Con su nuevo disco Mirrorcell, Greg Puciato intenta distanciarse un poco más de la inevitable sombra que implica haber sido el explosivo frontman de The Dillinger Escape Plan desde 2001 hasta su separación en 2017. Hablamos con él a pocos días de que pise el Azkena Rock Festival como miembro de la banda de su nuevo amigo Jerry Cantrell.

No es nada habitual que un músico se medique antes de hacer una entrevista. O al menos que lo reconozca. Pero esta es una de las revelaciones que Greg Puciato nos hizo durante una larga charla en la que descubrimos que, bajo su amenazante físico, aunque ahora bastante menos que en los días en los que estaba al frente de The Dillinger Escape Plan,  se esconde una persona que vive con miedo.

Que se trataba de una persona más compleja de lo que proyectaba su apariencia es algo que ya se intuyó cuando empezó su proyecto electrónico The Black Queen en 2015, pero se confirmó todavía más con su debut en solitario, Child Soldier: Creator Of God, publicado en octubre de 2010. Ahí Puciato nos sorprendió con un disco en el que había de todo, desde temas folk donde sonaba a Elliot Smith a cañonazos de metalcore o rock industrial. En comparación, Mirrorcell (Federal Prisoner), que finalmente verá la luz el 1 de julio, no tira tanto a los extremos, centrándose en un rock oscuro y melódico de tonalidades ochenteras, pero que nos sigue ensañando a un artista inquieto y versátil.

Aunque normalmente vive en la Costa Oeste, cuando contactamos con él la semana pasada estaba pasando unos días en Baltimore, donde se crio, tras terminar su gira americana con Jerry Cantrell. Precisamente sobre esta extraña unión empezamos el cuestionario.

¿Cómo ha sido la experiencia de girar con Jerry Cantrell? ¿Podría convertirse en una colaboración que se prolongue en el futuro?
GREG PUCIATO «Jerry y yo somos muy amigos. Y también lo soy de Gil Sharone (batería) y Tyler Bates (guitarra), así que ha sido genial. Si voy a dejar mi casa y aparcar mi vida para salir a la carretera, quiero hacerlo con gente con la que me llevo muy bien. Tengo la suerte de estar en bandas con buenos amigos, y después de haber estado dos años en casa, está muy bien poder tocar de nuevo. Y poder cantar las canciones de Alice In Chains es algo de lo que nunca me canso. Por ahora, estoy comprometido con hacer todo este ciclo de la gira. En verano él hará algunos conciertos con Alice In Chains, así que ya veremos qué pasa. Su intención es seguir girando en solitario, y yo también saldré de gira con mi nuevo disco, pero intentaremos cuadrar las agendas para que podamos seguir tocando juntos. Seguro que llegará el momento en el que no sea posible, pero cuando llegue, ya veremos cómo lo hacemos. Por ahora estoy muy feliz, y tengo muchas ganas de poder ir a tocar a España con él. Creo que con Dillinger no llegamos a tocar en la última gira ¿no?».

Teníais fechas confirmadas, pero tuvisteis el accidente de autobús en Polonia y cancelasteis las fechas.
«Oh, sí el accidente. Es una pena. Creo que España es de lo países donde menos tocamos con la banda, pero siempre que lo hicimos lo pasamos genial».

¿Cómo empezó tu amistad con Jerry Cantrell? Venís de escenas muy distintas…
«Le conocí a través de Tyler Bates, que había tocado en Marilyn Manson con Gil, que es uno de mis mejores amigos de cuando tocó en Dillinger. Tyler es un músico increíble, hizo la banda sonora de John Wick, así que le va muy bien, pero giraba con Manson para divertirse. Con Dillinger coincidimos con Manson en varios festivales, así que también me hice amigo de Tyler. Además, los dos vivimos en la misma zona en Los Angeles, y empezamos a quedar cuando no estábamos de gira. El caso es que Jerry vive a una calle de Tyler, y un día Tyler me escribió diciéndome que Jerry tenía planeado dar un par de conciertos en solitario en Los Angeles y necesitaba a alguien para cantar las partes de Layne en los temas de Alice In Chains. Por lo visto habían probado a tres o cuatro cantantes, pero ninguno le convencía. Así que me dijeron si podía ir a casa de Jerry para probar. Lo chungo es que yo había salido la noche antes y tenía la voz bastante jodida, pero bueno, fui igualmente (risas). Nunca lo olvidaré (risas). Jerry es un tío muy directo y nada más llegar, me señaló dos taburetes en su salón, nos sentamos, cogió una guitarra acústica y empezó a tocar el principio de ‘Would?'».

Joder…
«Sí, tío, me quedé, en plan… ‘¿No me vas a decir nada?’. No había micros ni nada. Y de repente se pone a cantar la primera frase, ‘Know me broken by my master’, y yo empecé a cantar también. Y terminamos, y me chocó los cinco. Y le dije ‘¿Quieres que cantemos ‘Down In A Hole?’. Y me dijo, ‘Me da igual ¿quieres cantarla’. Así que también cantamos esa. Y me dijo ‘Bueno, tengo que hacer unas llamadas, ya te diré algo’. Y me fui de su casa sin entender nada de lo que había pasado (risas). Pero al cabo de diez minutos me llamó y me dijo que le había encantado y que si quería hacer esos conciertos. La verdad es que a partir de conocerle más, me di cuenta que podríamos haber sido amigos mucho antes. Es un tío genial. Si tuviéramos la misma edad y nos hubiéramos conocido antes, seguro que habríamos formado un grupo juntos. Es lo mismo que me ha pasado con Reba (Meyers) de Code Orange. Nos hicimos amigos de inmediato. Con Jerry, durante el COVID no paramos de jugar a Call Of Duty juntos (risas), y nos apoyamos mucho el uno al otro».

¿Conocías en profundidad la música de Alice In Chains antes de trabajar con él?
“Estaba muy familiarizado con los tres primeros discos, con los nuevos no tanto. No porque no fueran buenos, sino porque siempre estaba de gira. Pero el disco de retorno Black Gives Way To Blue era muy bueno. ‘Check My Brain’ fue un gran hit aquí. Cuando era un chaval era muy fan suyo. Uno de los pocos cassettes que tenía en mi coche era el de Dirt. La voz de Layne era una locura. Ni siquiera es el registro, porque puedo cantar esas notas, pero su tono y la personalidad eran únicas. Es algo que no se puede aprender. Todos los cantantes de los 90 eran impresionantes. Eddie Vedder, Chris Cornell, Zack De La Rocha, Mike Patton, Lanegan, incluso Trent Reznor, todos tenían una personalidad única desde el principio. Hay muy poca gente que ya en su primer disco sea tan distintiva. Me siento muy afortunado de haber crecido en esa época de grandes cantantes. Curiosamente quizá los guitarristas eran menos reconocibles. Pero incluso cantantes que no son tan buenos como Les Claypool, David Lee Roth, o Anthony Kiedis, los reconocías al instante”.

¿Crees que esa personalidad es lo que falta en muchos cantantes actuales?
“Sí. Pero no son solo los cantantes, sino las bandas. Es una cuestión de pasta. Nadie invierte en nada que no suene a algo que ya ha tenido éxito. Y en parte fue culpa del grunge. El grunge fue el último movimiento que cogió a la industria por sorpresa, y ya no van a permitir que les vuelva a pasar. Que el rock ya no sea el sonido más popular tiene que ver con eso. ¿Cuántos cantantes de los últimos 20, 25 años podrías comparar a los de los 90? Quizá Chino (Moreno), Serj (Tankian)… No hay mucho más. Quizá Chester Bennington. Aunque no me gustaba su música tengo que reconocer que era reconocible. Obviamente puedes encontrar cosas únicas en bandas pequeñas, pero hablo de bandas que alcancen el mainstream”.

Centrándonos ya en tu nuevo disco, si me permites hacer un poco de psicología barata, escuchando tanto este como el anterior tengo la sensación de que eres una persona muy sensible que antes se escondía detrás de una música, e incluso, un cuerpo, amenazante, para protegerse. ¿Hay algo de eso?
“Sí, claro. Usaba la agresividad como defensa. Creo que es bastante obvio, incluso ahora físicamente no soy tan corpulento. Me cuesta mucho ser vulnerable o que la gente se acerque a mí. Todavía me cuesta y no será fácil cambiar. Si me conocieras, verías que soy una persona difícil. Soy introvertido, hijo único… No me gusta hablar con la gente. Me he tenido que tomar una pastilla para la ansiedad para poder hacer esta entrevista. Por las razones que sea, siempre me ha costado mostrarme vulnerable, y eso lo compensé con una gran agresividad. De niño tenía muy mal humor. Toda la música de Dillinger salía de un lugar muy auténtico. Desarrollé mi físico para que nadie pudiera atacarme. Eso está bien de joven, pero con la edad se convierte en una carga, en una jaula”.

¿Cuándo empezaste a cambiar?
“Más o menos cuando hicimos One Of Us Is The Killer, y por eso en 2016 saqué el disco de Fever Daydream de Black Queen. Estaba asfixiándome por dentro, y también musicalmente. La música es un espejo de lo que te pasa dentro. Necesitaba expresar otros sentimientos y eso cambio el rumbo de mi expresión artística. Ahora he alcanzado un punto en el que me siento más completo, pero la emoción que había en la música de Dillinger todavía está dentro de mí. Y es algo que tengo que reprimir cuando estoy con mis seres queridos y amigos porque sin darme cuenta, puedo hacerles daño y alejarles. Así que tu análisis psicológico no ha estado mal (risas)”.

Pues voy a seguir… ¿Crees que todo esto surge de un miedo a ser rechazado?
“Desde luego tengo miedo de que me amen. Tengo miedo de que me hagan daño, al compromiso, tengo miedo de conocer gente… No me gusta echar raíces. ¡Por dios, estoy en tres bandas distintas! Por eso para mí girar es tan fácil. Hay gente a la que le cuesta, pero a mí encanta viajar, estar en hoteles, no me importa vivir en una maleta. Pero tiene sus costes. Tengo 42 años y no tengo mujer, ni hijos… Siempre quieren que cambie, pero no voy a cambiar. He ido a terapia, he tomado setas, he intentado ir al fondo, pero al final tienes que aceptar que eres así. Se trata de sacar lo positivo y no dejar que lo negativo joda a quienes tengo a mi alrededor. Intento siempre ser muy sincero cuando conozco a alguien y contarle lo que hay. Si me aceptas así, bien, pero tienes que saber que no voy a estar ahí para siempre. Y eso tan aplicable a una persona como a una banda”.

Ese miedo al compromiso también se nota en la música. Sobre todo en el disco anterior pasabas de un tema folk a uno industrial. Quizá Mirrorcell está más centrado.
“Sí. No fue algo intencionado, pero sé exactamente por qué ocurrió. Estaba trabajando en el disco de Cantrell de manera muy intensa, pero no era un disco heavy. Luego hice el segundo disco de Killer Be Killed, y el vídeo de ‘Fuck Content’. Y después de eso no podía parar de componer, de tocar, la guitarra, el bajo… Así que decidí hacer el disco con esa base, dejando de lado toda la electrónica y las bases programadas, y trabajar con una paleta sonora más limitada. También íbamos a hacer el tercer disco de Black Queen, así que no quería se me solapasen las ideas. Ponerme limitaciones me permitió ser más creativo. Cuando tienes todas las opciones del mundo, a veces te bloqueas”.

Es de lo que hablabais en el disco Option Paralysis de Dillinger.
“Exacto. Cuando tienes libertad absoluta, es divertido, pero puedes acabar haciendo algo disperso. Me encanta Child Soldier porque eran tan abierto que no determinaba lo que iba a hacer en el futuro, pero en este incluso me divertí más. Lo pasé muy bien grabando las guitarras. He grabado voces un millón de veces, pero grabar las guitarras fue muy divertido. A veces con los teclados y las programaciones es como un dolor de muelas, porque tienes posibilidades infinitas. Con las guitarras tenía solo tres amplis y unos pedales, eso era todo».

¿Has sido siempre un buen guitarrista o aprendiste de mayor?
«Empecé a tocar con nueve años, y a cantar poco después. Pero cuando entré en Dillinger dejé de tocar durante seis años. Teniendo al lado a Ben (Weinman) que es una máquina, ¿por qué iba a hacerlo? Luego volví a tocar poco antes de que se formara Killer Be Killed. Toda tu vida te dicen que te centres en una sola cosa, pero no hay por qué. Ahora me veo como alguien que escribe canciones. Los instrumentos son solo herramientas. Son lo que te permiten materializar algo abstracto en algo concreto. Que utilice una guitarra, un micro o un lápiz es accidental. Pero bueno, soy mejor cantante que guitarrista, y todavía mejor que batería (risas)«.

¿Qué diferencias hay entre componer solo a hacerlo con una banda? Más allá de que haya más gente involucrada.
«Es bastante distinto. Cuando trabajo solo, inicio una acción, cuando trabajo con una banda es una reacción. Cuando colaboras con alguien puedes hacerlo de dos maneras. Una es intentar crear juntos hasta llegar a un resultado que guste a las dos partes, pero para mí es más interesante cuando cada parte haga lo que quiera, sin comprometerse, y tú no puedes cambiar su parte, y ellos no pueden cambiar la tuya. Con Dillinger era así. Ben hacía casi toda la música, me la mandaba, y yo apenas cambiaba algo. Y yo hacía lo que quería encima, y él apenas lo cambiaba. De ahí salía la chispa de Dillinger. En solitario todo sale de ti, y por tanto puedes ajustar la música y la melodía a cómo te sientes en ese momento. Pero me gusta seguir manteniendo cierto nivel de colaboración con mi productor Steve Evetts y el batería Chris Hornbrook. Les doy cierto margen de libertad para que me sorprendan».

¿Era importante para ti sacar un disco con tu nombre?
«Al principio me daba mucho miedo. Es mi puto nombre (risas). Pero ahora no me lo imagino de otra manera. Es como tener un hogar para canalizar cualquier cosa que haga. Pero también echo de menos esa faceta reactiva. Por eso he hecho cosas como lo de Carpenter Brut. Para mí es refrescante hacer cosas así».

¿Cómo llegó Carpenter Brut a ti?
«Fue por Ben Koller de Converge que también toca con Killer Be Killed. Somos buenos amigos, y creo que tocó la batería en algo de Carpenter Brut. Y luego él le pidió si quería cantar un tema, y como ya era fan suyo, acepté de inmediato. Fue una de las canciones más rápidas que he hecho. Hice la letra y la melodía en una noche. Acostumbrado a las locuras que me mandaba Ben, esto fue pan comido (risas)«.

Antes has mencionado a David Lee Roth, y si lo piensas él también era muy bueno reaccionado a la música que componía Eddie Van Halen.
«Tío, es una locura. Es algo de lo que no me di cuenta hasta que estuve en Dillinger, pero si escuchas a Van Halen y piensas en tener que escribir melodías sobre eso, es un reto enorme. Son dos putos genios. ¿Cómo coño escribes ‘Panama’, ‘Unchained’ o incluso ‘Jump’? Básicamente tienes a Eddie haciendo un solo durante toda la canción, así que lo que hizo Roth tiene un mérito enorme».

Me gustaría hablar un poco de Dillinger. ¿Cuál fue tu formación favorita de las que estuviste?
«Oh, tío. Mirando atrás creo que One Of Us Is The Killer es mi disco favorito, y creo que todas las formaciones tenían algo especial y eran muy distintas. Pero quizá la que tengo de verdad en mi corazón es la primera, cuando entré yo, cuando todavía estaban Chris Pennie de batería y Brian Benoit de guitarra. Es la que me provoca más nostalgia. Fueron unos pocos años, de 2001 a 2004, y la banda era mucho más pequeña, no ganábamos dinero, pero era algo muy romántico. Cuando tocas en un sitio para 200 personas, y luego vuelves y hay 300, es una gran diferencia. Dicho esto, creo a nivel profesional y de mayor nivel musical, cuando alcanzamos nuestra cima, fue a partir de One Of Us Is The Killer hasta el final».

¿Crees que el grupo fue tan grande como podría o siendo tan extremos tocasteis vuestro techo?
«Lo extraño es que la banda es más grande ahora que cuando lo dejamos. Es muy raro. Cuando terminas algo, de repente crece. La cantidad de gente que habla sobre Dillinger o me para en una tienda de discos porque me reconoce es mucho mayor ahora. Y sobre todo gente joven. Es raro porque solo han pasado cuatro años. Pero volviendo a tu pregunta, nunca tuvimos como objetivo ser una banda grande. De ser así hubiéramos hecho otra cosa».

No lo decía tanto en términos comerciales, sino teniendo en cuenta el esfuerzo que le poníais a los discos y a los directos, ¿crees que tuvisteis la recompensa que merecíais?
«La música que hacíamos era muy loca. Cuando estás dentro no te das cuenta, pero cuando la escucho ahora, me parece una locura. Poner un tema de Dillinger es la manera más fácil de vaciar un bar (risas). Así que en ese sentido creo que fuimos más grandes de lo que se podía esperar. Sinceramente yo pensaba que tocaríamos en sótanos y salas pequeñas toda nuestra vida. Cuando fuimos de gira con System Of A Down a Europa y empezamos a tocar en festivales, ahí me di cuenta que algo había cambiado. En todo caso creo que llegamos mucho más lejos de lo que ninguno esperábamos».

A una parte de mí le gustaría que volvieseis, escuchar nueva música y poder veros ota vez en directo, pero por otra pienso que el final fue perfecto, y quizá es mejor que lo dejéis como está. ¿Sientes esa ambivalencia respecto a una posible reunión?
«Sinceramente creo que el último disco tanto musical como conceptualmente es perfecto como punto final. La última canción ‘Dissociation’ es perfecta como la última canción del grupo, es el final. Creo que si lo retomásemos sería un poco como las precuelas de Star Wars. Tendría que pasar algo muy extraño para que tuviera sentido crear algo nuevo. Es muy raro que una banda que se reúne, no suene como una parodia. Y no quiero eso. Y en cuanto a dar conciertos, siendo totalmente honesto, no hemos hablado de ello. De verdad, en los últimos cuatro años nunca ha surgido el tema. Seguimos siendo buenos amigos, pero hablamos muy de vez en cuando. Creo que no he hablado con Ben desde hace año y medio. No porque nos llevemos mal, sino porque cada uno hace su vida. Vivimos en estados distintos, tienen hijos… Cuando toqué con Jerry Cantrell en Filadelfia, vino Liam (Wilson, bajo), pero hacía mucho que no le veía».

Bueno, si os tenéis que reunir, esperad cinco años más porque os ofrecerán mucha más pasta.
«(Risas) Lo extraño es que las ofertas para reunirnos llegaron al momento. Nos separamos en 2017 y en verano de 2018 ya había festivales que querían que nos reuniésemos. ¡No tiene sentido! Es como que a nadie le importa la decisión que has tomado, no te dejan ni respirar».

Para terminar, me gustaría saber qué sentiste las veces que compartiste escenario con Nine Inch Nails. Supongo que para ti fue algo muy especial.
«Buff, hace mucho tiempo. La primera vez que salimos a tocar con NIN fue en 2009 en Australia. Lo que más recuerdo es que no quería olvidarme de la letra. Me pasa un poco lo mismo con Jerry. Cuando cantas tus propias canciones, las palabras te salen solas. Pero cuando son de otro, algo pasa y te entran dudas. La primera vez con NIN hicimos ‘Wish’ y poco después ‘Mr. Self-Destruct’. He escuchado esas canciones millones de veces, pero cuando estás en el escenario y tienes que cantarlas tú, sin tener la voz de referencia, es muy difícil. Así que solo pensaba en no cagarla, porque sabía que Trent (Reznor) y los fans me iban a matar (risas). Por suerte, salió bien y sentí un gran alivio. Así que recuerdo más lo aliviado que me sentí que no la actuación en sí».

JORDI MEYA 

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