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El Faro

La luz del fin del mundo.

Con sólo una película, Robert Eggers llamó la atención de propios y extraños. De viejos zorros del fantástico a las nuevas tropas de aficionados que empiezan por el final, porque resulta más fácil y accesible a pesar de vivir unos tiempos donde ya todo es inmediato y está al alcance de cualquiera. A través de La Bruja, un desconocido norteamericano que apenas superaba la treintena marcó un hito en el horror actual, ‘elevándolo’ (ay) hacia una angustia existencial equivalente a trasladar al espectador a la Nueva Inglaterra del siglo XVII. 

Tras intentar arrancar un nuevo proyecto centrado en Nosferatu, Eggers rescató una vieja historia creada mano a mano con su hermano Max y centrada en las viejas leyendas de los lobos de mar de antaño y ambientada en un faro en medio de ninguna parte.

Aparcando la imagen digital con la que no tuvo más remedio que filmar su extraordinaria ópera prima (por razones presupuestarias) para filmar en unos poderosos 35mm en blanco y negro al servicio de un majestuoso 1.19, el cineasta nos regala en El Faro un verdadero festival para los sentidos.

Para ello, Eggers se sirve de dos de las interpretaciones más extremas de Willem Dafoe y Robert Pattinson, estrella del firmamento desde sus tiempos de vampiro adolescente y que ahora se enfunda el nuevo traje de Batman con todo merecimiento. El ojo de Pattinson para ser uno de los tipos más fiables de la industria es digno de alabanza: David Cronenberg, James Gray, los hermanos Josh y Benny Safdie o Claire Denis son un currículum de primera.

La potencia visual de Jarin Blaschke se multiplica gracias a la prodigiosa, angustiosa e incómoda música de Mark Korven, y entra ambos logran que la película sea una apuesta por la forma, algo que no es óbice para poder apreciar un fondo lleno de riqueza y lirismo.

Dos almas perdidas en la última luz de los confines del mundo peleando contra su propia cordura. Rodeados de leyendas, miedos, secretos y quién sabe si algo más, los dos personajes compartirán una pestilente existencia entre gaviotas y descubrimientos. Entre pesadillas y sospechas, para terminar ofreciendo entrando en una batalla legendaria, tanto interior como exterior, entre semidioses humanos.

El Faro es una apuesta atrevida, rompedora, completamente desconectada de las normas de la narrativa actual y llena de visceralidad. Un tour de force para todos, delante y detrás de la pantalla o sentados en la butaca, con la que asistimos a la confirmación de un cineasta poderoso y atrevido que no duda en remover el pasado para aterrar nuestros sueños del futuro.

MIGUEL BAIN