Un año y medio después de que ofrecieran su apoteósico último concierto en el Navarra Arena de Pamplona, queda claro que los fans todavía no se han olvidado de Berri Txarrak. Así lo demuestra que Dardara, la excelente película documental dirigida por Marina Lameiro, consiguiera el mejor promedio de espectadores por sala en su estreno en cines el pasado fin de semana. Y posiblemente, si se hubiera hecho una encuesta a la salida de las salas, también hubiese conseguido una nota altísima en su grado de satisfacción.

Como todo lo que han hecho a lo largo de sus 25 años de carrera, Dardara transmite su vocación por hacer bien las cosas, al mismo tiempo que su reticencia a ponerse medallas por el resultado obtenido. Muchos grupos en su misma situación hubiera utilizado un documental como éste, en el que se narra su gira de despedida, como un vehículo a mayor gloria de su ego o para la construcción de su propia leyenda.

El arco narrativo estaba ahí para que cualquier ejecutivo de Netflix hubiera picado: banda de un pequeño pueblo que canta en una lengua minoritaria acaba girando por todo el mundo y termina su carrera tocando en un pabellón ante miles de personas. Sin embargo, Dardara ofrece algo distinto y mucho más interesante.

Aunque, lógicamente, la banda es la protagonista, no todo el protagonismo recae en ellos. Lameiro alterna el seguimiento de la gira por Alemania, Estados Unidos, Japón, y naturalmente no faltan imágenes de sus grandes citas en Kobetamendi o el Navarra Arena, con las historias personales de varios fans: una chica alemana que los sigue por toda Europa, otro que empieza el proceso de transición de género, un fotógrafo japonés que no entiende ni una sola palabra de sus letras, o una madre que transmite su pasión por el grupo a su hija.

Gracias a ello, además de optar por un ritmo más pausado, y un tratamiento de la imagen casi poético, o de huir de efectismos más propios de un reality, la directora consigue que el relato rompa con los tópicos de tantos documentales musicales. Si a eso le añadimos las reflexiones en off de Gorka Urbizu, que ayudan a comprender mejor su decisión de poner fin al grupo, tenemos como resultado un documental totalmente coherente con la filosofía de Berri Txarrak.

Si has seguido al grupo es muy posible que viendo Dardara sientas algo de nostalgia, incluso tristeza, pero también de alegría y esperanza. Vamos, lo mismo que sientes cada vez que pones uno de sus discos.

JORDI MEYA

En este enlace encontrarás un listado de las próximas proyecciones de Dardara.

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