Con su tercer disco en cinco años, los Pixies demuestran que no están aquí para vivir de rentas. Hablamos con su batería David Lovering sobre su nuevo álbum Beneath The Eyrie, cómo han cambiado las relaciones internas del grupo y su faceta como mago.

Parece imposible, pero los Pixies llevan más tiempo juntos desde que oficializaran su reunión en 2004 que en su primera etapa, en la que se convirtieron en una de las bandas más influyentes del rock alternativo de los 90 gracias a un póker de discos imbatible. Si bien es cierto que Kim Deal no está con ellos desde 2013, su sustituta Paz Lenchantin ha encajado como un guante y ha traído la estabilidad a una formación que parecía siempre al borde de implosionar. Fruto de esta buena relación, el 13 de septiembre aparecerá Beneath The Eyrie (BMG), el tercer y mejor trabajo desde su vuelta. Quizá porque es el segundo que graban seguido con Tom Dogely (Royal Blood, Ghost) como productor, quizá porque sienten que ya no tiene que competir con su pasado, la banda ha capturado en los estudios Dreamland de Woodstock todo aquello que los hace especiales. Con tres conciertos a la vista –el 23 de octubre en Barcelona (Sant Jordi Club), el 24 en Madrid (La Riviera) y el 26 en A Coruña (Coliseum)-, los fans de Pixies tienen motivos de sobra para estar contentos.

La grabación de Beneath The Eyrie ha quedado documentada en una serie de podcasts narrados por el periodista Tony Fletcher que habéis ido publicando semanalmente desde junio. He escuchado algunos y me ha parecido que la atmósfera en el estudio era muy relajada. ¿Ha sido la grabación más fácil de vuestra carrera?
DAVID LOVERING
“Creo que sí. Es el segundo álbum que hacíamos con Tom Dagelty, y la diferencia de los discos que hicimos con Gil Norton en el pasado fue que sólo teníamos tres semanas. Aunque fuera menos tiempo, habíamos pasado el año anterior haciendo preproducción, trabajando y aprendiendo doce canciones. Así que estábamos muy cómodos con el material y eso lo hace todo mucho más fácil. De todos modos, estando en el estudio, hicimos seis nuevas canciones, pero igualmente nos resultó fácil. Tom es un gran productor, todos en la banda nos llevamos bien y el sitio era genial. Fue un placer trabajar allí”.

Durante estas tres semanas vivisteis todos juntos en el estudio en Woodstock. ¿Era la primera vez que hacíais algo así?
“No. En otros discos habíamos grabado fuera de casa, así que nos alojábamos en algún hotel o apartamento. Pero el motivo por el que escogimos este estudio en Woodstock es porque tenía una zona residencial ahí mismo. No fue nuevo el convivir mientras grabábamos, pero todo salió bien”.

De todos modos, la banda es famosa por sus tensiones internas. ¿Te has dado cuenta que podéis hacer buena música sin esa tensión?
“Eso es interesante… La verdad es que nunca lo comparo con el pasado. Al final todas las bandas son disfuncionales. Pero cuando eres joven, no sabes muy bien lo que estás haciendo. A medida que te haces mayor, se supone que también te haces más sabio, pero para mí esa sabiduría se traduce más bien en que aprendes a tolerar mejor las cosas. Creo que ésa es la clave. Pero tengo que destacar que desde que Paz entró en el grupo hace siete años, todo ha sido fantástico. Ya no hay apenas tensión. Nada comparable a como era antes y, sinceramente, no creo que haya afectado la música. Es simplemente una progresión de lo que es Pixies”.

En tu caso en particular, ¿qué aprendiste durante los años que el grupo estuvo separado?
“Creo que, sobre todo, todos hemos aprendido a apreciar esta segunda oportunidad que se nos ha dado. Poder volver a hacer algo que amas, algo que ha sido tan importante en tu vida, es algo que ahora aprecio muchísimo, muchísimo más que antes. Y gracias a eso nuestra relación es mucho mejor. Y no pierdo la perspectiva de que no puedo cagarla. Para seguir haciendo esto, tienes que tomártelo en serio. Hemos crecido y todos sentimos lo mismo. Siempre habrá cosas que te molestan, porque las personas seguimos siendo las mismas, pero nos lo tomamos de manera más profesional”.

Supongo que sois conscientes de que no habría una tercera oportunidad.
“Exacto. Pensamos que seguimos siendo una banda viable, que graba y toca en directo, es lo que hacemos y queremos seguir haciéndolo. Ahora tocamos en salas más grandes, pero lo que me gusta más es viajar. No me molesta en absoluto. Poder ir a España, por ejemplo, no mucha gente tiene esa oportunidad. Es lo genial de estar en un grupo”.

¿Os sentís más cómodos también que cuando sacasteis Indie Cindy? Como que el nuevo disco va a ser juzgado por lo que es y no por lo que hicisteis en el pasado.
“Espero que sí. Cuando grabamos Indie Cindy sabíamos que la gente iba a juzgarlo muy severamente y teníamos cierto miedo. Pero una vez sacamos ese disco, creo que todo eso desapareció. Nunca tuvimos una fórmula en el pasado y por tanto no tenía sentido intentar replicar lo que habíamos hecho antes, simplemente se trataba de hacer lo que quisiéramos en el presente. Ese miedo desapareció con Head Carrier y tampoco lo hemos sentido ahora. Creemos que, si nos gusta a nosotros, también gustará a nuestros fans”.

Aunque no lo buscaseis, en este álbum especialmente hay canciones que suenan muy a vuestro sonido clásico. ‘On Graveyard Hill’, por ejemplo.
“No eres el primero que lo comenta. Eso está muy bien”.

¿Has llegado a entender por qué vuestra música seguía siendo relevante incluso después de separaros?
“No tengo ni idea. Creo que quizá tuvo mucho que ver con que otras bandas nos citaran como una influencia. Pero yo no tenía ni idea. La primera vez que fui consciente de ello fue en nuestro primer concierto de reunión en 2004, en el festival de Coachella. Había un mar de chavales que quizá no habían ni nacido cuando sacamos nuestros discos en los 80 y los 90, pero que cantaban todas las canciones. No tenía nada que ver con lo que había sido nuestra experiencia anteriormente, especialmente en Estados Unidos. Fue surrealista”.

Durante los años de separación tocaste con Cracker, con Tanya Donelly… ¿Cómo recuerdas esas experiencias?
“Lo que aprendí esos años es que soy mucho mejor batería cuando toco con los Pixies (risas). Tocar con Cracker fue divertido, lo pasé bien con esos tíos, pero para mí nada era comparable a los Pixies. Mi manera de tocar estaba definida por la música de los Pixies. Así que creo que soy muy buen batería para los Pixies, pero no estoy seguro de que sea muy buen batería para otros (risas). Los Pixies son mi hogar”.

Como parte de la sección rítmica, ¿cómo compararías tocar con Paz a como lo era con Kim Deal o, ni que fuera brevemente, con Kim Shattuck?
“Paz es una músico completa. Es muy, muy buena. Siempre toca bien. Cuando hizo la prueba para unirse al grupo, tuvo sólo tres días para aprenderse las canciones y las clavó. Y creo que gracias a lo buena que es me ha hecho mejorar como batería, porque no quiero hacer el ridículo (risas). Y eso es genial. Con Kim Deal o Kim Shattuck simplemente tocaba las canciones que había estado tocando siempre, pero con Paz hemos creado cosas nuevas. Te diré una cosa: si Paz y yo tocamos bien, Charles (Thompson, nombre real de Black Francis –ndr.) y Joey pueden hacer lo que quieran, y seguirá sonando bien”.

Charles compone todos los temas y es una persona con mucho carácter. ¿Nunca se ha discutido su liderazgo?
“Siempre ha sido así. Desde que nos conocimos en el 85, Charles llega con una guitarra acústica, presenta los temas y nosotros tocamos. Normalmente tiene las estructuras y los arreglos muy claros. Ahora con Paz, como es tan buena, está más abierto a sugerencias, y Joey hace lo que le sale con la guitarra, pero la verdad es que nunca he sentido la necesidad de llevarle la contraria en cuanto a las decisiones artísticas”.

También quería preguntarte por tu faceta de mago. ¿Sigues ejerciendo?
“No de manera pública. Suelo hacerlo en el backstage o en una cena. Es mi manera favorita de hacer magia porque es mucho más íntima que hacerlo en un escenario. Pero hemos estado tan ocupados con los Pixies y siendo padre que no he tenido tiempo de dedicarme en serio a ello”.

¿Pero tienes que practicar para mantenerte en forma?
“Sí, claro. Muchas veces me levanto con una baraja de cartas esparcida en la cama porque me he dormido practicando”.

¿Entrar en el mundo de la magia es como entrar en una secta por aquello de que no puedes revelar los trucos?
“Un poco sí. Yo pertenezco a un par de asociaciones de magos y realmente está prohibido contar los trucos. Ni siquiera hago un truco dos veces si alguien me pide repetirlo. La única persona a la que se los he contado es a mi madre. Pero es que no puedes decirle que no a tu madre (risas)”.

MARC LÓPEZ