A pesar de varios retrasos en su publicación, el nuevo disco de Hamlet ha llegado a tiempo para redondear un buenísimo año para la música hecha en España. Oscuro, agresivo e inconformista, Berlín huele a que se convertirá en todo un referente dentro de su extensa discografía. ¿Cuántas bandas pueden decir eso después de 30 años de carrera?

La magia de la música es que no obedece a ninguna regla o fórmula matemática. Depende de millones de intangibles, desde la situación personal del artista a su inspiración, al contexto en el que se crea. De igual manera, la percepción del público también es igualmente impredecible. En algunas ocasiones, las menos, todo confluye para que se genere una corriente de energía positiva que eleva una determinada obra a un estado superior. Con Berlín (Maldito), la duodécima de Hamlet, parece haber sucedido justo eso. No es sólo el disco que la veterana banda madrileña necesitaba hacer, sino también el que sus seguidores necesitaban escuchar. Y por eso, más allá de sus muchos méritos musicales, lo hemos escogido como nuestro Disco del Año Nacional. Hay implícitamente un reconocimiento a un grupo que, a pesar de todos los obstáculos a los que se enfrenta cualquier formación de metal en nuestro país -algunos tan graves como el problema de salud que ha afectado a su guitarrista Luis Tárraga-, ha conseguido sobrevivir. Pero lejos de ser una celebración por lo que han sido, Berlín lo es de lo que son y pueden seguir siendo.

Antes que nada, me gustaría saber cómo te encuentras.

LUIS TÁRRAGA “Ostras… Sigo recuperándome. Esto va para largo. Tuve una operación muy jodida, de repente tuve una cosa con mucho riesgo de médula. Me podía haber quedado en el sitio, me podía haber quedado tetrapléjico, pero por suerte me lo cogieron a tiempo. Me metieron en el quirófano y era una operación muy peligrosa. Me está costando recuperarme, pero estoy bien, cada vez mejor. Sigo con muchos médicos, rehabilitaciones, etcétera, pero estoy muy animado, que es de lo que se trata. Me han dicho que me recuperaré prácticamente del todo y lo que me pasó no ha vuelto a reproducirse, así que estoy bien”.

¿Tenía alguna relación con los botes que pegas en el escenario?
“No, nada que ver. Lo que sí tenía que ver con los botes es que siempre me daba un tirón en cierta parte de la pierna, y una fisio me dijo que fuera al médico a hacerme una radiografía y allí fue cuando empezaron a salir otras cosas que no tenían nada que ver. Me metieron a hacer resonancias y ahí apareció lo otro. Fue de casualidad. Ya ves, quizá fue gracias a los botes que me cogieron lo otro a tiempo. Porque dicen que la médula no avisa, sino que caes en picado de un día para otro. Yo no soy nada de médicos, pero en diciembre ya habrán pasado dos años en los que no he parado de estar en hospitales y a vivir de una manera totalmente distinta. Fue un momento jodido porque tuvimos que suspender conciertos, pero también tuve tiempo para coger este disco con muchas ganas y aproveché para hacer canciones. Tuve dudas de si podría volver a subir a un escenario, pero cómo iba a renunciar a lo que más me gusta. Así que tiré para adelante y creo que la adrenalina del directo es la mejor medicina”.

El álbum transmite mucha energía y, a la vez, mucha oscuridad. Supongo que tiene que ver con todo esto.

“Sí, sí. Aunque Molly es el encargado principal de las letras, yo también le di ideas y le dije que el disco fuera por aquí. Es un álbum muy de contrastes, pasa de momentos difíciles a momentos poderosos. El estado de ánimo, no sólo en este disco, es lo que más te influye y aquí, especialmente, queda muy reflejado en la música. Las letras, aunque no todas, reflejan el estar jodido, pero también estar positivo e intentar revertir las situaciones”.

¿Es el título Berlín una metáfora sobre eso?
“Sí. Los títulos de nuestros discos siempre engloban las sensaciones que hay dentro. En el caso de La Ira era más obvio, pero en otros es más como una imagen, como si fuera una película. Con Syberia ya experimentamos el unir un título con un lugar, y pegaba mucho, y aquí es un poco lo mismo. Berlín es una ciudad que siempre ha resurgido, es una ciudad muy cosmopolita y atrayente de culturas, y a la vez muy luchadora. Tiene una historia tanto de brutalidad como de renacimiento. Nos pegaba mucho con el concepto del álbum”.

No sé si has leído la crítica que hicimos, pero David Garcell mencionaba una conexión con Syberia. ¿Tú también la ves?

“Lo que aprendimos con Syberia fue la vertiente más exageradamente melódica nuestra. Es un disco que nos hizo progresar mucho musicalmente. En Berlín se nota mucho porque podemos pasar de una parte súper agresiva a otra muy melódica. Nunca ha habido tanto contraste como en este disco. Hemos recuperado esa parte melódica syberiana, pero mezclado con mucha agresividad”.

“Creo que se nos valora porque hemos hecho que se nos valore. No creo que sea sólo por una cuestión de tiempo o por tener una trayectoria, sino porque la gente sabe que no vivimos del cuento”

Berlín está recibiendo críticas muy buenas. ¿Sientes que se os valora y respeta más ahora que quizá hace diez años?

“Yo creo que sí, pero ha costado. Creo que se nos valora porque hemos hecho que se nos valore. No creo que sea sólo por una cuestión de tiempo o por tener una trayectoria, sino porque la gente sabe que no vivimos del cuento. Todos los grupos que llevamos tiempo, tenemos unos discos marcados, de los que casi puedes vivir de ellos; a nivel de rentas musicales, te hablo. O el truquillo de hacer una gira de despedida de tres años y luego, cuando te arrepientes, vuelvo. Eso últimamente se está viendo mucho. Yo respeto lo que haga cada uno, pero nosotros hemos trabajado cada disco sin querer vivir de rentas del pasado. Supongo que, al final, la gente se da cuenta de que no estamos por estar y que, aunque nos hagamos viejos, nuestra música no se hace vieja. Creo que seguimos viviendo con la ilusión de un fan. Nos sentimos un grupo nuevo y eso es lo que hace que te ganes el respeto”.



Se nota un grupo vivo, que no se dedica sólo a reciclar lo que ya ha hecho.

“Cuando llevas una carrera con tantos discos es difícil, porque también quieres mantener tu sello. Nosotros no cambiamos por cambiar. Todo el mundo que nos sigue sabe que no queremos atraparnos en una etiqueta, pero también nos gusta ser Hamlet. Hay una identidad, unos riffs de guitarra, una manera de hacer… Molly con su voz, que hace que, aunque sea una canción más agresiva o más lenta, queremos que la gente pueda reconocer como Hamlet. Pero a la vez queremos que vean que es algo nuevo, no que es un Insomnio segunda parte”.

En este disco hay partes, transiciones, más experimentales a nivel de sonido. ¿De dónde salió todo eso?

“Molly y yo siempre hemos sido muy fans de Nine Inch Nails, ¿y te acuerdas cuando hicimos una versión suya (‘March Of The Pigs’ -ndr.) para vuestro disco del número 100? Pues ahí empezó un poco todo. Al trabajar sobre un tema con más electrónica, empezamos a ver que, si metíamos algo de eso en nuestras canciones, podíamos ganar una intensidad brutal. Éramos algo reacios, porque en ese momento La Ira ya estaba casi terminado, pero en el siguiente queríamos dar el paso. No es que quisiéramos pasarnos a ser un grupo electrónico, pero hay muchísimas pinceladas. Y hay cosas que a lo mejor a la primera escucha no se aprecian, porque no lo hemos puesto en primer plano en la mezcla, pero que están ahí. Hay cosas que parecen guitarras y a lo mejor no son guitarras, son modulaciones. En todas las canciones hay cosas de ésas, y a mí me encanta. Cada vez escucho más música así y me encanta. Nos ha ayudado un amigo mío, Pau Durán, y es casi todo tocado, muy analógico, con miles de aparatos, no hay apenas programación. Me ha encantado la experiencia. Pero ahora hay que ver cómo lo hacemos en directo (risas). Creo que llevaremos a Pau a bastantes conciertos. Y a los que no, hay que ver cómo lo lanzaremos Kevin y yo. Para mí fue muy motivador encontrar un camino con el que añadir cosas a tu música”.

Quizá sea muy pronto para decirlo, pero ¿crees que en el siguiente seguiréis por ahí?
“Sí. Creo que aún vamos a exagerarlo más. Se nos ha abierto un campo bastante grande. El miedo que teníamos era que se desvirtuara nuestra música o que quedara un poco ‘moñas’, pero hemos visto que no. A nosotros nos tira más la vertiente más noise o ruidosa, sonidos a los que no podemos llegar con efectos de guitarras o nuestras manos. Lo hemos utilizado para distorsionar baterías, partes de voz… Si quitáramos todas las pistas de electrónica, el disco quedaría bastante más desnudo”.

En todos estos años, habréis ido aprendiendo y cambiando vuestra manera de trabajar… ¿Cómo es una grabación vuestra a día de hoy?

“Al principio todo el mundo quiere meter baza en todo. Hemos aprendido ciertas cosas, como por ejemplo, confiar mucho en el productor, en este caso Carlos Santos. Y luego, a buscar un mezclador que junte las piezas. No queremos dirigirlo todo, queremos que la gente aporte su visión. Es lo que hicimos con Kurt Ballou en el anterior. Con Colin Richardson, que grabamos varios discos, le dejábamos y él hacía y deshacía. Y con Carlos Santos ha sido un poco igual. Nosotros ensayamos mucho y nos preparamos como si fuéramos a tocar en directo porque nos gusta ese punto crudo. Y en el estudio queremos que sea todo lo más natural posible. No estamos todo el rato encima, dudando y cambiando y pidiendo explicaciones. Hay que tener confianza en la gente y dar libertad”.

Siendo el compositor principal, ¿cómo te has ido adaptando a los distintos compañeros que has tenido como guitarristas? Ken lleva cuatro años con vosotros y su estilo es muy diferente al de Alberto Marín, que a su vez era distinto a Pedro Sánchez.
“Ken es más Pedro. Hemos recuperado muchas cosas que perdimos cuando se fue Pedro. Perdimos tralla, perdimos amistad, perdimos confianza… Lo digo así, aunque suene duro. Pero todas esas cosas tienen que ver para que un grupo funcione. Nunca me he cerrado a que los demás aporten ideas, no soy dictatorial, pero es que me encanta hacer canciones. Soy muy trabajador y enseguida me pongo a componer, y quizá por eso cuando llega un disco soy el que más cosas lleva. Y los demás confían en mí en ese aspecto. En este caso, Ken me ha ayudado muchísimo porque es muy abierto. No mira por él mismo, mira por Hamlet, y eso ha sido primordial. Y Paco (Sánchez, batería) y Álvaro (Tenorio, bajo) tienen un sello súper personal y meten sus partes como quieren. Somos un equipo. Aunque Molly y yo seamos los que llevamos las ideas principales, la personalidad del grupo es gracias a todos”.

Viendo el panorama político, con el auge de Vox, se hace más que nunca imprescindible que en todos los conciertos suene ‘Jodido Facha’, ¿no?
“Nunca la hemos quitado y con más razón no la vamos a quitar. No sólo por lo que ha pasado en Andalucía, sino por lo que pasa en Catalunya, en muchos sitios. Nosotros no somos ajenos a eso, y aunque en este disco haya letras muy personales, también hablamos mucho de la lucha que está por venir. Hay que estar alerta. Yo estoy alucinando. Estamos retrocediendo a pasos agigantados. Toda la censura que hay con las letras a raperos, a cómicos por sonarse con la bandera… El otro día nos preguntábamos que si hubiéramos sacado ‘Jodido Facha’ ahora igual nos pasaría como a Valtònyc”.

Por desgracia, es posible.
“Es muy posible. Quizá si hubiéramos tenido una exposición así, hubieran ido a por nosotros. Hay que ser consciente de lo que está pasando y cada vez más hay que tocar estas canciones. Los grupos tienen que aprovechar su estatus y sus letras para luchar contra eso. No podemos callarnos. Me parece muy peligroso y horrible el auge del fascismo y que se vaya contra la cultura. Hay que quitarse el miedo. Porque se empieza por las letras, se sigue con la imagen y se acaba con la música. Se acabará con todo lo que se salga de la norma. Ojalá todo el mundo tome conciencia y los artistas nos unamos para denunciar todo esto”.

JORDI MEYA