Llegados al tercer álbum de su segunda etapa como grupo, los ya no tan nuevos Alice In Chains parecen haber conseguido enterrar de manera definitiva los fantasmas que les colocaron el cartel de banda maldita. Aunque para ello, antes tuvieron que regresar a su hogar para volver con una obra del calibre de Rainier Fog.

Desde que anunciasen oficialmente su retorno en 2006, Jerry Cantrell (voz, guitarra), Sean Kinney (batería), Mike Inez (bajo) y William Duvall (voz, guitarra) han tenido que cargar con una sombra tan alargada como dolorosa: la de Layne Staley. Tras pasar un auténtico infierno por el abuso de drogas, el que fuera vocalista de Alice In Chains terminó falleciendo en 2002, dejando un hueco imposible de llenar tanto para sus compañeros como para toda una generación de seguidores que se vieron impactados con álbumes tan relevantes como Dirt o Jar Of Flies. A pesar de que los de Seattle ya habían entrado en hiato en 1996 debido a la inestable salud de Staley y las dificultades para continuar adelante, el golpe fue durísimo.

Tras guardar el debido luto, el recuerdo de su antiguo vocalista permaneció imborrable, pero al menos Alice In Chains fueron capaces de reconstruir su carrera por su propios méritos actuales. Sus dos últimos álbumes, Black Gives Way To Blue y The Devil Put Dinosaurs Here, con Cantrell tomando la voz cantante y DuVall como acompañante, han justificado que aún siguen siendo una banda con cosas que decir. Cinco años después, ahora le toca el turno a Rainier Fog (BMG), un álbum para el que han retornado a la ciudad que les vio surgir en los 90 junto a Pearl Jam, Nirvana y Soundgarden entre otros muchos, y con el que reafirman su presente manteniendo sus señas de identidad.

Precisamente fue el propio William DuVall el encargado de atendernos unos minutos el pasado 13 de julio en los camerinos del Mad Cool horas antes de su concierto en el festival madrileño. Sabido por todos que los miembros originales piden expresamente que no se realicen cuestiones sobre Layne Staley, drogas o cualquier otro asunto relacionado con su oscuro pasado, resultó refrescante encontrarse con un punto de vista diferente. Desde su perspectiva, el también cantante de Comes With The Fall no rehusó mencionar a su predecesor o comentar libremente la triste desaparición de un amigo cercano como Chris Cornell. Como podréis ver a continuación en la interesante y agradable conversación que mantuvimos, DuVall es uno de esos entrevistados agradecidos para con los periodistas. Sólo hay que hacer las preguntas correctas y el trabajo sale solo.

Bienvenido de nuevo a España. Hacía mucho tiempo que no os veíamos por aquí.
WILLIAM DUVALL “Tienes razón, hacía bastante que no pisábamos España. Esta mañana hemos tenido algo de tiempo para ver la ciudad. Ya habíamos estado antes en Madrid pero hemos aprovechado para dar un paseo cerca del hotel, por el centro, y hemos visto el Palacio Real”.

Genial. Precisamente la última vez que tocasteis aquí también fue en un festival con Pearl Jam, el BBK Live 2010, solo que ellos actuaron ayer.
“Sí, ahora lo recuerdo. Creo que en ese festival estuve con Eddie Vedder viendo a Paul Weller. Y Mike McCready salió a tocar ‘Rooster’ con nosotros. Estuvo muy bien, nos encantó tocar en Bilbao. Hubiera molado coincidir otra vez con ellos, pero todos tenemos trabajo que hacer (risas)”.

¿Y cómo te sientes en este tipo de festivales con grupos tan diferentes? Esta noche por ejemplo tocáis a la misma hora que Arctic Monkeys.
“La verdad es que los prefiero así. También me gusta tocar en festivales donde sólo hay grupos de rock o metal, pero para mí es mucho más interesante y divertido hacerlo en otros más diversos. Creo que festivales como éste evocan el espíritu de los primeros que se hicieron, como el de Woodstock, donde se mezclaban músicas de todo tipo. A veces es difícil decidir a quién ir a ver porque se juntan muchos artistas interesantes, como hoy At The Drive-In y Jack White. Es un cartel increíble”.

Aunque algo menos, también ha pasado mucho tiempo desde vuestro anterior álbum, The Devil Put Dinosaurs Here. ¿En qué habéis andado metidos durante estos cinco años?
“Bueno, suelen pasar uno o dos años entre que empiezas a escribir un nuevo disco y hasta que entras a grabarlo. Normalmente tardamos entre unos seis meses y un año en acumular ideas conjuntas y luego otro año más hasta que finalmente podemos grabar, encontrar algún sello que ayude a publicarlo… Eso ya nos lleva dos años. Y una vez que sale a la venta, tienes que pasar otros dos más girando para promocionarlo, así que ahí se van cuatro años. La mayor parte del tiempo desde 2013 la pasamos haciendo eso mismo con The Devil Put Dinosaurs Here, de igual manera que lo hicimos para Black Gives Way To Blue. Cuando ya has pasado por todo eso, también necesitas algo de tiempo para tomar distancia, vivir tu vida y tener tiempo para ti mismo. De lo contrario, todas las canciones tratarían sobre estar en un backstage como éste o por qué no me han traído el tipo de agua que he pedido al cátering (risas). Eso no es interesante. Pero lo cierto es que desde entonces muchas cosas han ocurrido en los últimos cinco años, tanto en la comunidad musical como en el mundo entero. Así que necesitamos vivir todo eso para que nos inspire y ayude a vestir las canciones. Todas las pérdidas que hemos sufrido en el mundo de la música, el mapa geopolítico… Hay mucho de lo que hablar”.

Rainier Fog ha sido grabado casi en su totalidad en Seattle. Es la primera vez que Alice In Chains graba en casa desde el disco homónimo de 1995. ¿Qué es lo que hizo regresar a la banda?
“Entiendo a lo que te refieres: los orígenes del grupo. Lo cierto es que todo empezó simplemente porque nuestro batería, Sean Kinney, expresó su deseo de poder dormir en su propia cama para cambiar los hábitos que hemos tenido a la hora de grabar los dos últimos discos. Especialmente con Black Gives Way To Blue, ya que en ese momento todos vivíamos en Los Ángeles excepto Sean, que tenía que venir un par de meses para trabajar todos juntos. Al principio era como una broma: ‘¿Por qué no grabamos en Seattle?’. Obviamente, acabamos haciendo otro álbum casi íntegramente en Los Ángeles como The Devil Put Dinosaurs Here. Y por tercera vez la broma volvió a salir, solo que esta vez iba un poco más en serio (risas). Me encantaba la idea de trabajar en Seattle. Eso provocó todas estas discusiones sobre lo que significaba volver a casa, por así decirlo, y afrontar los fantasmas de nuestro pasado. Y por otro lado, yo también tuve mi propio debate interno y con los demás. A ellos les forzaba a encarar su pasado y me forzaba a mí a hacerlo también, a encontrar mi lugar en la historia de este grupo y de esa ciudad. Al final decidimos que sería una buena idea hacerlo, averiguar cómo sería volver a trabajar allí de nuevo en más de veinte años para ellos y para mí por primera vez. Así que fuimos allí en junio del verano pasado, que es la época más bonita para estar en Seattle. Pasamos tres meses viviendo allí, que es el periodo más largo en el que he estado en la ciudad. Hemos pasado mucho tiempo allí y hemos dado unos cuantos conciertos a lo largo de los años, aunque al final sólo me quedaba dos o tres días. Pero vivir en pleno centro de la ciudad, justo donde estaba el estudio, fue una experiencia totalmente diferente. Podía ir caminando al trabajo, absorber la atmósfera que se respiraba en Seattle, las vibraciones de la gente… Todo eso fue genial además de poder grabar en aquel edificio, en Studio X, el mismo en el que lo habían hecho anteriormente. No habíamos pensado en esa similitud, pero ellos hicieron su tercer disco allí con la primera formación del grupo y ahora íbamos a grabar el tercer álbum de esta reencarnación de Alice In Chains en el mismo estudio. No estaba planeado, pero surgió así. Debo decir que desde el momento en el que entramos en Studio X y todo nuestro equipo estuvo instalado, cualquier miedo que ellos pudieran tener o el temor que yo pudiese albergar… todo aquello desapareció el primer día. De hecho, diría que cualquier tipo de fantasma o espíritu que pudiera residir allí ayudó en el proceso. Incluso llegué a escribir la letra de ‘Never Fade’ mientras estábamos en el estudio. Todo el mundo se fue a dormir, pero yo me quedé toda la noche. Dije: ‘No me voy a marchar hasta que la termine’. Y pensé sobre todo esto, el estar en un lugar histórico como esa propia habitación, donde tantos grupos se habían reunido para grabar y escribir canciones, sentado justo ahí mismo. Pensaba en Layne Staley, en Chris Cornell, que había fallecido el mes anterior, en mi abuela, a la que perdí el día de Año Nuevo. Tenía 105 años, una figura muy importante en nuestra familia, ayudó a criarme y fue una de las personas más encantadoras que haya conocido. También recordé a Bowie, Prince, la historia de Seattle… Simplemente lo saqué todo en esa letra. Cuando los chicos la escucharon la aprobaron inmediatamente. Ni tan siquiera teníamos una música pensada para ella y ahora está en el disco. Cuando salí aquella noche del estudio, caminando por el centro de la ciudad, pude sentir esa experiencia espiritual. Y sólo podría haberla llegado a experimentar allí, en Seattle, en aquel edificio. Fue algo único”.

Por lo que cuentas parece que este trabajo tiene un componente nostálgico muy importante, incluso hasta de homenaje a la escena de los 90 de la que el grupo formó parte.
“Desde luego hay algo de echar la vista atrás en este álbum, pero lo hay mucho más sobre avanzar. Por ejemplo, ‘Rainier Fog’ habla sobre el pasado, pero también tiene mucho que ver con el vivir el presente y seguir adelante. ‘Never Fade’ trata de reflexionar sobre las pérdidas de los seres que queremos, pero también del amor que sentí por esas personas y los recuerdos que compartimos. Eso nunca morirá, nunca desaparecerá, es permanente. El álbum no va sobre mirar al pasado y centrarse en la tristeza. Como hemos dicho antes sobre la banda, la muerte es parte de la vida. En Black Gives Way To Blue nos vestimos de luto, pero especialmente con Rainier Fog hay un sentimiento de seguir adelante y de llevarte con nosotros”.

Sólo he tenido tiempo de escuchar el disco una vez esta misma mañana, pero mi impresión es que se trata de un trabajo más dinámico, menos denso que The Devil Put Dinosaurs Here. ¿Cómo lo compararías respecto a los dos anteriores?
“Diría que ha sido el más divertido de hacer. Creo que es mi favorito de los tres que hemos hecho con esta formación. Es interesante porque Nick Rasculinecz, nuestro productor, dijo lo mismo. Volvimos de gira para terminarlo en su estudio en Franklin, Tennessee, y dijo: ‘Éste es mi favorito’. Por supuesto, nosotros nos sentimos demsiado cercanos a él como para hacer cualquier valoración e intentar ser objetivos. No hay manera de hacer eso. Así que te lo dejamos a ti y a los demás oyentes. Ya no es cosa nuestra, sino de todo el mundo, y que tengan sus propias impresiones. Estamos a favor de eso, ninguna interpretación es más o menos válida que las demás. Algunos ven este trabajo algo más optimista, puedo entenderlo, pero hay quienes dicen que es nuestro álbum más heavy, así que está bien (risas). Sea como sea, ambos tienen razón. Pero comprendo a lo que se refieren algunos con que este disco suena más a lo que realmente somos y en dónde nos encontramos ahora mismo. Y quizás tenga que ver con todo el tiempo que llevamos juntos. Llevamos doce años, eso es más de lo que duró la primera etapa del grupo, y desde entonces hemos trabajado firmemente. Si no estamos grabando, probablemente estemos de gira. Desde el primer momento que nos juntamos en 2006 nos fuimos a la carretera. Nunca paramos. Creo que todo eso cobra sentido ahora que sabemos quiénes somos, nos conocemos mejor y lo que estamos haciendo. Y eso también va por Nick Raskulinecz y nuestro ingeniero Paul Figueroa. Hemos hecho tres discos juntos, así que sabemos qué es lo que se nos da bien. Nos hemos conocido durante una década y hemos estado en cualquier situación imaginable: matrimonios que iban y venían, niños que nacían, hemos perdido amigos y familiares. No tenemos secretos entre nosotros”.

“Si una idea es capaz de pasar todos nuestros filtros, probablemente es porque sea muy buena, porque discutimos muchísimo. Somos terribles en eso (risas)”

Por otro lado, he notado que tu participación en las voces resulta más evidente. Tienes más protagonismo. ¿Cómo ves tu evolución desde Black Gives Way To Blue?
“Ha sido una progresión natural. Se podría decir que desde el primer momento intenté encontrar mi propio espacio dentro de la banda. Fue un proceso constante, nunca algo que pudiese dar por seguro. Tenía que seguir insistiendo y mostrarme seguro de mí mismo y de mis ideas. Éste es un grupo muy duro, créeme (risas). Todos tenemos personalidades muy marcadas. Y también, en cierta manera, la banda en sí es una institución. La gente suele tener muchas opiniones acerca de cualquier cosa que hagamos. Al final, si una idea es capaz de pasar todos nuestros filtros, probablemente es porque sea muy buena, porque discutimos muchísimo. Somos terribles en eso (risas). Pero si ha llegado hasta el final, eso significa que ha pasado la prueba. Es parte de lo que hace las cosas interesantes. No nos lo ponemos nada fácil los unos a los otros, pero al mismo tiempo, nos queremos y respetamos”.

Quería aprovechar la oportunidad para preguntarte a cerca de Comes With The Fall. Me encantan todos los discos que llegasteis a hacer, especialmente Beyond The Last Light. Desde que te uniste a Alice In Chains parece que estáis en un hiato indefinido. ¿Hay planes de volver a retomar el proyecto en algún momento?
“Me encantaría, y de hecho, tengo intención de volver a hacer algo con Comes With The Fall. Es la parte más grande de mí. Beyond The Last Light para mí es probablemente el mayor logro que he conseguido como artista de principio a fin. Creo que ha superado el paso del tiempo. Puse mucho de mí en ese álbum”.

Me recuerda a muchas cosas de los 90. Hay mucho de Soundgarden, Jeff Buckley incluso…
“Sí, a mí también. De hecho, llegué a conocer un poco a Buckley. Teníamos muchos amigos en común. Antes de que él apareciese, yo tenía un grupo llamado No Walls en el que hacíamos algo muy similar. Empezamos en 1988 y nos separamos en el 92. Entonces Buckley salió en 1994 y se lo llevó todo (risas). Pero a veces ocurren cosas así. Y él era genial, no estoy negando eso, pero quiero decir que eso siempre ha formado parte de mí y Beyond The Last Light es reflejo de ello. Estoy muy orgulloso de ese disco y todos los que hice con Comes With The Fall. Definitivamente quiero hacer algo nuevo con el grupo, tal vez bajo mi nombre u otra banda, no lo sé, pero estoy en ello, eso seguro”.

Tengo que ir terminando y no me gustaría hacerlo sin hablar de alguien a quien ya has mencionado, Chris Cornell. ¿Cómo te impactó la noticia de su repentino fallecimiento?
“No creí que pudiese ser cierto. Aún me cuesta creérmelo, al igual que con Prince. Creo que nunca nos recuperaremos de algo así. Pero te diré algo: él está en este nuevo álbum. Su hermana nos trajo una de sus guitarras al estudio y Cantrell y yo la tocamos. Así que siempre estará con nosotros, al igual que con todos sus fans”.

GONZALO PUEBLA