La historia de Daughters podría haber terminado cuando lo dejaron en 2009. Pero tras unos años separados, en los que pusieron orden en sus vidas, el grupo de Rhode Island volvió el año pasado con el mejor disco de su carrera. Pese a titularlo You Won’t Get What You Want, es justo lo que queríamos.

Si como espectador pocas cosas hay más entretenidas que ver a una banda fuera de control, para quienes lo viven en sus propias carnes es otra historia. El caso de Daughters no es una excepción. Si las canciones de su debut Canada Songs (2003) ya eran una chaladura –imagina una especie de The Jesus Lizard en versión grindcore-, cuentan que sus directos todavía lo eran más: su cantante Alexis Marshall podía hacer de todo, desde salir a tocar desnudo, a orinar en un vaso, y luego bebérselo, a sangrar encima del público, a restregarse un micrófono por el culo provocando la ira de los técnicos de las salas. Pero los excesos, las constantes giras, la falta de reconocimiento y las tensiones entre Marshall y el guitarrista Nicholas Andrew Sadler hicieron que su carrera apenas durara siete años.

De hecho, cuando en marzo de 2010 publicaron su tercer, y más maduro, álbum, titulado simplemente Daughters, el grupo ya llevaba extraoficialmente separado varios meses y sólo ofrecieron un concierto secreto para presentarlo. Pero lo que parecían diferencias irreconciliables se empezaron a suavizar tres años después, y el grupo no tardó mucho en volver a actuar en vivo. Aun así, grabar un nuevo álbum no fue fácil y no sería hasta 2018 que la banda lanzó su cuarto trabajo You Won’t Get What You Want (Ipecac), un disco en el que se acercaban más a los postulados de Swans, con influencias del noise rock y la música industrial y que les dio a conocer a un nuevo público. 

Justo un año después de su lanzamiento tendremos la oportunidad de disfrutarlo en directo, ya que Daughters serán los protagonistas del warm-up show del AMFest el próximo 10 de octubre en Barcelona (Fabra i Coats) y también estarán el 11 en San Sebastián (sala Dabadaba) y el 13 en Madrid (sala Cool, dentro del decimoquinto aniversario del 981 Heritage SON Estrella Galicia).

Para charlar sobre esta visita, llamamos a Alexis Marshall durante una reciente estancia en Berlín. Y aunque al principio parecía que estuviera de mal humor por el servicio de habitaciones  “No paran de llamar a la puerta cada cinco minutos. El otro día estaba en pelotas en la ducha y esta mujer entró a dejar una bandeja. ¿Para qué coño quiero una bandeja?”-, en seguida comprobamos que la bestia, definitivamente, está más calmada.

Muchos grupos cuando se reúnen, graban un disco con el que intentan recordar al público lo que les gustaba de ellos. Sin embargo, vosotros aprovechasteis la oportunidad para redefinir vuestro sonido.
ALEXIS MARSHALL  “Sobre todo queríamos recordarnos a nosotros por qué nos gustaba el grupo. Supongo que tampoco había mucha presión porque, al fin y al cabo, nunca habíamos gustado demasiado a la crítica. No sé lo que la gente esperaba, porque nuestros discos siempre eran distintos, así que después de ocho años, todavía era más lógico que éste lo fuera. You Won’t Get What You Want lo dice todo (risas)”.

De todos modos, You Won’t Get What You Want sí ha tenido buenas críticas…
“Eso parece. La realidad es que estamos tocando para más gente, y eso es genial, pero durante muchos años estábamos en la absoluta oscuridad. Pero no podemos basar nuestra felicidad en la idea del éxito. Tienes que aceptar tu vida por lo que es. Las cosas no son nunca fáciles, pero no hay nada de lo que quejarse. Podría estar currando en una oficina o montando tejados en pleno agosto. Mi padre fue carpintero toda su vida, perdió dedos, se cayó de tejados, para poder traer dinero a casa. Lo nuestro no es nada en comparación, ¿no?”.

Para mucha gente éste ha sido como si fuera vuestro primer álbum.
“Sí, y eso mola. Los discos antiguos tienen diez, 15 años. No tenemos demasiado interés en tocar ese material porque ya lo hemos tocado mucho. Poder centrarnos en el disco nuevo es genial porque es algo nuevo. Estamos viendo mucho público joven. La gente que nos seguía antes, de nuestra edad, ya no va a conciertos. Se les hace cuesta arriba (risas). Es de locos pensar que nuestro público actual eran bebés cuando sacamos el primer trabajo”.

Tengo entendido que teníais un montón de material. De hecho, en 2014 ya hicisteis un primer intento de grabar un disco.
“Sí, pero lo que grabamos entonces nos parecía forzado. No nos gustó lo que teníamos y lo dejamos aparcado. Pero seguimos trabajando y acumulamos horas de música en un Dropbox. Pero a la hora de grabar nos centramos en las canciones que estaban realmente terminadas. No queríamos perder el tiempo. Pero es posible que recuperemos algunas de esas ideas en el futuro”.

Ahora estáis en Ipecac, el sello de Mike Patton. ¿Tiene un significado especial para ti?
“Mola mucho. Son situaciones que no te esperas. Hay gente que hemos ido conociendo a lo largo de los años como Paul Barker de Ministry, con quien grabé un tema para su disco en solitario. Y fue surrealista porque, aunque no me sintiera como un fan estando con él, me resultaba extraño que hubiera terminado grabando con él. Y con Mike es un poco lo mismo. Estás cenando con Mike Patton y te resulta extraño. Es muy distinto a ver vídeos de Faith No More en la MTV siendo un adolescente. Ahora estás sentado con él hablando sobre música (risas). Estar en un sello no es algo que buscáramos, pero nos hicieron una oferta y estuvimos felices de aceptarla”.

¿Te ha dado algún buen consejo?
“No (risas). El año pasado estábamos en San Francisco para dar dos conciertos y después del primero sentí que se me iba la voz.Y estábamos con Mike y se lo comenté, y me dijo ‘Es sólo un músculo, simplemente úsalo sin parar y se pondrá bien’. Y pensé ‘Ése es el peor consejo que le puedes dar a un cantante’ (Risas). Pero es un testimonio de lo natural que para él es cantar. Es un cantante magnífico, pero simplemente lo hace, sin pensar. A mí me cuesta un poco más (risas). Tengo que calentar y hacer ejercicios. Mike es como un bebé que puede llorar toda la noche y no se queda afónico (risas)”.

“La gente que nos seguía antes, de nuestra edad, ya no va a conciertos. Se les hace cuesta arriba”  ALEXIS MARSHALL

En este álbum cantas de manera distinta. ¿Es porque te ha cambiado la voz en estos ocho años?
“No lo sé. Siempre he probado cosas nuevas. Hace mucho que no grito. Es una parte de mi cuerpo y como cualquier otra cosa, con el tiempo va a cambiar. Sólo espero ir mejorando. Es como si tocas la guitarra, también esperas ir mejorando. Creo que ahora me siento más cómodo, respiro mejor… La voz de Elvis también cambió con los años (risas)”.

¿Eres muy fan de Faith No More, por eso?
“Me gustaban mucho, sí. Pero para mí su mejor disco es el último, Sol Invictus. Sé que la gente piensa más en The Real Thing o Angel Dust, que también son grandes álbumes, pero cuando ahora me apetece escucharlos, me pongo el último. Es un testimonio de su consistencia y de que puedes ir mejorando con el tiempo. Creo que transmiten honestidad, mientras que muchos grupos o artistas simplemente se mueven por inercia. Me encanta Van Morrison, pero Van Morrison ahora es como una máquina. Creo que sólo saca música por cuestiones económicas. Lo ves en directo y es totalmente blando, mientras que antes lo daba todo”.

De hecho, oí que giraba simplemente para poder pagar su divorcio.
“No me extraña. Estoy seguro que su antiguo mánager se quedó tanto dinero como pudo. Y seguro que tiene una villa en el sur de Francia y necesita pagarla. Es obvio que para él es un trabajo. No quiero cargar las tintas contra él porque le adoro, pero resulta muy aparente. Hay muy poca sinceridad en la música. Pero en la política pasa lo mismo”.

¿Alguna vez has estado en el escenario y has sentido que no querías estar ahí?
“Sí, y no hace mucho. En un concierto en Glasgow. No estaba bien, pero creo que no se notó. Hice lo que tenía que hacer y salió bien, pero no lo disfruté”.

Todo el mundo tiene un mal día…
“Sí, pero siempre tienes que dar lo mejor para el público. Sólo estás esa noche en esa ciudad, no hay segundas oportunidades. Creo que cuando actúas con el piloto automático te tienes que plantear si es lo que realmente quieres hacer. Porque si no te llena a ti, es imposible que llene a los demás. Quizá debes quedarte en casa. Puedes tener una mala noche, pero quizá una vez sólo cada dos años (risas). La gente está toda la semana trabajando y no puedes joderles la noche porque tú estés mal. Todo lo que tienes, tienes que darlo en el escenario. No lo necesitas en el hotel, o en el autobús, sólo necesitas darlo en el escenario. Es lo único que cuenta. Tienes que vaciarte y esperar que para el siguiente día estés lleno otra vez”.

¿Eran las drogas una manera de llenarte?
“Soy sólo un adicto. Es así. Y cuando estaba de gira, lo tenía todo gratis, así que lo tomaba. De hecho, fue uno de los motivos por los que lo dejamos. Necesitaba salir de ese entorno. Ahora llevo once años limpio y las cosas son un poco más fáciles. Ahora puedo disfrutar más de lo que hago y no sólo salir ahí y hacer el animal. Estoy seguro que hay gente que viene a vernos para ver eso, a un idiota bebiéndose su pis y cayéndose del escenario, pero ahora es todo mucho más interesante. Sigue habiendo intensidad física, pero tocamos realmente bien. Ver cómo me desnudaba en el escenario podía ser curioso, pero no había mucho más. Ahora creo que ofrecemos algo que de verdad vale la pena”.

JORDI MEYA

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