En unos días, All Them Witches visitarán tres de nuestras ciudades para presentar su último disco ATW, publicado el pasado septiembre. Sin embargo, la banda de Nashville lo hará reconvertida en trío. Un cambio más, en un grupo al que no le asustan los cambios.

All Them Witches se formaron en 2012 con ganas de hacer ruido. En sus inicios, las influencias del rock setentero de Blue Cheer o Led Zeppelin, algo de stoner y bastante de blues reinaban su música. Pero eso era únicamente el punto de partida y a lo largo de cinco discos de estudio, cuatro EP’s y media docena de singles, la banda ha ido adentrándose en la psicodelia, sacando su lado sureño, rebajando el nivel de decibelios. Aun así, cuentan que donde de verdad descubren todo su potencial es en directo. Pronto podremos comprobarlo, y con la novedad de ver cómo Charles Michael Parks Jr. (voz, bajo) Ben McLeod (guitarra), Robby Staebler (batería), se las apañan sin el teclista Jonathan Draper, quien dejó el grupo el pasado otoño.

Tengo entendido que tu padre era músico. ¿Cómo te influyó?
CHARLES MICHAEL PARKS JR. “Mi padre fue músico durante mucho tiempo. Trabaja todo el día en cosas de informática y por la noche tocaba con su grupo por toda la ciudad. Se acostaba tarde y se levantaba muy temprano para ir a trabajar. Apenas dormía. Mi padre tenía gustos raros. Crecí en el Sur, en Louisiana, así que escuchaba mucho blues y leía mucha poesía. Crecí expuesto a mucha más música de la que sonaba en la radio”.

¿Te costaba encontrar otra gente de tu edad que tuviera gustos parecidos?
“Monté mi primer grupo en el instituto y sigo en contacto con dos amigos que hice entonces. Los chavales a esa edad se creen que lo saben todo (risas), pero no me costaba relacionarme, aunque no tuviera los mismos gustos”.

Vayamos al presente. ATW es vuestro quinto trabajo en siete años, sin contar varios EP’s y singles. Sois muy prolíficos…
“Cuando escucho a un grupo, quiere escuchar algo que nadie haya hecho. Y la única manera es hacerlo para ti mismo. Cuando escribo música la hago para mí y cuando la tocamos con la banda la tocamos para nosotros. Si quieres ser un artista, lo mejor es no escuchar a nadie. La industria de la música y la música son cosas distintas. La industria quiere ganar dinero a través de la música, pero la música es un arte. De todos modos, el 99% de las bandas no generan dinero”.

¿Hay alguna banda que tengas como modelo a la hora de haber priorizado el arte por encima del negocio?
“Sí. Hay bandas que respeto más por su manera de hacer las cosas que por su propia música. Por ejemplo, los Grateful Dead. Tienen cosas que me gustan, pero hay mucha otras que no me gustan nada. Pero no pasa nada, porque hacían cosas en directo que eran sólo para quienes les estuvieran viviendo en ese momento, y yo no formaba parte de esa experiencia. Todo el mundo creía que eran hippies, pero eran más bien como una pandilla. Tenían su propia gente, sus técnicos, como 60 personas en su equipo de las que se preocupaban. Fugazi es otro grupo que admiro por su ética. Nunca cobraban más de 11 dólares por sus entradas o sus discos. Para mí es admirable que alguien renuncie a ganar más dinero, aunque lo necesite, por sus principios”.

¿Pero crees que hoy en día el público valora esa integridad?
“Al final da igual si la gente lo aprecia o no, o cómo lo juzga, lo importante es hacerlo por ti mismo. Intento no mirar nada de lo que se dice sobre nosotros en Internet, intento no saber si estamos progresando o no, porque para mí es demasiado personal. No quiero que alguien que no conozca de nada me influya con un comentario en un post. Yo creo que tener principios al final siempre es lo mejor. Quizá no llegues a ser un músico profesional, pero serás un músico”.

Comparado con los trabajos anteriores, ATW suenan más suave, con más desarrollos y más íntimo. ¿Qué os llevó en esta nueva dirección?
“Simplemente ocurrió. No lo sé (risas). Nunca pensamos en cambiar, simplemente cambiamos. Es algo muy natural. En realidad, a nosotros no nos suena distinto hasta que otras personas nos dicen que les suena distinto”.

¿Fue quizá una reacción a tocar fuerte en los conciertos?
“Puede ser. No queremos que se considere sólo una banda heavy. Tenemos mucha pasión por otros tipos de música y esas influencias acaban encontrado su hueco. Es agradable tener la opción de tocar algo muy ruidoso y destrozar los oídos del público, pero también lo es hacer algo más atmosférico”.

Pero cuando empezasteis sí querías ser una banda cañera.
“Desde luego. Pero era simplemente la música que hacíamos entonces y ahora hacemos otra. Para serte sincero, yo nunca escuché mucho metal o rock duro una vez terminé el instituto. Apenas escuchaba nada de eso cuando me uní al grupo. Es divertido tocar ese tipo de música en directo porque puedes gritar, saltar y poner cosas raras, que son cosas que no haces en tu vida diaria”.

Quizá es también una cuestión de edad.
“Sí, es algo para los jóvenes. Cuando empecé tenía 23 años. No tenía un duro, bebía, iba a conciertos, me acostaba tarde… es lo que haces a esas edades. Ahora ya tengo 30, soy viejo (risas)”.

Aun así, el año pasado estuvisteis abriendo la gira conjunta entre Primus y Mastodon por Estados Unidos.
“Aprendí muchísimo de Primus y Mastodon. Estábamos muy verdes y ver a dos grupos de ese nivel cómo manejan las cosas fue muy positivo. El primer concierto que dimos fue en el Red Rocks Amphiteather, que es el recinto más increíble en el que puedas tocar. Y llegamos para montar nuestras cosas, y alguien vino y me dijo ‘¿dónde está vuestro técnico de monitores?’. Y yo dije ‘No tenemos técnico’ (risas). Así que fue un golpe de realidad”.

Unos meses después, el teclista Jonathan Draper os dejaba. ¿Qué impacto ha tenido en la banda?
“Tuve mucha ansiedad durante mucho tiempo, porque no sabía si podríamos dejar de ser un cuarteto. No sabía si lo que gustaba del grupo era que tuviéramos teclados. Pero hicimos la gira como trío y nos divertimos muchísimo. Hemos cambiado los temas y ahora hay mucho más espacio en la música. No estamos adaptando a ese espacio. Por lo que me han dicho fans en los conciertos, no parece que a nadie le haya importado demasiado. Echo de menos a nuestro teclista original, Alan (Van Cleave), y a Jonathan, pero las cosas cambian. Estoy abierto a los cambios, aunque den miedo”.

¿Qué le dirías a alguien que esté dudando entre ir a veros o no?
“Nuestros conciertos son siempre distintos. La gente cree que conoce nuestra música, pero no la conocen (risas). Va cambiando cada día. Si te gustan los discos, en directo te va a gustar 1000 veces más. Quiero que la gente que venga sienta que realmente merece la pena”.

JORDI MEYA

Estas son las fechas de sus conciertos: 23 de abril San Sebastián (Dabadaba), 24 de abril en Madrid (Caracol) y 25 de abril en Barcelona (Razzmatazz 2).