FECHA: 7 DE JUNIO DE 2022
LUGAR: ESTADI OLÍMPIC LLUIS COMPANYS (BARCELONA)
PROMOTOR: LIVE NATION

Aunque soy viejo, no lo soy tanto como haber sido fan de Aerosmith en los 70. Me enganché a ellos a finales de los 80, y no me importa reconocer que fue gracias a sus hits y sus vídeos en MTV, incluidos los de sus famosas baladas, que posteriormente descubrí sus primeros discos.

Con esto quiero decir que nadie elige cuando nace, así que entiendo que haya miles de personas, probablemente un porcentaje muy alto de las 49.000 que acudieron ayer al Estadi Olímpic de Barcelona, que se hicieron fans de Red Hot Chili Peppers a partir de Californication y su posterior reinado en las emisoras comerciales.

La banda parece ser totalmente consciente de ello, y por eso su repertorio, concebido para llenar estadios, está construido alrededor de los éxitos conseguidos durante el siglo XXI, solo con referencias muy, muy puntuales a su catálogo anterior: las inevitables ‘Give It Away’ y ‘Under The Bridge’, precedida de una inesperada ‘I Could Have Lied’ también de Blood Sugar Sex Magic. 

Foto Red Hot Chili Peppers: Eric Altimis

Supongo que la frustración por no poder escuchar temas más antiguos, es la misma que pudieran sentir los viejos fans de Aerosmith cuando tocaban ‘Crazy’ o ‘I Don’t Wanna Miss A Thing’ en lugar de ‘Walk The Line’ o ‘Rats In The Cellar’, pero ojalá el problema fuera solamente el setlist. De hecho, que cambiaran varios temas respecto al inicio de gira en Sevilla (ahí cayó ‘Nobody Weird Like Me’ de Mother’s Milk, qué envidia) es un punto a su favor, y demuestra que al menos tienen cierta voluntad de no ir con el piloto automático.

El problema es mucho más inexplicable y difícil de concretar en palabras, pero para resumirlo diría que no transmiten, no hay magia. Existe una gran disonancia entre lo que se supone que son (una banda divertida, explosiva, con un punto loco) y lo que ves y lo te entra por el oído. Y por desgracia, es algo que he sentido cada vez que los he visto en directo.

Prometo que iba con una actitud positiva, con ganas de ver de nuevo a John Frusciante, esperando que, esta vez sí, se rompiera esa sensación. Estuve en la grada y luego en la pista delantera por si me contagiaba de la euforia del resto del público, incluso me tomé cinco birras a precio de oro para ver si me entonaba, pero ni así.

Foto John Frusciante: Eric Altimis

Lo más inexplicable es que pese a llevar tantísimos años tocando juntos, y que la química como instrumentistas es una de las cosas de las que presumen, la banda no suena compacta, excepto en momentos muy puntuales (la jam previa a la inicial ‘Can’t Stop’, ‘Give It Away’…). Sorpresivamente Chad Smith es el que más en forma está y más pegada les da, pero los otros parece que estén cada uno en su mundo, desconectados, y con el sonido excesivamente metálico del bajo de Flea borrando cualquier matiz. Incluso cuando hacen bromas, como intentando mostrarse cercanos, no tienen ninguna gracia.

Ni siquiera los temas que tocaron de Unlimited Love, que en disco me gustan, como ‘Aquatic Mouth Dance’, ‘The Heavy Wing’ o ‘These Are The Ways’, me convencieron. Y sobra decir que cuando tocan la abominable ‘Snow ((Hey Oh))’ es como para pegarse un tiro. Pero oye, ahí estaba la gente cantando y bailando encantadísima.

Foto Thundercat: Eric Altimis

Insisto en que no sé exactamente cuál es el problema, pero quizá solo deberían fijarse en los artistas que actuaron antes que ellos para ver que no es tan complicado. No voy a ir de listo diciendo que Thundercat fue la leche, porque dio bastante la brasa con su jazz fusión solo apto para fans de Dream Theater, pero al menos tuvo algunos momentos de vibrante intensidad y otros de verdadero funk.

Foto Nas: Eric Altimis

Y tampoco soy devoto de Nas, pero el neoyorquino animó el cotarro acompañado de un DJ y un batería, con la garra de sus rimas sin necesidad de los coloristas efectos visuales que utilizarían los reyes de la noche con unas pantallas que recorrían el techo, el fondo y el suelo del escenario.

Por desgracia, el ‘efecto Frusciante’, que algo se había notado en el estudio, se ha evaporado en cuanto a vuelto a los escenarios. No vayan a pensar que estuve amargado durante todo el concierto, pero fue simplemente entretenido, y de un grupo de su calibre sigo esperando mucho más. Quizá a la quinta, vaya la vencida.

JORDI MEYA

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