Aprovechando la extensa entrevista que mantuvimos con el bajista Martín Méndez a propósito de Kuarahy (Nuclear Blast), su primer álbum con White Stones, que puedes leer en nuestro número de mayo, os ofrecemos un segundo bloque dedicado a toda su carrera en Opeth.

Siempre es interesante descubrir otros puntos de vista de una banda, sobre todo cuando es una de la que sólo solemos obtener la versión del líder. Enseguida comprobaréis que, según qué revelaciones, bien merecían un artículo aparte… Imprescindible lectura para cualquier fan de los suecos, independientemente del periodo.

En la revista hemos entrevistado muchas veces a Mikael Åkerfeldt, pero rara vez tenemos ocasión de hablar con otros miembros de Opeth… Él lleva la voz cantante, ya sabes (risas). Además, ahora mismo eres el que más tiempo llevas en el grupo aparte de él. Dime, ¿cómo es como persona y trabajar a su lado?
MARTÍN MÉNDEZ “Antes que nada, yo lo considero un amigo, no lo veo como a un jefe. Aunque lo es, nunca lo he visto así. No sé, hay una confianza muy grande entre él y yo, la verdad. Al principio era un poco diferente, claro, en los primeros discos me acuerdo, pero siempre hubo una confianza musicalmente hablando, así que esto es lo que me ha sentado mejor y me ha hecho sentir bien en la banda. Siento que hay una confianza, tanto de yo con él como él conmigo. Nunca le he cuestionado muchas cosas que ha hecho, y él tampoco me cuestiona. A la hora de grabar o de componer me deja 100% libre para que haga lo que quiera. Siempre tiene la última palabra en todo, pero normalmente, ya te digo: tenemos buena química entre ambos, la verdad. Es una persona fácil de llevar, yo creo. Es especial, como todos, claro, como todo este tipo de gente, pero es fácil de llevar. Es una persona agradable, comprensiva, y ya te digo: lo considero más un amigo que otra cosa”.

Me has sorprendido, me pensaba que os traía ya todas las líneas escritas, pensadas, y de todo.
“Bueno, un poco sí, pero en mi caso… Él hace maquetas, por ejemplo, en casa, en su estudio, y cuando las recibimos para el disco, las canciones están hechas ya. Están con batería, con bajo, con voces, con todo. Lo que pasa es que, a la hora de rehacer, de recomponer, el que tiene más libertad, y el que siempre la ha tenido, soy yo. Él sabe programar baterías muy bien, y están perfectamente escritas, y los baterías, sí, ellos pueden meterle su toque, por decirlo así, pero no pueden cambiar tanto tampoco. Y lo que son los riffs, ya están escritos, las guitarras no pueden cambiarse tanto. Pero el bajo, como no es su punto más fuerte, y no sé si lo hace también adrede, que lo hace un poco más sencillo en las maquetas, pues como que me deja mucho espacio para improvisar sobre eso. Me siento como que tengo un poco de extra de libertad en ese grupo, ¿no? Y ya te digo, creo que va un poco por la confianza también, y por tantos años tocando juntos”.

“Cuando grabamos Still Life, lo único que escuchábamos después de trabajar doce o 14 horas al día era el disco Innervisions de Stevie Wonder” MARTÍN MÉNDEZ

Una de las particularidades de los genios, y seguramente Mikael lo es, es que son muy obsesivos y perfeccionistas en todo lo que concierne a su banda.
“Sí, lo que es musicalmente sí, pero en el resto de cosas, como que no mucho. Hay cosas de las que me ocupo más yo u otra gente. Él es muy así con la música, sí, cuando se hace, cuando sale la impresión del vinilo, que esté todo perfecto, pero después en el directo, lo que son por ejemplo visuales y todas estas cosas, que son importantes también, él como que no tiene tanta cabida en esto. No sé si es que le da palo o así, pero ahí por ejemplo me ocupo más yo de lo que serían los visuales con el técnico de luces, con Fredrik (Åkesson) mismo proponemos ideas, pero sí, sí… musicalmente sí, siempre está con la lupa en todo, pero en el resto, como que no es tanto tampoco”.

Un poco así también parece Steven Wilson… ¿Cómo es grabar con él y qué importancia le das dentro de la trayectoria de Opeth?
“Bueno, lo de Steven Wilson es un poco curioso, porque sí, él ha trabajado con nosotros, pero yo creo que la gente tiene una perspectiva de que él ha hecho más de lo que realmente ha hecho con Opeth. En Blackwater Park, que fue su primer disco, él lo único que produjo ahí, y en Deliverance también y Damnation, fue ayudar a Mikael en las voces, y la mezcla del Damnation, por ejemplo. Pero ya está, él nunca ha influido en la música. Nunca, en nada. Ha puesto algunos teclados en Damnation, pero ya está. He escuchado a mucha gente que tiene la idea de que él ha producido la música un poco, que ha influenciado en el sonido…”.

Incluso en el desarrollo de las canciones hacia más progresivas… muchas personas tienen esa idea.
“No, no, es que nada. En Opeth, ya te digo… En Opeth musicalmente nadie toca nada, es el grupo. Es Mikael el que compone, y el resto de banda ayuda a componer un poco el resto de temas, pero nadie más. Nadie nunca ha compuesto un tema fuera del grupo”.

Ahora que llegamos a Blackwater Park, significó un antes y un después para vosotros, tanto en ventas como en popularidad. ¿Cómo recuerdas ese álbum y toda esa época?
“Bien, la recuerdo muy nítida. Opeth siempre ha sido una banda que ha tenido la crecida de grupo muy leve. Siempre ha sido sucesiva, pero leve. Pero Blackwater Park fue el punto en el que quebró un poco, de no hacer conciertos a salir de gira un año entero, por ejemplo. Ése fue más el cambio que hemos notado, y que en la época era guay. Con 20 años salir de gira por el mundo, un año entero, era lo más. Sí, el quiebre fue éste, y de repente darte cuenta de que ‘vale, ahora nuestro trabajo es éste, ya no tenemos tiempo para estar trabajando en otra cosa, porque estamos mucho tiempo fuera’. Fue ése el cambio más que nada, ‘vale, ahora nos dedicamos a esto al 100%’”.

¿Y cómo fue llegar con 17 años a Suecia? Si no ando equivocado, a Opeth entraste a raíz de un anuncio que viste en un periódico o algo así…
“Sí, sí, fue muy curioso… Pero bueno, en un periódico no. En las tiendas de música ponían carteles y buscaban batería y bajista al mismo tiempo, y yo estaba con el batería que venía de Uruguay conmigo (Martín López –ndr.), y éramos justo batería y bajista, así que dijimos ‘esto es nuestro’. Nos gustaba mucho el grupo, y lo que hicimos es ir tienda por tienda de música y sacar todos los anuncios que habían puesto, que recién los habían puesto seguramente… ¿Te acuerdas de esos papelitos que recortabas con los números? Pues no habían sacado ni uno (risas). Yo creo que fuimos detrás de ellos casi, y los sacamos todos y, claro, nadie más llamó”.

Llegar y besar el santo (risas).
“Sí, sí, no había otra. Era o nosotros o nadie (risas)”.

Habiéndote movido por la fascinante Estocolmo de los 90, que es algo casi mítico… Llegaste quizá a finales, pero eso seguía ahí. Debes de tener una de batallitas y unos colegas ilustres… ¿Cómo viviste toda esa explosión? Estuve en el retorno de Dismember de hace unos meses y lo que vi es que, para la gente de allí, el death metal es algo realmente importante. Es algo que supera la música, como un tótem cultural.
“Sí, sí, es que además en esa época… bueno, es que salías a la calle y era ver metaleros por todos lados, y era la época del black metal también. Y era algo fuerte, sí, sí. Tengo buenas imágenes de todo eso, aunque era muy loca. He conocido a gente súper loca, eran fiestas de black metal, y se veía de todo, de sangre a lo que quieras. Era guay, era una época que, para la edad que teníamos, era guay. Y ya te digo, lo que dices tú: ha marcado culturalmente a mucha gente de esa etapa”.

Y más allá de Opeth, en aquellos tiempos, ¿con qué bandas tocando con vosotros, compartiendo sala, cartel o camaradería, dijiste ‘buah, esto es otro nivel’?
“No me acuerdo mucho… la verdad es que, cuando estábamos ensayando, sí, compartíamos sala de ensayos con Dark Funeral, por ejemplo, alguna vez también con Necrophobic, me acuerdo también, después con Amon Amarth también compartimos… No sé, era un ambiente muy… había muchos grupos en esa época, se veían muchas bandas tocando, muchas bandas ensayando, había complejos de salas de ensayo en cada barrio, y lo único que escuchabas era metal extremo. En diez salas de cada barrio, uno era así punk y el resto era death metal, black metal… Había mucha movida, mucha movida. Ahora no es tanto ya, y sí, fue algo especial. Ahora ya se ha perdido y no volverá, no creo, pero fue una época potente para el metal”.

“Cuando hicimos Heritage, como que le destruimos la identidad a mucha gente” MARTÍN MÉNDEZ

Llevas desde el 97 en la banda, así que has sido testigo de toda su evolución. Si alguien es un poco suspicaz y observador, el giro hacia el rock progresivo era algo que podía ocurrir tarde o temprano. Ya en Orchid, el debut, hay composiciones muy extensas, progresivas y elaboradas, fragmentos acústicos y voces limpias, y también hay algo muy importante, que puede ser muy de Mikael y muestra su temperamento… y es que eso de ir a casi disco por año es una actitud muy setentera también. Especiales, Opeth lo han sido siempre.
“Ya, sí, sí, es que ya te digo… Mikael ha crecido con el death metal, ésa es la verdad, pero él ha tenido el progresivo siempre dentro. Desde que lo conozco yo, desde la época de My Arms, Your Hearse, ya lo escuchaba. Cuando entré en la banda me pasaba cassettes, me acuerdo que me daba cintas sólo con trozos de canciones o canciones enteras a veces, y decía ‘esto para influenciar’. Y yo lo escuchaba, pero bueno, es que yo tampoco fui nunca metalero cerrado, por decirlo así. Siempre me encantó el metal, pero siempre he estado abierto a otras cosas. Crecí con el tango, el folklore, el jazz un poco, y él me mandaba cassettes con por ejemplo trozos de baterías de Stevie Wonder, hasta de Jamiroquai… Decía ‘escucha este beat, que está muy guay’, no sé… Me mandaba cosas así, cosas diferentes. Progresivo de esa época, Cressida, Carmen, y grupos setenteros de éstos. Y claro, yo me sorprendía, porque cuando entré en el grupo me imaginaba ‘esto es sólo death metal, no sé qué’, pero no, no, ha estado muy abierto a otros estilos de música, y eso a mí me llamó la atención y me alegró mucho, porque ya te digo, yo también iba de ese palo. Aunque no eran las mismas influencias, pero más o menos”.

¿Dirías que has hecho esa evolución junto a Mikael o al principio también fuiste algo reacio a dejar de lado los sonidos más duros?
“Yo creo que crecimos un poco paralelos, no sé por qué. Pero ha surgido así. Mira, me acuerdo que cuando grabamos Still Life, lo único que escuchábamos después de trabajar doce o 14 horas al día, era el disco Innervisions de Stevie Wonder. Nos sentábamos en el apartamento y era lo único que escuchábamos… durante un mes y medio. Y siempre lo digo: la influencia de Still Life es Stevie Wonder. ¿Quién me cree eso si lo digo? Y es lo que nos daba la inspiración todo el tiempo… Y dices ‘¿Cómo puede ser?’”.

(Risas) Luego pasa lo que pasa…
(Risas) Sí… Pero bueno, mira, es que es lo que nos daba un poco la chispa de decir ‘va, hagamos algo guay’, y escuchábamos eso y decíamos ‘¡Qué guapo!’. Ha estado siempre ahí, la otra influencia, por decirlo así. Siempre nos ha gustado mucho la música en general, y no encasillarnos en un estilo. Lo que pasa es que el death metal, y el metal en general, cuando creces con él, es un estilo tan potente que te lleva a un estilo de vida, por decirlo así. Y es algo que no puedes evitar, y más en las edades tempranas que teníamos… Sacar tanta agresividad de dentro… Era otro aspecto de tocar death metal, pero esta parte progresiva o experimental por otros lados ya existía, lo que pasa es que, o no podíamos, o no nos animábamos del todo en esa época. Pero como tú dices: eso era cuestión de tiempo y ya caería”.

Desde la distancia diría que eres una persona que no se preocupa demasiado por las redes sociales, de lo que se diga por allí. Más bien creo que huyes del foco, que sólo eres músico y te gusta pasar desapercibido. Pero igualmente, dime una cosa: ¿Os molesta que todavía hoy se genere ese debate entre partidarios y detractores de los primeros Opeth y los de ahora? ¿Es algo que a veces habléis entre vosotros, o simplemente es algo ya que ignoráis y hacéis como si no existiera?
“Sí, al principio sí que lo mirábamos e incluso te podía llegar a molestar algún comentario, o decir ‘¿Por qué dices esto?’, y sí, claro que te afectaba. Pero últimamente, en los últimos años… para empezar, yo nunca he tenido ni MySpace, ni Facebook, ni nada de redes sociales. Nunca he tenido nada, no es algo que vaya conmigo. Aparte, no sé, he aprendido a no tomarme personalmente estas cosas y a mirarlo lo menos posible también, porque sí, ya se sabe que es muy fácil ponerse delante de un teclado y escribir, y machacar el trabajo de alguien o no. Es muy fácil hacerlo desde el otro lado de la pantalla y uno, cuando ha hecho algo, esté bien o no, ha dejado mucha energía en un trabajo así, porque hacer un disco cuesta mucho, y uno se lo toma personal. Pero ya te digo, yo intento no influenciarme mucho por eso. Aparte, ya te digo, al no tener redes sociales me libro bastante de todas estas cosas”.

A ver, es que si uno es un poco racional y se toma las cosas en su justa medida, si te mola la etapa de un grupo, esos discos no desaparecen. Los tienes en casa y los pinchas cuando desees. Puedes entrar y salir de la carrera de un grupo cuando quieras, pero no sé qué tiene la música que produce siempre reacciones tan viscerales en la gente. Tiene un poder especial.
“Sí, y bueno, yo de lo que me he dado cuenta es que la gente se lo toma de una forma muy personal todo. Como que se adueñan de lo que es… ‘Éste es mi grupo, y esto es lo que yo escucho, y con esto me formo yo mi vida. Y tú no puedes venir a romperme esto, que es mi vida’. Van un poco de este palo, ¿no? Cuando hicimos Heritage, como que le destruimos la identidad a mucha gente. Así hacían sentirte, como ‘qué has hecho, qué han hecho… Éste era mi grupo’. Claro, es algo que, desde mi punto de vista, es difícil de entender. Nosotros estamos siempre intentando hacer algo lo mejor posible desde nuestra perspectiva dentro de lo que es la música, y siempre bajo nuestro criterio de qué es lo que nosotros creemos que es bueno. Después, si a la gente le gusta, fantástico, pero cuando ya se lo toman así, tan personal, me cuesta entenderlo”.

“Creo que Opeth, más allá de si te gusta o no, es un grupo del que no existen dos, no existen dos Opeth, y menos hoy en día. Si vas a un festival, y tocan Opeth… Opeth es Opeth, y el resto es diferente” MARTÍN MÉNDEZ

Es que incluso resulta infantil que una tercera persona, que no tiene nada que ver con un grupo más allá de escucharlo en casa, le diga a un artista qué es lo que tiene que hacer.
“Sí, pero bueno, es como que se adueñan tanto del sonido de este grupo, y ya se lo toman tan personal… A mí mucha gente que ha venido a vernos a un meet & greet, por ejemplo… Bueno, muchos no, pero recuerdo uno que vino a vernos con una camiseta que se había hecho que ponía “RIP Opeth” y decía los años hasta Heritage. ¿Cómo tienes la jeta de venir a vernos así? (Risas) Igualmente estaba ahí para que le firmásemos las cosas y sacar la foto, pero dices… no sé, no sé…”.

(Risas) Vaya tela… Creo que en la vida hay cosas más importantes en las que gastar tu tiempo y, sobre todo, problemas reales, la verdad. Tampoco lo entiendo.
“Yo creo que sí. Yo creo que la música es algo bonito y que te ayuda a pasar momentos, tanto difíciles como felices, pero ya llevarlo al punto éste de que nada más haya alrededor… como que no”.

Ayer mismo en Facebook dejé caer que te iba a entrevistar, y que me había puesto a revisitar vuestras primeras obras. ¿Sabes lo que me sorprendió? Sin decir nada, sin entrar en ningún juicio de valor sobré qué es Opeth ahora o qué era antes, se montó un buen sarao en los comentarios de mi post. A vuestro favor hay que decir que, ese tipo de reacciones, sólo las consiguen bandas que han sido realmente importantes para la gente. Quiero decir, si Metallica o Sepultura no hubieran marcado a varias generaciones, desde luego no surgirían opiniones tan viscerales, airadas incluso, sobre sus cambios estilísticos. Es decir, dice mucho de vuestra importancia dentro del metal contemporáneo que surja ese debate constantemente.
“Ya, ya… Sí, sí, totalmente, y somos conscientes de esto, ¿eh? Porque, ya te digo, cuando la gente, los viejos fans, por decirlo así, cuando vienen y nos halagan por los antiguos discos, o se quejan de que no hay guturales en los nuevos, la verdad es que, y lo comentamos con Mikael muchas veces, es que nos halagan. Cuando nos están diciendo ‘vaya mierda esto que estáis haciendo ahora’, nos halagan un poco, porque seguramente hemos hecho algo bien en el pasado para que esta persona diga esto, y de la forma en que lo dice. Tenemos que haber hecho algo bien, algo que les ha llegado, y eso lo comentamos. Y sí, yo creo que Opeth, más allá de si te gusta o no, es un grupo del que no existen dos, no existen dos Opeth, y menos hoy en día. Si vas a un festival, y tocan Opeth… Opeth es Opeth, y el resto es diferente. Creo que esto es lo más difícil de conseguir en la música, la originalidad del sonido éste, peculiar, como lo tenían Metallica o Sepultura antes, o Black Sabbath, que tú los escuchas y directamente sabes que es Black Sabbath. Esto es lo que se ha perdido un poco con los años en el metal, yo creo. Las bandas han perdido identidad y se han volcado mucho en la tecnología, y esto ha hecho que todos los grupos prácticamente suenen igual. Y compositivamente, las bandas no han tenido la originalidad o las ganas de hacer algo totalmente diferente, y yo opino que eso es lo que se aprecia cuando una banda hace algo que, dentro de su rama, no es comparado con nada del resto. Creo que Opeth está en esa posición”.

PAU NAVARRA