FECHA: 25, 26, 27 Y 28 DE JUNIO DE 2025
LUGAR: RECINTO FESTIVAL (VIVEIRO)
PROMOTOR: RESURRECTION FEST
Hemos llegado al momento señalado en el calendario: un año más, vamos para Viveiro a nuestra semana grande y a disfrutar de la edición 20 aniversario del Resurrection Fest, un festival que hemos visto crecer desde sus inicios más hardcoretas, pasando por la incorporación del metal extremo y su posterior salto a las grandes ligas de los festivales europeos. Dentro del recinto, es imposible no detenerse ante el mural con los carteles de todos los años del Resu y hacer un buen ejercicio de memoria repasando la gran cantidad de bolos míticos vividos a lo largo de los años. ¡Aish!
El crecimiento del Resu ha sido sustancial durante los últimos años, pero, a pesar del gran volumen de público, sigue siendo un festival cómodo, sin excesivas colas para beber ni comer si sabes adaptarte un poco al lugar y al momento. Lo peor que podría hacer el festival es querer trasladarse a otra ubicación para ganar más público: gran parte de su encanto se debe a su localización. La instalación de una nueva zona de lavabos es un gran acierto, aunque la incorporación de otro más para mujeres estaría muy bien para minimizar colas.

El sonido, tanto en el Main Stage como en el Ritual y la carpa del Chaos Stage, ha sido impecable. El Desert Stage es el que ha salido peor parado en este sentido, con un volumen un poco bajo que no permitía disfrutar plenamente si no te acercabas a las primeras filas. Quizás se deba a que es el más cercano a la entrada y hay viviendas cerca, pero la menor potencia, unida a la gran barra en medio, su estrechez, el poder de convocatoria de algunas bandas y que parecía punto de encuentro de colegas para charlar, hizo muy difícil disfrutar algunos bolos.

Cierto es que el festival celebró una edición de lo más normal, sin destacar especialmente por nada, para ser un XX aniversario. Que bien es cierto que no es necesario celebrarlo por todo lo alto… si no fuera porque la organización anunció en repetidas ocasiones que sería un año especial en el que ofrecerían muchas sorpresas. La sorpresa es que no pasó nada diferente a años atrás, lo que, bajo nuestra humilde opinión, es lo mejor que puede ocurrir. Somos muy fans del festi tal cual, no hace falta hacerlo más grande.
Como siempre, felicitar a la organización y a los trabajadores del festi: al personal de seguridad de accesos y, sobre todo, de los escenarios, que a pesar de la avalancha incesante de cuerpos, siempre están dispuestos a ayudar sin descanso y con la mejor de las actitudes; al personal de barras y a los vendedores de cerveza móviles por su simpatía y buena disposición (que se lo digan al que fue levantado en un crowdsurfing por el main stage). Y a toda la comunidad del evento, que con su pasión, camaradería y buen rollo hacen del Resu un festival único.
MIÉRCOLES 25
Nos acercamos al main stage a ver a los alemanes From Fall to Spring, que nos dieron una buena muestra de lo que iba a predominar en este escenario durante los próximos cuatro días. Practican un metalcore con altas dosis de comercialidad, y, a pesar de la dificultad de abrir el festi a las 16:00, con temas como ‘Control’ o ‘Take the Pain Away’ entraron bien a los recién llegados.

La inclusión de última hora de los reunidos letlive. en el cartel fue una gran noticia y la razón principal para no despistarnos y estar en el recinto a primera hora. Pocos frontman hay como Jason Aalon Butler: lo da todo y canta increíblemente bien. Desde el minuto uno no paró ni un segundo, bajando repetidamente a cantar entre el público, trepando a un árbol o llegando micro en mano hasta más allá del final de la carpa, tirando de metros y metros de cable y volviendo a hombros en plan triunfal. ¡Muy jefe! Todo eso mientras volvíamos a escuchar en directo temas como ‘Muther’, ‘Renegade ’68’ o ‘Good Mourning America’, con un apoteósico final en el que Jason se arrancó la camiseta y se dejó las cuerdas vocales con los dos micros dentro de la boca. Uno de los bolos del festival, sin duda.
Desde la Bay Area llegaba el hardcore de Spy. Con un cantante de gran presencia escénica (una especie de John Garcia de Kyuss en versión hardcore), pusieron patas arriba la carpa del Chaos Stage. Buena cera y a por faena. Muy buenos. En el Ritual Stage, Lost Society fueron muy bien recibidos, aunque a temas como ‘112’ les faltó algo de empaque y contundencia respecto al disco.
The Southern River Band desplegó su dosis de hard rock con gran maestría. Si lo tuyo son bandas tipo Airbourne, no les pierdas la pista. Estos australianos, con el temario AC/DC etapa Bon Scott y clásicos del rock aprobados con nota, no inventan nada, pero lo suyo lo hacen a la perfección y se nota que lo llevan muy currado. Grandes.

A Jinjer los hemos visto en unas cuantas ocasiones y la sensación siempre es la misma: son impecables en ejecución, Tatiana es una gran cantante, pero su rollo técnico-progresivo se nos atraganta un poco. Un gran volumen de gente disfrutó de un set que finalizaron por todo lo alto con ‘Pisces’.

Otros australianos, Terminal Sleep, nos dieron una buena hostia en el Chaos. Definitivamente, este primer día de festi es en la carpa donde hemos vivido los mejores momentos. Circle pits sin respiro y una cantante, Bec, que nos castigó los tímpanos a base de bien. A esto hemos venido, joder.

¿Qué se puede decir de Judas Priest a estas alturas de partido? Los hemos visto infinidad de veces, llevan más de una década sin ninguno de sus guitarristas clásicos, pero siguen resistiéndose a dejarlo. Es de agradecer que no se hayan limitado sólo a hacer el típico greatest hits y hayan centrado gran parte de su repertorio en un álbum, Painkiller, del que sonaron —con mejor o peor ejecución— hasta siete cortes. Tocaron tres temas de su último disco y, para los más fans, rescataron ‘Solar Angels’ de Point of Entry. Concierto correcto y disfrutable en el que no faltaron ni la moto ni sus clásicos.

Lo que ha pasado con Pentagram desde Last Days Here da para hacer una nueva película. Referencia absoluta del doom, han tenido que pasar 40 años para que la viralización de un meme les hiciera conocidos por todo el mundo. La verdad es que el bueno de Bobby Liebling parece estar disfrutando el momento, después de las penurias vividas a lo largo de los años. En un Desert Stage que se quedó pequeño (cosa que se repetiría en jornadas posteriores), nos ofrecieron una buena selección de clásicos como ‘The Ghoul’ o ‘Sign of the Wolf’, junto a algunos temas de su trabajo más reciente. Con un Bobby solvente a la voz y con sus característicos gestos, su show fue toda una celebración de su leyenda.
JUEVES 26
Empezamos la segunda jornada acercándonos a ver a Vowws. A pesar de que les tocó lidiar con el sol de primera hora de cara, su propuesta dark con toques de EBM supuso un agradecido cambio de registro. Nos quedamos con ganas de disfrutarlos en la oscuridad de una sala; no en vano, sus colaboraciones con artistas como Chino Moreno o Chelsea Wolfe les avalan.
En el escenario grande, el personal lo dio todo con Northlane. Crowdsurfing, circle pits y walls of death se sucedían sin descanso ante una banda que ofreció un show muy correcto. Echamos de menos un poco más de complicidad de su cantante, más pendiente de estar impecable que de lo que estaba aconteciendo en el pit.

Situar a Death Angel antes de las 18:00 en el Ritual es, como poco, mejorable. No habría estado mal que un grupo de su trayectoria y calidad pudiera tocar en el Main Stage, y así romper un poco el perfil lineal de los grupos que se iban sucediendo en el escenario principal. A pesar de ello, dieron uno de los mejores bolos del festi: toda una lección de thrashde la Bay Area. Clásicos como ‘Voracious Souls’ o ‘The Moth’ sonaron increíbles, con la peña entregadísima y una banda en plena forma que lo disfrutó hasta el último guitarrazo.

En el Main, de nuevo, la gente se vino arriba con Seven Hours After Violet. La banda de Shavo Odadjian, bajista de System Of A Down, ofrece un metalcore resultón, y la comunión con el público fue total en temas como ‘Radiance’ o ‘Paradise’. Ahora solo queda esperar a que Shavo vuelva el año que viene con su banda madre.

Municipal Waste es una banda muy querida en el Resu, así que fue un acierto volver a contar con ellos para el 20 aniversario. Aquello fue una locura: hinchables, cuerpos surfeando sin parar, cubos de basura volando, desenfreno en el pit… Bolo superenérgico y divertido como merecía la ocasión. No se lo perdieron ni los resukids, atónitos ante el espectáculo dantesco en un lateral del escenario.

La aparición de Till Lindemann en el Main Stage, con su metal industrial y un buen sonidaco machacón, nos hacía presagiar algo grande. Puesta en escena con banda femenina uniformada totalmente de rojo, con apariencia de haber salido de una película para adultos; teclista con barra de stripper… todo provocación e irreverencia. Muy Lindemann. Al tercer tema ya teníamos la sensación de haberlo visto todo y aprovechamos para ir a cenar. Llegamos a tiempo de vuelta para ver su personal cover de ‘Entre Dos Tierras’ de Héroes del Silencio.

Korn nos debían una después de su cancelación en 2022, y cumplieron con creces ofreciendo la mejor actuación de un cabeza de cartel de este año. Escenario cubierto con una lona, empiezan las notas de ‘Blind’ y, al grito de ‘Are you readyyy?’, se desata la locura. Por si había dudas, empalman del tirón con ‘Twist’, ‘Here to Stay’ y ‘Got the Life’. Una gran producción, con uno de los mejores sonidos de todo el festi (y eso que el escenario principal sonó de lujo todos los días, sobre todo en la parte posterior de pista), y unas efectivas plataformas de focos que subían, bajaban y se inclinaban mientras se sucedían los temas.

Jonathan Davis demostró buena forma vocal; la base rítmica, atizando sin piedad; y Head y Munky, implacables a las guitarras. Cayeron, entre otras, ‘Clown’, ‘Shoots and Ladders’ (con guiño final al ‘One’ de Metallica), o ‘A.D.I.D.A.S.’, hasta llegar a la parte final con una celebrada ‘Falling Away From Me’, ‘Divine’ y el broche con ‘Freak on a Leash’. A un lado del escenario, Till Lindemann y Shavo de S.O.A.D. no se perdían detalle. Ojalá no tarden tanto en volver.
VIERNES 27
Que el Resu es algo más que un festival de metal queda claro si has estado allí. Ofrece tantas cosas buenas que puedes perdonar una de las jornadas más flojas de la historia del festival.
Soen acaricia el metal progresivo con una excelencia musical indiscutible. Quizás no sea la propuesta más golosa para un festival como el Resu, pero teniendo en cuenta que caía un solazo brutal, cerveza en mano y buscando la sombra, era una buena estrategia para ir calentando motores.
Anal Hard siempre está ahí para recordarnos que la caña old school en la carpa siempre es de buen recibo. Unos clásicos del festival que está muy bien que hayan sido programados para este 20 aniversario. Corear a grito pelado algo en castellano nunca está de más, ya que nuestro idioma brilla por su ausencia en la escena de la música extrema.
Quizás es demasiado ambicioso que Tesseract pisen el Main Stage. No podemos reprocharles nada a su puesta en escena ni a su sonido, pero no acabamos de conectar con ellos. Lo hacen todo tan bien que resultan aburridos. Esperamos que entendáis lo absurdo de nuestro concepto.
La sorpresa del día llegó con Lake Malice. Su frontwoman nos fascinó con unos registros vocales impresionantes. Sus temas son muy efectivos y suenan frescos y diferentes. También nos gustó cómo le atizan a la batería y a la guitarra sus compañeros de formación. Nos comimos el bolo enterito y lo gozamos a lo grande. Hasta su cover de ‘Break Stuff’ de Limp Bizkit sonó de narices. Sin duda alguna, si siguen así, no nos sorprendería verlos en el escenario principal del Resu en el futuro.
Si bien es cierto que llegar a un concierto del Desert Stage cuando ya ha comenzado es complicado para posicionarte bien como espectador, la distancia no impidió que siguiéramos siendo fans de los Debry Motoreta’s Burrito Kachimba. Aprovechamos la ocasión para recalcar de nuevo que el Desert ha pasado de ser un escenario residual a una propuesta muy bien aceptada por el público más veterano que asiste al festival. Esa barra central empieza a molestar y cada vez se colapsa más. Además, echamos en falta un poquito más de decibelios en este escenario. Volviendo al tema, el rock andaluz de la banda se ejecuta con una maestría de manual. Algunos temas empiezan a sonar ya como clásicos, y su aceptación es una bendición para el rock patrio.

Lo de Falling In Reverse es para abrir unas cervezas y debatir un rato. Su propuesta es, probablemente, lo más moderno que te puedes echar al oído en nuestros tiempos, y eso no es fácil de digerir. Su puesta en escena y sonido es excelente, pero siempre estarás acompañado de bases pregrabadas e inventos varios que pueden desesperar a los metalpacos más puros.
Su setlist es más variado que el de una boda: igual te sacan un tema country como que le dan al hip hop o al metalcore. El vozarrón de Ronnie Radke es impresionante, igual que su presencia en el escenario. Así que o te subes al carro o te vas a cenar para coger energías. Nosotros siempre hacemos esfuerzos para disfrutar el festi como chavales de 20 años, así que allí nos quedamos y, si bien no nos hicimos fans, justificaron con creces ser los cabezas de cartel del viernes.
Ya si sales con chalecos luminosos a escena, lo tienes un poco mal con nosotros. O nosotros con la banda. La cuestión es que la propuesta de Stesy no nos convenció en absoluto, pero entendimos perfectamente su presencia en un festival que cada vez está más abierto a las rock parties.

Somos más de Harakiri For The Sky y, aunque aquello estaba siendo un bolazo de narices, no pudimos disfrutarlo del todo por la incomodidad comentada anteriormente del Desert Stage. Si la música extrema no es lo tuyo, mejor ni lo intentes, pero es indiscutible que su agresiva propuesta es compleja y deliciosa.
Cerramos el día con unos Angelus Apatrida que clonaron su concierto de 2018 en cuanto a calidad sonora y efectividad, aunque solo repitieran la mitad del repertorio de ese año. Bajo nuestro punto de vista, son la mejor banda de metal nacional junto a S.A., y no tienen nada que envidiar a los grandes del thrash como Exodus, Testament o Megadeth.

El problema —para bien y para mal— es que ambos conciertos se parecieron en exceso y han pasado siete años. Hubiéramos agradecido una apuesta más arriesgada en cuanto a producción, llámese fuego, proyecciones, humo… Esperemos que llegue con la celebración de su 25 aniversario, porque siempre queremos más de los de Albacete. Si a ese bolazo estratosférico le das un valor extra en cuanto a puesta en escena, quizás se pueda acceder a ese gran último salto internacional que les falta para llegar a ser más grandes, si cabe. Musicazos que parecen haber subido a una máquina del tiempo. Una de las mejores maneras de cerrar un día de los más flojos de la historia del festival, aunque tuvimos de cara el clima y el mejor ambiente del Resu, que nunca defrauda.
SÁBADO 28
Somos fans de Gutalax, así que cremita para protegernos del sol y a por ello. La propuesta de los checos es tan imbécil como genial. Sudaron la gota gorda enfundados en sus monos, ofreciendo un bolo divertidísimo. Y aunque no saltó por los aires ningún policlin, sí que nos regalaron unas colchonetas de playa con la puerta del mítico lavabo portátil impresa. Momentos memorables como la colaboración a la guitarra de un colega del público apodado Dr. Mugre, o el notas lesionado de la pierna disfrazado de unicornio navegando sobre el público disparando burbujas de jabón. Siempre en el equipo de Gutalax.

Teníamos ganas de pillar a Pintglass y, claro, cuando vas motivado, todo encaja. Cierto es que lo de llevar un chaleco reflectante y pasamontañas como look es algo absurdo, pero tampoco estamos en la pasarela Cibeles. Banda sonora perfecta para arrancar un árbol o hacer una reforma en plena ola de calor. Cualquiera diría que eran las cinco de la tarde y la última jornada del festi.
Habiendo disfrutado de la existencia de Kyuss, sabíamos que nos iban a enloquecer Slomosa. Siendo previsores, acudimos antes del inicio del bolo para ocupar una posición privilegiada en el escenario de la discordia. Nada podía fallar. Esa bajista, ese frontman con ese pelazo, temazos, sin pretensiones más allá de ofrecer un buen concierto de rock. Darán que hablar.
Y si bien es cierto que el black metal jugaba un papel secundario en la edición de este año, lo de Spectral Wound fue una buena lección de calidad en el género. Nos tienen enamorados con sus tres trabajos, que supieron defender con gran efectividad. No tienen tema malo, y su excelente ejecución, junto con los recursos sonoros del escenario Ritual, hicieron de la velada algo magnífico. Es un clásico que cuando toca una banda de black en el Resu se nuble y chispee, y, un año más, se cumplió la profecía.

Adept aterrizaron en el festi de rebote. Ocupar así el escenario principal no debe de ser tarea fácil, y no podemos más que quitarnos el sombrero ante el despliegue de los suecos. Muy guapo. Habrá que escucharlos con calma, porque no los controlábamos.

El solape de Walls of Jericho y Vader estaba claro que era lo más doloroso del festi, sin tener en cuenta nuestras rodillas. Decidimos empezar con los americanos, y creemos que acertamos. Empezaron con uno de nuestros temas preferidos, ‘The American Dream’, y en ningún momento bajaron el listón del hardcore old school más entrañable. Por desgracia, debíamos acudir a la llamada del metal polaco de Vader, y de nuevo fue una sabia elección porque sonaron de narices. Además, la entrega del público fue extraordinaria y el sonido de ese escenario nos tiene enamorados.
Si eres fanático del metal extremo, deberías ir a alguna edición del Resu solo por disfrutar del sonido del Ritual Stage. El black y el death suenan tan jodidamente bien… Espectacular. Además, las bajas temperaturas y las vistas al bosque detrás del escenario crean un clímax perfecto para cerrar un inner circle de manual.

A estas alturas de la vida es sabido por todos que Slipknot no te van a dar un mal recital. Otra cosa es si empiezas a comparar el concierto con citas anteriores… Ahí la cosa se pone cuesta arriba. Y es que lo que no debería perdonarse es que lleven una producción menor a fechas anteriores… y se lo perdonamos. Porque la voz de Corey Taylor es simplemente fascinante, y aunque se quitaran esas máscaras y se pusieran la del Zorro, nos seguirían pareciendo espectaculares.

Haciendo gala de nuestro background (y de los años que llevamos a la espalda), echamos de menos al Payaso, a Joey Jordison, a Craig Jones… y echamos de más a Sid Wilson. Pero los temas siguen ahí, y si a eso le sumas la potencia absolutamente bestial del Main Stage, solo puedes dar las gracias a los dioses del metal por tremenda sacudida sonora.
Curiosamente, el nuevo batería le da un ligero toque tropical a la percusión que no desencaja. Puestos a criticar, no podemos entender quién fue el crack que decidió finalizar el show con ‘Scissors’ después de tocar un temazo como ‘Surfacing’, que, si se hubieran invertido los papeles, habría sido mucho más coherente y disfrutable.
Fuegos artificiales como marca la tradición y anuncio de las fechas de 2026: por fin en el mes de julio (¡graciñas!). Quizás anunciar un cabeza de cartel de la próxima edición no hubiera estado mal, más que nada por aquello de que esta XX edición iba a ser diferente… y la diferencia brilló por su ausencia.

Lo que hacen Zeal & Ardor es simplemente mágico. Que sí, que mezclan estilos y que parece fácil… pues haberlo hecho tú. Van para arriba como la espuma y parecen no tener techo. Contentos de su éxito porque lo tienen bien merecido.
Y con esto y un chupito… hasta el año que viene. Esperamos ver a Poppy, Spiritbox, Bad Omens o Sleep Token, porque el festi hace tiempo que empieza a prescindir de los clásicos del metal y el tiempo les está dando la razón. Que sí, que está bien programar a alguna banda con solera, pero no es estrictamente necesario. Porque en la vida hay que adaptarse para ser feliz, y si vas a rajar de las bases pregrabadas, echar de menos a los guitar heroes de antaño o decir que lo de ahora no es metal… ponte un DVD y quédate en casa.
El metalcore ha venido para quedarse: la fiesta, la efectividad, el positivismo, la frescura y lo artificial. Nosotros, si tenemos salud, no fallaremos a la cita, porque el Resu es nuestro spa preferido.
CARLOS PASCUAL Y SERGIO POZO









