Si toda sale como está planeado, Counting Crows están actuando los días 13, 14 y 16 de abril en Barcelona (Razzmatazz), Madrid (La Riviera) y Bilbao (Sala Santana), respectivamente. Hablamos con su cantante Adam Duritz, sobre su retorno a los escenarios en estos tiempos tan extraños.

En mayo del año pasado ya tuvimos la oportunidad de charlar con Adam Duritz con motivo del lanzamiento del EP Butter Miracle Suite One (BMG)en el que Counting Crows presentaban cuatro canciones nuevas unidas como si fuera una sola. Gracias a la confirmación de los tres conciertos en nuestro país como parte de su gira europea (entradas en este enlace), nos ofrecieron la oportunidad de volver a hacerlo, y, claro, no íbamos a decir que no.

Como entonces ya hablamos de la creación del EP, esta vez decidimos centrarnos en el directo, uno de los puntos fuertes de la banda originaria de Berkeley. Sobre el escenario, sus canciones siempre adquieren nueva vida y, en especial, Duritz, se deja llevar por la emoción del momento, improvisando melodías. Durante 20 minutos hablamos sobre los artistas que le empujaron en ir en esa dirección, girar en la época de COVID, y también la curiosa historia de la canción ‘August And Everything After’, que no apareció en su debut de 1993, pese a darle título.

El pasado agosto pudisteis salir de gira por Estados Unidos. ¿Cómo fue la experiencia de volver a los escenarios y reconectar con los fans?
ADAM DURITZ
“Al principio fue raro porque nunca había estado tanto tiempo sin tocar. Desde que empecé a hacer música siendo un chaval, nunca había estado dos años sin tocar. Es una locura. Cuando empezamos los ensayos, me sentía realmente extraño. Cosas que antes eran muy fáciles, me resultaban complicadas. Por ejemplo, había partes de ‘Round Here’ que no podía recordar. Me veía incapaz de recordar tantas palabras, así que durante el inicio de la gira tenía un libro con las letras en un atril a un lado del escenario por si no me veía capaz de recordarlo todo. Antes del primer concierto estaba bastante nervioso, pero cuando salí al escenario y vi a toda la gente, me sentí muy feliz. Fue increíble estar ahí de nuevo. Era genial. Y tocamos realmente bien. Al final todo fue más fácil de lo que imaginaba”.

¿Te ha hecho apreciar más lo que es el directo?
“La verdad es que lo echaba mucho de menos. Lo increíble de todo esto es que el éxito de una banda, las pocas que lo consiguen, no suele durar más que un año. O bien los miembros se matan entre ellos, o el mundo decide que ya no le importas una mierda. Y siempre estás esperando que eso ocurra, así que después de estos dos años, con 30 años de carrera, ver que la gente seguía ahí fue el mejor sentimiento del mundo. Normalmente nunca me he preocupado por el público, porque creo que no es buen hábito. Es genial si ves que la gente grita y aplaude, pero ¿qué pasa si no lo hacen? Y al final sólo puedes ver las tres primeras filas, así que nunca he querido que me influyese la reacción de la gente en mi trabajo. Pero en esta gira, cada vez que salía al escenario, me venían las lágrimas. Me sentía muy, muy feliz, lo cual es raro porque escribo canciones muy tristes (risas)”.

Al contrario que otros grupos, pudisteis esquivar el virus.
“Después del primer concierto tuvimos un caso en nuestro equipo, y extremamos aún más las precauciones. Nadie podía entrar en el backstage excepto nuestras esposas, y nos hacíamos tests cada día. Todo el público tenía que estar vacunado o con un test negativo para poder entrar. Fue muy estresante e intenso, porque siempre estabas preocupado de que alguien diera positivo. Pero todas las preocupaciones desaparecían una vez empezábamos a tocar, y tocamos de cojones. Además, los nuevos temas fueron muy bien recibidos. Tocamos la suite entera cada noche”:

Precisamente iba a preguntarte por eso. ¿Te sorprendió que funcionara bien en directo?
“Bueno, siempre me sorprende un poco cuando a la gente le gusta algo nuevo, porque el público quiere escuchar lo que ya conoce. Pero a la que sonaba el loop de la intro de ‘The Tall Grass’, la gente empezaba a dar palmas y parecían excitados al saber lo que vendría. Y luego lo empalmábamos con ‘Elevator Boots’, y les gustaba, y luego ‘Angel Of 14th Street’, con el caos al final, e íbamos directos a ‘Bobby And The Rat-Kings’. Moló mucho. A ver, no era como cuando tocamos ‘Mr. Jones’, pero les gustaba, y cantaban”.

¿Sois un grupo que cambia el setlist noche tras noche? ¿Cómo sueles confeccionarlo?
“Normalmente busco el setlist que hemos tocado en esa ciudad la última vez, para no repetirnos, pero como esta vez hacía tanto que no tocábamos, me dio un poco igual. Normalmente, después de cenar, David Immerglück, el guitarrista, y yo, nos sentamos en el camerino y hacemos el setlist juntos. Durante el día, hay fans que nos hacen peticiones, y también a veces alguien del grupo te dice que le apetece tocar algo determinado. Con todo eso en mente, elaboramos el repertorio”.

Además de cantar muy bien, en directo eres un gran intérprete. Realmente se nota que vives las canciones. ¿Qué artistas te influyeron en tu manera de actuar?
Oh, mucha gente distinta. Nunca vi a Big Star en directo, pero fueron una gran influencia. También vi a The Blue Nile al principio y fue uno de los conciertos más emotivos que he visto de principio a fin. También vi a Robyn Hitchcock, con The Egyptians, y explicaba unas historias surrealistas, poemas que no tenía ningún sentido, pero empezaba a tocar, y, de golpe, lo tenían. Era algo extraño, pero muy mágico. También vi a Van Morrison, porque cuando yo era joven vivía en Marin County, en las afueras de San Francisco, y de vez en cuando daba conciertos sorpresa. Comprabas el periódico el domingo y veías que el lunes iba a tocar en el Great American Music Hall, y salías a comprar las entradas. Tenía una gran banda y se dejaba llevar totalmente. También vi a R.E.M. como 20 veces cuando era un chaval, y tenía esa cualidad de sumergirse totalmente en lo que estaban haciendo. La cuestión es estar totalmente presente, y no simplemente tocando. Mira cuando vivía en Berkeley, los Grateful Dead tocaban mucho por ahí. Y el primer concierto que les vi fue lo más increíble que había visto nunca. Pero la segunda vez, fue aberrante. Malísimo. Pero pensé, que igual habían tenido una mala noche, y volví, y fue horrible de nuevo, y la siguiente también. Así que decidí verles una vez más, y olvidarme de ellos para siempre, y fue increíble. Y la verdad es que casi prefiero un grupo como ellos, que siempre estaba en el precipicio porque improvisaban muchísimo, pero era totalmente auténtico. No sé si sería culpa de las drogas, o lo que fuera, pero me enseñó que tienes que estar siempre presente para que ocurran grandes cosas. Todas esas cosas me marcaron de joven. En seguida vi la diferencia entre los artistas que se dejaban llevar y los que no. En los 80 también vi a Eric Clapton un par de veces, y no fue demasiado bueno, aunque sea un gran músico. Pero le vi tocar con Cream en el Rock And Roll Hall Of Fame, cuando tocamos antes de sacar nuestro primer disco, y fueron completamente acojonantes. Fue algo irreal, increíble. Ese era Eric Clapton. Esa era la leyenda ¿sabes? Otro artista que me impresionó en directo fue Joe Jackson porque en cada gira reinventaba completamente la banda. Al principio le vi tocando new wave, luego llevaba una banda de ska, luego una big band on vientos, y una vez le vi que llevaba solamente tres teclistas. Era una exploración constante de su música en directo, y eso seguro que le ayudaba a estar siempre presente. Al final, relacionado con tu anterior pregunta, no sólo se trata de las canciones que toques, sino de que quieras tocarlas”.

Pese a todo, me imagino que habrá noches en las que sientes que el concierto no está fluyendo como te gustaría. ¿Cómo logras no desconcentrarte si, por ejemplo, el sonido no es bueno?
“Lo más difícil es cuando no me escucho bien. Es muy duro, pero en esas ocasiones tienes que confiar en que son buenas canciones, aunque cuesta sentirte inspirado. Si no me escucho bien, no puedo cantar bien, e incluso si hay distorsión o algo así, puede dañarme el oído. Pero en esos casos, intento cerrar los ojos, dejar de lado la frustración, y centrarme en lo que toca el grupo. Las canciones son los suficientemente buenas como para confiar que el concierto será bueno. A veces no te queda más remedio, porque no hay nada que puedas hacer”.

Cuando he estado en el foso de un estadio o un festival, siempre me llama la atención la enorme distancia que hay entre el escenario y el público. ¿Cómo logras conectar cuando estás tan lejos?
“La verdad es que me encanta actuar en sitios muy grandes. Mis conciertos favoritos son en festivales. Improvisar en medio de ‘Round Here’ en una sala es fácil, pero hacerlo ante 70.000 personas que igual tienes a 10 metros, mola mucho más, porque sientes que has conseguido algo especial. Es muy divertido jugar a ser una estrella del rock en un escenario grande. Y me gusta la idea de tocar para gente que no te haya visto nunca. Es un desafío. Me encantaría que la banda fuese suficientemente popular para tocar siempre en estadios”.

En España, de momento, seguís tocando en salas. ¿Te frustra no haber podido crecer más?
“España y el sur de Europa siempre nos han resultado complicados. Creo que quizá sea porque el inglés no está tan presente, y nuestras letras son importantes. Pero nos encanta ir a España o Italia porque tenéis la mejor comida del mundo. La primera vez que fuimos a España fue en el 93, y el fascismo, que había terminado en Europa en el 45, no desapareció de España hasta el 75. Así que 20 años después notaba que había la primera generación de gente libre, y todo el mundo parecía que fuera poeta, música o pintor. Me enamoré totalmente del país. Me hubiera gustado ser más populares allí, pero esta vez será la primera que demos tres conciertos, así que todavía tengo esperanza en el futuro”.

Me avisan que nos queda un minuto, pero para terminar me gustaría preguntarte  por la canción ‘August And Everything After’ que incluisteis en la cara B del vinilo de Butter Miracle Suite One. Obviamente es el tema que daba título a vuestro primer álbum, pero no la incluisteis en él. Cuéntame la historia de ese tema. ¿No te gustaba entonces, no la terminaste a tiempo…?
«Con esa canción pasaron un par de cosas. Cuando grabamos nuestro primer disco, lo hicimos con cinta analógica, y no puedes editar un piano con esa cinta. Ahora con Pro Tools podrías hacerlo, pero no entonces. Y la versión original era yo solo al piano, y no soy un gran pianista. Además el arreglo y algunas letras no eran demasiado buenas. El caso es que intenté grabarla, pero por mucho que lo intentaba no conseguía una toma buena. Y es una canción de diez minutos, así que al al final T Bone (Burnett, el productor -ndr.) se acabó cansando y me dijo que nos tomáramos un descanso. El caso es que yo me quedé y le dije a Pat, nuestro ingeniero, que siguiera grabando porque había escrito una canción para Bonnie Raitt. La conocí de joven y fue encantadora conmigo, así que quería darle una canción. El caso es que cuando terminé, T Bone ya estaba ahí y me dijo ‘¿Qué coño es eso?’. Y le dije ‘Oh, es ‘Raining In Baltimore’, un tema que escrito para Bonnie Raitt’. Y me dijo ‘¡Que le den a Bonnie Raitt! Olvídate de ‘August And Everything After’ y vamos a meter esta en el disco’. Y eso es lo que hicimos. El caso es que pasó el tiempo, y toqué ‘Everything…’ en directo un par de veces, pero todavía sentía que los dos últimos versos no eran demasiado bueno. Pero hará diez o quince años nos ofrecieron dar un concierto con una orquesta, y dije que sí, siempre que tuviéramos de director a Vince Mendoza, que había hecho los arreglos de dos discos de Joni Mitchell. Y entonces Vince y yo nos pusimos a trabajar de nuevo en ‘Everything…’ y la terminamos. La tocamos en el Disney Symphony Hall en LA y fue genial, pero no llegamos a grabarla. Y entonces en 2018, Amazon nos ofreció grabar una canción con orquesta, y como estábamos terminando una gira en Londres fuimos al estudio de George Martin en AIR Studios, y pudo venir Vince. Fue genial, y la primera oportunidad de grabarla bien desde que había cambiado la letra. Como los cuatro temas de Butter Miracle cabían en la cara, conseguimos los derechos de Amazon para incluirla en la cada B. Perdona que me haya alargado, pero esa es la historia».

JORDI MEYA

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