Aunque todavía escuece la decisión de cancelar las fechas que tenían que haberles traído a nuestro país, el nuevo disco de The Flatliners es de los que más hemos disfrutado este verano. Motivo suficiente para que quisiéramos charlar una vez más con su simpático líder, Chris Cresswell.

Para Chris Cresswell, 2019 fue el mejor año de su vida. Además de casarse y celebrar el 25 de aniversario de Hot Water Music (con quienes lleva tocando desde que en 2017 Chris Wollard tuviera que apearse parcialmente para atender sus problemas de salud mental), fue el primero en el que The Flatliners se tomaron descanso tras 15 años sin parar. Una temporada para recargar las pilas de cara a un 2020 en el que tenían planeada una gira para conmemorar los diez años de Cavalcade (para muchos de sus seguidores, su disco más memorable), amén de ponerse manos a la obra con un nuevo álbum. Sin duda el futuro brillaba radiante para los de Toronto.

Pero como le ocurrió a tanta gente, las buenas intenciones de Cresswell y sus colegas Scott Brigham (guitarra), Jon Darbey (bajo) y Paul Ramirez tuvieron que verse pospuestas por culpa del COVID. Una pausa obligatoria que provocó que estos cuatro amigos de toda la vida permanecieran distanciados durante año y medio sin poder reunirse bajo un mismo techo. Por suerte, cuando pudieron hacerlo fue para registrar un disco tan bueno como New Ruin. En su regreso a Fat Wreck, la escudería que les hizo despuntar en el circuito punk rock, siguen explorando el camino iniciado en el anterior Inviting Light con un puntito extra de agresividad motivado por las circunstancias que el planeta ha estado viviendo en estos años tan convulsos. Un equilibrio que les sienta estupendamente.

Tras pasarnos todo el verano quemando sus nuevas canciones al tiempo que intentábamos concretar una entrevista con Chris, finalmente conseguimos pillarle mientras disfrutaba de un día de descanso entre las giras de The Flatliners y Hot Water Music (con quienes hace unos meses también publicó el excelente Feel The Void por Canadá. Como suele ocurrir en cada ocasión que hemos podido hablar con él, durante 45 minutos tuvimos tiempo más que de sobra para tocar diferentes asuntos, comenzando por los conciertos que tuvieron que cancelar en España hace un par de meses.

Sé que no es el tema más agradable para empezar, pero tengo que preguntarte por la cancelación de una parte de vuestra pasada gira europea que afectó a las fechas que teníais en España. No sé si puedes explicar en profundidad lo que ocurrió.
CHRIS CRESSWELL “Créeme que fue una verdadera putada para nosotros tener que hacer algo así. Nos encanta España y los conciertos que hemos dado allí siempre han sido una fiesta. El caso es que ahora mismo los gastos que implica una gira son enormes para una banda pequeña como la nuestra. Y no son solo los vuelos, sino cada pequeño detalle. Todo se ha vuelto mucho más caro, es una locura. Para nosotros ha sido un fastidio el salir de una pandemia después de dos años esperando a poder salir de gira y encontrarnos con esta situación. Todos estábamos deseando volver a la carretera, pero no esperábamos que todo fuese a ser tan complicado. Sé que no es una gran respuesta, pero el resumen es que no nos podíamos permitir hacer el tour al completo porque íbamos a perder muchísimo dinero si lo hacíamos. Puede sonar a excusa barata, pero la realidad es que nosotros cuatro, como cualquier otro grupo, hemos pasado los dos años más duros de nuestras vidas porque no hemos ganado dinero por culpa de la pandemia. Y ninguno quisimos suspender los conciertos, pero al final vimos que la única opción era saltarnos una parte de la gira en lugar de tener que cancelarla toda entera. La gente de HFMN, Lagwagon, Mad Caddies y muchos amigos de España nos escribieron una semana antes de que fuéramos y estaban muy tristes de que no pudiéramos ir. Nos sentimos fatal por ello. Ya estamos trabajando para poder regresar la próxima vez que vayamos a Europa, pero ahora mismo las cosas se escapaban más allá de nuestro control”.

El tema es que todo esto no solo es un gran problema para las bandas pequeñas, sino incluso para las que llenan salas de tamaño medio. Muchas están empezando a cancelar giras porque no pueden permitirse el coste que supone. ¿Tienes miedo de que en el futuro la única opción para un grupo como el vuestro sea quedaros en casa?
“Bueno, en nuestro caso, si miras todo el cuadro, desde luego no somos una banda grande (risas). Quiero decir, hay gente que lo es muchísimo más que nosotros y también están teniendo los mismos problemas que he comentado. Pero esta es la realidad. Los vuelos, los hoteles, las furgonetas, el equipo… Todas esas cosas forman parte de lo que es este mundo. No quiero desanimar a nadie, pero que una banda local decida esperar a que las cosas se calmen para volver a salir a tocar es una mierda, porque ya llevan dos años esperando para girar. Aún así, pienso que podría ser peor. Me alegra ver que todos en el grupo hemos superado el COVID, que estamos sanos, que este año es nuestro 20 aniversario y que podemos volver a dar conciertos. Entiendo que algunos fans estén enfadados, pero al final suspender una gira no es nada comparado con todo lo que está ocurriendo en el resto del mundo. Pero cómo te decía, estamos trabajando para volver lo antes posible y estoy convencido de que antes lo que te imaginas vamos a estar de nuevo en España. Os vamos a montar una fiesta que tardaréis en olvidar (risas)”.

«Jamás he dejado de amar este estilo de vida, a pesar de que supone un desgaste brutal para el cuerpo y la mente» CHRIS CRESSWELL

Eso espero. Bueno, pasemos a otros temas algo más alegres. Muchas cosas han cambiado desde la última vez que hablamos. Te has casado, ha pasado una pandemia mundial, te convertiste en miembro oficial de Hot Water Music, y este año has publicado dos discos buenísimos. No está nada mal. ¿Cómo resumirías a nivel personal estos cinco años que separan Inviting Light de New Ruin?
“Es cierto que han pasado muchas cosas. A finales del año en el que publicamos Inviting Light, fue cuando empecé a tocar con Hot Water Music, lo cuál fue una locura. Al mismo tiempo, The Flatliners estábamos muy ocupados. Es curioso porque por aquel entonces, en la primavera de 2018, ya sabíamos que íbamos a seguir girando hasta final de año. En 2017 también estuvimos tocando mucho, igual que habíamos estado haciendo constantemente durante años. Así que pensamos: ‘Oye, ¿por qué no nos tomamos el 2019 libre?’. Nunca antes habíamos hecho algo así. Ya éramos mayores, no teníamos la presión de tener que sacar otro disco y podíamos irnos a cualquier lugar. Así que decidimos tomarnos un año de vacaciones. Yo aproveché para casarme. Nos dijimos: ‘Volveremos en 2020’”.

Buen plan (risas).
(Risas) Esa era la idea. Hubo un momento a finales de 2018, una semana en la que pensé: ‘OK, me queda un mes de gira, luego volveré a casa y estaré tranquilo, blablabla…’. Y al final de esa semana Hot Water Music me preguntaron si quería hacer su gira de 25 aniversario, la cuál iba a durar básicamente todo el año siguiente. Así que me pasé otro año entero de gira (risas). Pero hubiera sido un idiota si les dijera que no. Por supuesto, lo hice y fue increíble. Ahí fue cuando comenzamos a hablar de hacer un nuevo disco y empecé a sentirme de verdad como un miembro más del grupo. Mientras tanto, el resto de The Flatliners estaban en casa y, como te comentaba, me casé. Ese fue de lejos el mejor año de mi vida. Estoy seguro de que vendrán otros mejores, pero hasta la fecha, para mí 2019 fue insuperable. También hablamos de organizar una gira con The Flatliners por los diez años de Cavalcade en 2020, grabar un disco y sacarlo para 2021, volver a la carretera… Total, que al final nos hemos acabado tomando 3 años libres (risas). Sé que es muchísimo tiempo, pero para nosotros y otros amigos que también se pasan la vida girando, creo que era algo que necesitábamos. Si no hubiera sido por la pandemia, estoy convencido de que habría seguido dando conciertos, pero no me habría dando cuenta de que necesitaba un parón. Jamás he dejado de amar este estilo de vida, a pesar de que supone un desgaste brutal para el cuerpo y la mente. Cuando me di cuenta de que no podía hacer ningún plan para ir de gira en un primer momento fue aterrador y confuso, pero con el tiempo me di cuenta de que necesitaba tomarme un descanso. A pesar de que fue un momento terrible para muchísima gente en todo el mundo, para mí era algo totalmente necesario”.

Respecto a Hot Water Music, ¿cómo recibiste la noticia de que finalmente querían que entrases a formar parte de la banda y no ser simplemente el sustituto de Chris Wollard?
“Fue bastante gradual en realidad. Desde el primer día que les conocí para tocar en los conciertos porque Chris no podía hacerlo, siempre me sentí bienvenido de formar parte del equipo. Estar de gira con Hot Water Music para mi era un sueño porque son una de mis bandas favoritas. Me han inspirado en muchas de las cosas que hago, tanto individualmente como en The Flatliners. Sin ellos no seríamos el grupo que somos. Mientras estábamos en la carretera empezaron a mantener conversaciones sobre escribir nueva música y en ellas siempre me incluían a mí. En realidad nunca hubo algo como: ‘estás dentro del grupo, hagamos un disco’, sino que fue algo que fuimos hablando poco a poco. De hecho, creo que fue durante la grabación o justo después de acabar cuando me dijeron: ‘Hey, ahora formas parte de la banda’ (risas). De todos modos era algo que ya sabía, no es como si tuviera que firmar un contrato ni nada de eso. Pero fue muy surrealista y un sueño hecho realidad en muchos sentidos. Como te decía, esos tíos me han influenciado enormemente en lo que hago. A pesar de que a veces parezca extraño, me hacen sentir como en casa. Me siento muy afortunado de tener en mi vida dos grupos que me han dado tanto”.

Tal y cómo lo cuentas, parece que todo fluyó de una manera muy natural. Aún con todo, ¿te sentiste intimidado a la hora de componer y aportar ideas a pesar de que ya llevabas varios años tocando con ellos?
“Totalmente. Recuerdo que el primer fin de semana que pasé en la furgoneta con ellos estaba flipando. ‘Esto es una locura. ¿Qué estoy haciendo aquí?’ (risas). Pero también recuerdo la primera vez que les mande una canción para el nuevo disco. Cuando les envié el email, pensé: ‘¿De verdad está pasando esto?’ (risas). Hubo muchos momentos así durante la grabación de Feel The Void, pero creo que en realidad es porque no quería ser el tío que la cagase. No quería cambiar lo que son Hot Water Music, ya que era la primera vez que incorporaban a otro miembro después de tantos años siendo las mismas cuatro personas. Eso era muy importante para mí. También dar los conciertos con ellos, desde el primer día hasta hoy, lo he sentido como una responsabilidad con su legado, sus fans… Quiero hacerlo realmente bien porque creo que se merecen ese respeto. Y así es cómo me he sentido siempre con ellos, sea estando de gira o componiendo. Chris Wollard es uno de mis guitarristas favoritos y un compositor increíble, además de un ser humano maravilloso. Y sé que cuando la gente viene a los conciertos y me ven a mí en su lugar tienen una impresión diferente. Lo entiendo perfectamente. ¿Cómo no podría hacerlo? Es una parte esencial. Pero me siento agradecido de que mucha gente haya sido tan amable conmigo. Siempre lo he hecho con mucho respeto, es todo cuanto puedo hacer porque este grupo significa mucho para mí”.

Aunque Wollard no ha vuelto a tocar en directo, ¿crees que llegará el momento en el que podamos ver a Hot Water Music como un quinteto en el escenario?
“No lo sé. Sé que Chris está feliz con cómo están funcionando las cosas ahora mismo. Sigue siendo una parte importante de la banda, escribe canciones buenísimas, tiene una importancia enorme en el estudio… Al final es una decisión suya. No puedo responder por él a esa pregunta. Pero claro que me encantaría poder tocar los cinco juntos, sería fantástico. También creo que fue muy valiente al pedir ayuda cuando la necesitaba. Hot Water Music llevan muchísimo más tiempo que yo haciendo esto. Este tipo de vida a veces es muy duro. Hay muchas cosas que te pierdes, haces muchos sacrificios… Obviamente también es genial poder viajar, hacer nuevos amigos, tocar música y muchas otras cosas por las que estoy agradecido. Pero si lo haces durante demasiado tiempo puede acabar afectándote. No estoy seguro en qué punto o cómo le afectó a Chris, pero creo que es importante que fuera capaz de pedir ayuda. Y aún así sigue involucrado en el grupo. Cruzo los dedos para que algún día podamos estar los cinco encima de un escenario, pero ya veremos si Wollard está listo para que eso ocurra. Mientras las cosas le vayan bien a él, también lo irán para todos nosotros”.

Centrándonos ya en The Flatliners, recuerdo que subisteis una foto de la primera vez que os reencontrasteis los cuatro después del confinamiento. ¿Cuánto tiempo pasasteis sin veros? Porque además imagino que ya no vivís en la misma ciudad.
“Yo vivo muy cerca de Toronto, casi a las afueras. Pero por ejemplo, Jon vive a un par de horas de aquí. Durante el confinamiento no pudimos reunirnos. Recuerdo que la primera vez que me reencontré con Jon fue en un aparcamiento y empezamos a abrazarnos. Fue muy raro (risas). Más adelante, en 2021, cuando por fin empezamos a grabar New Ruin, habían pasado 589 días desde la última vez que nos habíamos juntado los cuatro. Ese es el mayor período de tiempo que hemos pasado sin vernos desde que empezamos la banda cuando éramos unos niños. Fue increíble volver a sentirnos unidos. En ese momento ya teníamos el álbum escrito, así que nos dedicamos a hacer un poco de preproducción. Comenzamos a grabarlo justo una semana después de subir esa foto que comentas. Fue muy emocionante. Antes de hacer la primera toma en el estudio, hicimos nuestro pequeño juego-ritual que tenemos antes de dar un concierto. Estábamos tan contentos de las canciones que íbamos a grabar que, incluso si fuesen malas, nos daba igual solo por el hecho de tener esa sensación de estar de nuevo juntos”.

Lo cierto es que os soléis tomar vuestro tiempo entre un disco y otro. Siendo el compositor principal, ¿sueles ir acumulando canciones hasta que llega el momento de entrar a grabar o eres de los que trabaja mejor bajo presión con una fecha límite? ¿Cuál es tu método?
“Depende de las canciones. Hay un tema en New Ruin en el que la letra no estaba del todo acabada y se terminó en el estudio. Eso mola, pero no es algo que suela ocurrir. Normalmente la razón por la que tardamos tanto en sacar un álbum es porque, primero, queremos ser la mejor versión de nosotros mismos, y para ello tenemos que darnos el espacio suficiente para reunir ideas y ver si nos siguen entusiasmando. Si después de un tiempo, todavía nos emocionan con la primera vez, nos quedamos con ellas. En segundo lugar, solemos girar mucho y es complicado componer en esa situación. Y el tercer punto es que, en lugar de juntarnos a escribir antes de entrar al estudio a grabar, solemos recopilar un montón de canciones. Así es como ha funcionado en los últimos discos. Empezamos a escribir New Ruin a comienzos de 2020 y entramos a grabarlo en verano de 2021, hace ya más de un año. Teníamos algunos riffs e ideas de la época de Inviting Light que no llegamos a utilizar y decidimos recuperarlas para ver si funcionaban esta vez. Siempre hay canciones que surgen así, por lo que diría que ha sido un poco crossover. No nos gusta abandonar una idea. Sea un riff, una letra, una melodía… queremos darle un lugar. A veces lo conseguimos y otras no, pero nos lleva un tiempo lograrlo”.

Tiene sentido esto último que comentas porque, a mi modo de ver, New Ruin recoge en parte el sonido de Inviting Light. No hay canciones tan rápidas, hay más presencia de medios tiempos… Pero también se aprecia una mayor dosis de rabia. En ‘Performative Hours’, ‘Rat King’ y ‘Big Strum’ hay un cierto descontento hacia donde no estamos dirigiendo como sociedad globalmente, pero también abordas temas como la ansiedad en ‘Recoil’ y ‘Souvenir’. ¿Dirías que todo ese ambiente te ha acabado afectando tanto en la música como a la hora de escribir las letras?
“Desde luego. Yo suelo escribir letras sobre estar en la carretera todo el rato. De algún modo, lo que hacen es hablar de lo que está pasando en nuestras vidas. Me inspiro por lo que me rodea. Buena parte de girar significa viajar, conocer distintas partes del mundo… Eso te da una perspectiva diferente. Pero esta vez, al no estar de gira, me encontré en un momento en el que la humanidad se estaba derrumbando, en el que la gente no paraba de pelearse y de tratarse fatal los unos a los otros. Era un momento embarazoso para el ser humano. Sentarme y pararme a pensar en cómo me hacía sentir todo eso e intentar convertirlo en una canción fue lo que me motivó. Algunas veces las letras llegan primero porque tengo algo en la cabeza que de verdad me preocupa, como puede ser el asesinato de personas negras, o el auge de la homofobia y la transfobia… Son temas que deberíamos haber superado hace ya muchos años. Es terrible ver lo retorcida que todavía puede ser la humanidad en cada rincón del mundo. De modo que la temática de esas letras ya de por sí era muy agresiva, así que la música tenía que encajar con esa energía. Durante 2020 y 2021 estuvimos rodeados de todo ese ambiente de rabia. Eso me influyó mucho mientras estaba escribiendo y todavía sigue ahí. Cuando la música aparece primero y transmite esa fuerza y rabia, es la letra la que debe adaptarse. New Ruin es un disco que habla sobre cómo me sentí y como me siento por el mundo que nos rodea, pero no sin esperanza. Todavía tengo fe en el futuro y en la gente, pero para mí lo negativo siempre acaba brillando por encima de lo positivo cuando estoy haciendo letras. Quiero averiguar porque todos esos temas me hacen sentir de esa manera e intentar mostrarlo para que el mundo también pueda entenderlo. Habiendo pasado tanto tiempo de gira es normal que nuestros anteriores discos hablasen sobre eso: estar lejos de casa, ver el mundo… Y es genial, no me arrepiento de haber escrito canciones así. Pero en esta ocasión necesitábamos pensar en lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor y hacia donde podían llevarnos las letras porque el mundo está tomando una dirección que realmente asusta”.

Nuevamente, el estar en casa fue lo que te abrió un nuevo escenario sobre el que escribir.
“Era la primera vez que pasaba tanto tiempo en casa desde hace 15 años. El verano de 2020 fue el primero que pasé entero con mi familia en muchísimo tiempo. Al principio era un tanto confuso e incómodo estar así. Me costaba disfrutarlo porque sabía que en cuanto fuera posible volver a girar estaría fuera otra vez, que es justo lo que estoy haciendo ahora mismo (risas). Durante esa época intenté relajarme y también, no diría aprender, pero sí reflexionar más sobre ello. Como te he dicho antes, estar de gira supone una gran desgaste para el cuerpo y la mente. Es meterte en una burbuja con una sola cosa en la cabeza. Y no necesariamente es así todo el rato. Hay muchos pequeños detalles que tienes que preparar antes de dar un concierto, más de los que mucha gente puede que sea consciente. Pero es cómo vivir en otro mundo. Así que durante este tiempo que pasé en casa intenté salir de esa burbuja y encontrar mi lugar en una situación tan compleja”.

Siempre te he oído decir que con cada disco es como si intentaseis escribir vuestro primer álbum de nuevo. Volver a poner la pizarra en blanco y olvidar cualquier idea preconcebida de lo que se supone que es The Flatliners. Supongo que así es cómo acaba saliendo una canción de 6 minutos como ‘Under A Dying Sun’.
“Tío, amo esa canción (risas). Honestamente, creo que es una de las mejores que hemos hecho nunca. Antes solía ser más modesto al respecto, pero me siento muy orgulloso de ella. Tengo más confianza en mí mismo desde que la grabamos (risas). Cuando la estuvimos escribiendo no teníamos la intención de que fuese a ser el cierre del disco. Con cada álbum siempre hay una canción que se acaba posicionando para ser la última en el tracklist. Por su estructura y el sentimiento que transmitía, pensamos que podría ser un buen final para el álbum. En concreto, ‘Under A Dying Sun’ la fuimos montando a partir de pequeñas partes poco a poco. Tampoco es que haya ningún secreto en cuanto a la composición, es solo que queríamos explorar un poco más la posibilidad de que fuese un gran final para el disco y acabó resultando más larga de lo habitual. Creo que encaja bien porque todo el disco es muy intenso, pero cuando llegas a la última canción, ésta tiene un tono más relajado. Es un sentimiento muy poderoso. Me siento muy contento con el resultado. Recuerdo ir escuchando en el coche una de las primeras mezclas que hicimos mientras volvía a casa del estudio. Te juro que no podía quitarme la sonrisa de la cara. De hecho, creo que hasta llegué a equivocarme de carretera en la autopista (risas), pero es que estaba demasiado ocupado disfrutando del momento”.

Hablando de componer, me ha llamado mucho la atención que desde hace un tiempo vienes ofreciendo tus servicios como compositor para escribir canciones a la carta a modo de dedicatoria para que la gente se las regale a sus amigos, parejas o familiares. ¿Puedes explicar cómo funciona?
“Trabajo con una compañía de Chicago llamada Downwrite. La fundaron Mark Rose de Spitalfield y Bob Nana de Braid en 2013. Básicamente, puedes pedirme que te escriba una canción (risas). No he tenido mucho tiempo este año porque he estado ocupado tocando y es complicado de llevar a cabo en esas circunstancias. Al principio sí que solía hacerlo cuando estaba de gira. De hecho, recuerdo que compuse y grabé una de esas canciones cuando estuvimos con Lagwagon en Madrid en 2014. Lo hice en la misma sala entre los conciertos cuando había menos ruido (risas). Pero es difícil cuando no estás en casa. Estos dos últimos años sí que he estado más activo. Es una forma muy bonita de conectar con gente que le gusta y apoya la música que haces. Muchas veces suele ser un regalo para algún amigo, familiares, parejas… También es una manera de mantener mis habilidades musicales en movimiento y estar continuamente trabajando en algo. Me gusta mucho”.

Para ir terminando ya: con New Ruin volvéis a Fat Wreck. ¿Qué pasó con Rise Records? ¿Las cosas no funcionaron como esperabais?
“En realidad no hay mucha historia. Cuando hablamos con Fat sobre editar Inviting Light, a pesar de que habíamos mantenido muy buen relación a lo largo de los años, se hacía muy evidente para nosotros que, por el tipo de disco que estábamos creando en ese momento, tal vez era el momento de intentar trabajar con otro grupo de gente para ese lanzamiento. Es curioso porque hasta que no acabamos el disco no nos percatamos del cambio estilístico que suponía para nosotros. Estábamos tan metidos en él que nos resultaba complicado verlo de otra manera. Hablamos mucho sobre qué pasaría si lo publicásemos con otra compañía. Hacía diez años que estábamos en Fat Wreck y nos llevábamos genial con ellos. Sé que cuando sacamos Inviting Light hubo muchos rumores sobre qué había pasado, algunos bastante locos cuando en realidad la historia de verdad es súper aburrida (risas). Simplemente queríamos probar algo nuevo. Todos en Fat nos dieron su bendición. Pero incluso cuando estábamos con Rise, durante el ciclo de Inviting Light seguíamos manteniendo el contacto con ellos. Cada vez que pasábamos por San Francisco quedábamos para comer, íbamos a las oficinas… Son amigos nuestros. No es que ocurriera nada malo con Rise. Lo probamos y me alegro de que lo hiciéramos, pero puede que no fuese como pensábamos o tal vez es que echábamos de menos a nuestros amigos. Y cuando tuvimos que pensar con quién publicaríamos New Ruin, no hubo discusión. Hablamos con Fat, les dijimos que teníamos canciones nuevas y queríamos sacarlas con ellos. Fue así de fácil. Siempre tuvieron las puertas abiertas para nosotros”.

¿Y sueles tener contacto directo con Fat Mike? No sé si has podido hablar con él sobre su decisión de que el próximo año sea el último de NOFX en activo. ¿Cuáles son tus pensamientos al respecto?
“Sí que mantengo contacto con Mike, pero no hemos hablado de esto. Es complicado imaginar un mundo sin NOFX ni poder ir a un concierto suyo después de que se hayan mantenido durante tanto tiempo. Pero si eso es lo que han decidido, me parece bien. Llevan en esto, ¿cuánto? ¿40 años? Es una locura. Siempre he sentido mucho respeto por ellos. Fat Mike ha sido un gran fan de The Flatliners desde que éramos unos niños. Nos dio la gran oportunidad de meternos en este mundillo siendo muy jóvenes. Siempre le estaremos agradecidos a él, al resto del grupo y a su crew por todo lo que ha hecho por nosotros. Han sido tremendamente generosos cuando no tenían por qué serlo. Ir de gira con 20 años abriendo para NOFX y No Use For A Name fue realmente intimidante. Pensábamos que nos sentiríamos incómodos por ser la banda telonera y que no le importaríamos a nadie. Pero desde el primer día todo el mundo nos trató genial. Solo podemos sentirnos agradecidos con ellos. Y si han decidido parar aquí y es lo que quieren hacer, me alegro. Hemos sido afortunados de disfrutarlos durante todos estos años”.

GONZALO PUEBLA

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