FECHA: 27 DE SEPTIEMBRE DE 2025
LUGAR: PAVELLÓ OLÍMPIC DE BADALONA (BARCELONA)
PROMOTOR: CAP CAP / BRING THE NOISE

Entre las muchas cosas que siempre agradeceré a mi madre está, por encima de todo, el haberme parido en los 80 y brindarme el honor de vivir mi adolescencia en la década de los 90, siendo testigo de la época dorada del Blockbuster y la MTV. Precisamente ahí fue donde descubrí a The Offspring, a mis tiernos 12 ó 13 años. Fue mi primer contacto con el punk rock y el flechazo fue instantáneo. Fidelidad eterna desde entonces.

El primer CD que me compré con mis ahorros fue el Americana, lo conservo como si fuera una reliquia desenterrada bajo los cimientos de la antigua Roma. Sí, sé que los puristas fruncirán el ceño por lo de que es un álbum abiertamente comercial, demasiado accesible y todo lo que tú quieras. Pero si hoy en día me encuentro escribiendo estas líneas es gracias a aquella mañana de sábado en la que vi el videoclip de ‘The Kids Aren’t Alright’ en MTV mientras me comía un Phoskito y decidí irme a la calle Tallers esa misma tarde a comprarme el álbum.

Llevaba mucho tiempo sin verlos, creo que mi última vez fue hace más de 10 años en Razzmatazz, en la gira del Rise and Fall, Rage and Grace (2008), aunque se han dejado caer un par de veces más por la ciudad condal desde entonces: en el Barna’n’roll de 2019 y el Cruïlla de hará un par de años. Volvían ahora a España estrenando la gira europea de su último Supercharged (2024) y lo hacían con unos teloneros a los que no estamos acostumbrados a ver en esa posición: Simple Plan.

Foto Simple Plan: Jaume Estrada

Los canadienses ya peinan alguna que otra cana y dejaron de ser “just a kid” hace un ratito, pero siguen levantando pasiones en los escenarios tras más de 25 años en activo. Siempre fueron vilipendiados por el fenómeno fan que arrastraban y lo accesible de su propuesta, pero ahí siguen, como una de las bandas de pop punk más relevantes de los 2000. Y con un recién estrenado documental, Simple Plan: los chavales entre la multitud (disponible en Prime Video), que repasa los altibajos de su ascenso y trayectoria con imágenes inéditas y un acceso al behind the scenes de su gira de 2024.

Una gira que, precisamente, pasó por Barcelona en enero del mismo año y de la cual escribí una crónica para esta misma web. Mi sensación tras verles el pasado sábado en el Pabellón Olímpico de Badalona es que podría haber hecho un “copiapega” del mismo texto de 2024 y nadie lo habría notado. Mismo espectáculo, mismas frases, mismos trucos de pelotas inflables y Scooby Doos disparando camisetas, y mismo setlist (aquí, reducido). Y no me parece mal cuando planteas un repertorio que tira de hits inmortales que funcionan solos y apelan a la nostalgia, pero no habría estado de más alguna nota novedosa. Me sorprendió, además, la pasividad de las primeras filas de pista en un arranque que atacaron con tres balas infalibles como ‘I’d Do Anything’, ‘Shut Up’ y ‘Jump’.

Foto Simple Plan: Jaume Estrada

Al público le costó ponerse en marcha pero se acabó dejando llevar por la melodía pop de ‘Jet Lag’, la evocadora ‘Summer Paradise’ en la voz nítida de un Pierre que no suele fallar o el mensaje del que sigo manteniendo que es uno de sus mejores temas en mucho tiempo, ‘Where I Belong’, un himno del disfrute de la música en directo: del retumbar en el pecho, de la garganta rota, de los abrazos con desconocidos y los pies doloridos.

Culminaron una hora aproximada de set identificando a su “público old school” mientras sonaban ‘Addicted’, ‘Welcome to My Life’ o la emblemática ‘I’m Just a Kid’, pero el bajonazo de acabar con ‘Perfect’ no nos lo quitó nadie. Que sí, es bonita y nos trae recuerdos de adolescentes incomprendidos, pero cierra un directo con el mismo ánimo que el que acaba una fiesta tirado en la cama mirando al techo.

Mucho más divertido se prestó el intermedio interactivo que sirvieron los californianos en el cambio de escenario. Una gran pantalla que nos entretuvo durante 20 minutos con Trivias sobre la banda, hombres-mono repartiendo pases VIP, “Kiss Cams”, “Booty Cams”, “Headbanging Cams” y hasta “Look Alike Cams” (en la que, por cierto, me cazaron). Pero el horno en el que se había convertido ya el pabellón a esas alturas no quería más inputs que no fueran recibir a los protagonistas de la velada.

Una banda liderada por Dexter y Noodles, piedras fundacionales de The Offspring que, a modo de anécdota, aparecían hace una semana en La Revuelta de TVE ante la sorpresa de muchos. Durante la surrealista entrevista de Broncano, Holland habló de su doctorado en biología molecular y de su tesis sobre el tratamiento del VIH, a lo que su compañero reaccionó con una de esas frases que resuenan a titular: “Estamos orgullosos de él, punk rocker de noche y salvavidas de día”. Vidas no sé si habrán salvado muchas pero seguro que se las hicieron más llevaderas, al menos en sus años de rebeldía, a los que les aclamaban aquella noche en el sold-out badalonés.

Foto The Offspring: Jaume Estrada

Los californianos arrancaron pasadas las nueve de la noche aplicando con artillería pesada. ‘Come Out and Play’, ‘All I Want’ y ‘Want You Bad’ levantaron de sus asientos a los más comodones y prendieron la mecha del pit en la pista. A la formación original se sumaban Todd Morse (exguitarrista de H2O) al bajo, Jonah Nimoy a la guitarra y percusión, y un Brandon Pertzborn descomunal a la batería. Un tipo de 30 años con apariencia de niño de 12 que puede presumir de haber girado con Black Flag, Marilyn Manson o Suicidal Tendencies. Suyo fue uno de los mejores momentos de la noche, un solo de batería virtuoso que crujió los huesos de todos los allí presentes.

Conscientes de que tiempos pasados fueron mejores, solo se atrevieron con dos cortes del disco que da nombre a la gira, ‘Supercharged Worlwide in ’25’. Unas ‘Looking Out for #1’ y ‘Make It All Right’ que pasaron sin pena ni gloria. La que sí recibieron ‘Staring at the Sun’ y ‘Original Prankster’, con brazos en alto y espaldas sudadas entre los asistentes, antes de dar paso a ‘Genocide’, un grito más necesario que nunca.

Foto The Offspring: Jaume Estrada

En este punto del directo, el punk rock noventero entró en modo suspensión. Empezaron los homenajes a Ozzy (‘Crazy Train’ y ‘Paranoid’ de Black Sabbath), el instrumental acelerado de Edvard Grieg (‘In the Hall of the Mountain King’), las versiones de Ramones (‘I Wanna Be Sedated’), las calaveras inflables gigantes, unas interacciones bastante ridículas con la multitud y un broche final de bloque con Dexter en un piano blanco de cola –a lo Elton John– interpretando la sentida ‘Gone Away’ en recuerdo a los que ya no están, con las luces de los móviles iluminando el pabellón mientras se le unía el resto de la banda.

Afortunadamente, no hay mal que dure cien años y, tras tal bajón de ritmo, se necesitaba echar mano de una retahíla de hits sin descanso: ‘Why Don’t You Get a Job?’, con pelotas hinchables sobrevolando (y atacando) cabezas; la icónica ‘Pretty Fly (for a White Guy)’, acompañada de unos peleles gigantes en el escenario tan caricaturescos como el protagonista de su videoclip; ‘The Kids Aren’t Alright’ y ‘You’re Gonna Go Far, Kid’, penúltimo tema del show, en el que soltaron un zepelín con el mensaje: “Dance, fucker, dance”.

La noche acabó con uno de sus mayores éxitos, un ‘Self Esteem’ exprimido hasta las últimas consecuencias por una audiencia mayoritariamente veterana que por un instante volvió a aquellas tardes del “Tony Hawk” en la Playstation 2 y el Smash en el discman.

SANDRA ASTOR