Hace unos días se estrenaba a través de YouTube, Sin Tu Permiso – Nosotras en la escena hardcore y punk estatal, un interesante documental realizado por Esther Galván Rubio, Carolina Herrero Schell, Marina López Baena y Ana Martínez Martín que nace como un punto encuentro entre el punk y el HC y los feminismos.

Aunque las cosas han ido cambiando en los últimos años, durante mucho tiempo la escena musical era un territorio casi exclusivamente masculino. Cuántas veces nos habíamos preguntado ¿dónde están las mujeres? Pues posiblemente estaban, pero no las veíamos, o peor, no nos molestábamos en verlas. Sin Tu Permiso pone la lupa en ellas. A través de decenas de testimonios de artistas, promotoras, diseñadoras o DJ’s este documental DIY observa la escena punk y hardcore del estado desde una mirada feminista. Durante algo más de una hora podrás descubrir un buen número de grupos que quizá no conocías, pero más importante todavía, quizá te haga plantear tus propias actitudes o animarte a empezar tu propio proyecto.

Para conocer más sobre el documental, contactamos con sus directoras, quienes respondieron nuestro cuestionario de manera conjunta porque como nos dijeron “todo lo hacen de manera colectiva”.

¿Cómo surge la idea de hacer el documental?
“La idea surge cuando nos cruzamos con la obra Pretty In Punk. Girls ‘s Gender Resistance In A Boy´s Subculture y quisimos realizar una investigación sociológica feminista en formato documental. Lo que terminó de dar forma a la idea, y de animarnos a llevarla a cabo, fue que la primera vez que nos sentamos a hablar del proyecto conversamos durante horas sobre bandas, festivales, proyectos, letras… pero también sobre las agresiones que habíamos sufrido o de las que habíamos sido testigos, del subidón de estar en espacios feministas o encontrar bandas y letras que te representan. Por último, veíamos que la memoria que se estaba construyendo, al menos la que contaba con más visibilidad, olvidaba de nuevo a las mujeres, bi, bolleras, maricas y trans* así como muchas de las tareas que sostienen esta escena y que tradicionalmente han estado feminizadas. Así pues, nos tiramos a la piscina, animadas por las voces y prácticas feministas, y por los silencios patriarcales en esta escena”.

Sin Tu Permiso está dirigido a ocho manos. ¿Qué relación teníais entre vosotras? ¿Compartíais las cuatro el enfoque del docu o había diferentes visiones?
Sin Tu Permiso somos Ana y Esther, comunicadoras audiovisuales, y Carol y Marina, sociólogas especializadas en feminismos. Éramos amigas por separado desde hace años y nos juntamos para hacer el documental porque nos conocíamos de los conciertos y festivales e intuíamos afinidades que luego han resultado ciertas. La verdad es que a pesar de que nuestra amistad y nuestra confianza se ha construido a lo largo de estos años de proyecto, no creemos que hayamos tenido enfoques diferentes. Además, siempre hemos considerado importante asegurarnos que todas estuviésemos cómodas con la forma en la que se estaban haciendo las cosas, todo ha pasado por procesos de análisis y reflexión conjuntos que han permitido que este proyecto fuese creciendo con nosotras”.  

¿Cuánto tiempo os llevó realizarlo y con qué medios contasteis?
“El documental nos ha llevado alrededor de cuatro años entre pre producción, rodaje y post producción. Ha sido un proyecto totalmente autogestionado, hicimos un crowdfunding cuando comenzábamos y hemos continuado vendiendo merch para poder sufragar los gastos, principalmente de los viajes para realizar todas las entrevistas que queríamos, en total han sido más de 70 en diferentes lugares del estado. Este documental es un proyecto DIY y se ha llevado a cabo con muy pocos medios (una cámara, un par de micros, un foco y un ordenador) y gracias a las entrevistadas, las bandas, las personas que nos han apoyado, los espacios y proyectos, con los que hemos ido tejiendo una red que se suma a las redes feministas que ya existían dentro del HC y el punk, o que se han creado durante estos años. Sin esta red, ni habría sido posible ni habría merecido la pena”.

Punk femenino, punk hecho por mujeres, punk feminista o simplemente punk… A nadie le gustan las etiquetas, pero ¿con cuál os sentiríais más cómodas a la hora de describir a los grupos que han participado?
“Hay colectivos, proyectos y bandas que emplean ‘etiquetas’, para auto identificarse dentro de un contexto que las invisibiliza o al que se oponen, como ‘festival feminista’ o ‘banda queer’. La interpretación de las ‘etiquetas’ cuando es identitaria o política no es lo mismo que las ‘etiquetas’ que se ponen, desde fuera y desde posiciones de privilegio, a algunas bandas, para diferenciarlos del punk o del HC ‘de verdad’, que es el que hacen los tíos.  Sobre las personas que hemos entrevistado, la etiqueta será con la que cada persona, proyecto o banda haya decidido identificarse, hemos entrevistado a una gran variedad de personas, muy diversas en cuanto a gustos musicales y posicionamientos políticos. Pero citando a una compi que habla en el documental ‘Si no es feminista no es punk, si no eres feminista, no eres punk‘”. 

Uno de los aspectos positivos es que sirve de escaparate para un montón de grupos que quizá mucha gente no conozca. ¿Era otro de los objetivos?
“Sabemos de las dificultades que tienen en ocasiones algunos grupos que no están formados por cisvarones heteros para darse a conocer o para librarse de la falsa meritocracia, el estigma de ‘cuota’…  En este sentido, si el documental ha servido para que las personas que lo ven amplíen la mirada y conozcan nuevas bandas, para nosotras también es una satisfacción, aunque no era el objetivo inicial que nos planteábamos.
Nosotras buscábamos objetivos más globales, entre ellos poner de manifiesto que siempre hemos estado ahí, así como visibilizar tareas y otras formas de participación con menos visibilidad y reconocimiento, como preparar la cena para un concierto o acoger a bandas en casa… tareas además tradicionalmente feminizadas y que también son esenciales para mantener esta escena”.

Algo que me llamó la atención es el de los conciertos no mixtos. ¿Cuál es vuestra opinión al respecto? Por un lado entiendo la necesidad de crear espacios seguros para las mujeres, pero por otro lado, ¿no hay el peligro de que el mensaje tenga un alcance limitado?
“Si entendemos que el único objetivo de introducir la mirada feminista en la escena punk y HC es visibilizar los privilegios de los cisvarones heteros y contribuir a que modifiquen su comportamiento sí, el alcance será limitado. Pero la mirada feminista no es esto, es construir otros espacios y otras formas de relacionarnos, es señalar, pero también construir refugios. Creemos que es algo necesario, como en todos los espacios politizados, y el documental evidencia esta necesidad que tenemos determinados colectivos de estar en espacios no mixtos. en general, no nos sentimos igual de cómodas, libres o seguras cuando los conciertos son mixtos, que cuando un concierto o festival tiene una mirada feminista y además es no mixto, la energía es diferente y es algo muy evidente. Si existen es porque hay una necesidad, quienes no ven esta necesidad seguramente sea porque no se encuentren entre quienes los necesitan”.

Muchos testimonios exponen actitudes machistas dentro de la escena, posiblemente más frecuentes de las que como hombre era consciente. ¿Os sorprendió a vosotras o era algo que también habíais experimentado?
“No nos sorprendió porque nosotras mismas habíamos experimentado y sido testigo de actitudes machistas dentro la escena, algo que se hace más evidente cuando eres feminista. Al final el punk y el HC no están libres de comportamientos machistas, al igual que ocurre en el resto de espacios de la sociedad, aunque no debería ser así ni se cree que sea así. El hecho de que las entrevistadas, que proceden de distintos lugares y tienen edades diversas, coincidan en tantos aspectos de sus relatos respecto a este tema supuso una confirmación tanto de estas discriminaciones y violencias como de la necesidad de encontrarnos y construir relatos colectivos que nos permitan reconocernos, empoderarnos y construir juntas”.

El documental combina información, reivindicación y denuncia. ¿Con qué idea principal os gustaría que se quedase el espectador después de verlo?
“Es curioso porque la percepción cambia según quién lo vea, los cisvarones heterosexuales nos hablan de ‘lo que han aprendido’ y las demás hablamos de ‘sentirnos identificadas’, ‘de tener ganas de montar un proyecto’ y esta es la idea principal que nos gustaría trasmitir, porque este documental nace como un proyecto de encuentro entre el punk y el HC y los feminismos y entre todas nosotras, una idea que se resume en una canción de Turbulentas, ‘El Punk También Es Nuestro’. Entendemos que se revisen comportamientos y actitudes machistas tras el visionado del documental, pero este documental no es para ellos, como solemos decir, no somos una lección de pedagogía ni un sello de calidad, ni hemos venido a lavar conciencias. Hemos venido a hacer esto para nosotras y desde nosotras y sin tu permiso”.

Para terminar, visto el buen resultado ¿estáis trabajando en algún otro proyecto parecido?
“Una espinita que se nos ha quedado clavada es la posibilidad de hacer una gira de presentación. Son muchos los proyectos y muchas las personas que nos han acompañado y sostenido durante estos años, y teníamos muchas ganas de poder compartir con ellas este momento. En este sentido, en cuanto la situación lo permita, nos gustaría poder realizar la gira que no pudo ser a consecuencia de la pandemia. Por otro lado, hemos estado pensando en diferentes formatos como podcasts, fanzines, conciertos… para dar continuidad al proyecto y a todo lo que se ha construido alrededor.  Queremos seguir creando redes y espacios de debate y visibilizando las disidencias en el punk y el HC, Pero por ahora estamos maquinando y midiendo fuerzas, pero tenemos claro que no queremos dejar de construir memoria y procesos colectivos feministas dentro del punk y el HC”.

JORDI MEYA