Para mí fue muy traumático y creo que no lo valoramos como hubiéramos debido, parando un tiempo y reflexionando. Recuerdo que se fue él y nosotros seguimos girando. Su marcha nos hizo darnos cuenta del peso que tiene cada persona a nivel emocional y anímico dentro de la banda. Quizá hasta entonces no le habíamos dado importancia”.

Casi parece como si no hubierais pasado el duelo de su marcha.
“Así es. Yo creo que el duelo lo pasamos después, cuando nos sentamos y dijimos que había que hacer un disco nuevo. Fue cuando nos dimos cuenta de cómo habían bailado los roles, de cómo nuestras personalidades se conjugaban de manera distinta al no estar Álvaro. Nos llevó un tiempo volver a poner las piezas en su sitio”.

¿Álvaro lo dejó precisamente porque no veía compatible seguir en el grupo con su situación profesional o personal?
“Él es un par de años mayor y fue el primero en darse cuenta de que aspiraciones profesionales no había. Se fue simplemente por eso. Le gusta mucho estar en Córdoba, con su pareja, es muy familiar, y eso es muy difícil de compaginar con las giras que aspirábamos a hacer”.

Por lo que cuentas, tú papel es el de tirar del carro. Eso también conlleva un desgaste.
“En algunas cosas sí y en otras no. Creo que a día de hoy cada uno tenemos nuestras pequeñas parcelas de poder, más o menos acotadas. Pero es verdad que al final parece que yo tenga más presencia porque soy el que tiene la responsabilidad lírica y el que se pone delante del micrófono, aunque tampoco se me dé muy bien hacer de frontman (risas)”.

“‘Guillotinas’ fue un experimento, pero se quedó ahí. Aunque en el disco nuevo hay un poco de eso”  CÁNDIDO GÁLVEZ

Creo que en 2018 hubo un primer intento de grabar un álbum nuevo, pero no fructificó.  ¿Qué pasó exactamente?
“Nosotros reservamos un estudio en primavera de 2017, justo antes de salir de gira, y grabamos tres temas. De ahí salieron los singles, ‘La Cima’ y ‘Guillotinas’, que publicamos a final de año. Luego en mayo de 2018, reservamos como tres semanas con la intención de hacer el disco. Haces como el calendario perfecto, pensando que vas a llegar y todo va a funcionar. Pero no funcionó. Cancelamos un mes antes. Sobre todo fue por un tema de motivación. Fue una buena decisión porque, realmente, no iba a salir un buen trabajo porque no estábamos todos involucrados al 100%”.

¿Pero ya teníais las canciones que saldrán en Bellavista o éstas llegaron después?
“Sí, sí. ‘Ikebukuro Sunshine’ fue la primera que hicimos y ésa es de verano de 2017. Nosotros hasta entonces siempre habíamos hecho el grueso del disco cinco meses antes de grabar, pero aquí tuvimos tiempo para trabajar temas más antiguos y rescatar cosas”.

Pues una de las cosas que más me ha gustado del disco es que daba la impresión como si los temas se hubieran escrito en orden cronológico. Hay como una narrativa que fluye muy bien de principio a fin.
“Mola. Me alegro que lo veas así porque teníamos muchas dudas con el orden. De hecho, el tracklist que habíamos hecho como banda era un poco diferente. Fue Sergio (Picón, de Aloud Music –ndr.) el que nos convenció para cambiarlo. Ha quedado bien, la verdad”.

Para mí ‘Lindavista’ podría ser el último tema porque acaba muy arriba, pero luego llega ‘¿Qué Hay Detrás De La Ventana?’ y es como un epílogo que queda tope bien.
“Sí, a mí me gusta que termine con ese tema también”.

El single ‘Guillotinas’ descolocó muchísimo, hubo mucha disparidad de opiniones. ¿En algún momento os planteasteis hacer un disco entero en esa línea o era más un experimento?
“Nos planteamos hacer algún tema así, pero nos seguimos viendo como una banda de cuatro personas que tocan juntas. Al final los recursos que manejamos son las guitarras, batería y bajo. ‘Guillotinas’ fue un experimento, pero se quedó ahí. Aunque en el disco nuevo hay un poco de eso”.

Sí, en ‘Más Triste Que Shinji Ikari’. Supongo que la sacareis como single.
“Sí, es la idea. Hoy salió el primero, y en una, dos o tres semanas sacaremos ésa”.

¿Por qué cogiste ese personaje para ese tema? ¿Eres fan de la serie?
“Sí, a mí me flipa Evangelion Unit-01. Aquí la veía en Canal Andalucía con 10, 11 años. No me enteraba de nada, pero me molaba mucho la estética. Ya cuando la volví a ver de mayor me flipó muchísimo. El rollo con ese tema era que queríamos hacer una canción de lo-fi chillhop que se puso de moda en esas listas para estudiar. Hacer un tema pequeñito, sintético, con la batería sampleada. Al final quedó un poco diferente, pero la idea original era ésa. Normalmente los temas de chillhop los suelen loopear con un vídeo de anime, y nos pareció que quedaría súper redondo si hacíamos una referencia, también en el título, porque es una serie que conoce mucha gente. Nos hacía gracia”.

¿Fue esa serie tu entrada a la cultura japonesa?
“Diría que no. Ya desde muy pequeño me flipaba Dragon Ball, Oliver Y Benji y esas cosas. De adolescente ya me metí de lleno. Pero tampoco soy súper otaku. Me mola, pero no soy experto”.

No te disfrazas…
“No, de momento no (risas)”.

También me ha llamado la atención la parte flamenca de ‘Un Collar’. ¿Cómo surgió?
“Yo llevaba un tiempo queriendo hacer un tema mezclando screamo o post hardcore con flamenco. Teníamos varios riffs, varias versiones, y al final se quedó en este tema porque es la que más nos moló. De hecho, yo para esa parte flamenca estaba obcecado con que fuera con una guitarra eléctrica con reverb, y fue Santi Garcia el que se empeñó en hacerlo con guitarra acústica. Y quedó muy guay”.

Antes hablabas del cambio en las letras. Me ha parecido que había mucha influencia del hip hop, en el sentido de hablar de ti mismo como si fueras un personaje y a la vez ser muy confesional. ¿Has intentado escribir sobre ti pero viéndote desde fuera?
“Sí. Durante un tiempo he escuchado mucho hip hop. Era como inevitable porque la música urbana se estaba quedando con todo y, en general, le hemos prestado más atención. A mí siempre me ha gustado el rap. Había un intento de en lugar de escribir hacia dentro, hacerlo más hacia fuera o algo así. Rebajar la carga metafórica. ¿Es eso a lo que te referías?”.

Sí, sobre todo veo como si hubieras conseguido tomar distancia respecto a ti mismo, reírte de ti mismo…
“Sí, tiene un punto más irónico, sobre todo en los cuatro primeros temas, y el último. Es un poco más ácido. Son recursos estéticos que me apetecía utilizar, quizá distanciarlo un poco del rollo súper emo, tan derrotista, que siempre hemos tenido”.

Hay una actitud bastante cínica, o ácida, como dices, pero el primero que se pone en la diana eres tú.
“Es verdad que quizá es algo más tradicional del hip hop, pero fíjate que en Brand New, que me molan mucho y de los que he copiado y me he inspirado, Jesse Lacey habla de sí mismo de esa manera. Eso siempre me ha atraído mucho. Son también una banda referente para nosotros”.

Foto: Eric Altimis

“Yo siempre he sido el típico chico tímido de la clase. A mí la banda me ha abierto muchas cosas. Me ha dado cierta autoestima que antes no tenía” CÁNDIDO GÁLVEZ

También hay referencias a sexo, a drogas. Aun siendo una banda underground, parece como que hubieras catado lo que es ser una estrella del rock a tu escala. ¿Crees que has vivido cosas que no hubieras vivido si no fuera por el grupo en ese aspecto concreto?
“Yo creo que el estilo de vida derivado de la música, participes más o menos, convive un poco con eso. A ver, nosotros somos la última mierda (risas), pero sí que notas… No sé cómo decirlo sin sonar un poco capullo…”.

Dilo aunque suenes un poco capullo (risas).
“Bueno, notas que hay gente que te respeta por cosas de la banda, o que te trata de otra manera que te trataría si no fuera por la banda. A todos nos pasa. Yo delante de Gorka Urbizu, que es mi súper ídolo, también me pasa. No sé…”.

Una cosa es que admires a alguien o que haya un respeto sincero, y otra, que igual es lo que te provoca más dudas, es la gente que se te acerque por interés.
“Sí. Pero tampoco hemos tenido una experiencia súper desagradable en ese sentido”.

¿Pero has tenido dudas, por ejemplo, de haberte acostado con alguien y pensar que si no fuera por el grupo ni de coña hubiera pasado?
“Ése es un debate que he tenido muchas veces. Es complicado. Nosotros somos los cuatro bastante cortados. Yo siempre he sido el típico chico tímido de la clase. A mí la banda me ha abierto muchas cosas. Me ha dado cierta autoestima que antes no tenía. Sobre lo que dices de las chicas… Tampoco somos los más ligones del mundo, para nada (risas). Es una pregunta que nos hacen a menudo de si cuando estás de gira ligas, pero qué va. Ya te habrán contado muchas bandas que no. Al final llegas, pruebas, tocas, y cuando acabas estás tan cansado y sudado, y al día siguiente tienes que hacer siete horas en furgo, que no te quedan ganas de nada. No somos esa clase de banda. Al menos todavía (risas)”.

Pero yo diría que parte del conflicto es que por un lado te gusta tener la autoestima más alta, pero quizá tengas miedo de que se confunda con arrogancia.
“No sé. Intentamos mantenernos bastante humildes, cercanos y transparentes”.

No digo que lo seáis, sino que te da miedo que parezca eso.
“No me gustaría proyectarlo. Creo que por el tipo de banda que somos siempre hemos intentado huir de eso. A ver, internet es muy grande, siempre hay cosas en foros, en Twitter… Cuando empezamos, que quizá no éramos tan buenos, te llegaban comentarios… No sé”.

Antes decías que quizá no eres el mejor frontman del mundo… ¿Crees que en esta gira te vas a soltar más? ¿Has superado el miedo escénico o te sigue costando?
“Me sigue costando, tío. Me cuesta dirigirme al público desde el micrófono. No creo que nunca seamos una banda que incita a participar. No va con nosotros. Ya sabes que nosotros tocamos como en círculo, pero en la última gira empecé a girarme un poco más, a hablar un poco más, a interactuar un poco más. No sé, por ningún tema político, es que se me da muy mal. Me pongo muy nervioso y no sé hablar. Y cuando me veo en los vídeos, me odio (risas)”.

Pero después de 300 conciertos, ¿no llega un momento en que subirte a un escenario es como atarte los zapatos?
“El hecho de subir a tocar lo tenemos bastante interiorizado. Ya no es como al principio que te tiemblan las rodillas. Es el hecho de verbalizar los pensamientos cuando sabes que todo el mundo te está prestando atención. Se me hace muy raro, me cuesta. Supongo que es algo que tendría que practicar para acabar dominándolo”.

Mucha gente que escucha rock o hardcore, odia el trap. ¿Cómo les animarías a entrar en él?
“Yo creo que cada estilo tiene unos recursos estéticos que te permiten decir unas cosas de una manera o de otra. Una vez escuché a Gorka Urbizu en una entrevista que decía que él del rap aprendió a soltar nombres propios y que es algo que cobra muchísima fuerza. Es una música que se puede disfrutar muchísimo. Las cosas que se cuentan en el rap o en el trap, en la música urbana, son diferentes. A mí de más adolescente me flipó el Jazz Magnetism de Kase.O. Luego me reenganché cuando Suite Soprano sacaron uno que se llama Domenica. Tenía 23 años o así, y las letras eran como muy emo, me engancharon mucho. Luego Agorazein de Kind Of Red. Y luego de lo que hicieron de rap más mirando hacia dentro también mola. Un poco lo que hablamos de los personajes que se crean, son muy distintos a los de la escena del rock. Quizá con este disco hemos querido mirar algunas de esas cosas”.

Para terminar, ya que has citado a Gorka un par de veces, ¿cómo te tomaste la noticia de que terminaran Berri Txarrak?
“Yo creo que es una de las cosas que molan de ellos. Esa honestidad brutal. Justo cuando piensas que están en la cima de su carrera, van y lo dejan. Evidentemente me entristeció porque cada tres años esperabas un nuevo disco de Berri, pero creo que como fan se podía intuir después del Denbora Da Poligrafo Bakarra. Yo les admiro mucho por hacerlo. Pero espero que vuelvan dentro de siete, ocho, nueve años. Bueno, cuando les apetezca (risas)”.

JORDI MEYA

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