Desde hace más de una década, Full Of Hell se han dedicado a empujar los límites del grindcore hasta un territorio donde el ruido, el metal extremo y la experimentación conviven sin reglas claras. Hablamos con su vocalista, Dylan Walker, justo antes de su regreso a España.
Cuando Full of Hell aparecieron en 2010, lo hicieron con una velocidad y una intensidad difíciles de igualar. En apenas cinco años ya habían publicado varios discos propios y colaborado con figuras tan inesperadas como el legendario Merzbow. Aquella hiperactividad definía perfectamente su forma de entender la música: sin frenos, sin concesiones y siempre buscando nuevos extremos. Desde entonces, el grupo ha construido una discografía tan abrasiva como imprevisible, mezclando grindcore, death metal, hardcore, industrial y noise en una tormenta sonora que rara vez deja espacio para respirar.
Pero detrás de esa brutalidad hay también una curiosa vocación por conectar mundos aparentemente incompatibles. Full Of Hell -actualmente formados por Dylan Walker (voz), Spencer Hazard (guitarra), Gabe Solomon (guitarra), Sam DiGristine (bajo) y Dave Bland (batería)- han colaborado con artistas tan dispares como HEALTH, Nothing o Nicole Dollanganger, demostrando que su música funciona igual de bien como arma destructiva que como punto de encuentro entre escenas distintas.
A la espera de que den continuidad a su último EP Broken Sword, Rotten Shield (Closed Casket Activities, 2025), charlamos con Walker sobre la evolución del grupo, su relación con la escena y el momento vital de una banda que parece haber encontrado su camino. Todo ello justo antes de su próxima visita a nuestro país, donde actuarán el 16 de abril en Madrid (Copérnico) y el 17 en Barcelona (La Nau) acompañados por The Body, Jarhead Fertilizer y JAD (Entradas aquí).
La última vez que os vi aquí fue el año pasado con Napalm Death, y fue un concierto increíble. Noté una diferencia enorme respecto al pasado, en cómo sonabais y tu actitud en el escenario. ¿Sientes que la banda ha mejorado en estos últimos tiempos?
DYLAN WALKER «Sí, absolutamente, en muchos sentidos. Ahora estoy ya en la mitad de mis treinta, así que he cambiado mucho de perspectiva sobre lo que significa la banda para mí, cuál se supone que es mi propósito aquí fuera y cómo debería sentirme con respecto a todo esto. Mis estándares han cambiado. Creo que ahora disfruto más tocando que nunca, porque me siento muy agradecido. Lo tengo más compartimentado, pero en el buen sentido. El resto de la banda también ha evolucionado. Nuestro guitarrista actual es una barbaridad de talentoso, y nuestro batería siempre ha sido increíblemente bueno, pero además en estos últimos años también se cuida más. Todos hemos bajado mucho el ritmo de fiesta. Siento que ahora estamos más centrados. Además, giramos con Napalm Death, y fue muy inspirador. Cuando estás en ese entorno, con tus héroes, y todo el mundo lo está pasando bien, te carga muchísimo de energía. Si te refieres al concierto de Barcelona, también recuerdo que fue especialmente bueno. La energía fue tremenda. Ya sé que todo el mundo lo dice, pero de verdad fue uno de los mejores de toda la gira. La pista estaba muy viva ese día. Fue curioso porque la música era obviamente muy extrema, pero el ambiente era súper positivo. Todo el mundo se lo estaba pasando bien».
«No me parece que tenga mucho sentido convertir una banda de grindcore en una industria» DYLAN WALKER
¿Crees que este cambio en tu manera de vivir la banda afectará vuestra música en el futuro o siempre seréis una banda muy rabiosa y agresiva?
«Lo curioso es que yo nunca he interpretado realmente lo que hacemos como algo que venga del odio o la rabia. Escribo de una forma oscura, sí, pero para mí siempre ha sido algo catártico y electrizante. Incluso aunque la banda se llame Full Of Hell, para mí siempre ha sido un vehículo positivo a nivel creativo. Lo que he aprendido es que cuanto más sano y más positivo es nuestro entorno, más chunga se vuelve la música. Ahora tocamos a un nivel superior. Sé lo que es la banda; ya no estoy intentando averiguarlo ni decidir hacia dónde queremos ir. Mis ambiciones son distintas. Me ha encantado estar en una banda desde que tenía unos doce años. Es lo único que he querido hacer en mi vida. Hubo un momento en que me emocionaba tanto la idea de poder vivir de la música que estuve cerca de perder de vista por qué lo hacía en primer lugar. Cuando empiezas a pensar demasiado en ello como tu carrera, puede comprometer el arte, o incluso tu propio espíritu. Ahora creo que toda esa positividad nos beneficia. Escuchando las demos en las que estamos trabajando, la música se está volviendo todavía más jodida, que es exactamente lo que queremos».
Estar cerca de Napalm Death debe de ser muy inspirador. Nunca han dejado de sacar música ni de girar desde que empezaron. ¿Los ves como un modelo para vuestra banda, seguir sacando discos dentro de 30 o 40 años?
«Ese sería el mejor escenario posible: poder seguir haciendo música todo el tiempo que queramos y seguir viajando. Esa gira con Napalm Death fue realmente formativa para mí. Son una de nuestras bandas favoritas de todos los tiempos, y además son personas increíbles. Siempre me ha impresionado mucho Barney como frontman. Siempre habla a favor de lo bueno, y además hace el esfuerzo de hablar el idioma de cada país al que va. Eso siempre me ha parecido algo muy guay. Verles me dio una sensación de responsabilidad a la hora de alzar la voz. Full Of Hell siempre hemos tenido ideas sociales o políticas en las letras, pero muchas veces prefería mantenerlo más metafórico y dejar que la música hablara por sí sola. Si lees las letras, el significado está ahí. Pero verles me activó muchísimo con todo lo relacionado con la comunidad que se crea alrededor de la música y con la idea de la responsabilidad social. Fue como cerrar un círculo, y me recordó por qué me importa todo esto. También me devolvió una sensación renovada de pertenencia y responsabilidad sobre la banda. Cuando llevas casi veinte años haciendo algo, tu relación con ello cambia, y aquella gira realmente me renovó la ilusión».
Con toda la tensión política que hay ahora mismo en todas partes, ¿crees que tus letras podrían volverse más directas o más políticas?
«Creo que las letras siempre han estado muy movidas por cuestiones sociales, pero quizá sí me incline a dejar de ser tan críptico. Siempre me han encantado las metáforas muy elaboradas, pero quizá haya llegado el momento de ser un poco más directo. Tampoco quiero que todo sea demasiado obvio. Durante mucho tiempo quisimos que nuestros conciertos fueran simplemente un muro de ruido sin nada entre medias, pero quizá haya maneras elegantes de ser un poco más explícitos. Sinceramente, para mí la mayor responsabilidad está más a nivel comunitario. El ruido de internet me molesta muchísimo. Cuanto más mayor me hago, más se ha convertido en una fuente enorme de ansiedad, así que me he apartado bastante de eso. No me hace sentir bien gritar dentro de una cámara de eco en redes sociales. En cambio, siento que mi responsabilidad está en interactuar con la gente de mi vida real. Vivo en una zona muy rural, y a veces la gente de mi entorno tiene una visión muy distorsionada del mundo por la desinformación. En lugar de limitarme a despreciarlos por eso, prefiero intentar conectar con ellos y quizá abrirles un poco los ojos. Y en los conciertos también, ese es mi espacio. Siempre he animado a la gente —especialmente a los más jóvenes— a hacer su propio arte. Creo que el arte es una de las mejores maneras de decir tu verdad».
¿Cuál es la realidad de estar en una banda como la vuestra? ¿Podéis vivir de la banda o seguís necesitando otros trabajos?
«Ha habido años en los que técnicamente vivimos de la banda, y desde luego es una fuente importante de ingresos para algunos de los miembros. Pero una de las cosas que aprendí de muchas de las bandas que admiramos es que mantenían una ética DIY y no querían poner presión económica sobre su arte. Hace unos años empecé a hacer otros trabajos que encajan con el calendario de la banda para no sentir esa presión con el dinero ni tomar decisiones basadas únicamente en los ingresos. También he animado a los otros a pensar en eso, porque muchos de nuestros músicos favoritos tienen otros trabajos. Cuando estamos girando mucho sí que podemos vivir de ello, pero va muy por rachas: o hay mucho trabajo o no hay nada. No quiero que la parte económica corrompa lo que estamos haciendo. Todos vamos un poco justos de dinero, pero intentamos ser realistas y flexibles. No me parece que tenga mucho sentido convertir una banda de grindcore en una industria. Es como intentar sacar sangre de una piedra. Prefiero mantener esto lo más puro posible y encontrar un equilibrio».
Entonces, en cierto modo, ¿os sacrificáis económicamente para no comprometer la banda?
«De alguna manera, sí, un poco. Pero la verdad es que llevamos tanto tiempo siendo nosotros mismos que el camino que seguimos no nos exige demasiados compromisos. Probablemente lo más cutre que hacemos es tener una tienda de merch, pero eso lo hace todo el mundo. Lo que no quiero es irme de gira un mes porque todo el mundo esté sin dinero. Quiero irme de gira porque tengamos algo que decir, música nueva que tocar o porque la gira en sí sea realmente especial. Ahora mismo estamos bajando un poco el ritmo, pero desde luego quiero girar más en el futuro, solo que por las razones correctas».
«Para que la música extrema siga evolucionando, probablemente tendrá que cambiar la propia definición de lo que entendemos por extremo». DYLAN WALKER
Antes se hablaba mucho de “pureza”, “integridad” o “venderse”. ¿Crees que a la gente le importa tanto eso hoy en día?
«No demasiado. Y además es todo muy subjetivo. Todo el mundo sabe lo difícil que es simplemente salir adelante. La mayoría de mis amigos son músicos profesionales o gente que quiere serlo y que está de gira constantemente, y respeto mucho esa vida. Nosotros también vamos a seguir en ello, solo que yo lo enfoco de otra manera. Habrá gente que piense que nos hemos vendido porque tenemos agente, mánager y un sello. No somos DIY en el sentido estricto para algunas personas. Pero yo tengo mi propia idea de lo que significa DIY, y además no estoy escribiendo música para esa gente. Lo que decía, son conceptos subjetivos».
Cambiando de tema, tengo curiosidad por el equipo que usas en directo para los elementos de ruido. ¿Qué cacharros llevas exactamente?
«Empezó hace años, cuando nuestro guitarrista Spencer dijo que quería incorporar ruido a la música, al estilo de bandas como The Endless Blockade o Man Is The Bastard. A mí me encantó la idea, pero no sabía nada de equipo, así que me montó una cadena de pedales Boss: dos distorsiones y un delay. Con eso podías crear ruido oscilante bastante simple. Con el tiempo fui desarrollando un sistema que me funciona para el directo. Todavía tengo que concentrarme en la voz y en moverme, así que el montaje no puede ser demasiado complicado. Normalmente llevo cuatro o cinco canales que pasan por una mesa pequeña y van directos a la mesa de sonido. Algunos canales son samplers con voces manipuladas, grabaciones encontradas o grabaciones de campo. Luego tengo lo que yo llamo “canales prácticos”, donde interactúo físicamente con algo, como un aparato llamado Pipe de la marca Soma, que básicamente es un sintetizador en el que soplas como si fuera un instrumento de viento. También uso aparatos caseros con micros dentro de cajas metálicas llenas de muelles o clavos para crear texturas. Y uso sintetizadores de una empresa llamada Trogotronic, de California, que hace aparatos con un sonido muy agresivo. La lista de temas funciona básicamente como un mapa con indicaciones para distintas muestras o secciones de ruido. A veces improviso, metiendo voces o capas de ruido mientras la banda está tocando, y a veces funciona y a veces no. A veces también se va la luz. No soy un ingeniero profesional, pero después de quince años ya he entendido bastante bien qué es lo que mejor me funciona. En estudio la cosa es mucho más abierta. Usamos cualquier aparato que tenga el ingeniero, y cada uno lleva también sus propios juguetes».
¿Qué cantantes o artistas te inspiraron cuando eras más joven?
«Hay algunos muy obvios: Barney, de Napalm Death; John Chang, de Discordance Axis; y Lord Worm, de Cryptopsy, especialmente en None So Vile. Para mí, ese disco tenía las voces de death metal perfectas. Pero también hay influencias menos evidentes. Al principio estaba obsesionado con la escritura de Joanna Newsom; su manera de escribir es preciosa. Desde luego tomé cosas de su estilo. Y también soy muy fan de Tom Waits, sobre todo de la época de Alice y Blood Money, cuando canta sobre el diablo y la condición humana de una manera muy particular».
¿Cuál es tu definición de una buena canción? En una banda de grindcore el baremo puede ser muy distinto al de una banda de rock.
«Puede que odies esta respuesta, pero creo que el arte es completamente subjetivo. Una buena canción es cualquier cosa que conecte contigo. Si lo miras desde un punto de vista histórico, el ritmo —especialmente la batería— parece ser el núcleo de la música en muchas culturas. Pero, más allá de eso, no creo que exista ninguna regla».
Reformulo la pregunta: cuando estáis trabajando en un disco, ¿cómo decidís si una canción entra o no entra?
«Tiene que hablarte con fuerza. No me gustan las cosas que se quedan a medias, especialmente en la música extrema. Si haces grindcore o metal extremo, las partes extremas tienen que ser de verdad extremas; no solo sorprendentes, sino totalmente abrumadoras. Al mismo tiempo, no puedes hacer eso constantemente porque acaba agotando. Bandas como The Body me enseñaron que la música extrema también puede tener gancho, o incluso cierta sensibilidad pop, sin sonar comprometida. Trabajar con productores como Seth Manchester en los estudios Machines with Magnets me enseñó cómo puedes hacer música durísima que, aun así, resulta extrañamente pegadiza».
¿Crees que hay un límite para lo extrema que puede llegar a ser la música?
«En cierto sentido, sí lo hay, porque el oído humano tiene sus límites. Si hablamos de puro asalto sonoro, lo que llamo ‘harsh noise wall’ es básicamente el punto final: todo al máximo de volumen y distorsión. Para que la música extrema siga evolucionando, probablemente tendrá que cambiar la propia definición de lo que entendemos por extremo. Pero creativamente no creo que hayamos llegado al final, ni mucho menos. Los artistas siguen encontrando formas nuevas de expresar cosas. A veces no se trata de decir algo nuevo, sino de decir algo viejo de una forma nueva».
Habéis hecho muchas colaboraciones con artistas y bandas distintas. ¿Quién ha tenido el mayor impacto creativo en ti?
«Sin ninguna duda, The Body. Chip y Lee, junto con Seth Manchester, cambiaron por completo mi forma de pensar la música. Su manera de componer es muy abierta, casi como si descubrieran la música mientras la hacen, en lugar de planificarlo todo. Verles trabajar me enseñó que el metal no tiene por qué seguir estructuras rígidas. También me abrieron la puerta a mucha música distinta y a otras formas de pensar el ritmo, la programación y la producción. De verdad me explotaron la cabeza, pero en el mejor sentido posible».
¿Y en qué estáis trabajando ahora mismo?
«Ahora mismo estamos escribiendo un nuevo disco de Full Of Hell, y nos lo estamos tomando con calma. También vamos a tocar en un festival llamado Fire in the Mountains, en la reserva de Blackfeet Nation. Es un festival sin alcohol, centrado en la comunidad, la concienciación sobre las adicciones y la prevención del suicidio, con talleres y otras actividades. Es un evento muy especial. Fuera de eso, estoy simplemente pasando tiempo con mi familia. Tengo un hijo de tres años y medio, una mujer maravillosa y dos perros viejos. También llevo un estudio de estampación de ropa. Ahora mismo solo quiero centrarme en hacer el mejor disco posible de Full Of Hell, sin meterle una presión innecesaria. Aparte de eso, pues vida normal».
JORDI MEYA










