La banda más icónica del punk español está de vuelta. A mediados de marzo se hacía oficial que La Polla Records iban a realizar una gira por grandes recintos y a publicar un disco con viejos temas regrabados. Antes de empezar, el éxito está asegurado, y es que quien ríe último…

Reconozco que cuando se anunciaron las fechas para la primera gira de La Polla Records en 16 años pensé que igual se habían pasado de frenada. Llenar locales como el WiZink Center de Madrid, el BEC de Bilbao o el Palau Sant Jordi de Barcelona está al alcance de pocos, pero sin duda subestimé el poder de convocatoria del mítico grupo de Salvatierra. No sólo las entradas volaron, sino que al poco se anunciaron segundas fechas en todas las ciudades (también estuvieron en la Plaza de Toros de Valencia).

Será por nostalgia o será porque sus canciones son tan necesarias como en los 80, pero en cualquier caso puede considerarse un acto de justicia poética. Con la misma formación que presentaron en 2003, con Evaristo, Sumé, Abel, Txiki y Tripi, la banda también le ha quitado el polvo a una selección de los temas de sus primeros discos, Salve, Revolución y No Somos Nada, y los ha regrabado para el recopilatorio Ni Descanso, Ni Paz! (Discos La Polla/Cultura Rock) que incluye un tema nuevo de mismo título. Una buena manera de darle una segunda vida a un repertorio que a partir de septiembre volverá a ser cantado por miles de personas. De todo ello hablamos con el incombustible Evaristo en una visita promocional en Barcelona en la terraza de un céntrico hotel, acompañado de su pareja y su pequeña hija. La vida sigue.

¿Te ha sorprendido la repercusión que está teniendo la vuelta de La Polla Records?
EVARISTO PÁRAMOS “Al principio me sorprendió, pero luego me he hecho a la idea. Si te digo que me disgusta, te mentiría. Imagínate que montas una movida así y van a verte veinte; te lo pasarías bien seguro, pero no sería lo mismo”.

De todos modos, el planteamiento, de salida, ya era muy ambicioso.
“Sí, a lo bestia. No las teníamos todas, pero hicimos la prueba y ha salido muy bien. Está guapo porque es un rollo puntual que lo haremos una temporadica y ya está”.

¿Realmente va a quedar en esto o podríais estirarlo más?
“La idea es sólo hacer esto. En América todavía no hay fechas, pero las habrá. En Argentina creo que será en febrero”.

De hecho, ahí Gatillazo ya es un grupo enorme.
“Sí, pero en cuanto han oído que volvía La Polla se han puesto todavía más. Allí son siempre jóvenes. Son más libres de movimientos, más expresivos. Aunque la vida sea más perra. Quizá tenga que ver”.

¿Cuántos ensayos lleváis de cara a la gira?
“El repertorio entero lo hemos hecho una vez. A la siguiente semana estábamos todos enfermos. Es lo que tiene ser viejos (risas)”.

Hasta octubre hay tiempo.
“Sí, aunque en medio tenemos un montón de movidas de Gatillazo por ahí. Pero nos dará tiempo. Tendremos un equipo de sonido de puta madre. A mí las luces, que pongan lo que quieran; mientras alumbren me vale”.

¿Vas a seguir a la vez con Gatillazo entonces?
“Sí, es la idea. Vamos a echar un disco y luego, si salen festis, los haremos. Pero ya estoy hablando del año catapún. Si no nos hemos muerto ninguno, estará bien. Hay que tenerlo todo en cuenta”.

A raíz del retorno has estado en programas como La Resistencia, en La Sexta Noche, en radios generalistas… ¿Cómo te sientes en este tipo de medios?
“Sí, he estado en todos lados. Es una pena que no me hayan dejado estar en el congreso del PP. Mi condición hubiera sido tener la última palabra, a ver si los centraba un poco (risas). La verdad es que he sentido un poco de miedo porque iba cagao, pero luego he visto que me podría acostumbrar y he pensado… uuuyyy. Mejor hacerlo puntual”.

No sé si tienes la sensación como que buscan que la sueltes muy gorda.
“Sí, buscan sus cositas. Pero si aprietas bien el culito, no entran. Aunque también puede pasar que sea la quinta o la sexta entrevista y se te vaya un poco la pinza y, ¡pumba! He ido aprendiendo, pero siempre te pueden joder”.

Ahora está muy encendido el debate sobre la libertad de expresión…
“No ha existido nunca, ni existirá. Te dejan un cierto margen hasta donde les interesa. Puedes ver un programa con gente de izquierdas, pero a la que mentas la independencia, las verdaderas mafias, la industria químico-farmacéutica, la mafia de las armas, te cae la libertad de expresión en toda la boca. No existe. ¿Qué vas a hacer? Te cogen lo que hayas dicho, lo juntan con las idioteces que hayas dicho, los vicios que tengas, lo agitan y lo sirven en copa fría. Y ya tienes un idiota para toda la vida. Ya da igual lo que hayas dicho bien”.

Pero la sensación es que respecto a vuestra época, paradójicamente, se ha ido hacia atrás.
“Entonces estábamos menos vigilados porque tenían el problema del terrorismo, los obreros todavía daban un poco de miedo… tenían más frentes que atender. Se podían llevar un navajazo. Ahora lo llevan todo para adelante y están aplastándolo todo. La única esperanza es que haya alguna hormiga que libre”.

¿Y se te ocurre alguna solución?
“No sé. ¡También se le tendrá que ocurrir algo a la peña de ahora! Ahora hay mozos o mozas de 5 años que vete a saber por dónde te salen. Igual salen finos, ¿por qué no? Pero sigo teniendo esperanza, sino ya me habría matado. Sé cómo hacerlo. Hay maneras placenteras y otras chungas. Si un día me da un cáncer súper gordo, igual me voy de visita a algunos sitios que yo me sé. Ahí queda eso”.

¿Te alegras de haber crecido en la época en la que lo hiciste?
“Me tengo que alegrar porque es la que me tocó. No puedo elegir otra. No tengo llantos por la época que me tocó y me acuerdo de cosas y de gente muy guay. Y luego de historias y gente muy chunga (risas). Pero parece que nos tocó la época del capitalismo más guapa, con las mejores vacunas, cuando se empezó a comer bien en España, el boom económico… súper guay todo (risas)”.

¿Cómo eras de niño?
“Era muy modosito y muy obediente. Y luego cuando me quedaba solo, un poco cabrón. Me gustaba estar solo”.

¿Qué cabronadas hacías?
“No se pueden contar. Hay cosas que es mejor llevarse a la tumba y que no salgan, no vayan a afectar a los herederos (risas)”.

Ahora que has sido padre de nuevo, ¿de siempre habías querido tener hijos?
“Yo de joven decía ‘cómo vas a traer hijos a esta puta mierda de mundo de gente deficiente’. Pero luego te encuentras con la persona adecuada. No tenía previsto nada, pero la vida es así”.

¿Te ves siendo abuelo?
“No me importaría. Pero de momento ya tengo bastante trabajo con ser padre”.

Con el anuncio de la gira también ha llegado un nuevo/viejo disco, Ni Descanso, Ni Paz!.
“Sí, hemos regrabado una selección de los tres primeros discos porque estaban muy palangana. Tenían un sonido muy flojito y ahora ha quedado una cosa bastante aparente. ¿Y dónde mierda ibas a meter una canción nueva? Pues la metes aquí. Ya somos mayores para lanzar un tema sólo por internet”.

¿Pero os habéis planteado hacer más canciones nuevas?
“No nos lo hemos planteado. Si andamos locos haciendo el puto repertorio… (Risas) Primero ya es un cristo juntarnos para ensayar, porque aparte de los tres, están dos de Gatillazo que tienen sus curros, uno cartero, otro en la fundición… de profesión: sus movidas. Luego nos hemos tenido que poner de acuerdo en las canciones porque somos cinco a discutir… Pero ya lo tenemos”.

¿Cómo te has sentido revisando los temas viejos?
“Me he dado cuenta de que no sé cómo mierda las cantaba sin asfixiarme. Y también que Sumé era el que cantaba mejor de La Polla Records con diferencia, el que mejor entonación tiene. Pero estuvo bien. Luego me recordé que entonces tenía que grabar con el micro fijo, mirando la distancia, era una puta mierda. Creo que el último de La Polla ya lo pude grabar con el micro en la mano”.

¿Con qué medios se grabaron esos primeros álbumes?
“Para lo que había grabábamos en sitios que se suponía que eran buenos. Pero te encontrabas con técnicos que eran un poco pijos, y tú eras joven y un poco zafio. Con el analógico era más complicado, pero más bonito. La música era un rollo físico. Veías la cinta y te decían dónde iban los graves de la batería y dónde los agudos. Era entendible. Luego ya lo pasaron todo a un ordenador y ahí ya me perdí. Cuando pareció que iba a aprender algo, me cambiaron toda la jugada. Siempre me ha pasado lo mismo. Llego tarde a todas”.

¿Tenéis idea de los discos que llegasteis a vender en la época?
“Prefiero no pensarlo mucho porque me entra mala hostia. Más que por el dinero, porque nos engañasen como a un primo. Son cosas que pasaron. Nos dábamos cuenta de que nos engañaban, pero no del volumen de engaño. Pero nos la sudaba porque con lo que nos llegaba nos bastaba. Lo que te sacabas de conciertos, más lo que te daban, más lo que te llegaba de la SGAE, pues nos bastaba y nos sobraba porque, A, nos íbamos a morir enseguida y, B, no nos íbamos a morir nunca, y al final ni una cosa ni la otra. Pero ya basta. Ya que no nos hemos muerto, la última es nuestra. Aunque hayamos perdido la partida al tute, por lo menos nos tenemos que llevar las diez últimas. Aunque algunos se han llevado las cuarenta un montón de veces (risas)”.

En todos estos años, ¿has visto algún grupo que haya conservado el espíritu de La Polla Records?
“No, pero el espíritu de la movida está en cada grupo que ha seguido, cada uno con su manera de hacerlo. Hay un montón de grupos, pero las diferencias sólo se ven si miras con lupa. Cuanto más te alejas, más se parece todo”.

¿Qué te hubiera gustado ser si no hubieses sido Evaristo de La Polla Records?
“Me hubiera gustado estudiar el origen de las palabras, etimología, y también historia. Pero ir a investigar. Ser un ratón de biblioteca. Igual hubiera sido mejor escritor”.

¿Te gustaría escribir unas memorias?
“Memorias no porque hay mucho que no me acuerdo. Para los años, lo tendría muy liado (risas)”.

Bueno, vuestras canciones ya son una manera de contar una época.
“Nuestras canciones eran una manera de decir ‘sois unos hijos de puta, pero por esto, esto y esto’. No hay debate. Los RIP simplemente decían ‘sois unos hijos de puta’ (Risas)”.

¿Crees que fue una pena que se perdiera tanta gente de esa generación de músicos?
“Sí, pero al no ser yo uno de los muertos no te afecta lo mismo. Pasa en todas las generaciones, pero había mucha gente muy válida que se perdió en el camino. Colegas o no colegas. Sobre todo cuando se va a la mierda un colega por una tontada, te jode. Pero bueno, para cada mono tenemos un plátano. En cada generación hay cosas para despistar al animal”.

¿Faltó cabeza?
“No faltó cabeza, pero éramos jóvenes y también queríamos vivir. Queríamos vivir y nosotros éramos los siguientes a los hippies. Ellos eran más de campo, y nosotros éramos más de camina, machaca, pisa el asfalto. Es una tontería como otra cualquiera. También había una glorificación de las drogas, de los grupos que nos gustaban, la factoría Warhol… Pero no hay que confundir el rollo individual que lleva alguien que te gusta con tu propia vida. Es como las religiones. Lo que dijo Jesucristo, si es que existió, pues valdría para la peña que vivía entonces, pero no 2.000 años después. Como el budismo, como todo. Si esa peña resucitase ahora nos dirían si estamos locos. Diría ‘¿Cuándo dije yo lo del sacerdocio? ¿Dónde están las titis?’ (Risas)”.

Para terminar, ¿tienes algún capricho en la vida que no te hayas dado todavía y que te lo estés reservando?
“Antes de morirme me gustaría tener un sitio donde hubiera árboles, agua, animales, un bosque… No me importaría que fuera mío o no, pero que no apareciese nadie en un par de años. Es un sueño que tengo. Perderme un par de años y aparecer con una estaca y el pelo largo, y al primero que me encuentre, matarlo y darle un montón de palazos porque me he vuelto loco perdido. Es un sueño que tengo desde los 15 años… y voy para 59 (risas)”.

JORDI MEYA

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