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Doctor Sueño

La sombrerera loca.

Mike Flanagan es un ente extraño dentro del espectro del cine de género norteamericano. Desde hace prácticamente una década está rodando sin parar películas de terror, pequeñas, alejadas de modas y corrientes de sustos fáciles. El cine de Flanagan es discreto, artesano. Pausado. Pequeño.

Por eso no deja de sorprender el hecho de que haya sido él quien se encargue del marrón que supone continuar, casi medio siglo después, la que podría ser la película de terror perfecta. Siempre aprobando sin esfuerzos, no era una tarea imposible encontrarse ante la mejor película de Flanagan. Y, en efecto, así es. Doctor Sueño es un estimulante thriller de terror absolutamente noventero y delicioso. También es triste. Muy triste. Y durante dos de las dos horas y media que dura, funciona como un tiro. Pero el legado pesa tanto que termina por jugar a la contra a pesar de haber sido invitado con cordialidad. Por eso al final, cuando en teoría la película debería crecer, la sensación es que se hace pequeñita.

El tramo final termina siendo una entrada carísima a una haunted house temática (ya sabes) que se desmadra de manera inevitable, pero sin molestar. A pesar de todos los riesgos que conlleva realizar una secuela de El Resplandor, puede que disfrazar a la villana de la función de cantante de 4 Non Blondes sea el más excesivo de todos. Pero quedémonos con lo bueno. Doctor Sueño es sexi, cruel y ligera pese a su duración, y se antoja obligatoria en estos tiempos de mal género gracias a una tristeza y dulzura atípicas en el horror de hoy.

Que no se me pase un detalle que me llamó la atención por encima del resto: hay que ver lo bien le sentó la viudedad a la señora Torrance.

MIGUEL BAIN