Cantante, multiinstrumentista, compositor, productor… Alain Johannes es uno de los artistas más completos que uno pueda encontrar. Pero Hum, su nuevo disco en solitario, no es un vehículo para exhibir sus múltiples capacidades, sino una pura expresión de su yo más íntimo.

Alain Johannes me recuerda a esos grandes actores secundarios de Hollywood. Sea por su personalidad o por otras circunstancias, su destino no parece ser el de acaparar los focos, sino el de ayudar a que otros brillen gracias a su talento. Pese a haber tenido su momento en los 90 con la banda Eleven junto a su esposa Natasha Shneider (fallecida en 2008) y el batería Jack Irons (Red Hot Chili Peppers, Pearl Jam), su carrera ha estado centrada en ayudar como productor a artistas como Chris Cornell, Queens Of The Stone Age, No Doubt, Jimmy Eat World o músico de directo de PJ Harvey o Them Crooked Vultures, el supergrupo de Dave Grohl, Josh Homme y John Paul Jones de Led Zeppelin.

Pero desde 2010 Johannes también ha desarrollado una discografía en solitario, siendo Hum (Ipecac), que verá la luz el 31 de julio, el tercer trabajo firmado con su nombre. Se trata de un disco muy intimista grabado tras haber superado lo que podría haber sido una infección por el coronavirus. Cuando contactamos con él a finales de mayo, Johannes se encuentra en Santiago de Chile, su ciudad natal, donde ha pasado cuatro de los últimos seis meses encerrado por el confinamiento.

Hum es un álbum muy bonito, pero surgido de un momento complicado en tu vida. ¿Qué sentimiento te despiertan estas canciones ahora mismo?
ALAIN JOHANNES “Necesitaba hacerlas. Este último año y medio ha sido muy loco, y todo eso me llevó a este disco. Mi idea era haberlo hecho antes, pero volví de Chile y empecé a tener problemas de salud, colesterol y esas cosas de gente mayor (risas). Empecé a cuidarme más, dejé de fumar, pero arrastraba muchas pérdidas, la de Chris, mi tío, mi madre… Natasha… y choqué contra un muro. Normalmente suelo llevarlo bien porque hago meditación, pero esta vez me deprimí y necesitaba evadirme un poco, así que organicé una gira (risas). Toqué por todas partes, cinco conciertos a la semana, y acabé en Milán, donde produje a una banda de Nápoles, The Devils. A mediados de noviembre volví, y me puse muy enfermo. Pensaba que era una gripe, pero cada vez iba a peor y acabé pasando dos meses en cama. Por los síntomas, pensé que igual era el COVID, pero me hice el test hace unas semanas y dio negativo. Pero puede que no fuera correcto, porque no podía respirar, los antibióticos no funcionaban y muchas noches no podía ni dormir, pensando en si lograría sobrevivir a la mañana siguiente. Luego me empezaron a dar cortisona y mi cuerpo empezó a responder, pero lo pasé muy mal”.

¿De dónde sacaste las fuerzas para hacer el disco?
“Empecé en febrero. Sólo tenía dos trocitos de música, un par de arpegios de ‘Mermaids’ Scream’ y el punteo de ‘Hum’. Pero estaba decidido a hacer el disco, así que me imaginé su secuencia, y cada día me levantaba y escribía la canción que correspondía para el orden que había imaginado. Lo escribí en doce días. Sólo me tomé un día libre. Mi amigo Dave Collins, que había masterizado los discos de Eleven y Soundgarden, lo masterizó en un día porque tuvo una cancelación. Y luego grabé un par de vídeos y luego volé a Chile para tocar en Lollapalooza y dar unos conciertos. Literalmente este álbum me sacó de la enfermedad. Estaba en un estado muy frágil, así que hay cosas que no pude hacer. En ‘Mermaids’ Scream’ quería poner una sección de vientos, pero no tenía capacidad pulmonar para tocarlos. Básicamente todo lo que se escucha son guitarras, percusión, un banjo y un harmonium. Las letras son muy desnudas. No quería olvidar a las personas que he dejado atrás, pero necesitaba sacarme la pena y la ansiedad de dentro para poder seguir adelante. No quería perder más tiempo, sintiéndome deprimido o con ansiedad, quería salir a tocar y grabar discos con mis amigos. El plan estaba muy bien, pero no contaba con una pandemia global (risas)”.

Por lo que dices, éste podría ser tu álbum más puro. Parece que no hubo ningún filtro entre la composición y la grabación.
“Así es. Es mi disco más personal, el más yo. Siempre me ha gustado trabajar en base a mi relación con otras personas, me gusta el sentimiento familiar que tenía con Natasha, con Chris, con Queens Of The Stone Age, o con PJ Harvey, pero mis discos en solitario son más catárticos. Spark fue mi oda a Natasha, Fragments And Wholes Vol. 1 era más experimental, y el último que grabé en mi antigua casa, de la que me fui hace tres años. Había demasiado dolor en esas paredes. Y el alquiler era muy caro (risas). Para mí este álbum es un soplo de frescura por la manera tan espontánea en que lo hice. De hecho, ahora estoy teniendo que volver a aprender a tocar las canciones, porque no recuerdo las afinaciones que utilicé. No pensé en los arreglos, ni hice maquetas, dejé que todo saliera solo, improvisando”.

“No quería olvidar a las personas que he dejado atrás, pero necesitaba sacarme la pena y la ansiedad de dentro para poder seguir adelante” ALAIN JOHANNES

¿Crees que a partir de ahora grabarás siempre tus obras así?
“Mis discos en solitario siempre han sido un poco así, aunque ésta es la culminación de ese enfoque. Spark lo hice en una semana, Fragments lo hice en un par… Pero tampoco descarto poder hacer un disco en el que dedique más tiempo a las interpretaciones. Me gustaría poder grabar con una sección de cuerdas tocando en directo. Estaría muy bien. Pero ahora me gustaría hacer un álbum con varios colaboradores basado en improvisaciones. También quiero hacer un disco instrumental, con partes escritas y otras improvisadas, con muchas texturas. He estado escuchando mucho a Arvo Pärt, Ryūichi Sakamoto, Bach… hacer algo tipo banda sonora, más ambiental”.

Como productor, ¿crees que hay demasiada música que carece de esa espontaneidad?
“Cuando surgió Pro Tools en los 90, siempre lo vi como una manera de poder trabajar más rápido, sin tener que esperar a rebobinar las cintas, pero costó mucho encontrar la calidad sonora que me gustaba. Para mí, las cosas empeoraron mucho más cuando se empezó a utilizar el Auto-Tune. Me gusta poder utilizar una parte de una toma que es mejor y colocarla en otro sitio, pero siempre intento que el artista no dependa de eso. Hay guitarristas que graban un estribillo y luego simplemente quieren que lo cortes y pegues en los otros, pero para mí eso le quita mucha dinámica. Con Jimmy Eat World grabamos todo el disco en cinta analógica y estaban contentos con poder grabar todos al mismo tiempo. Me gustaba mucho su energía en directo y eso es lo que quería capturar en Damaged. Pero cada proyecto es diferente. Nunca intento forzar nada, sino que me adapto a lo que el artista quiere. Con Mark Lanegan, cada disco es diferente, por ejemplo. Pero creo que todos nuestros discos favoritos tienen ‘errores’. No se trata de que sea perfecto, sino de que transmita algo, por eso nos gusta tanto la música en directo. Un álbum grabado con cinta analógica siempre será atemporal, es como llevar una camiseta y tejanos, nunca pasa de moda. Mientras que algunas producciones de los 80 siempre van a ser identificables con un periodo de tiempo concreto”.

Tengo curiosidad por saber qué pensaste del disco Scream de Chris Cornell la primera vez que lo escuchaste.
“Tengo cierta debilidad por ese disco porque sé que lo pasó mal por el contexto en el que se creó. No tengo todos los detalles, pero Chris era alguien al que le gustaba colaborar, pero también necesitaba su espacio. Cuando hicimos Euphoria Morning, él decidía cuándo quería cantar. No era una cuestión técnica, sino de ánimo. Así que imaginarle en el estudio, rodeado de veinte personas, con una persona que hace beats, un editor de Pro Tools… no creo que fuera el entorno adecuado. No creo que Timbaland le entendiera del todo. Creo que fue una oportunidad perdida para Timbaland para probar otras cosas. No sé, grabar con una orquesta o un cuarteto de jazz. Podrían haber hecho algo interesante, pero para mí Higher Truth y Euphoria Morning son mis discos favoritos de Chris”.

Sé que eres muy fan de Led Zeppelin. ¿Alguna vez te ha propuesto Robert Plant, o se lo has propuesto tú, producirle un disco? Creo que haríais un buen tándem.
“Coincidí brevemente con él porque vino a un concierto de Them Crooked Vultures, pero por lo que sea, nadie me lo presentó oficialmente. Estoy de acuerdo en que podríamos hacer algo bueno juntos. A él le interesa la música de raíces y podría funcionar. Me hubiera encantado poder trabajar con Bowie, pero nunca ocurrió. Fue Natasha quien me animó a producirnos, porque decía que podía cagarla igual que cualquier productor (risas). Cuando Chris nos ayudó a conseguir un contrato con A&M, cogimos todo el dinero de nuestro avance y construimos el estudio donde luego grabamos Euphoria Morning, Peace, Love, Death Metal de Eagles Of Death Metal…”.

Aunque Eleven fuisteis conocidos en vuestro momento, no es una banda que suela reivindicarse. ¿Cómo le explicarías a alguien la magia de ese grupo y el talento de Natasha?
“Puedo decirte con total seguridad que Nastasha era la persona con más talento que he conocido. Era brillante. Cerraba los ojos e iba probando distintas armonías, y siempre en el tono perfecto. Ella decía que no sabía improvisar, pero componía tan rápidamente que era como si lo hiciera. Estaba destinada a ser una gran compositora en la Unión Soviética porque había ido al conservatorio, pero ella era una rockera. Le encantaba el rock, Aretha, Motown… Cuando con 15 años dijo que ficharía por ese sello, todo el mundo se rió de ella, pero acabó fichando por Motown, relacionándose con Stevie Wonder y Marvin Gaye. Nos pasábamos 24 horas juntos, siete días a la semana, y nunca hubo un solo momento de aburrimiento. Yo era más un improvisador, y ella más una compositora, pero nos entendíamos muy bien. Nos complementamos muy bien. Creo que con Eleven tuvimos mala suerte, no acabamos de encajar en la época. Aunque nuestra música era dura, teníamos un toque más soul y más clásico. Además, nuestros discos nunca se editaron oficialmente en Europa, donde se aprecia más el arte. Por el contrario, también tuvimos el apoyo de Pearl Jam, Soundgarden y Josh Homme, pero cuando A&M desapareció nos quedamos un poco a nuestra suerte. Creo que éramos la típica banda que gusta a otros músicos, pero no al gran público”.

No puedo evitar preguntarte por la muerte de Chris Cornell. Mucha gente sigue sin entender por qué se quitó la vida. Supongo que es porque en el fondo no entendemos tampoco lo que son las enfermedades mentales. ¿Cuál fue tu reacción?
“Desde pequeño he tenido ataques de pánico y a lo largo de mi vida he sufrido tres crisis nerviosas y varias depresiones. Nunca he tenido pensamientos suicidas, incluso cuando murió Natasha. En ese momento mi vida no tenía sentido, pero escuchaba su voz en mi interior diciéndome ‘Ni se te ocurra’. Tuve mucho apoyo de Josh y de Chris. Con Chris es extraño porque pasé mucho tiempo con él, y siempre canalizaba su depresión a través de su arte, de sus letras. Hablábamos mucho sobre eso. Por eso para mí fue una completa sorpresa cuando me enteré de su muerte. Unas semanas antes había hablado con él y parecía que estaba bien, pero seguramente hubo algo que provocó eso… y ocurrió. Parece que no tenía más medicamentos en su cuerpo de los que normalmente tomaba, pero nunca sabes cómo te pueden afectar. A mí me costó cuatro meses dejar de tomar Xanax, se acaba convirtiendo en una muleta. Le echo mucho de menos y es una pena toda la música que vamos a perdernos. Pero al final me siento agradecido por todos los recuerdos que tengo de él. De hecho, cuando tocamos con Chris en Barcelona en 1999, al día siguiente estuvimos mirando apartamentos en el periódico mientras desayunábamos porque nos encantó la ciudad, pero eran carísimos (risas). Tengo un muy buen amigo que vive en Perpiñán y mi intención sería mudarme a un pueblecito pesquero que hay por ahí algún día. Ahora estoy sin blanca porque no puedo girar, pero espero poder hacerlo en el futuro”.

JORDI MEYA

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