Puede que dos décadas después de haber contribuido a la explosión del emo con Something To Write Home About, The Get Up Kids ya no son estén en el epicentro de la escena musical, como siempre, ocupado por bandas más jóvenes y con más hambre. Pero la banda de Kansas City sigue teniendo aquello que nos enamoró en su momento.

La inminente visita de The Get Up Kids es una buena noticia por partida doble. La primera porque es una oportunidad para volver a escuchar sus canciones de siempre. La segunda, porque lo hacen con un disco nuevo. Sí, sí. Tras tenernos algunos años en vilo, el quinteto regresó en 2018 con un aperitivo en forma del EP Kicker. Ahora lanzan Problems (Polyvinyl), un larga duración con doce temas en los que encontramos a unos chicos que ya no son los de hace veinte años pero que siguen siendo los reyes de la lírica y de las emociones. La lógica y el tiempo les han hecho huir un poco del emo tal y como lo conocíamos, pero sin abandonar esa agridulce sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Antes de que se embarquen en una gira mundial, que recalará los días 16 y 18 de mayo en Barcelona (Razzmatazz 2) y Madrid (Independance Club) respectivamente, hablamos con su cantante y guitarrista Matt Pyor sobre su nuevo álbum y cómo es la vida a los 40.

Me gustaría empezar preguntándote por vuestra vuelta. Vuestro último álbum de estudio salió en 2011, ¿por qué esta espera? ¿Os lo habéis tomado como un fresh start para cortar con lo anterior?
MATT PRYOR “No… bueno, no a priori. En un principio necesitábamos tomarnos un descanso… Jim (Suptic, guitarra –ndr.) había vuelto a estudiar, Ryan (Pope, batería –ndr.) se había mudado a París, Rob (Pope, bajo –ndr.) estaba tocando con Spoon, James (Dewees, teclados –ndr.) con My Chemical Romance, y yo estaba girando en solitario, así que tuvimos que hacer un break y nos costó al menos un par de años poner todo en orden de nuevo, no fue nada fácil”.

Ya veo, logística complicada. Te preguntaba esto por aquella ocasión en la que Jim, hablando de la tercera ola del emo, dijo que “si esto es lo que hemos ayudado a crear, entonces pido disculpas”.
(Risas) Creo que Jim se arrepiente bastante de aquello. Sí, sí, definitivamente aquello fue una estupidez, ya me entiendes… No estuvo muy fino”.

De todos modos, sabéis que sois el referente de un género, de una época. Something To Write Home About cumple veinte años, ¿cómo de lejos y de cerca estáis ahora mismo de ese álbum? ¿Es todavía vuestra obra maestra?
Mmm… bueno, nunca lo he visto como una obra maestra, quiero decir, no creo que nada de lo que haya hecho nunca pueda ser considerado una obra maestra. Aun así, estoy completamente atado a ese álbum, parece haber conectado con mucha gente de una manera muy significativa. Honestamente, no me lo pongo muy a menudo, no lo escucho, tocamos sus canciones, claro… ¡No lo sé! Es como que te tiras tantísimo tiempo con estas canciones que terminas un poquito harto, pero de repente te paras y piensas: ‘Y qué si estoy harto, eso no importa mientras haya gente ahí fuera para la que significa tanto aquello que escribimos, aquellas canciones…’. A veces la gente me pregunta qué se siente tocando las mismas canciones cada noche, pero siempre digo que son muy divertidas de tocar en directo por el público, por vosotros, pero son una auténtica mierda aburrida para ensayarlas (risas). Quiero decir, estamos ahí nosotros cinco mirándonos las caras en una habitación tocando los mismos acordes… no sería raro que nos vieras haciendo una versión dub-reggae de ‘Ten Minutes’ y llamarlo punk, ¿sabes?”.

Creo que muchos nos morimos por escuchar esa versión…
“¡Es bastante entretenido!”.

¿Hay alguna posibilidad de un concierto del 20 aniversario, entonces?
“Diría que no, no en esta gira al menos… A ver, estamos hablando de hacer algo posiblemente a finales de año, pero ahora mismo estamos centrados en el nuevo disco”.

¡No cerráis la puerta! Y ya que lo mencionas, hablemos de los cambios en este nuevo álbum. Ya vimos algo en There Are Rules donde tirabais hacia algo más experimental, ¿se debe a la evolución lógica de vuestras vidas o es algo premeditado?
“Bueno, va en la línea de querer retarnos a nosotros mismos en un sentido creativo, no querer estancarse. Creo que, si nos quedamos en el mismo sitio cada vez que escribimos una canción, nos haremos mayores y estaremos encajonados y no estaríamos siendo honestos con nosotros mismos. Si hay algo que hacemos y que siempre hemos hecho es no ser falsos, no se nos da bien, ¿sabes? Así que tenemos que intentar darle un poco de vida a esto… ¡Aunque a veces funciona y a veces no!“.

Es como hacerse mayor, ¿no? A veces funciona, a veces no, algunas es premeditado y otras sale como sale y ya está… ¿Cómo ha afectado esto a la banda, musicalmente hablando?
“Creo que se puede ver en las cosas nuevas que hacemos o que intentamos hacer. Hemos llegado a un punto en el que queremos hacer algo distinto porque lo otro ya lo hemos hecho. Es decir, si queremos escribir otro álbum que suene como Something To Write Home About no tenemos por qué hacerlo, porque ya lo hicimos, y aún seguimos tocando esas canciones, así que no creo que tengamos que sentirnos mal por hacer algo distinto”.

Eso es cierto, y también se puede ver en las letras, que ya no lloran por amores no correspondidos… ¿Cuáles son vuestros problemas, vuestros miedos ahora? ¿Sobre qué experiencias componéis, ahora que tenéis 40?
“¿Miedos? Básicamente morir… sí, creo que ése es el único miedo que tengo. Quiero decir, hay mucho en el disco sobre sentirse solo, ansioso, perdido… y simplemente observar cómo cambia el mundo a tu alrededor. ¡Da vértigo!”.

¡Mucho! Dices que vuestro primer single, ‘Satellite’, trataba sobre tu hijo en un principio pero que terminó hablando sobre ti mismo… ¿Cómo es eso?
“Pues me olvidé completamente de que estaba escribiendo una canción sobre él porque, aparentemente, nos parecemos un montón… O sea, tiene 14 años y es introvertido y se pasa el día en su habitación escuchando música, y eso es exactamente lo que yo hacía cuando tenía su edad. Realmente la historia con este tema es que me di cuenta de repente de lo mucho que yo era así cuando tenía su edad y de cómo uno se siente solo, aunque estés en una habitación llena de gente. Es algo bastante común y empecé a componer sobre ello. De hecho, me sigue pasando. A veces estoy en un concierto que ha sido sold out y aparece un atisbo de depresión o de ansiedad y digo: ‘No, no, ahora no’. ¿Sabes?”.

Te entiendo perfectamente, sentirse solo casi nunca depende de los demás. Y volviendo a la música, háblame de Kicker y de vuestro amor por el futbolín. ¿A qué se debe? No es algo muy común en Estados Unidos.
“¡No te creas! Hace poco estuvimos con Laura Jane Grace de Against Me! y es una gran fan del futbolín también, nos retó y aceptamos, así que tenemos un partido pendiente. Todo viene de la primera vez que giramos por Europa, era 1998 y cada noche jugábamos en los pubs, ¡todos tienen futbolín! Y poco a poco nos fuimos enganchando… Cuando entramos a grabar On A Wire nos compramos uno para el estudio, básicamente vivíamos allí (risas), y cuando no estábamos grabando bajos o baterías, Ryan y Rob estaban en el sótano jugando y se hicieron muy pero que muy buenos hasta el punto de estar horas y horas y horas. Joder, ¡parecía que estaban entrenando para las Olimpiadas! Fue tan bestia que en la siguiente gira por Europa incluso retaban a la gente en los pubs y todos pensaban ‘estúpidos americanos que no saben jugar’, ¡pero les reventaban! Fue muy gracioso”.

¿Sabes que aquí en España hay incluso ligas y campeonatos de este deporte? Bueno, no sé si se le puede llamar deporte…
(Risas) Es un deporte de mesa”.

¿Como el ajedrez?
“Sí, o como el ping-pong… ¡No entiendo por qué no está en las Olimpiadas!”.

¡Toda la razón! ¿Y qué hay de la canción ‘I’m Sorry’? ¿Para quién va y por qué?
“Bueno, esta canción es de Jim, pero creo que lo entiendo. Es algo así como… A ver, creo que lo que mola de esta canción es que no sabes si le está hablando a su mujer, a sus hijos…”.

¿Puede que sea a sí mismo?
“Podría ser, puede ser una autoreflexión, o al menos eso entiendo yo. Una de las cosas que más me gustan es la idea de que una letra emo no tiene por qué ser sobre una ruptura con tu novia, ¿sabes? Puede ser sobre cualquier tipo de amor o de pérdida. Así es como la entiendo”.

Interesante punto de vista… Vamos con Problems. Vemos canciones con sonidos más nuevos, con más sintetizadores y con menos guitarras como ‘Waking Up Alone’ o ‘Lou Barlow’. Luego hay otras como ‘Salina’ o ‘Your Ghost Is Gone’, que cierra el disco, que suenan mucho más a lo que nos tenéis acostumbrados. ¿Cuál dirías que es la gran diferencia de este álbum?
“Creo que la más grande, al menos para nosotros, es que no le hemos dado muchas vueltas, sino que hemos dicho: ‘Hagamos lo que mejor sabemos hacer en lugar de volvernos locos’. Si algo sonaba bien en algún lugar, lo dejábamos ahí y ya está. ‘Puede que no suene como lo que hubiéramos hecho en los 90, pero funciona, así que se queda’”.

¿Y cómo os las apañáis para no volver a tocar lo mismo, pero a la vez contentar a vuestro público que os piden más ‘Holiday’ o ‘Action & Action’? ¿Cómo conseguís mantener a todos contentos?
“Usamos el clásico una por ti, una por nosotros. En los directos tenemos un algoritmo que de momento funciona. Metemos al menos diez canciones que tenemos que tocar sí o sí, canciones que sabemos que la gente viene a escuchar como ‘Action & Action’, y luego ya elegimos algunas de Kicker, tres o cuatro del nuevo disco, que lo estamos promocionando, y así nos quedarían aún cinco o seis canciones que son nuestro comodín para hacer lo que nos dé la gana (risas). A lo mejor tocamos algún tema muy profundo de Guilt Show o algo de nuestro primer 7’’, así se hace más interesante.  Pero como ya he dicho, el público para nosotros es muy importante y tocar canciones que ves que todo el mundo se sabe y las canta definitivamente ayuda, ayuda mucho”.

Y ya que estamos, hay algo que tengo que preguntarte: ¿Está muerto el emo? (Risas) No lo sé. Ni me importa”.

(Risas) Justo lo que pensaba. Aunque si lo piensas realmente, sigue habiendo gente, en esto que llaman la tercera o cuarta ola del emo, que sigue tocando con sentimiento y sintiendo lo que tocan, como vosotros hace veinte años. ¿No estaríamos hablando en términos parecidos?
“El tema con la palabra ‘emo’, a mi parecer, es que significa algo distinto para cada una de las personas que lo usa. Para algunos Sunny Day Real Estate es emo, para otros lo es Fall Out Boy… todos llevan razón”.

Entiendo. Y hablando de sentimientos, hemos visto lo que vuestra música significa para muchos de nosotros, pero ¿qué significa para vosotros? ¿Qué os aporta?
“Creo que, y justo hablaba de esto el otro día, es una forma de estar activos, estar ahí fuera, incluso hacer ejercicio, y eso es genial para una buena salud emocional y física. Esto es seguro, al menos para mí. Hay como un alivio físico y también una catarsis mental que ocurre cuando trabajamos, se ha convertido en parte de mi tratamiento mental: subir ahí y darlo todo, ¿sabes? Y luego también está cantar sobre cosas que son importantes para mí, no sé bien cómo explicar esto, pero es algo que me llena mucho”.

Sí, eso se ve desde fuera. ¿Cuál es tu canción favorita de Problems?
Uff… ésta es difícil. Hay una que me gusta mucho: ‘Common Ground’. Me gusta mucho su letra y todo lo que significa, creo que es una canción que mola”.

Sí, justo esto que dices de las letras es curioso. Este álbum está lleno de canciones cañeras, enérgicas y aparentemente felices, pero que cuentan cosas tristes…
“Totalmente. Es una dicotomía que siempre me ha flipado. Componer canciones tristes con letras felices y viceversa, creo que es algo apasionante”.

BERTA MARTÍNEZ

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