Se hace raro que en plena era de la sobreinformación aparezca de la noche a la mañana una nueva película de cineasta ‘grande’, sin hacer ruido y sin una campaña de 200 carteles promocionales. Más raro todavía es el hecho de que la película pequeña sea de un director que viene de hacer más de mil millones con Aladdin.

El caso es que Despierta La Furia (Wrath Of Man en su título original) vuelve a unir a Guy Ritchie y Jason Statham más de quince años después. Más sabios, más relajados, pero igual de estilizados y duros que el primer día. Remake de la película francesa Le Convoyeur, de 2004, la película de Ritchie aprovecha la jugada con maestría. El director inculca tanta flema británica a la película que cuesta creer que estemos viendo una historia desarrollada en Los Ángeles.

Y es que Despierta La Furia parece parece uno de aquellos violentos thrillers de los 70 de Mike Hodges o John Mackenzie, pero con ese filtro made in USA de la Metro de entonces. Todo ello con la brusquedad del cine de S. Craig Zahler y un savoir faire contenido que impresiona.

Nadie lo esperaba, pero Guy Ritchie ha rodado su obra maestra. Su película más elegante, áspera y cuidada hasta el más mínimo detalle. Un potentísimo híbrido donde todo está en su sitio, un thriller realmente impresionante, adulto, poblado únicamente por personajes miserables (que hablan lo justo) y con una banda sonora de ensueño sin canciones para molar. La edición es brillante y complementa el guión como pocas veces hemos visto en un thriller estos últimos años.

Una de las grandes películas del año.

MIGUEL BAIN

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