Si hubiera un premio a la constancia, desde luego The Bronx serían unos justos candidatos al título. A punto de cumplir su 20 aniversario, la banda de Los Angeles todavía mantiene ardiente su fuego creativo, y sin esperar nada más a cambio que su propia satisfacción.

Ha costado, pero después de cinco -¡cinco!- intentos frustrados por fin la semana pasada podíamos conectarnos con el guitarrista Joby J. Ford para charlar durante media hora sobre The Bronx VI, el sexto álbum del grupo. Inmersos en plena gira por Estados Unidos junto a Rancid y Dropkick Murphys -el sueño de cualquier banda de punk rock-, The Bronx han recuperado aquello que más les gusta y que la pandemia les había quitado: tocar en directo.

En su caso la espera se ha hecho especialmente larga teniendo en cuenta que en agosto de 2019 ya habían terminado de grabar su nuevo disco con Joe Barresi (Queens Of The Stone Age, Tool) como productor. Pero como me recuerda Joby, en sus dos décadas de existencia han tenido accidentes de furgoneta, han pasado por cambios de formación, han fichado por una multi y vuelto a autoeditarse, así que una ‘simple’ pandemia mundial no iba a acabar con ellos.

Y deberíamos dar las gracias por ello. Acostumbrados a bandas que tiran la toalla a la primera de cambio, o que viven con amargura el no vender millones de discos, The Bronx -que completan Matt Caughthran (voz), Ken Horne (guitarra), Brad Magers (bajo) y Joey Castillo (batería)- siguen haciendo esto simplemente por el puro placer de hacerlo. Sea mezclando sus hardcore punk con las del rock clásico, o profesando su amor por la música mexicana, con su alter ego Mariachi El Bronx, estos tipos saben que la única manera de ser felices es disfrutar del camino, en lugar de marcarse una meta.

Ayer tuvimos que cancelar la entrevista porque se os había estropeado el autobús. Supongo que ya estás acostumbrado a este tipo de cosas, pero ¿qué pasó?
JOBY J. FORD “No sé qué pasó, pero nos quedamos tirados en Texas. Por suerte pudimos llegar a tiempo al concierto. Llegamos solo 20 minutos antes de la hora que teníamos que tocar, pero toda la gente en esta gira mola mucho y lo tenían todo preparado para que pudiéramos tocar”.

Aparte de esto, ¿cómo está yendo la gira? Es un cartelazo.
“Estamos muy contentos de poder volver a trabajar después de este ‘tiempo libre’ forzado. La gira mola mucho. En el público ves gente que lleva mascarilla, otra que no… pero creo que tanto las bandas como los fans están disfrutando mucho de poder estar juntos de nuevo”.

En Estados Unidos en verano ya arrancaron muchas giras, pero también bastantes se han tenido que aplazar o cancelar porque algunos músicos o la crew habían pillado el COVID. ¿Crees que se ha corrido demasiado?
“Desde luego es un motivo de preocupación. Pero creo que en general se han tomado las medidas necesarias para hacer las cosas bien. En nuestro caso por ahora todo va bien. Toco madera”.

Tengo que decirte que el nuevo disco me ha encantado. Creo que es de los mejores que habéis hecho. ¿Ha sido duro tenerlo terminado y no poder sacarlo?
“Sí, teníamos el disco hecho antes de que nos confinaran. Lo teníamos listo para sacarlo y empezar a gira, pero tuvimos que cancelarlo todo. No sabíamos muy bien qué hacer… Como todo el mundo, no sabíamos cuánto tiempo iba a durar la pandemia. Así que finalmente decidimos ir sacando temas de adelanto, y pedimos a artistas de los que somos fans que diseñaran las portadas para los diferentes 7″, y también sacamos varios vídeos. No pensábamos que fuera una buena idea sacar el disco sin poder salir a presentarlo”.

Siendo una banda que gira tanto ¿te ha supuesto un reto estar parado tanto tiempo? Y no digo económicamente, sino a nivel mental.
“Supongo que sí, pero como para todo el mundo. Cuando estás acostumbrado a un estilo de vida y de golpe eso cambia, necesitas un periodo de adaptación. Tienes que mantenerte ocupado en hacer otras cosas. Yo me convertí en profesor de mis hijos, porque no podían ir a la escuela. No fue fácil. Porque cuando terminas un disco nuevo quieres que la gente lo escuche lo antes posible, y estábamos preparados para hacerlo, así que al no poder, fue un golpe duro. Fue frustrante”.

He hablado con bastantes músicos que me han dicho que disfrutaron estando en casa más de lo que pensaban, y que no habían hecha de menos el ritmo de vida de antes. ¿Es tu caso?
“Sí y no. Como decías antes, giramos mucho, y además tenemos más de un grupo. Estuvo bien tener un descanso y poder pasar tiempo con la familia, pero también echaba de menos lo otro. Mentiría si dijese lo contrario. Si de algo ha servido la pandemia ha sido para que todos nos diéramos cuenta de la suerte que tenemos de poder hacer música”.

Una de las cosas que me ha gustado de los últimos discos es que cada vez son más diversos. De hecho, en este, el tema ‘Mexican Summer’ es como un cruce entre El Mariachi El Bronx y The Bronx. ¿Cómo surgió?
“Tienes toda la razón. Hacía tiempo que nos intrigaba si seríamos capaces de fusionar ambas bandas. Lo intentamos y creo que salió muy bien. Es una de mis favoritas”.

En los últimos años ha habido bastante debate sobre la apropiación cultural. ¿Alguna vez os acusado de eso con El Mariachi?
“La verdad es que no, y no creo que ocurra. Siempre hemos tratado esa música con mucho respeto porque es una cultura que amamos. Donde vivimos está muy presente. El único límite que no podemos cruzar sería ponernos sombreros, no sé por qué, pero tampoco lo hacemos. Hacemos nuestra versión de música mariachi. En la música mariachi no hay batería, pero nosotros la usamos porque somos una banda de rock. Y cantamos en inglés porque no hablamos español. Nos encanta ese sonido, pero nunca esperamos vender discos con eso. Ha llegado mucho más lejos de lo que nunca hubiera esperado cuando empezamos a hacerlo por pura diversión (risas)“.

Al final cualquier cultura es una mezcla de otras culturas…
“Exacto. La música Norteña tiene un ritmo de vals, y usa el acordeón. Y el acordeón vino de Alemania. Así que algo que parece muy mariachi, en realidad, tiene origen alemán”.

‘Watering The Well’ tiene un rollo muy Rolling Stones… 
“Esa la escribió Ken”.

 Ah, muy bien. En cualquier caso ¿qué influencia han tenido en ti los Stones?
“Creo que The Rolling Stones te influencian, incluso aunque no te gusten, solo por la cantidad de bandas y músicos que han influenciado a lo largo de tantos años. Para mí sus primeros discos son intocables. Su historia me parece muy interesante porque estaban muy interesados en la subcultura americana, como el blues y el country, y en cierto modo son un reflejo de cada época. Pero es asombro porque pueden tocar cualquier estilo, pero hacen que suene a los Stones. Para mí es asombroso. Muchas de sus canciones son como su propia versión del country americano, pero suena a ellos. Lo mismo con el blues, o el rock. Esas afinaciones extrañas no vienen de la música británica. Se nota que son fans de todos los estilos de música. Es muy guay que puedan tocar lo que sea y hacer que suene como algo propio”.

¿Te parece bien que sigan adelante sin Charlie Watts?
“Es difícil decir si es una idea buena o mala. Pero me asombra que todavía existan ¿sabes? No recuerdo un momento de mi vida en el que no existieran The Rolling Stones (risas). Siempre han estado ahí. Y todavía dan el callo en directo”.

En cierto modo, lo que decías de ellos, también es aplicable a vosotros. Podéis tocar punk, rock, incluso cosas más melódicas y siempre suena a The Bronx.
“Muchas gracias. Nunca hemos querido ser un grupo que haga un disco con diez canciones iguales. A todos en el grupo nos gusta escuchar álbumes, aunque para las nuevas generaciones pueda ser un concepto extraño. Siempre pienso en reunir canciones que te hagan sentir cosas distintas. Tienes que ofrecer algo interesante para la gente que decide escuchar tus discos de principio a fin”.

¿Es más difícil componer los temas más cañeros a medida que te vas haciendo mayor?
“Tengo la teoría que la música es muy transparente. Cuando alguien pone el piloto automático, se nota, o cuando se esfuerza demasiado, se nota. Lo que tienes en el cerebro se acaba transmitiendo a tus dedos. Para mí la vara medir es componer algo y grabarlo, y que tenga ganas de volver a escucharlo. Es lo que hace feliz. Y eso es lo que intentamos, que sea honesto y real. Estoy seguro que muchos músicos te han contado que a veces las canciones se escriben solas, tienes la sensación de no haber hecho nada (risas). Así que sea una canción más cañera o con más groove, todas surgen desde la honestidad. Y creo que también ayuda que todos nos guste todo tipo de música”.

“Durante muchos años los sellos estafaron a los grupos y ahora lo hace Spotify” JOBY J. FORD

Este es el primer disco que habéis grabado con Joey Castillo que es un batería que me encanta. ¿Qué ha aportado al grupo?
“Me siento muy afortunado de haber tenido siempre a baterías muy buenos. No todos los grupos tiene esa suerte. Dave Hidalgo grabó V, porque tuvimos la suerte de que Social Distortion se estaban tomando un descanso. Joey lleva con nosotros desde 2017, y ha aportado mucho poderío. Su estilo complementa muy bien el nuestro y viceversa. Es genial”.

¿Tocará también con El Mariachi o seguirá Dave en la otra banda?
“No lo sé… Es algo que todavía estamos discutiendo”.

Quizá podrías tener dos baterías.
“De hecho dimos un concierto de Halloween en streaming en la que combinamos ambos grupos. No sé si ya está en YouTube”.

Matt y tú sois los únicos miembros originales del grupo. ¿Cómo os conocisteis?
“Yo conocía al hermano mayor de Matt. Tocábamos juntos cuando teníamos 19 años o así. Matt tenía 16. Y siempre me decía ‘¡Tienes que ver el grupo de mi hermano pequeño! ¡Son increíbles!’. El hermano de Matt trabaja de portero en un karaoke, y nos dejaba entrar aunque no tuviéramos 21 años todavía. El caso es que una noche Matt y yo cantamos juntos ‘Hot For Teacher’ de Van Halen en el karaoke, y me alucinó lo bien que cantaba. El caso es que con el tiempo se formó una pequeña escena, y todas las bandas nos conocíamos, y Vincent Hidalgo y yo empezamos un grupo nuevo que se llamaba The Drips, y Matt se convirtió en nuestro cantante. Sacamos un single con un sello que ni recuerdo, y años después grabamos un disco. Pero luego, yo empecé a componer otro tipo de canciones, formé The Bronx y Matt se vino conmigo. Y aquí estamos 20 años después (risas)“.

¿Sentís que la existencia del grupo depende de vosotros dos?
“Bueno, seguimos pasándolo bien. Lo disfrutamos muchísimos. No siento que sea un trabajo o una obligación. Tenemos mucha suerte. No hay ninguna presión para seguir adelante, lo hacemos porque queremos. No tenemos un sello que nos presione, porque hoy en día tienen muy poco que ofrecerte. Durante muchos años los sellos estafaron a los grupos y ahora lo hace Spotify (risas). Por eso ahora tanta gente graba en casa con un ordenador. Tenemos muy asumido que nunca seremos la banda más grande del mundo, pero siempre hemos seguido creciendo, ni que fuera un crecimiento minúsculo. Con eso nos basta”.

Hace un par de años tuve la oportunidad de entrevistar a Michael Beinhorn, y le pregunté por vosotros. ¿Qué recuerdas de la grabación de vuestro segundo disco con él? Siempre me resultó muy curioso que escogierais a un productor con fama de ser tan meticuloso.
“Fue una muy buen experiencia, aunque fue una etapa muy extraña en nuestra carrera. Pasamos de estar tocando en grupos durante diez años con escaso éxito a firmar un contrato con una multinacional. Y eso implicó tratar con gente de discográfica, con productores… Tener dinero por primera vez en nuestras vidas fue muy extraño. Beinhorn, a pesar de todas las historias locas que oyes sobre él, fue bueno con nosotros. Pero no creo que tuviera sentido grabar con él. Estábamos acostumbrados a grabar en garajes, y de golpe estábamos en un gran estudio en la playa con un gran productor (risas). Gente que cobra mucha pasta para grabar un disco… Nos abrió los ojos en muchos aspectos. Aprendí muchísimo sobre el proceso de hacer discos. Pero también aprendí que nunca volvería hacer un disco tan caro nunca más (risas). Simplemente era una época distinta. Sigo en contacto con Michael, aunque ahora vive en Canadá. Hace dos semanas hablé con él. Una de las cosas que nunca se dice sobre él es que tiene un gusto musical exquisito. Tenía una colección enorme de discos, y cada noche me llevaba algunos y los escuchaba. Tuve acceso a un montón de buena música que nunca hubiera escuchado gracias a él. Gran parte del proceso fue que él nos ponía discos, y nosotros le poníamos otros, antes de empezar a grabar. Había días en los que ni siquiera grabábamos; nos íbamos a hacer surf (risas). Tengo muy buen recuerdo de aquellos días, y creo que el disco que hicimos con él aguanta muy bien. Aunque parezca que estaba muy producido, en realidad era muy simple. La mayor parte se grabó en directo, a excepción de las voces. Suena natural. Si aislaras algunas pistas, verías que hay un montón de errores, pero suena como debería sonar. Suena a música”.

¿Y sigues en contacto con Gilby Clarke que produjo vuestro primer disco?
“No tanto, aunque hablamos de vez en cuando. De hecho, hace poco me preguntó si podía venderle una de mis guitarras, pero lo dije que no. Es muy bien tipo. Yo era muy fan de Guns N’ Roses, así que cuando pudimos grabar con él, para mí fue alucinante. Le volví loco haciéndole preguntas sobre Guns (risas). Nos tenía boquiabiertos contando todas historias locas sobre Axl y Slash. Moló mucho”.

Última pregunta. ¿Alguna vez habrá disco de The Bronx que tenga título?
(Risas) Ojalá. Creo que nosotros mismos nos pusimos una trampa. En realidad todo empezó porque no nos poníamos de acuerdo en escoger un título para el segundo disco, así que decidimos no ponerle ninguno. Y seguimos haciéndolo, simplemente por tener una cosa menos sobre la que discutir (risas)“.

JORDI MEYA