Montados en sus Harleys customizadas, The Picturebooks vuelven a cabalgar por el desierto a ritmo de su garage rock bluesero. Con el empuje que presentan en su nuevo álbum The Hands Of Time, seguro que llegarán lejos.

Desde que The White Stripes lo petaron en su día, la proliferación de formaciones en dúo nos ha permitido ver las virtudes del formato, pero también sus limitaciones. No es fácil construir una carrera contando con la inevitable restricción de elementos. Pero los alemanes The Picturebooks han demostrado que, con imaginación y, sobre todo, pasión, se puede crear algo formidable. En su recién publicado tercer álbum The Hands Of Time (Century Media) volvemos a encontrarnos esas canciones de rudo blues que evocan paisajes inmensos, carreteras infinitas y chamanismo tribal, pero también una vocación de experimentar más.

De ahí que en él podamos escuchar un piano, campanas tubulares y hasta una colaboración con Chrissie Hynde de The Pretenders en ‘You Can’t Let Go’. Aunque donde de verdad sale a relucir la esencia de The Picturebooks es encima de un escenario, y por suerte, en nada –el 6 de abril en Vitoria-Gasteiz, el 7 en Madrid y el 8 en Barcelona– volveremos a tener a Fynn Claus Grabke (voz, guitarra) y Philipp Mirtschink (batería) sudando ante nuestros ojos. Antes de que se lanzaran a la carretera, teníamos la oportunidad de charlar con el primero. Un tipo que, si no fuera músico, bien podría ganarse la vida como coach motivacional.

Hace unos meses estuvisteis girando con Clutch. ¿Cómo os fue?
FYNN CLAUS GRABKE 
“Fue genial girar con esos tíos. Nos hicimos buenos amigos. Cuando giras tanto como lo hacemos nosotros es agradable encontrarse con gente tan profesional como ellos. A veces te encuentras grupos que sólo quieren emborracharse y drogarse y no aprecian lo que hacen. Viven en una burbuja. Clutch son todo lo contrario. Son súper agradecidos con la vida que tienen y nosotros somos iguales. Llevan mucho tiempo en esto y desde luego es inspirador ver cómo se comportan”.

Hablemos de The Hands Of Time. En los dos primeros discos establecisteis vuestro sonido, pero llegados al tercero supongo que queríais hacer cosas nuevas también. “Nunca quieres limitarte. Muchos artistas tienen dificultad a la hora de evolucionar porque cambian demasiado o lo hacen en una dirección rara, pero para nosotros fue muy fácil. No creo que hayamos cambiado, seguimos teniendo nuestro sonido y nuestro rollo, pero hemos aprendido a hacer más cosas con él. Como usar un piano, nuevos instrumentos, tener una cantante invitada, y también a nivel compositivo y de producción. Creo que seguimos siendo The Picturebooks, pero mejorados. Estamos muy felices con la manera en que ha quedado”.

Diría que la producción es más sofisticada.
(Risas) No sé. Los dos primeros discos los grabamos usando dos micrófonos en el garaje que hay al lado del estudio. Sólo utilizamos el estudio para las mezclas. Y todavía hemos utilizado esa técnica, pero también hemos aprendido a usar el estudio como un instrumento. Hemos seguido usando partes improvisadas, también en las letras, pero quizá hemos pensado un poco más en la composición. Creo que hemos mezclado dos enfoques y eso nos ha abierto muchas puertas. Es muy reconfortante cuando logras romper las reglas que tú mismo te has impuesto. Encontramos la libertad de ser artistas de nuevo”.

Cada disco es una oportunidad para crecer. ¿Cuál dirías que es la mayor lección que has aprendido haciendo The Hands Of Time?
“Ser honesto contigo mismo. Ser honesto con la gente que tienes alrededor. Aceptar que la vida es lo que es e intentar sacarle el máximo provecho. Tienes que vivir el presente, sin mirar al pasado ni temer al futuro. En las letras hablo mucho de eso. La de ‘The Hands Of Time’ dice “Naciste para vivir, y todo lo que haces es vivir para morir, lo siento cariño, pero no puedes detener las manos del tiempo”. Eso lo resume todo”.

Antes hablabas de los grupos que viven en una burbuja. ¿Es necesario para ti salir de ella para inspirarte?
“Sí, eso es algo que hacemos continuamente en The Picturebooks con las motos, el skate, son cosas que nos liberan la mente y nos abren nuevas puertas para la creatividad. Siendo skater ya ves el mundo de una manera distinta. Ves una escalera y no piensas en una escalera, sino en lo que podrías hacer en ella. Lo mismo pasa cuando construyes una moto. Creas una máquina a partir de piezas y luego la montas y viajas a otros lugares. Todo esto enriquece tu mente. Es gasolina para el alma. Luego coges un instrumento y tienes un montón de cosas para expresar. Y aparte de todo eso, cuando estás en la carretera te pueden pasar muchas cosas locas. La inspiración llega de situaciones inesperadas”.

Teniendo en cuenta todo lo que viajáis, ¿está el mundo tan jodido como parece o está peor?
“Te hablaba de honestidad, y la realidad es que siempre ha habido mucha mierda. Se masacran animales que luego se tiran a la basura a la vez que hay gente que muere de hambre y sed al otro lado del mundo. La extrema derecha está subiendo, pero no quiero hablar de política. Sí, hay mucha mierda, pero no puedes caer en ese agujero porque te acabarás deprimiendo. Porque también hay cosas maravillosas sucediendo en el mundo. Si buscas el amor de verdad lo encontrarás. Y vivir bajo la luz del amor te da mucho poder y mucha felicidad. La motivación no se puede comprar en una botella o una pastilla, la tienes que buscar, te tienes que obligar a tenerla cada día. Soy consciente de todas las cosas negativas que hay a mi alrededor, pero no quiero que me controlen. No lo ignoro, pero no dejo que me atrape. Soy vegano, intento comprar cosas de comercio justo, intento ayudar, pero lo más importante es el amor”.

Suena como si te acabaras de enamorar…
(Risas) Llevo locamente enamorado de mi mujer desde hace doce años y medio. Está conmigo en esta aventura que es la banda y me apoya todo lo que puede. Me siento muy afortunado. Es algo por lo que merece la pena luchar”.

¿Sientes que cuando te subes a un escenario tu misión no es sólo tocar, sino también transmitir esta positividad?
“Para serte sincero, hubo bastante tiempo en el que Philipp y yo nos subíamos al escenario como si fuéramos a la guerra. No era un sentimiento agradable. Pero de golpe cambió. Ahora nos divertimos y notas que la gente lo percibe. Sigue habiendo momentos muy intensos, casi de trance, pero luego la canción termina y basta una mirada para que todo el mundo sonría. Es algo muy poderoso si logras tener esa conexión. Creo que, si la gente se va a casa y se siente más feliz y motivada, y piensa que ha invertido bien su dinero, entonces es que he hecho bien mi trabajo”.

“No tenemos miedo del éxito, o del pop o de la radio, pero también sabemos que el éxito no nos hará más felices. Y lo importante es ser feliz”

Explícame cómo Chrissie Hynde acabó en el disco.
“Oh tío, todavía recuerdo cuando Philipp y yo estábamos en el tejado de casa de un amigo en Santa Mónica, California, y estábamos escuchando el Greatest Hits de The Pretenders que me había comprado. Ya sé que comprar un greatest hits no es muy cool, pero es uno de mis discos favoritos porque… ¡Es un greatest hits! (Risas) El caso es que dos años después nos ofrecieron tocar en un concierto para Harley Davidson en Saint-Tropez. Era un escenario al lado de la playa y The Pretenders eran los cabezas de cartel. Cuando hicimos la prueba de sonido, tocamos una canción y en medio de la playa vacía estaba Chrissie Hynde bailando y haciendo headbanging, fue un subidón. Y luego vino y nos dijo que le encantaba el grupo. Ella es vegana, nosotros también, así que tenemos muchas cosas en común. Al final de la noche, me dio su teléfono y me dijo que la llamara si un día queríamos hacer algo. Pero pensé que lo hacía por quedar bien simplemente. Pero un par de semanas después, estábamos tomando un café antes de ir al estudio y pensábamos que teníamos una canción que podría funcionar. Así que le mandé un mensaje a Chrissie en plan ‘No sé si te acuerdas de mí, pero tenemos una canción…’. Y a los dos minutos dijo que sí”.

Vaya…
“Fue alucinante. Así que grabamos la canción y se la mandamos, y fue una pasada. Cuando escucho mi voz junto a la suya, se me pone la piel de gallina. Es una artista de verdad. Va a la suya. Es muy raro encontrar gente así de auténtica hoy en día. Creo que la gente que seguimos haciendo música es porque somos artistas de verdad, porque ya no hay pasta en este negocio. Al menos en la música que hacemos nosotros”.

¿Pero aspiráis a llegar más lejos, crecer más?
“Siempre aspiramos a más. Pero no puedes tener expectativas muy altas porque te quemas muy rápido. Es importante ser consciente de dónde estás y hacerlo lo mejor posible. No tenemos miedo del éxito, o del pop o de la radio, pero también sabemos que el éxito no nos hará más felices. Y lo importante es ser feliz”.

JORDI MEYA