Capaz de hacer con la guitarra lo que otros ni siquiera pueden soñar, Joe Satriani ha disfrutado a lo largo de su carrera de un éxito del que pocos instrumentistas han gozado, con más de 10 millones de copias vendidas y 15 nominaciones a los Grammy. Este mes regresa con Shapeshifting, otro álbum en el que vuelve a exprimir todos sus recursos sobre el mástil.

Sólo por la lista de grandes guitarristas que ha tenido como alumnos, desde Steve Vai a Kirk Hammett pasando por Alex Skolnick o Larry LaLonde, Joe Satriani ya merecería el calificativo de maestro de maestros. Si a eso le añadimos su extensa discografía, a la que sumará un nuevo capítulo el próximo 10 de abril con Shapeshifting (Sony), es normal que conserve intacta su reputación como uno de los mejores guitarristas de las últimas décadas.

Mientras otros guitar heroes de los 80 han caído en el olvido, Satriani sigue contando a sus 63 años con una fiel masa de seguidores por todo el mundo y el respeto de otros grandes músicos. De ahí que, en cada uno de sus trabajos, le encontremos arropado por alguno de ellos. En el caso de Shapeshifting se trata del batería Kenny Aronoff, el bajista Chris Chaney y el teclista Eric Caudieux. Un trío que le ha permitido materializar la visión más ecléctica que tenía para este álbum y con el que,  en cierta manera, quería volver a sus orígenes.

Satriani tenía previsto presentar su nuevo disco en España en junio, pero debido al coronavirus se ha tenido que aplazar hasta otoño. A la espera de tener las fechas definitivas, os dejamos con la charla que mantuvimos con él hace unos días.

Si te tengo que ser sincero, a excepción de tus discos con la superbanda Chickenfoot, en la última década te había perdido bastante la pista. ¿Está Shapeshifting conectado con lo que venías haciendo últimamente o es algo distinto?
JOE SATRIANI “No sabría decirte, la verdad. Como compositor siempre escribo según me siento e intento grabar esas historias de la mejor manera. Pero al mismo tiempo, también busco tener nuevas experiencias, y eso siempre depende de lo último que haya hecho. Así que en este caso mis últimas experiencias fueron grabar un disco durante doce meses, luego formar parte de la gira G3, y luego girar como trío con el Experience Hendrix Tour. Así que todo eso me motivó a hacer un disco en el que tocara en un estilo distinto en cada tema, de ahí que se llame Shapeshifting. En lugar de tener una dirección determinada, fui al otro extremo y me obligué a hacer canciones que me forzaran a tocar de manera distinta. Fue muy inspirador tanto para mí, como para Kenny, Chris y mi productor Jim Scott. Esa libertad nos aportó una energía extra cada día que íbamos al estudio”.

Éste es tu decimoséptimo álbum. No tiene que ser fácil encontrar nuevas maneras de expresar tus sentimientos.
“Pues mira, en cierta maneras ahora me es más fácil grabar un disco. Tengo tanta experiencia que ya no me asusta hacerlo. La primera vez que entré en un estudio tenía 16 ó 17 años y estaba en estado de pánico. Pero ahora me siento muy cómodo con lo que puedes conseguir en un estudio y sé que puedes corregir y modificar las cosas si es necesario. Ahora que soy mayor creo que soy más capaz de ser honesto en mis composiciones. Cuando eres más joven quizá eres más cauteloso. Estás más preocupado por tu imagen, por tu carrera, pero ahora nada de eso ya me preocupa. Lo que sigue siendo difícil es ser bueno (risas). Siempre tienes que esforzarte para hacer algo bueno”.

Para este disco te has rodeado, como siempre, de músicos excelentes como Kenny Aronoff. ¿Por qué ellos en particular para este proyecto?
“Kenny estuvo en Chickenfoot durante un año y todo el mundo sabe que es una leyenda, uno de los baterías que ha formado parte de más grabaciones de la historia. Y además es un tío muy especial, una gran persona. Si tienes la oportunidad de sentarte con él, lo verás. El caso es que él también estuvo en el Experience Hendrix Tour junto a Doug Pinnick (King’s X), así que pasé mucho tiempo con él. Kenny tiene la habilidad para hacer que una canción suene mejor. Le das una maqueta con un loop de batería y sabe interpretarlo para hacerlo más excitante. A veces lo hace más complejo y otras, lo simplifica, pero siempre acierta. Y además, su sonido es increíble. Muchas veces grababa una sola toma y Jim Scott decía ‘suenas como la mejor máquina del mundo’ (Risas). Es súper consistente. Controla de manera imposible el sonido de la batería mientras toca. Suena como si fuera el mejor sampler de batería”.

¿Y Chris Chaney?
“Hace años grabé un disco con él llamado Unstoppable Momentum y me impresionó mucho su diversidad estilística. Así que era perfecto para este disco. Es capaz tanto de tocar rock’n’roll como de hacerlo en una banda sonora. Tiene un gran groove, es muy flexible y siempre viene totalmente preparado al estudio. Es genial para trabajar. Y en cuanto a Eric Caudieux, llevo trabajando con él desde el 96 y hemos grabado muchos discos y girado juntos. Es co-compositor, coproductor, teclista, editor, y es alguien en quien siempre confío a la hora de compartir mis ideas. Me encanta trabajar con él”.

¿En el estudio les marcas mucho una pauta o les das libertad absoluta?
“Depende mucho de cada canción. Por ejemplo, hay una llamada ‘All My Friends Are Here’ en la que toqué el bajo en la maqueta, en la que las líneas están totalmente integradas con la guitarra rítmica. Chris las memorizó todas, y sólo añadió un par de notas. Pero en otros temas hace lo que quiere. La verdad es que esta vez teníamos poco tiempo de estudio, así que en general siguieron lo que yo había hecho en las maquetas porque ya estaban muy detalladas. Otras veces, como con Chickenfoot, hemos ido componiendo mientras grabábamos porque teníamos un mes entero para hacerlo, pero esta vez no fue así. Tuvimos que grabarlo todo en nueve días y marcharnos (risas)”.

“Ahora que soy mayor creo que soy más capaz de ser honesto en mis composiciones” JOE SATRIANI

¿Podrás tenerlos contigo en esta gira?
“Bueno, Chris está comprometido con Jane’s Addiction en cuanto a lo de tocar en directo y Eric trabaja a tiempo completo como editor en Los Ángeles, así que no será posible. Kenny sí que estará conmigo en esta gira, Bryan Beller de Aristocrats sí estará conmigo como en los últimos seis años como bajista, y luego estará un fenómeno australiano, un nuevo amigo: Rai Thistlethwayte será el teclista y guitarra”.

Tus líneas de guitarra son casi siempre muy melódicas, casi como si estuvieran pensadas como una melodía de voz. ¿Es así como las concibes?
“Simplemente es lo que me gusta. La generación anterior a mí, Eric Clapton, Jeff Beck, Jimmy Page, Keith Richards, Ron Wood, crecieron muy cerca el uno del otro, pero todos eran distintos. Así que no importa en qué ciudad hayas crecido o en qué época, al final es una cuestión de tu gusto personal. Aunque yo crecí al mismo tiempo que muchos otros guitarristas, había cosas que me aburrían y que no me molesté en aprender, y cosas que me impactaban, fuera Miles Davis, Jimi Hendrix, Tony Iommi o George Harrison. Si me impactaban, acababan formando parte de mí. ¿Por qué hay piezas musicales que nos llegan al corazón y otras no? No lo sé. El caso es que nunca me ha importado tocar menos notas si con ellas conseguía crear un momento musical que fuera esencial para la historia de una canción en concreto”.

Aunque has tenido la oportunidad de tocar junto a grandes cantantes como Mick Jagger o Sammy Haggar, siempre te has orientado a la música instrumental. ¿No tienes paciencia para las chorradas de los cantantes?
“Hacer música instrumental fue un accidente, pero para mí era una experiencia musical demasiado gratificante como para renunciar a ella. En 1993, estuve seis meses tocando con Deep Purple y me ofrecieron unirme al grupo, pero, aunque sean una leyenda y fueran geniales como personas, no me veía sintiéndome satisfecho tocando las notas de Ritchie Blackmore para siempre (risas). Quizá desde un punto de vista profesional fue un error, pero me llenaba mucho más poder tocar mi propia música para mis fans. No me veía haciendo algo por el dinero o la fama por encima del arte. Por ejemplo, con Chickenfooot podía combinarlo todo y por eso lo hice: estar en una banda con músicos legendarios, pero al mismo tiempo crear algo propio”.

¿Volveréis a grabar con Chickenfoot?
“Con ese grupo nunca se sabe. Todo el mundo está muy liado con sus propias cosas, pero si sale la oportunidad, lo haremos”.

Cuando tú saliste a finales de los 80, los guitarristas eran piezas fundamentales en las bandas de rock y abriste la puerta para muchos guitar heroes. ¿Cuál era la relación entre vosotros? ¿Había un sentido competitivo de querer superar a los demás?
“La percepción que había desde fuera era muy distinta a lo que pasaba dentro. Steve Vai y yo hemos sido amigos desde que éramos niños y siempre nos hemos ayudado. Así que no había competencia entre nosotros. Sé que había otros guitarristas que iban de ese palo, pero esa nunca ha sido mi escena. Salía en revistas de metal, pero yo no hacía metal, y también salía en revistas de blues, aunque no hiciera blues. Creo que en parte no me veían como un competidor porque siempre fui por libre, no intentaba conseguir un trabajo entrando en una banda. Cuando empecé con las giras G3 fue precisamente para que unos pudiéramos aprender de los otros tocando juntos. El público ya sabe qué guitarrista es su preferido, así que no se trata de plantearlo como un torneo. Me llevó tiempo convencer a otros guitarristas porque tenían miedo, pero al final se demostró que podía ser un gran éxito”.

Siempre me ha resultado increíble que Steve Vai y tú, dos de los mejores guitarristas de la historia, salierais del mismo sitio en el mismo momento.
“Sí, es muy inusual que dos chavales de Long Island pudieran hacer realidad su sueño. En enero tocamos dos veces juntos en Los Ángeles, y fuimos a cenar, y volvimos a decirnos la suerte que tenemos de seguir activos, seguir siendo amigos y seguir divirtiéndonos. Es una de las mejores relaciones que he tenido en mi vida”.

Aparte de Steve, de todos los alumnos que has tenido, ¿con cuál sentiste que tenía un talento especial la primera vez que le viste tocar?
Oh, ha habido muchísimos. El otro día escuchaba el disco de Metal Allegiance en el que metí un solo y todos los guitarristas que están ahí son increíbles, pero Alex Skolnick es espectacular. Siempre pensé que Alex nació siendo músico. Su corazón y su cerebro están conectados a la música. Y tiene dedos mágicos, eso ayuda (risas). Si tienes esas tres cosas, puedes cambiar el mundo. Sus ganas de aprender son increíbles y eso se manifiesta en todo lo que ha hecho, puede tocar bebop y puede tocar metal con Testament por todo el mundo”.

A finales del año pasado reeditaste Surfing With The Alien, el disco que te puso en el mapa en 1987. ¿Qué recuerdas de su grabación? ¿Sentías que estabas haciendo algo rompedor?
“No, no, para nada. Fue un disco muy complicado de hacer porque no había ningún apoyo para hacer un álbum así. Era un estilo muy poco popular. Hice unas maquetas y tuve que hacer una prueba en directo para la discográfica para que me diera un presupuesto mínimo para terminar el disco. Fue muy estresante. Así que el álbum se fue haciendo durante nueve meses, haciendo horas aquí y allá. Terminé el disco haciendo de músico de sesión a cambio de tener más tiempo en el estudio. Fue muy, muy duro. Y durante el mastering hubo un problema técnico y tuvimos que remezclar una cara entera. Cuando lo sacamos, John Cuniberti y yo pensamos que se reirían de nosotros porque no había nada parecido. Lo habíamos hecho para nosotros, pero estábamos preparados para que nadie le hiciera ni caso. Así que fue un shock cuando salió el disco en octubre de 1987 y recibí una llamada de que había entrado en el puesto 186 de las listas Billboard. Para mí era alucinante. Y a partir de entonces cada semana me llamaban y me decían ‘no lo vas a creer, pero el disco está subiendo en las listas’. Y acabó llegando al puesto 29 y estuvo en las listas durante nueve meses. Era demasiado bonito para ser verdad. Me encantó que las radios pusieran ese disco, pero fue una verdadera sorpresa. Ese álbum es el que mejor representaba mi manera de tocar, así que estoy muy orgulloso de que fuera también el que me dio a conocer”.

Para terminar, siempre he tenido una curiosidad. Cuando en 1998 publicaste Crystal Planet, apareciste con la cabeza afeitada en la portada, una imagen que has mantenido hasta ahora. ¿Fue simplemente porque se te estaba cayendo el pelo o había alguna razón más filosófica?
“Ésa es una historia divertida. Un día estaba corriendo por San Francisco y hacía mucho viento, y el pelo se me estaba metiendo en la cara. Y me paré en una esquina, y en una tienda había un anuncio de una máquina para afeitarte el pelo. Entré y la compré. Volví a casa y estaba harto de tener un pelo muy fino, con clapas, así que pensé ‘soy un tío adulto, tengo un hijo, para qué quiero el pelo largo’. Así que me afeité la parte izquierda de la cabeza y llamé a mi mujer y mi hijo, pero de perfil, enseñándoles el lado derecho con el pelo todavía largo, y cuando vinieron me giré y vieron mi cabeza afeitada (risas). Mi hijo alucinó. Y luego me afeité el resto. Para mí era una cuestión de mostrarme tal como soy. Siempre cuesta no esconder lo que intentas ocultar, así que pensé que lo sincero, también para mis fans, era mostrarme tal como era. Siempre he querido ser honesto con mi música, así que lo más coherente era también hacerlo con mi aspecto”.

JORDI MEYA

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