FECHA: 27 DE SEPTIEMBRE DE 2022
LUGAR: PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)
PROMOTOR: LIVE NATION

La remontada que Sum 41 llevan protagonizando desde lo que podríamos llamar como su “regreso de entre los muertos” particular no deja de asombrarme. Cierto que, incluso en sus horas más bajas, su nombre jamás ha dejado de tener un tirón grandísimo en nuestro país y que la suma de otra formación clave dentro del punk adolescente de los 2000s como Simple Plan ayudaba a hacer el pack de esta gira todavía más atractivo. Pero ni en mis sueños más optimistas hubiera llegado a pensar que serían capaces de llenar todo un Palacio de los Deportes.

Recordemos que hace 8 años la continuidad de los canadienses quedaba en entre dicho debido a los gravísimos problemas de alcoholismo de su líder Deryck Whibley que casi le cuestan la vida. Teniendo esto en cuenta, resulta aún más impresionante ver que dos décadas después de haber impactado con su debut All Killer No Filler y sobrevivir al estigma de ser vistos como una banda de pop punk al uso, ahora estén en el pico más alto de su carrera en lo que a popularidad se refiere.

Parte de la explicación la podríamos encontrar echando un vistazo a su público. Al contrario de lo que ocurre en otros géneros, aquí la audiencia no envejece de forma gradual, sino que entre treinteañeros y cuarentones que les vivieron en su momento, también encontramos un buen puñado de chavales que se deben haber incorporado a la causa en los últimos tiempos. Un muestra de que, a pesar de que esta gira venía a conmemorar el 20 aniversario de sus dos primeras obras, Sum 41 no es precisamente una banda para boomers.

Sin embargo, ante cualquier atisbo de nostalgia, Cassyette se dispuso a aportar la nota de actualidad al evento. A esta cantante inglesa originaria de Essex podríamos meterla dentro de la hornada de nuevos artistas que están surgiendo a raíz del revival encabezado por Machine Gun Kelly y Yungblud. Cierto es que el guitarrista y el batería que la acompañaban aportaban más en lo visual que en lo musical (la muchacha iba bien servida de pistas pregrabadas), pero por su actitud me recordó a una especie de P!nk mucho más cañera y auténtica que algunos de sus compañeros de generación. Buen aperitivo para lo que se venía.

¿Se puede sobrevivir haciendo pop punk con 40 años? Para Simple Plan parece que la respuesta es afirmativa, aunque su concierto sufriera demasiados altibajos. Y eso que no empezaron mal del todo tirando de singles pretéritos como ‘I’d Do Anything’, ‘Shut Up’ o ‘Jump’ con la que, obviamente, pusieron a botar a toda la pista. Por desgracia no fueron capaces de mantener esa intensidad y se fueron desinflando cual balón de playa a medida que iban cumpliendo con todos los clichés de un concierto de estas características. Que si saco a una chica a cantar un dueto en ‘Jet Lag’, que si tiramos unas pelotas gigantes en ‘Summer Paradise’ para que el público se entretenga, que si “Te quiero, España”, que si ahora nos hacemos una fotillo en medio de ‘Just A Kid’, que si disfrazamos al batería de extra de Breaking Bad para que haga stagediving… Reconozco que no soy especialmente amigo de este tipo de detalles por predecibles, aunque puedo llegar a entenderlos.

Foto Simple Plan: María García

Ahora bien, me cuesta encontrar justificación al medley que perpetraron con versiones de Smash Mouth, Avril Lavigne y The Killers. ¿En serio una banda con dos décadas de carrera y seis álbumes tiene que recurrir a un truco tan viejo para levantar el bolo? Por otra parte, se hacía muy raro verles sin un bajista sobre las tablas (recordemos que expulsaron a David Desrosiers hace unos años tras ser acusado de abuso sexual) Y bueno, si ‘Welcome To My Life’ o ‘Perfect’ ya me parecían demasiado edulcoradas en su día, ahora que tengo más años y menos pelo, ni te cuento. Ciertas bandas tienen fecha de caducidad, y la de Simple Plan ya se cumplió hace demasiado tiempo.

Curiosamente, Sum 41 ofrecieron una actuación calcada en la forma pero muy distinta en el fondo. Ya lo he dicho en alguna ocasión y lo vuelvo a afirmar: son el grupo que mejor ha sabido envejecer de toda su quinta. Salieron enchufadísimos con ‘Motivation’, ‘The Hell Song’, ‘Over My Head (Better Off Dead)’ y ‘We’re All To Blame’ desatando algún que otro pogo. La escenografía también resultaba muy vistosa con cañones de humo, confeti, llamaradas… todo presidido por la figura de un demonio hinchable que se iluminaba al apagarse las luces. Al lado de sus compatriotas parecían Metallica.

Foto Sum 41: María García

Puestos a revivir el pasado, recuperaron un buen puñado de temas que no acostumbran a tocar. Quizás para quiénes fuese su primera cita con los de Ontario (que por lo visto fueron mayoría) hubieran preferido un setlist aún más repleto de hits, pero para los que llevamos ya unos cuantos conciertos suyos a las espaldas fue una gozada poder escuchar ‘Summer’, ‘Makes No Diference’, ‘Screaming Bloody Murder’ y muy especialmente una buena selección de Does This Look Infected?. ‘Hooch’, ‘Mr. Amsterdam’, la inevitable ‘Still Waiting’ o un trepidante medley en el que atacaron algunas partes de ‘My Direction’, ‘No Brains’, ‘Rhythms’ y ‘All Messed Up’, fueron toda una golosina para los más veteranos.

Incluso el denostado Underclass Hero tuvo también su momento de reivindicación justo en el tramo central al empalmar el single homónimo, ‘Walking Disaster’ y ‘With Me’. Si hubo un instante de bajón, desde luego fue ese. Suerte que luego vinieron ‘In Too Deep’ y la rockera versión de ‘We Will Rock You’ de Queen y ale... a seguir la fiesta.

Foto Sum 41: María García

En el global, debo decir que me gustó más su anterior visita de 2017 presentando 13 Voices con una banda decidida a remarcar su lado más heavy. De hecho, ahora Whibley ha delegado las tareas en las guitarras a Dave Baksh y Tom Thacker casi en su totalidad para centrarse en su rol de frontman. Sea como sea, Sum 41 volvieron a demostrar una vez más el grandísimo momento de forma que atraviesan. Algo impensable hasta hace no tanto.

Pero si tuviera que quedarme con un momento especial fue cuando, tras acabar a lo grande con ‘Fat Lip’ (cuanto le deben a los Beastie Boys por este hit atemporal) y ya pasados unos cuantos minutos en los que el público fue abandonando el recinto con el ‘That’s Life’ de Sinatra sonando de fondo, Deryck reapareció para interpretar en solitario con su acústica ‘Best Of Me’. Una escena post créditos que nos hizo volver a casa con una sonrisa de oreja a oreja, por mucho que al día siguiente cuando sonase el despertador hubiera que levantarse para ir a la oficina en lugar del instituto. Cosas del pop punk pasada la treintena.

GONZALO PUEBLA

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