Hacía seis años que Animals As Leaders no publicaban nuevo disco, Pero más allá de ese ‘pequeño’ contratiempo llamado COVID-19, el trío estadounidense es de los que cree que la calidad es más importante que la cantidad. Y de eso va sobrado su quinto álbum, Parrhesia, que en unas horas verá la luz.

De un batería tan técnico y preciso como Matt Gartska esperarías que fuera un tipo de lo más habilidoso con sus manos. Sin embargo, cuando hace unos días contactamos con él por Zoom, estaba sudando de lo lindo intentando montar una estantería en su nueva casa en Nashville. Un consuelo para todos esos mortales a los que simplemente ver una llave Allen nos provoca sarpullidos.

Pero está claro que bricolage aparte, Gartska es un máquina con su instrumento, al igual que sus compañeros Tosin Abasi y Javier Reyes, considerados dos de los mejores guitarristas del siglo XXI. Juntos han conseguido algo tan improbable como colar sus discos en el Top 20 de las listas de ventas de su país o girar con bandas como Deftones, Messhuggah o Thrice haciendo una música instrumental que para nada se lo pone fácil al oyente.

Tras un largo parón, más voluntario que forzado, Animals As Leaders vuelven con Parrhesia (Sumerian Records), un quinto trabajo que vuelve a desafiar la ley de la gravedad con ritmos y digitaciones que hacen que Tool parezcan los Ramones.

¿Cómo que te has mudado a Nashville?
MATT GARTSKAMmm… Hay muchas razones. Ahora mismo hay mucha gente mudándose de Los Angeles a Nashville. Para mí es muy importante poder tocar la batería en mi casa, y con los precios que ahora mismo se pagan por las casas en Los Angeles me resultaba imposible permitirme una donde hacerlo. Además aquí todo es mucho más barato y los impuestos son más razonables”.

Bueno, parecen buenas razones.
“A largo plazo, seguro. Los últimos meses han sido un poco complicados con la mudanza porque también estuve un par de meses viviendo en Virgina, pero bueno, ya está casi todo en orden, menos esta puñetera estantería de ahí atrás (risas)”.

Hablando ya de Parrhesia, es el primer disco que sacáis en seis años. ¿Pero lo tenías grabado desde hace tiempo es relativamente reciente?
“A ver, diría que empezamos a componer hará como tres, tres años y medio. Creo que la primera sesión la hicimos en 2018, y lo hicimos de manera distinta a como lo hacemos habitualmente. Normalmente yo programo las baterías, pero esta vez grabamos la batería en directo. A partir de ahí fuimos construyendo el disco, y utilizamos algunos patrones rítmicos que tenía guardados. Cosas muy locas que me apetecía utilizar como el de ‘Monomyth’ que lanzamos como tema de adelanto. Así que lo compusimos hará como tres años, pero no lo terminamos hasta más adelante. Si hubiera sido por nosotros, lo hubiéramos publicado antes, pero tanto el sello como el management preferían esperar a que terminase la pandemia y poder promocionarlo bien. Y la verdad es que hay que admitir que tenían razón. Trabajamos tan duro en el disco que no queríamos sacarlo porque sí y pasase desapercibido”.

Pero más allá del COVID, tampoco parece que de salida tuvieseis mucha prisa en hacer un disco nuevo. Lo cual me parece bien, eh.
“Bueno, hay que tener en cuenta también nuestras vidas personales. Tosin empezó su propia empresa de guitarras, y eso nos retrasó mucho. Y después está nuestro principal obstáculo que es juntarnos los tres y tener tiempo suficiente para centrarnos en componer. Por otra parte, hay bandas legendarias como Meshuggah, que no sacan un disco cada dos años, y creo que a veces es positivo. Al final se trata de calidad por encima de cantidad. Si tenemos que esperar otros cinco años para el siguiente, tampoco pasa nada”.

Sin duda. Cuando empiezas a ver bandas que ya van por su disco 13 o 14, es casi inevitable que las ideas empiecen a escasear.
“Desde luego. Creo que cuando compones en exceso acabas sonando genérico. Una de las ventajas de esperar es que cada uno puede evolucionar como músico, así que cada vez que nos juntamos hemos adquirido perspectivas diferentes, nuevos conceptos. Creo que eso se nota en el disco”.

Antes decías que ‘Monomyth’ había salido de un patrón rítmico, pero ¿alguna vez componéis pensando en ideas más abstractas? En plan ‘vamos a hacer un tema sobre viajes en el tiempo’ o siempre es a partir de conceptos musicales.
“Estaría muy bien componer como dices (risas). Pero la realidad es que normalmente alguien toca algo, y los demás intentamos desarrollar una canción usando eso como base. Para mí es una manera más productiva de trabajar porque no estás forzando un concepto, sino que dejas que, en cierta manera, se manifieste libremente. Creo que eso nos ayuda a concentrarnos mejor en cómo desarrollar los temas”.

«Somos una banda, de eso no hay duda, pero también somos tres individuos con sus propias vidas e inquietudes” MATT GARTSKA

Antes comentabas la dificultad de reuniros físicamente porque vivís en tres estados distintos. ¿No es complicado mantener vivo el espíritu de la banda cuando apenas os veis?
“Bueno, es una situación cada vez más frecuente entre las bandas. Periphery están todos separados también. Pero la realidad es que cuando estás de gira pasas tanto tiempo juntos, que cuando terminas, ya está bien tomarte un descanso de los demás. Lo importante es que cuando nos juntemos, estemos a gusto. Es cuestión de encontrar el equilibrio entre lo personal y lo profesional. Somos una banda, de eso no hay duda, pero también somos tres individuos con sus propias vidas e inquietudes”.

¿Os divertís en la carretera?
Oh, sí, nos divertimos. A veces demasiado (risas). Pero cuando estás 24/7 con alguien es inevitable que surja alguna fricción. A veces puede haber tensión entre dos de nosotros, y el otro es el encargado de suavizar las cosas. Lo importante es ser respetuoso. Si alguien está intentando dormir y otro está de fiesta… Simplemente se trata de tener tacto”.

De todos modos, ejecutar vuestra música requiere mucha concentración, imagino. No creo que tampoco podáis desfasar mucho.
“Así es. Alguna vez he bebido antes de salir a tocar, y no funciona (risas). Soy muy exigente conmigo porque espero la perfección. Y todos somos iguales en ese aspecto. Cuando eliges tocar música complicada, tienes que hacerlo muy bien, sonar perfecto o resulta insoportable para el público. Siendo una banda instrumental, la música es nuestro lenguaje, así que tenemos que hablarlo de manera limpia y precisa. Tosin y yo no bebemos antes de los shows, como mucho una cerveza. En cambio Javier puede beber lo que quiera. Es una anomalía genética (risas)”.

¿Pero te diviertes tocando en directo o estás tan centrado en esa perfección que es un sufrimiento?
“John Coltrane decía que en la seriedad hay diversión, y estoy de acuerdo. Supongo que es como conducir un coche de carreras, o jugar a un videojuego, estás muy concentrado, pero te lo estás pasando bien. Es como llegar al final de una carrera de obstáculos, es muy satisfactorio. Y tampoco es que seamos ajenos a lo que ocurre en la sala. Si el público se vuelve loco, nos damos cuenta y nos motiva. Normalmente ensayamos mucho antes de una gira, y aunque los primeros conciertos son más como un rodaje, luego ya va todo como una seda”.

¿Hay algún tema del nuevo disco que ya estás sudando solo de pensar que tendrás que tocarlo en directo?
“Más de uno (risas). Hay partes de doble bombo que son super complejas. Estoy haciendo todo tipo de ejercicios para prepararme. Pero va ser una pesadilla (risas)”.

¿Crees que en 20, 30 años bandas como la vuestra serán vistas como vemos ahora algunas bandas de jazz? ¿Te imaginas tocando con 70 años esta música en festivales de jazz en lugar de festis de metal?
(Risas) Sería genial, pero lo veo complicado. El jazz está muy asimilado como parte de la música tradicional americana, y veo difícil que pase lo mismo con el metal. Pero, desde luego creo que podríamos encajar en algunos festivales de jazz. Quizá el jazz evolucione hacia el jazz metal progresivo, no sé. Donde sí me gustaría tocar es en la Super Bowl (risas)”.

Pues lo veo aún más complicado.
«(Risas) Lo sé, lo sé, pero no digas que no molaría».

JORDI MEYA

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