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DROPKICK MURPHYS – ‘Turn Up That Dial’

Recuperan la algarabía punk de sus inicios.

Con 25 años de carrera a sus espaldas, Dropkick Murphys se han convertido en algo así como los AC/DC del celtic punk. Difícilmente vayan a sorprenderte cuando escuches otro disco nuevo -éste ya es el décimo- pero siempre puedes contar con llevarte un puñado de buenas canciones, y en directo nunca fallan.

Dicho esto, Turn Up That Dial asombra por su vitalidad y espíritu festivo. Y más en contexto pandémico. Si en sus últimos discos parecían un pelín acomodados, y con cierta tendencia a poner el acento en los instrumentos más folklóricos, aquí han recuperado la algarabía punk de sus inicios. Les ha bastado aumentar un poco los tempos, subirle el volumen a las guitarras, y meter unas cuantas gang vocals en los estribillos. Pero pese a recuperar elementos del pasado, el resultado suena de lo más fresco y animado.

Los tres primeros temas, ‘Turn Up That Dial’, ‘L-EE-B-O-Y’, una divertida oda a su gaitero Lee Forshner, y ‘Middle Finger’ son pura dinamita que seguro harán explotar en su próxima gira. De igual manera la divertida ‘Mick Jones Nicked My Pudding’, inspirada en una anécdota de su productor Ted Hutt con el guitarrista de The Clash, la frenética ‘Good As Gold’, ‘Smash Shit Up’ -que recuerda un poco a su célebre ‘I’m Shipping Up To Boston’-  o la juerga tabernaria de ‘Chosen Few’, en la que el flautín y la gaita les acercan a sus admirados The Pogues, mantienen el nivel de energía a lo largo del álbum.

Incluso cuando dan prioridad a las guitarras acústicas, caso de ‘Queen Of Suffolk County con un estribillo muy melódico, o el medio tiempo ‘H.B.D.M.F’, la música te invita a rodear con el brazo a quien tengas más cerca y cantar a grito pelado.

Que hayan dejado para el final la única balada del disco, la bonita ‘I Wish You Were Here’, deja claro que esta vez los de Boston tenían ganas de divertirse y divertirnos. Misión cumplida.

MARTA PUIG