Santiago Sequeiros es un historietista, ilustrador y dibujero que se ha pasado media vida luchando contra sus propios demonios. En su última obra, Romeo Muerto, salen a flote.

Como reconoce este argentino de nacimiento y andaluz de adopción en esta entrevista, se ha pasado muchos años ocupado sobreviviendo y sobrebebiendo pero al menos siempre estaba acompañado de Romeo, su principal creación. Dicho personaje es el protagonista de Romeo Muerto (Reservoir Books), uno de los álbumes ilustrados más grandes que puedes encontrar en las librerías actualmente. Y no me refiero solo al tamaño de sus páginas… Eso sí, no esperes encontrar aquí una historia fácil de leer y de interpretar, ya que los demonios de Sequeiros han parido una obra de lo más críptica.

Hola Sequeiros. Creo que deberíamos empezar la entrevista comentando lo más llamativo a primera vista de Romeo Muerto: el formato. El álbum se ha publicado en gran formato, tamaño A3, recordando a los incunables de la Edad Media y a los antiguos códices que copiaban a mano los monjes en las abadías como la de El nombre de la rosa. ¿Fue una exigencia tuya a la editorial? ¿Estás satisfecho del resultado final?
SEQUEIROS “El formato del libro responde simplemente a las peculiaridades del original. Las páginas originales tienen un tamaño de 35×50 cm, trabajo con un pincel de dos o tres ceros, con un trazado roto y seco en algunos tramos y en otros más pulido y denso. Por otra parte los originales acabaron desbrozados a retoques, apliqué acrílico blanco, volvía a repintar, muchas suciedades las limpié después de escanear en el ordenador, pero otras las dejé porque texturizaban sutilmente y otorgaban ficisidad… En fin, un sin dios. Lo que quiero decir es que no es tanto una exigencia mía como del material en sí. Tenía unos originales muy grandes y muy trabajados que no podían reducirse mucho porque entonces la información gráfica iba a quedar empastada. El límite de reducción de esos originales era que quedaran al 80%, por debajo de eso el trabajo gráfico iba a perderse; y por el tipo de libro que era, tan hermético, conceptual y narrativamente, tan ambivalente si se quiere, no valía la pena perder su mayor fortaleza, que es sin duda la cohesión gráfica. No hubo exigencia porque tampoco hubo discusión. Ese tema caía por su propio peso y tanto Jaum, el editor, como yo teníamos muy claro que se trataba de un libro objeto, una entidad psicológica muy física, algo así como un arte-facto. Y sí, estoy muy satisfecho con el trabajo de edición de Reservoir Books, es casi impecable. Tanto Jaume Bonfill como el resto del equipo han hecho un trabajo, creo, extraordinario”.

Dices que La Mala Pena es un cruce entre un purgatorio y un pudridero, un vertedero de náufragos. ¿Has querido retratar alguna ciudad en concreto?
“No. La Mala Pena es básicamente un reflejo distorsionado de mi cabeza, donde deposito aspectos problemáticos de mi psique y hago con ellos cosas extrañas; mi propia forma de pensar desemboca a menudo en un naufragio”.

La obra se ha publicado en marzo de 2021, justo un año después de la declaración de la pandemia COVID-19 en España. ¿Esta situación tan traumática ha influido a la hora de rematar la obra y publicarla? ¿Si no la hubieras finalizado en este período, habría algo más de luz en los dibujos de Romeo Muerto?
“No. Excepto algunos flecos que fueron surgiendo mientras escaneaba y limpiaba los originales para su edición, la obra quedó rematada en algún momento del 2019. Todo lo que reflejan mis páginas son pulsiones interiores, por eso es tan oscuro y huele a cerrado. No tengo ningún interés por lo que ocurre en el mundo de fuera a la hora de escribir y dibujar. Ninguno”.

“Crecemos sobre el moho, sobre la podredumbre de otros”. Todo es sórdido y decadente en este álbum, ¿lo imaginaste así desde el principio o el ambiente de la obra ha ido evolucionando con el paso de los años?
“Sórdido y decadente es así desde el principio, pero desde el principio del todo, anterior incluso a Romeo Muerto. La Mala Pena, la ciudad donde se desarrollan todas mis historietas, ha sido así desde que empecé a trabajar con ella a los dieciséis años. Por supuesto, evoluciona. Evoluciona gráficamente, estilísticamente, literariamente, como todo organismo; se van agregando contenidos de forma natural, a veces la perspectiva de un mismo hecho varía… Pero en esencia el concepto es el mismo, está hecha toda de la misma substancia negra. A mí me recuerda a un laberinto, pero no sólo porque se componga de muchas partes, sino sobre todo porque se pliega de muchas maneras”.

Veo tus dibujos y me recuerdan a Sin City de Frank Miller, a Seven de David Fincher, a Metropolis de Fritz Lang, al estilo de Picasso… Incluso hay otra peli de acción que se titula Romeo debe morir. ¿Van desencaminadas estas referencias respecto a tus influencias reales?
“La referencia a Romeo debe morir va muy desencaminada; mejor Romeo is bleeding de Peter Medak con Gary Oldman y una sublime Lena Olin. Picasso es una influencia penetrante y persistente en mi trabajo, y el expresionismo alemán de la UFA también, aunque prefiero El Último de Murnau a Metrópolis de Lang. Y en la filmografía de Lang, Los Sobornados o La mujer del cuadro. Frank Miller, siempre; pero más el de Daredevil y el de Dark Knight que el de Sin City (aunque That Yellow Bastard me parece una de las cúspides de Miller). Mis referentes principales en el uso del blanco y negro puro se originaron con el Alack Sinner de Muñoz y Sampayo; y el albúm Atmósfera Cero de Jim Steranko, que pienso que es un claro antecedente del estilo de Miller en Sin City. Seven me gustó mucho pero no tiene nada que ver, al menos a priori; si lo dices por la lluvia, tampoco para de llover en Blade Runner y aquella película sí que me influenció de formas que todavía no llego a entrever; aunque mucho menos que Videodrome, de Cronenberg. Pero bueno, para abreviar: mis mayores y más claras influencias son, gráficamente, José Muñoz, Grosz y Picasso. Narrativamente: Miller, Murnau, Peckimpah, David Lynch, Kubrick, Dave Sim y Steranko. Literariamente: Valle-Inclán, Boris Vian, Nietzche, Artaud y Onetti. Pero hay muchos más, la lista sería tan vasta como incompleta”.

«El libro tiene el sentido que uno quiera otorgarle. Mis historietas son un asunto privado que luego comparto sin más” SEQUEIROS

¿Hay algún elemento autobiográfico en este álbum? ¿La alcoholemia de Romeo tal vez? ¿Recibiste una educación católica cuando eras niño?
“Todos los elementos de la historia son autobiográficos, y por tanto están falsificados. Sí, soy alcohólico. Diagnosticado. Llevo sobrio los últimos nueve años y he pasado bebido la mayor parte de mi vida adulta. No recibí una educación católica de niño, tropecé con ella cuando fuimos a vivir a Sevilla y estudié los dos últimos cursos de bachillerato en un colegio de Jesuitas. Pero el sentimiento de culpa lo tengo muy arraigado. Y el rechazo a la vida, y el sentimiento de vergüenza, y el autodesprecio, la idea del autosacrificio… no sé. Me siento identificado, y confrontado, con toda esa imaginería”.

¿Qué significa la palabra NEINSAGEN que aparece en la portada y en el lomo del álbum?
“Nein Sagen significa “decir no”. Es el subtítulo del primer libro de Romeo Muerto y la primera de una serie de interdicciones o violencias del lenguaje que Nietzche utiliza en Así habló Zaratustra y Más allá del bien y del mal. Nein Wollen –querer no-, Nein Tun –hacer no- y Nein Denken –pensar no- serían los subtítulos de los siguientes libros de Romeo Muerto que tengo en mente. Esas formas de negación, para mí, son también otras tantas definiciones del alcoholismo. Y, paradójicamente, me parecen una declaración de principios para lo que quiero hacer con el lenguaje en los tebeos, someterlo todo a contradicción”.

¿Por qué el hotel que custodia Romeo se llama SOD? ¿Es una abreviatura de SODOMA en referencia a lo que ocurre en sus habitaciones? No será un guiño a la banda neoyorquina de crossover Stormtroopers Of Death, ¿verdad?
“No. En la cábala judía, el abuso de los poderes mágicos se compara con la ebriedad o abuso de vino. Y se expresa en la palabra ‘SOD’. El hotel se llama realmente SODA y era propiedad de una familia apellidada Della Soda, pero la letra A se ha desprendido del letrero; un poco como le ocurría al Golem, que al borrar de su frente la primera letra de la palabra EMET, quedaba solo MET, es decir muerto; y se volvía sólo una masa de barro inerte. De ahí proviene SOD para ese escombro de hotel descompuesto, que no deja de constituir una metáfora mugrienta de Romeo”.

¿Cómo reaccionarías si un lector te dijera que no ha entendido casi nada de la trama de Romeo Muerto?
“Me parecería normal, es de sentido común. Lo que pasa es que el libro no apela al sentido común, apela a otros sentidos”.

Tengo entendido que te ha llevado muchos años dar por terminada esta obra. ¿Puedes explicar el motivo? ¿Cómo se vive con el hecho de dedicar mucho tiempo a crear algo y que luego quizás la gente le dedique un par de horas a su lectura y luego lo deje en una estantería cogiendo polvo?
“Las primeras anotaciones y bocetos son de 1997. Desde entonces y hasta el año 2011 o el 2012 estuve llenando cuadernos con piezas desgajadas de la historia, haciendo storyboards en papeles y encajando secuencias, lápices, pruebas, esas cosas. A partir de 2011 o 2012, estando sobrio, me puse a trabajar en las planchas, de forma constante. De todos modos, en todo ese tiempo estuve buscándome la vida; durante cinco o seis años vagando por ahí de casa en casa de amigos; tuve trabajos de verdad, muy esporádicos, como fregaplatos o maquetador de catálogos de revistas; épocas largas de borracheras profundas… En fin, gasté mucho tiempo en ir tirando aunque siempre estuviera anotando cosas de Romeo Muerto en mis cuadernos. Y después, a partir del 2000, la ilustración editorial, prensa sobre todo. Podría decirse que he estado ocupado sobreviviendo aunque eso no sería del todo correcto porque, realmente, mi auténtica ocupación ha sido la de beber, y acompañarme de Romeo mientras bebía; diría que he estado muy ocupado sobrebebiendo. Así que supongo que llevo bastante bien el hecho de que en todo este tiempo haya creado algo que no sirva más que para coger polvo. Me la suda. El libro tiene el sentido que uno quiera otorgarle. Mis historietas son un asunto privado que luego comparto sin más”.

En tus cuadernos has dejado por escrito que “El lector debe saborear el transcurso de las palabras, morir un poco con cada página”. ¿A qué te refieres con esto?
“En mis cuadernos escribo muchas tonterías”.

Otra cita tuya: “Este es un libro que no se lee, sino que nos lee”. ¿Qué intentas decir? ¿Que nos permite ver el subconsciente humano? ¿Que nos enseña los instintos más bajos de nuestra sociedad?
“Esta anotación tiene más sentido; en 1995 publiqué mi segundo libro, Nostromo Quebranto. En aquella época ya estaba bastante alcoholizado pero era un tipo más o menos funcional y el alcohol representaba sólo un compañero inseparable, eso creía. Estaba convencido de que la historia que estaba escribiendo y dibujando era una historia de desesperación y búsqueda, que hablaba del vacío, la soledad, el abandono, el dolor y el desamor, todo, claro está, regado de alcohol. El caso es que, más de diez años después, volví a leerlo cuando ya estaba verdaderamente sobrepasado con mi alcoholismo y me encontré con que era el jodido libro el que estaba leyéndome a mí. El libro describía casi exactamente lo que estaba pasando conmigo diez años después de haber sido escrito. En ese libro sólo había alcohol y derrumbamiento. Las disquisiciones sobre el vacío, la soledad, el desamor, el abandono, eran sólo coartadas, autoengaño y justificación. Ese libro me desenmascaraba de una forma que no había previsto. A eso me refería, supongo, con la cita”.

¿Cambió algo tu vida profesional tras ganar el premio al autor revelación en el Salón del Cómic de Barcelona en 1996? ¿Eso te abrió más puertas que antes estaban cerradas?
“Pues no, la verdad. Que me dieran el premio me produjo satisfacción, inflamó mi autoestima durante un par de semanas y poco más. Mis tebeos son muy raros y sigo sin estar convencido de que existan esas puertas que se abren y se cierran en medio del campo, exceptuando las de los corrales”.

¿Cómo crees que ha cambiado el mundo del cómic desde que tu empezaste hasta la actualidad?
“Pues no tengo ni la menor idea, supongo que depende de la perspectiva que tengas. Desde mi propia perspectiva, muy poco”.

Como RockZone es una publicación eminentemente musical, me gustaría acabar la entrevista con un par de preguntas sobre música. ¿Escuchas música mientras dibujas? ¿Te inspira algún estilo o grupo en concreto? Por si no los conoces, La Inquisición es una banda actual de punk rock cuyo concepto opino que encajaría muy bien con el tono de Romeo Muerto.
“No tuve reproductor de CD hasta el 2002, por la vida errática que llevaba antes y que te he comentado. No tengo educación musical. Me gustan La Pasión de San Mateo, las variaciones Goldberg y las Cello Siutes, de Bach; la novena de Bethoveen, el Réquiem de Mozart; Tom Waits, C.W Stonekin, Omega de Morente y Lagartija Nick, cosas de Extremoduro, Los Ilegales, blues viejo tipo Blind Willie McTell. Charlie Patton o Son House, cosas de los archivos de Alan Lomax; Side by Side, de Ellington y Hodges; Agujetas y Camarón, The Clash y los Pogues, Roberto Goyeneche, Tita Merello; Die Dreigroschenoper, de Kurt Weill y Bertolt Brecht… y mi canción de cabecera es “Jesus´Blood Never Failed Me Yet”, pero la que no tiene arreglos, la versión que es casi la grabación a pelo. Me asomaré a La Inquisición, que tiene buena pinta.

.¿Nunca te han dicho que te pareces a una estrella del rock? A El Drogas de Barricada, ¿por ejemplo?
(Risas) Esa es buena; no. De joven, algunas veces me dijeron que tenía un aire a Mickey Rourke, pero aquellos eran otros tiempos; buenos tiempos, mejores para ambos (risas). ¡Ah! Espera… Mi chica me dice que parezco un músico con muchas giras ¿eso vale?”.

JORDIAN FO

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