Al igual que sus antepasados vikingos, los suecos Amon Amarth llevan surcando los mares y conquistando nuevos territorios durante más de 25 años. La diferencia es que, en lugar de ir armados con hachas, lo hacen con guitarras eléctricas y discos como Berserker, que verá la luz el próximo 3 de mayo.

No me gustaría cabrear a Johan Hegg. Aparte de la considerable envergadura del vocalista de Amon Amarth, en los últimos años lleva practicando esa mezcla de artes marciales conocida como MMA, así que probablemente podría destrozarme en unos pocos segundos. Por suerte, Hegg es también un tipo simpático, de risa fácil y conversación fluida, y además, el undécimo álbum de la banda, Berkserker (Metal Blade/Sony BMG), no decepciona en absoluto. Su death metal vikingo sigue sonando inspirado y con gran fuerza, y el haber trabajo con un productor americano, Jay Ruston (Steel Panther, The Damned Things), no les ha hecho perder su esencia. Por delante, la banda que completan Olavi Mikkonen (guitarra), Johan Söderberg (guitarra), Ted Lundström (bajo) y Jocke Wallgren (batería) tiene una larga gira mundial que los llevará por Estados Unidos abriendo para Slayer y en verano por los principales festivales europeos con parada incluida en Download Madrid. Pero antes, tuvimos la oportunidad de charlar sobre la popularización de su cultura, su estancia en Los Ángeles y los secretos que esconden algunas de sus canciones.

En los últimos años hemos visto que la cultura vikinga se ha puesto muy de moda. En series, películas, incluso hay tiendas dedicadas a la estética nórdica. ¿Qué piensas cuando ves a alguien de otra cultura adoptar vuestras tradiciones? ¿Te gusta, te molesta…?
JOHAN HEGG
“¡Me encanta! Pienso que es una pasada que haya tanta gente en todo el mundo interesada en nuestra cultura. Creo que, lo que la gente no se da cuenta, es que ser vikingo era una profesión, no importaba de dónde eras. Muchos eran mercenarios que venían de otras partes de Europa, no sólo escandinavos. Ser un vikingo es una mentalidad”.

De hecho, para grabar este disco os fuisteis a Los Ángeles, que nada tiene que ver con vuestra cultura. ¿Qué os llevó ahí?
“¡No tengo ni idea! (Risas) Para serte sincero, pienso que podríamos haber grabado el disco en cualquier parte. Fue una decisión de la banda, pero personalmente me importaba un comino dónde grabar. Dicho esto, el estudio era fantástico y el productor Jay Ruston vive ahí, así que supongo que era un factor importante”.

¿Quizá los tíos del grupo querían un poco de sol?
“Puede ser (risas). Creo que la idea era cambiar de ambiente, ir a un lugar nuevo. Pero estábamos seis días de la semana de diez de la mañana a diez de la noche, así que tampoco te creas que vimos mucho el sol (risas)”.

¿No hiciste nada más aparte de grabar el disco?
“Bueno, estoy metido bastante en el MMA y pude entrenarme varios días con el sensei Gokor Chivichyan. Fue divertido (risas). Duro, pero divertido. Soy demasiado viejo para competir, pero me gusta entrenar”.

¿No fuisteis a ningún concierto?
“Sí, fuimos a ver a Accept. Otros fueron a ver a Dark Tranquillity. Y yo fui a ver también a Paradise Lost y Sólstafir”.

Ah, muy bien. ¿Cómo de conocidos sois Amon Amarth en Estados Unidos? ¿Te reconocen por la calle?
“A veces sí (risas). Lo gracioso es que me ha pasado dos veces en el control de pasaportes del aeropuerto. Dos veces, el guardia ha sabido quién era (risas)”.

En los dos últimos álbumes habíais trabajado con Andy Sneap. ¿Por qué decidisteis cambiar también de productor?
“Andy es un gran productor, un gran tipo, un buen amigo, creo que hizo un muy buen trabajo en los discos. Pero, por ejemplo, antes de él hicimos tres discos con Jens Bogren, y al final nos sentíamos demasiado cómodos. Cuando nos fuimos con Andy para Deceiver Of The Gods fue para recuperar un poco de tensión. Es difícil de describir, pero queríamos encontrar una nueva voz en el estudio. Y ahora nos planteamos que quizá no debíamos grabar un tercer álbum con Andy porque habría pasado lo mismo. Se habría convertido en una rutina. Además, de todos modos, Andy tampoco hubiera estado disponible porque se fue de gira con Judas Priest. Estoy seguro de que a Andy no le importó que no quisiéramos grabar con él porque está viviendo su sueño de infancia tocando con Judas Priest”.

Eso seguro. ¿Cómo acabasteis con Jay Ruston?
“Nos reunimos con varios productores con los que nos apetecía trabajar y Jay fue el que se mostró más entusiasmado por trabajar con nosotros. Además, él había mezclado nuestro DVD en directo y había hecho un gran trabajo. Y también nos propuso un nuevo enfoque para la grabación. En lugar de grabar todas las baterías primero, luego todas las guitarras, todos los bajos y finalmente todas las voces, sugirió ir grabando todas las partes para un mismo tema y luego pasar a otro. La ventaja es que después de unos días, podíamos escuchar canciones ya terminadas y evaluar si había que cambiar algo concreto. Funcionó muy bien. Y para mí fue mucho más entretenido estar en el estudio, porque de la otra manera, estoy ahí sin hacer nada hasta que todos han terminado. Y a nivel vocal, también es mejor porque no tengo que forzar la voz para grabar todo el disco entero de golpe”.

Una palabra que usaría para describir vuestra discografía es la consistencia, y este álbum no es una excepción. Pero no sé si en algún momento os hubiera apetecido hacer algo completamente distinto, o si ya os gusta que la gente sepa qué va a encontrar en un trabajo de Amon Amarth antes de escucharlo.
“Si no nos gustara la música que hacemos, no la haríamos. Amon Amarth siempre ha sido un grupo cuya música es reconocible. Y para mí, cuando alguien dice que siempre sonamos igual, me lo tomo como un cumplido. Quizá lo hagan de manera sarcástica, pero para mí los grandes grupos son aquéllos que se mantienen fieles a lo que son, aunque luego lo desarrollen para hacerlo mejor. La gente que se queja de que somos demasiado estáticos, también debería quejarse de Iron Maiden o Motörhead, pero no lo oigo. Y eso es porque han ido sacando grandes discos. Y yo creo que hacemos lo mismo”.

También a veces se olvida que para alguien que tenga 15 ó 16 años quizá éste sea su primer disco de Amon Amarth y le suene como algo completamente nuevo.
“Sí, desde luego. Además, creo que, en este disco, musicalmente, hay cosas nuevas. Sigue sonando a Amon Amarth, pero hay nuevos elementos”.

“Es mucho mejor inspirar a la gente para que piense que pegarle un sermón”

Jomsviking era un álbum conceptual, pero éste no, ¿verdad?
“Así es. Éste no es un disco conceptual. Desde el principio vi que tenía ideas muy diversas para las letras. Creo que la gente espera que saquemos discos conceptuales uno detrás de otro, pero queríamos tener un poco más de libertad. Para mí no hubiera tenido sentido intentar forzar la diversidad de las letras para que encajaran en un concepto”.

Desde fuera puede parecer que sólo habláis de vikingos, mitos, batallas… pero supongo que a menudo esas historias deben ser tomadas como metáforas para hablar sobre otras cosas. ¿Correcto?
“En algunas canciones es así. En este disco hay un par de buenos ejemplos. Uno es ‘Fafner’s Gold’, que está sacado de la mitología. En la superficie es una lucha entre un dragón y su esclavo, pero en realidad es una metáfora sobre la avaricia y sus peligros. Y la última canción ‘Into The Dark’ parece con una canción sobre Loki, pero en realidad trata sobre los problemas de salud mental. Es muy probable que tengas un amigo o un familiar que los padece. Es importante que no tengamos miedo a hablar de ello. Creo que todos tenemos que reconocer que tenemos un punto de oscuridad en nuestro interior, es sólo que unas personas saben gestionarlo mejor que otras. Hay un gran estigma sobre eso y por eso quería hablar de ello en una canción”.

Los suecos tenéis la fama de ser muy reservados con vuestros sentimientos. ¿Es quizá por eso que prefieres usar metáforas en lugar de hacerlo explícitamente?
“Sí, puede ser. Es difícil hablar de cosas personales de manera muy abierta. Pero también creo que se subestima el poder de una buena historia, aunque sea ficción. Hay un motivo por el que la gente se siente atraída por los libros, las películas, el teatro, no es sólo porque sea una vía de escape, sino porque aprendemos cosas sobre nosotros mismos a través del arte. Y por ejemplo, si hablas de política, a nadie le gusta que le llamen idiota. Pero si haces que esa persona lea o escuche una historia que haga que esa persona piense, es la manera que quizá logres que cambie de opinión. A veces, ser muy directo puede ser contraproducente”.

JORDI MEYA