En dos semanas podremos disfrutar del nuevo disco de Clutch, Sunset On Slaughter Beach, otro trabajo ejemplar para añadir a su extenso catálogo. Aprovechando su paso por el Tsunami Xixón, nos sentamos con su frontman Neil Fallon para descubrir sus entresijos y por qué es más importante seguir tu intuición que el big data.

Si hay algo que Neil Fallon disfrute tanto como haciendo música es comiendo bien. Es algo de lo que me di cuenta cuando le conocí hace casi diez años, y que todavía sigue siendo vigente a día de hoy. ¿Quieres hacerle feliz? Pide unas tapas y un buen vino y verás como su timidez, que de entrada puede parecer frialdad, da paso a una personalidad afable y afectuosa.

Eso es lo que hicimos un día antes de su concierto en el Tsunami Xixón, en una terraza de la playa de San Lorenzo. Aunque para la entrevista ‘oficial’ preferimos quedar unas horas antes de que se subieran al escenario principal del festival. Allí volvieron a demostrar por qué su directo es tan apreciado. Sin pirotecnia, ni pantallas, ni cambios de vestuario, el cuarteto de Maryland, que completan Tim Slut (guitarra), Dan Maines (bajo) y Jean-Paul Gaster (batería), dio una lección de cómo hacer vibrar al público simplemente tocando sus canciones con pasión.

Posiblemente esa sea la clave que explica por qué a pesar de que nunca hayan pertenecido a ninguna escena, estado de moda, o haber tenido un hit en la radio, la banda acumule ya más de tres décadas de carrera. Y de la misma manera que los cuatro miembros han sido capaces de mantener su amistad desde que iban juntos al instituto, el vínculo que los fans sienten respecto al grupo es igual de fuerte: cuando uno se convierte en fan de Clutch, es fan de Clutch para siempre.

Neil es muy consciente de la suerte que tienen de contar con ese apoyo que les permitió hacer los livestreams benéficos Live From The Doom Saloon durante la pandemia, editar sus discos a través de su propio sello, Weathermaker Music, o contar con uno de los productores del momento, el inglés Tom Dagelty (Ghost, Royal Blood), para experimentar algo más en el estudio durante la grabación de su nuevo disco. En definitiva, mantener su libertad creativa en un entorno cada vez más orientado a los artistas de usar y tirar.

Escuchando Sunset On Slaughter Beach diría que hay dos tipos de temas, los más rockeros en la línea de lo que la gente espera de Clutch y otros más sofisticados que tienen un rollo casi 60’s o de película de espías. ¿Se escribieron en momentos distintos?
NEIL FALLON «Recuerdo que cuando empezamos a hablar sobre hacer un disco, tenía muy claro que no quería hacer un álbum que fuera no un bajón, ni hablara del COVID ni nada de eso, así que las primeras canciones que hicimos como ‘We Strive For Excellence’ o ‘Red Alert (Boss Metal Zone)’ eran rápidas y animadas. Pero a medida que fuimos haciendo más, los temas se volvieron más oscuros. No fue intencionado, simplemente ocurrió. Supongo que es porque tienes que escribir desde el corazón, no desde el cerebro, así que el disco tomó su propio curso aunque hubiéramos premeditado otra cosa. Además, normalmente tocamos mucho los temas en directo antes de grabarlos. Obviamente esta vez no pudimos hacerlo, y quizá eso explica que temas como ‘Mountain Of Bone’ tengan otra onda. Quizá un tema así no hubiera funcionado en directo a la primera y no lo hubiésemos grabado, pero ahora que lo hicimos creo que sabremos cómo llevarlo al directo».

¿Pudisteis quedar para tocar juntos, ensayar y grabar o tuvisteis que hacerlo por separado?
«Al principio nos juntamos para los livestreams, y fueron genial, pero la idea de solo poder tocar material hasta Book Of Bad Decisions durante el resto de nuestras vidas nos aterrorizaba. Así que empezamos a quedar para componer material nuevo y en junio de 2021 se nos unió Tom Dalgety, y luego en octubre, y pudimos grabarlo finalmente en noviembre. Así que cuando salga el disco ya tendrá un año, lo cual es de locos».

¿Por qué recurristeis a Tom?
«Hace años contactó con nosotros porque quería venir a un concierto y quería conocernos. Por desgracia, ese día teníamos que irnos justo al terminar el bolo y no coincidimos. Pero escuchamos sus discos y sonaban geniales. Mucho de lo que ha hecho es muy distinto a Clutch, pero eso es lo que buscamos en un productor. Nosotros cuatro nos ponemos de acuerdo muy fácilmente, así que necesitamos un dictador temporal que decida por nosotros (risas). Y también alguien que sugiera cosas que a nosotros no se nos ocurrirían, como los coros femeninos. Ya los habíamos tenido antes, pero nunca tanto como en este».

¿Y puede ser que hayas doblado más tus voces?
«Sí, hay mucha más armonías. Normalmente grabo una voz en las estrofas, y doblo los estribillos. Pero en este disco hay más capas. En el disco anterior, Vance Powell, el productor, lo quería todo desnudo. Hace tiempo que no he escuchado el disco, así que no sabría cuál es el máximo de pistas de voz, pero hay unas cuantas».

Desde luego suena un disco más de estudio, más producido.
«Sí, Tom dedicó mucho tiempo a la mezcla, y hay efectos psicodélicos de guitarra que hacía mucho tiempo que no usábamos. Grabamos doce canciones, pero preferimos hacer un disco más corto que tuviera un poco de todo y sin relleno».

¿Sentís que vuestros fans os dan la libertad para hacer lo que queráis o en algún momento hacéis algo que pensáis que quizá no encaja con la identidad que habéis creado como banda?
«Recuerdo muy vivamente cuando grabamos ‘The Regulator’ para Blast Tyrant (2004), sabía que era muy distinta a todo lo que habíamos hecho antes y no tenía ni idea de si gustaría, pero a los fans les encantó. Creo que tenemos mucha suerte. Empezamos muy pronto a ganarnos esa libertad. Cuando tocamos ‘Spacegrass’ para un público hardcore en 1995, vimos muchas peinetas, y gente dándonos la espalda, pero componer en base a las expectativas de tus fans es un error enorme. Eso no es ser un artista, es ser un equipo de marketing. Dicho esto, esa frase en ‘Spacegrass’ que dice ‘Don’t worry, it’s coming’, empezó porque yo le decía a los hardcoretas, ‘Nos os preocupéis, entrará el ritmo y os podréis dar de hostias’ (risas)».

Cuando empezasteis, ¿qué clase de banda queríais ser? ¿Cuáles eran vuestros referentes?
«No teníamos ni idea, y tampoco la tengo ahora. Creo que Jean-Paul y Tim tenían, y tienen, una visión más clara de lo que quieren que sea Clutch. Cuando sacamos nuestros primeros lanzamientos, básicamente éramos adolescentes y queríamos ser una banda muy agresiva. Pero ya en Transnational Speedway League (1993) había temas lentos porque éramos muy fans de Swans también. Prong era otra gran influencia. Y por supuesto Bad Brains, Minor Threat, Fugazi, toda esa escena fue muy importante. Pero todavía me deja perplejo cuando escucho nuestro primer disco porque me cuesta creer que sea yo».

Para mí sois una banda única porque estáis en un punto intermedio entre el rock clásico, el blues, el hardcore, la psicodelia… Supongo que eso es lo que os permite que ahora podías hacer una gira por Estados Unidos con Helmet y Quicksand de teloneros. 
«Sí, hemos girado abriendo para Slayer y Pantera, pero también nos han invitado a tocar tres noches en el festival Ramblin’ Man Fair, más orientado al rock y el blues. Es un espectro muy amplio, pero es lo divertido. Cuando sacamos nuestro segundo disco, el homónimo, vimos claro que no solo queríamos hacer riffs, o canciones tan emocionales, sino más bien contar historias. Me gusta que nos sigamos sorprendiendo con lo que nos sale. A veces Jean-Paul toca un ritmo, o Tim toca un riff y me suena extraño, no sé realmente lo que hacer. Para mí es mucho más interesante que cuando sé exactamente lo que haré».

«No me dedico a esto porque es lo único que sepa hacer, sino porque es lo único que necesito hacer» NEIL FALLON

Ya que has mencionado a Pantera. ¿Qué te parece que vuelvan a girar con una nueva formación?
«Estoy seguro que será una gira enorme. Se hace raro pensar que hay personas, prácticamente adultos, que aman Pantera y que nunca llegaron a ver el grupo en directo porque nacieron después de que se hubieran separado. Seguro que estará muy bien. No puedo pensar en nadie mejor que Zakk Wylde para hacer ese trabajo».

¿Cuándo girasteis con ellos?
«Fue en la etapa de The Great Southern Trendkill en 1996 o así. Solo tocábamos media hora, pero fue una gira muy importante para nosotros. Pero la verdad es que ya no puedo tolerar ese nivel de agresividad (risas)«.

Como decía el listado de grupos con los que habéis girado es de lo más variado, Iron Maiden, System Of A Down, Dropkick Murphys… ¿Cuál es la gira en la que os habéis sentido más fuera de sitio?
«Probablemente la de Marilyn Manson. Fue cuando estaba muy de moda por la versión de ‘Sweet Dreams’. Fue una gira de cuatro meses, y no me gustó nada el ambiente. No me gustaba esa escena. La hice de muy mala gana, pero mirando atrás creo que fue una de las giras más importantes que hemos hecho. Durante el show, ves que las primeras filas pasan totalmente de ti porque quieren ver a la banda principal, pero a posteriori te das cuenta que en cada concierto igual hay cientos de personas que están en el fondo que te acaban descubriendo porque les has gustado. Por lo que tengo entendido Manson era muy fan de nuestro primer disco, pero en la gira tocábamos temas del homónimo, y eso no le gustaba. Creo que en su biografía nos describió como ‘el sonido de cemento secándose’, lo cual no me molesta (risas). Fue una gira extraña, pero beneficiosa. Pero, de nuevo, ya no podría hacerla (risas)«.

Fuisteis de los primeros grupos en salir de gira durante la pandemia. ¿Era una cuestión de necesidad económica o porque queríais darle un poco de esperanza a la gente?
«Un poco las dos cosas. Los livestreams que hicimos fueron buenos por dos motivos: nos ayudaron económicamente, porque tuvimos a 6000 personas viéndolos, y porque nos obligó a ensayar. Si hubiéramos estado dos años sin tocar… Es como cualquier músculo, si no lo usas, se vuelve más débil, más pequeño. Pero aun así no es lo misma intensidad que cuando tocas en directo con público, así que decidimos salir de gira. Y todo fue bien hasta que yo pillé el COVID, y luego lo acabó pillando todo el mundo. Pero bueno, solo tuvimos que cancelar dos conciertos, y pudimos hacerlos más adelante. Nunca he dado por sentado la vida que tenemos gracias al grupo, bueno, quizá sí durante los primeros diez, pero durante la pandemia me di cuenta que realmente necesito hacerlo. Es como Ozzy Osbourne, The Rolling Stones o Bruce Springsteen, no tendrían por qué girar, pero lo hacen porque lo llevan dentro».

¿Es una forma de adicción? No digo el tocar, sino el subidón que te da el ser adorado por el público.
«Claro. Todo el mundo que diga que le da igual, miente o no está siendo del todo sincero. El subidón que sientes cuando terminas un gran concierto es una pasada. Creo que por eso tantos músicos tienen problemas con las drogas o la bebida. El bajón que tienes después también es muy grande y si quieres mantener ese estado de euforia fuera del escenario acabas recurriendo a la química. Y también si has dado un mal concierto, lo que quieres es borrar ese sentimiento de malestar. Personalmente, no me dedico a esto porque es lo único que sepa hacer, sino porque es lo único que necesito hacer».

A lo largo de vuestros 30 años de carrera, ¿tienes la sensación que el mundo de la música se ha vuelto más corporativo? La industria siempre ha tenido una parte chunga, pero ahora incluso aunque quieras operar de manera totalmente independiente acabarás teniendo que trabajar con una gran empresa como son las plataformas de streaming o las ticketeras. ¿Te resulta frustrante tener estar tan pendiente de la tecnología?
«Sí, es algo que te lleva mucho tiempo y que no es nada artístico. Cuando creo que por fin entiendo algo, la tecnología ya ha cambiado. A veces, simplemente tienes que rendirte y contratar a alguien para que se ocupe de eso para poder dedicarme a lo que realmente me gusta. También es frustrante porque a veces parece que te estés aprovechando de los fans, pero en realidad son intermediaros los que están sacando tajada. Todo es mucho más complicado que simplemente ir a una tienda y comprar un disco. Utilizar los teléfonos, los ordenadores, los algoritmos, las listas de email se han convertido en males necesarios. A veces hemos dejado de hacer cosas porque sentíamos que quizá estábamos agobiando a nuestros fans. Pero al menos hemos tenido la opción de hacerlo. Cuando tienes contrato con una multi estás atado de pies y manos».

No sé si será porque les obligan o porque quieren, pero a veces ves artistas jóvenes más interesados en crear ‘contenido’ que en la propia música.
«Sí, yo también lo he visto. Creo que en el rock’n’roll no lo vemos tanto. El espíritu del rock sigue siendo la música, pero en el EDM, el hip hop o la música alternativa se trata más de vender un estilo de vida. Ves cuentas con 25.000 posts y ninguno de ellos tiene que ver con la música (risas). El año pasado decidí que no quería saber nada de las redes sociales porque me di cuenta de la cantidad de horas que me pasaba mirando el móvil y no tenía nada creativo que mostrar. Las eliminé todas. Creo que es mucho mejor leer un libro, arreglar algo en casa o escribir una canción. Pero ahora pienso que quizá soy irresponsable porque no me entero de lo que pasa ahí fuera. Es para volverse loco. Pero al final creo que la gente quiere música en directo, quiere vivir algo, y eso es algo que las redes nunca podrán quitarnos».

Aunque no quisieras escribir en la pandemia, en tus letras se nota una especie de rabia sutil permanente, como si no te gustara hacia dónde va el mundo.
«Casi nunca escribo con la intención de hacer una crítica social, aunque puede pasar de manera accidental. Por ejemplo en ‘Mountain Of Bone’ utilicé imágenes de Dragones Y Mazmorras como una analogía de la adicción. La frase ‘chasing the dragon’ se refiere a que nunca lo alcanzarás, pero sigues haciéndolo porque eres un adicto. Pero no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer, porque no tengo respuestas. Y creo que a la mayoría de la gente no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Creo que la música abiertamente política queda desfasada muy rápidamente, creo que es mejor de una manera más vaga. Me gustan las canciones de las que no estoy al 100% seguro sobre lo que estoy cantando. El tema ‘Slaughter Beach’ no tengo ni idea de lo que habla».

En noviembre vais a volver a España. Os llevó mucho tiempo girar por aquí, pero ahora es una parada obligada en cada gira. ¿Os ha sorprendido que tengáis fans en países que no esperabais igual hace diez años?
«Sí, la mayoría del Sur de Europa. Siempre solíamos girar por Reino Unido y Escandinavia, pero luego descubrimos Francia y España al mismo tiempo. Pero el lugar más sorprendente es Grecia. Nuestro agente siempre nos decía que no fuéramos a Grecia porque no vendíamos discos allí, pero el promotor local insistió mucho y cuando decidimos ir fue nuestro mayor concierto en Europa. Tuvimos a 3.000 personas cantando cada canción, y gente muy joven. Así que qué más da si las han aprendido mirando vídeos en YouTube. Ellos lo pasan bien y nosotros lo pasamos bien. Nos abrió los ojos. A veces no puedes fiarlo todo a los datos, es más importante seguir tu intuición».

Ya, al final, los datos, los números, son solo eso. 
«Claro, que algo sea popular no significa que sea bueno. La mayoría de los grupos que me gustan son poco conocidos. Pero también hay gente a la que no le gusta Led Zeppelin o los Beatles. Aunque te aseguro que no quiero saber nada de esa gente (risas)«.

JORDI MEYA

Sunset On Slaughter Beach será publicado el próximo 16 de septiembre a través de Weathermaker Music. Lo presentarán en directo el 28 de noviembre en Barcelona (Sala Apolo), el 29 de noviembre en Madrid (La Riviera) y el 1 de diciembre en Bilbao (Santana). Las entradas ya están a la venta en la web de Live Nation.

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